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sábado, abril 26, 2008

EL VIAJE DE AUGUSTO Y OTRAS HISTORIAS URBANAS -- FRANCISCO PEREZ

El viaje de Augusto y otras historias urbanas


Indice
PROLOGO
MIENTE, MIENTE QUE ALGO QUEDA
PRÓXIMO A JUBILARSE
VACACIONES
ACCIDENTE EN LA AUTOPISTA
LA HISTORIA DE ELI JOSÉ (LAS VUELTAS QUE DA LA VIDA)
EL VIAJE DE AUGUSTO
ARTISTA GÓTICA
UNA SEGUNDA OPORTUNIDAD
ATAQUE TERRORISTA
UN VIAJE DE IDA Y VUELTA
UNA NOCHE DE FIN DE SEMANA

Prologo
Cada cierto tiempo suelo recorrer tus calles, las recorro con la
curiosidad de alguien que nunca ha caminado por ellas.
Y siempre consigo algo que me sorprende, que me llama la atención y es
que para mi todo lo que en ti hay es interesante, tus múltiples ruidos,
tus olores, tus colores, tu gente, ¡tu caos!.....mejor sigo caminando

_
Francisco Pérez
_
Las ciudades son como grandes semilleros de pequeñas historias, tantas como personas habitan
en ellas, algunas pueden ser trágicas, cómicas, de heroísmo y hasta absurdas, En el viaje de
Augusto y otras historias urbanas, quise tomar algunas de ellas y narrarlas sin que estén
necesariamente conectadas entre si y con un solo y único común denominador el cual es la
ciudad.


Miente, miente que algo queda

La mayoría de las cosas, aunque pretendamos lo contrario las hacemos por las mujeres.... esas
eran palabras que venían a mi mente, mientras le decía algunas mentiras a mi ultimo ligue,
permítanme contarles como fue todo.
Estaba en una tienda de esas donde venden artículos “de la nueva era” buscando un incienso,
mientras observaba la extraña mezcla de imágenes que solo se ve en ese tipo de tiendas, por que
en ellas siempre hay: Budas, tigres asiáticos, elefantes, crisnas, imágenes de Jesús Cristo y santos
ó espíritus Africanos; vi a una mujer de aproximadamente unos treinta años, que para su edad
tenia un físico muy bien conservado, podría decir que estaba mejor que muchas de las
veinteañeras que he conocido, permanecí por un par de minutos contemplándola hasta que me
percaté que ella también estaba buscando inciensos.
Así que me acerque a ella disimuladamente, ella me vio, no me prestó atención y solo le preguntó
a la vendedora sobre que fragancia sería la mejor para la armonía, eso era lo que necesitaba para
iniciar una conversación, y por supuesto que me aproveché de ello me voltee y con un tono de
cómo quien conoce de la materia le dije “llévate uno de sándalo” ella me miró de pies a cabeza ó
mejor dicho me examinó y con vos incrédula me dijo “ ¡ah! ¿y tu sabes de esto?”, obviamente no
sabia, pero no iba a desperdiciar la oportunidad que se me presentaba, entonces le dije “claro que
si, es más si quieres que te vaya bien en los negocios prende una varita que tenga aroma a miel” ,
mientras tanto la vendedora que se había percatado mi filtreo y que no sabia nada de nada se
apartó unos pasos, creo que no dijo nada para no perder dos ventas, el hecho de que se hubiera
apartado para mi fue mejor pues así pude seguir diciendo e inventado más cosas, con lo que
proseguí “para la salud es bueno el de naranja” y cosas por el estilo. Al cabo de un rato de mi
charla –ó mejor dicho de mi charlatanería- noté me no apartaba su vista de mis ojos y solo asintió con la cabeza, parecía como si a medida que iba pronunciando palabras ella fuera entrando en un trance.
Al verla en ese estado decidí tomar la por sorpresa, entonces le dije “para el amor nada mejorque
el de miel y rosas” claro al tiempo que hacia esto la tomaba por la cintura y luego la besé, debo
decir que no esperaba nada menos que una tremenda bofetada, pero por el contrario lo que recibí fue un abrazo muy fuerte y un beso más grande y apasionado aun, luego nos fuimos a un sitio más intimo.
Ese fue el inicio de una relación muy intensa y algo tormentosa que duró unos cuatro meses y que terminó en malos términos, pero esa es otra historia
.

Próximo a jubilarse

José Ernesto, cuarenta y cinco años, casado y padre de dos hijos, uno de ellos adolescente y con
veinte y cinco años de servicio en la policía.
Ya en su ultima semana de trabajo antes de jubilarse y este su ultimo turno nocturno de fin de
semana, está muy agradecido, pues en todos estos años de carrera solo recibió una herida menor
en una pierna, pero a su vez está nervioso pues sabe que los fines de semana son muy violentos.
Por eso antes de haber recibido el turno pasó por una iglesia y rezó unas oraciones, es que ahora
que le falta muy poco para retirarse no quiere que nada salga mal.
Estando patrullando reciben un llamado, se trata de un enfrentamiento entre pandillas, el y su
compañero atienden al llamado, se encuentran a unas pocas cuadras lo que hace que sean de los
primeros en llegar.
Los pandilleros al ver las patrullas se dispersan y corren hacia los callejones, José corre tras uno
de ellos, uno de baja estatura con las típicas ropas holgadas y gorro pasamontañas como los
“gansters” Americanos, el chico es rápido, pero José no lo dejará irse tan fácilmente, ambos corren por las calles como si de esta carrera dependiesen sus vidas y esquivan obstáculos como mejor pueden hacerlo.
Luego de unas cuantas cuadras llegan a una calle que está parcialmente cerrada por una cerca y
en penumbra, José grita “¡¡policía alto ó disparo!!” pero el chico no le hace caso y comienza a
trepar la cerca, José le vuelve a gritar “¡¡policía deténgase!!” pero sus palabras no parecen ser
oídas, el chico está a punto de escaparse cuando José grita por tercera y ultima vez, pero el chico
no obedece, por ultimo y no teniendo más opción hala el gatillo, suena un disparo que retumba por toda la manzana y el cuerpo del chico cae inerte en el piso.
José siempre tubo muy buena puntería y este disparo fue certero, le dio en la cabeza lo que lo
mató instantáneamente, se aproxima al cadáver –quizás sea por morbo- pero el quiere ver la cara del cadáver lo voltea y para su sorpresa y desgracia era su hijo mayor.

Vacaciones

Recuerdo que iba en el vagón del metro sentado sin ninguna idea en particular, más bien iba como si fuera una especie de robot ó autómata, también recuerdo que me dirigía al trabajo y que el día era uno común y corriente, sin nada de particular, difícilmente se podría haber distinguido de cualquier otro de la semana.
Todo transcurría de la misma rutinaria y aburrida manera, hasta que me quedé observando un
afiche el cual aparecía una imagen de una playa, eso me hizo caer en cuenta de que tenia tiempo
–tal vez unos cinco años- sin salir de la ciudad, yo que antes no desperdiciaba una oportunidad
para ir a la montaña, a la playa ó a donde fuera pero estar en contacto con la naturaleza, ahora era un ser netamente urbano, con una vida que transcurre entre el estrés y la rutina.
Pensando en todo eso decidí que ya era tiempo de tomar unas vacaciones y las tomaría lo más
pronto posible, eso era en ese mismo instante, no me importaba que me despidieran del trabajo, es más si lo hacían mejor, pues me darían más dinero y además ese trabajo ya me tenia harto.
Así que apenas salí de la estación del metro tomé un taxi y le dije que me llevara a la playa más
cercana, el taxi comenzó a dar vueltas por la cuidad, a mi me parecía que e chofer estaba como
desorientado y le pregunté por que daba tatas vueltas para salir de la cuidad, el me dijo que estaba
buscando las vías menos congestionadas. Eso me pareció normal y no le presté mucha atención.
Mirando por la ventanilla del taxi vi que la cuidad estaba cubierta con una especie de bruma que le daba un toque extraño al ambiente y la hacia ver como atemporal, si no fuese por los relojes uno no sabría decir que hora era –pues podría ser un amanecer ó un ocaso- a demás me percaté que siempre la temperatura era de unos 20°c y que a pesar de que no había llovido en por lomenos cinco años todas las plantas estaban verdes y nunca habíamos tenido escasez de agua.
Todo eso me hizo sentir nervioso, asustado y desorientado, le ordené al chofer que se detuviera, y el me dijo que ya estabamos saliendo de la cuidad, pero a mi me pareció que estabamos dando
vueltas en circulo, e insistí en que detuviera el taxi y así lo hizo.
Me bajé del mismo y comencé a caminar por la carretera, no se que me impulsó a hacerlo pero
estuve en ello como por una hora, luego salí del camino y me interné en una especie de bosque
enano, mientras caminaba por el sentí una mezcla de sentimientos y sensaciones en las cuales las más fuertes eran el miedo y la curiosidad.
Al cabo de un buen rato cansado decidí recostarme a uno de esos pequeños arboles para
descansar y allí viendo ese bosque con plantas a medio crecer fue cuando a mi cabeza vino la idea
de que tal ves nunca pudiese salir de la ciudad por que ella misma no existiese, porlomenos no
como la conocemos, sino que más bien fuese como una especie de maqueta gigante ó peor aún
como una jaula inmensa con los elementos necesarios para mantenernos atrapados en ella con el
único propósito de mantenerla viva, como una especie de parásito gigante que se alimenta de
nosotros, si que debo tomar esas vacaciones me dije y me levanté, seguí caminando, pero la idea
no se iba mas bien aumentaba y se hacía más fuerte, tanto que me provocó un ataque de pánico y comencé a correr, corrí hasta llegar hasta lo que al parecer era el final del bosque, me detuve y
con los ojos bien abiertos contemplé el muro más alto que había visto en mi vida, permanecí
inmóvil unos segundos y luego lancé el grito más fuerte y espantoso había dado jamás.
Esa mañana me desperté empapado en sudor con taquicardias y decidido firmemente a tomarme unas vacaciones.


Accidente En La Autopista

Salió de la casa dándole un gran golpe a la puerta, se subió a su auto y lo sacó a gran velocidad
del garaje, el ruido de los neumáticos despertó a algún que otro vecino, pero eso a e no le importó, lo único que deseaba era salir de aquel lugar lo más rápido posible.
Mientras conducía a gran velocidad por la autopista encendió un cigarrillo, prendió la radio y ¡oh!
Que casualidad estaba sonando la canción con la que la había conocido, esto en un principio le
hizo desear nunca haberlo hecho, ya que con el tiempo su esposa solo se había vuelto más y más
quisquillosa.
Por todo peleaba y el sentía que no la aguantaba, aunque hacia grandes esfuerzos, pero esa
noche fue la gota que derramó el vaso. Si ya lo había decidido esa noche dormiría en cualquier
motel barato, de esos que están en las afueras de la cuidad, y mañana comenzaría a arreglar los
papeles del divorcio.
A medida que el auto se desplazaba a alta velocidad por la autopista y la canción continuaba, el
iba pensando en su relación con su mujer, se preguntaba que había pasado, en que momento ella
había cambiado. Ella que siempre había sido una mujer amorosa y comprensiva, ahora se había
vuelto alguien intolerante y amargada. Buscaba en su cabeza las posibles respuestas, pero estas
no aparecían, el que siempre se partía la espalda para darle lo que ella necesitase, que sacrificaba
vacaciones y fines de semana, solo para poder tener más dinero para darle a ella.
Ella que después de todo era su motivo de vida... estaba absorto en ese pensamiento, cuando
cayó en cuenta que era por eso que ella estaba así. Se percató que por estar siempre pendiente
de aportar económicamente a la casa solo pensaba en el trabajo y el dinero, se sintió mal al darse
cuenta de que el era el único culpable de que su matrimonio estuviera tan mal, ya que para el su
esposa se había convertido en un mueble más de la casa, en algo que daba por sentado que
siempre estaría allí, así que decidió regresar a su casa y ofrecer sus más sinceras aquella mujer
durante mucho tiempo había tenido sentimentalmente abandonada.
Con esto en mente, buscó la próxima rampa de salida de la autopista, con la mala suerte de que
hacía un par de días que habían que estaban reparando ese tramo y unos vándalos habían
arrojado los carteles de precaución a unos matorrales que estaban al borde de la carretera, con lo
que no los pudo ver, y para completar su mala suerte a menos de cien metros había un gran
montículo de tierra que no alcanzo a ver sino hasta el ultimo momento cuando aplicó los frenos,
pero que va a 160 kilómetros por hora no es nada fácil detener un auto, al chocar contra el
montículo el auto dio varias vueltas, lo que le ocasionó la muerte por múltiples golpes.
Entre los bomberos que rescataron el cadáver del amasijo de hierro, se corrió el rumor de que el
hombre sostenía en una de sus manos una foto de su esposa.


La historia de Eli José (las vueltas que da la vida)

Hay personas que al nacer parece que el destino solo les depara un futuro brillante, pero por
caprichos del mismo destino, todo se hecha a perder y terminan teniendo una vida miserable y
desdichada, tal es el caso de Eli.
Eli José Escalona, había nacido en el seno de una familia de calce media alta, desde pequeño fue
un chico bastante listo y precoz, lo que hizo que siempre resaltara en sus estudios, en especial en
los periodos de la escuela básica y en bachillerato, de este ultimo salió graduado con muy buenas
notas lo que facilitó su entrada a la universidad.
Debido a su agilidad para los números, decidió estudiar matemáticas puras, carrera que en sus
últimos años alternaría con economía, ya que le apasionaba todo lo referente a los sistemas
económicos y su comportamiento caótico, lo que se relacionaba mucho con las teorías del caos.
Luego de cuatro años se graduó de licenciado en matemáticas y un año y medio después como
economista.
Luego obtuvo una beca para realizar un postgrado en el área de economía, en el cual conoció a
quien luego se convertiría en su esposa, una chica llamada Dayana, ella era una chica blanca, de
ojos saltones, provinciana, de carácter vivas y muy inteligente, siendo la ultima cualidad lo que
terminó de enamorarlo.
Claro que no se casaron sino un tiempo después de haber terminado el postgrado. Es que Eli era
orgulloso y no iba a aceptar casarse estando desempleado y menos aun cuando su esposa tuviera
un empleo en la gerencia media de una empresa. Por lo que apenas terminó el postgrado comenzó a buscar empleo y como sus notas eran muy buenas y el destino siempre le sonreía consiguió uno como ejecutivo en un gran banco, uno de esos que funcionan con capital multinacional.
Cinco años luego de haber comenzado en el banco ya tenia un alto cargo, una bella e inteligente
esposa y un hijo de aproximadamente un año. Pero resulta que cierto día a Eli le tocó que ir a una
fiesta de ejecutivos bancarios en otra cuidad en representación de su banco, estando en ella
conoció a un rubia despampanante, como esas rubias que salen en las películas, el hasta ese
momento le había sido fiel a su esposa, antes de conocer a esa rubia ni se atrevía siquiera a besar
a otra mujer ¿por qué? pues por que no había tenido tal necesidad, pero quien sabe por que
motivo se le metió en la cabeza la idea de hacer suya esa mujer, así pues que estuvo toda la
noche hablando con ella y entre el intercambio de sonrisas, palabras y una que otra caricia furtiva, logró convencerla de que pasasen la noche juntos.
Ya en el hotel cinco estrella donde se hospedaba – da igual que fuese una simple posada, pero el
era un ejecutivo- la rubia le dijo que antes de hacer cualquier cosa probara algo de coca que ella
tenia, que de esa manera se sentiría casi como un dios y que sería una experiencia que el no
olvidaría, Eli dudó por un instante ya que siempre había sido adverso a las drogas, pero como
ocurre en muchos casos, su deseo de poseerla fue mayor, así que probó un poco y de inmediato
sintió una euforia que nunca había sentido en su vida, fue como si todo ese tiempo hubiese estado
durmiendo y justo en ese instante lo hubiesen despertado. Luego probar otro poco, tuvo sexo con
ella toda la noche, ese fue el mejor sexo de toda su vida.
Al día siguiente ya adentrada la tarde se despertó pensando que todo lo ocurrido la noche anterior
había sido solo cosa de una noche, se sentía seguro, pues ya pasaba los treinta y según el solo los
adolescentes se enganchaban con las drogas, pero al regresar a su ciudad sentía ganas de tomar
un poco más y quiso el destino que un día descubriera a un compañero de trabajo consumiendo la
droga en uno de los baños y gracias a eso se enteró que eran varios los que la usaban.
Por un tiempo todo pareció ir bien, nadie lo notaba, pero a medida que pasaban los días el quería
más y más, mientras que su carácter se hacía muy volátil. Después de unos meses, para sus jefes
se hizo evidente que Eli tenía un problema, pero como seguía rindiendo en su trabajo no le
prestaron atención, hasta el día en que lo descubrieron en un baño con aproximadamente un
gramo de la droga en sus manos, lo que provocó su inmediato despido de la empresa.
Su esposa aunque deprimida lo apoyó y lo ayudó a entrar a un instituto para su rehabilitación, pero
su estadía en el no le ayudó en nada, de allí salió peor que como cuando entró ya que no era solo
la coca sino que se había vuelto adicto al crack. En una ocasión estando en una crisis por la
abstención forzada en la que se encontraba –ya que no tenia como comprar las drogas- trató de
asesinar a su esposa, esto fue la gota que derramó el vaso, de inmediato ella comenzó a hacer
todos los tramites para divorciarse, mientras que el solo se hundía cada vez más en ese oscuro
mundo. Si antes su excusa había sido el éxito, ahora era la depresión que le provocaba haber
perdido su matrimonio y su empleo.
Con el tiempo comenzó a tener alucinaciones y con el tiempo estas aumentaron junto con el
aumento de sus dosis, hasta que terminó por desarrollar esquizofrenia paranoica y perdió toda
conexión con el mundo real.
Ahora Eli es un loco indigente más de los que vagan por las calles de la cuidad.

El Viaje De Augusto

Augusto siempre había sentido cierta atracción por las montañas y los climas templados, cosa que
muy probablemente se deba a que gran parte de su infancia la pasó en un sitio bastante llano y
caluroso. Por eso cuando supo de la oportunidad de conseguir un trabajo Mérida no lo pensó dos
veces, claro el nunca había estado en ella por mas tiempo que una semana, pero al ser esta
bastante pequeña y con un clima que a el le agradaba sabia que no le costaría trabajo
acostumbrase a la cuidad.
Así que empacó las pocas cosas que le pertenecían se despidió de su familia y sus amigos. El
viaje no le iba a resultar tan largo ni tedioso, además estaba feliz de por fin dejar la cuidad donde
siempre había vivido, si es que ese sitio podía ser considerado una cuidad.
Tan pronto llegó a Mérida, buscó un sitio donde albergarse, y llegó a una de esas posadas de las
que abundan en Mérida, una de esas en las que hay que compartir el baño, y que más que posada
parecen una vecindad, Augusto aprovechó que tenia buen dinero y pagó 2 meses más el deposito
“por que uno nunca sabe” ya habiendo desempacado buscó el papel donde tenia anotada la
dirección de su nuevo lugar de trabajo, el no conocía el sitio, ya que todo lo había hecho por
teléfono, gracias a un amigo que le hizo el contacto.
Una vez en el sitio su jefe lo atendió, le explico los pormenores del trabajo, la paga y el horario, en
un principio el sabia que su trabajo básicamente consistía en atender a los turistas. El que había
estudiado turismo en su cuidad natal y pues no pudo sentirse mejor. Con el pasar del tiempo se fue sintiendo cada vez más cómodo con su trabajo y al conocer cada vez mas la cuidad y sus
alrededores también comenzó a hacer caminatas guiadas a las montañas para turistas extranjeros, por aquello de rebuscarse un dinero extra.
En una de estas caminatas guiadas fue que conoció a Herta, una chica Holandesa, como todas o
casi todas las holandesas catira de blanca piel y tamaño medio, cuando el la vio se sintió un poco
atraído por ella pero no como para decir que fue amor a primera vista, más bien todo comenzó
después cuando el grupo decidió salir aquella noche en la que regresaron a la cuidad, así que
fueron a virosca café y pasaron allá la noche entre cervezas canciones y uno que otro porro que
iba y venia. A Augusto no le gustaba mucho eso de los porros, pero viviendo en una cuidad como
Mérida no le quedó más remedio que acostumbrarse, además a estas alturas a el le parecía que
todos o casi todos los que visitan esa ciudad lo hacia. Esa noche en medio del ruido de la música,
el humo dulce de la cannabis y el amargo sabor de la cerveza Augusto y Herta hablaron hasta más no poder, ella era una chica muy comunicativa para ser europea, concordaron que se verían al día siguiente, para así poder ir a un sitio mas calmado y continuar su platica.
Esa noche Augusto, que ya tenia varios meses sin novia, durmió muy plácidamente, pensado en
Herta. Al día siguiente se vieron y decidieron, bueno más bien Augusto decidió, ir a Apartaderos,
que es un pueblo en medio de los andes Venezolano, allí pasaron todo el día, ese día por fin el
tubo la oportunidad de besarla y sentir sus suaves labios. De allí en adelante todo fue como esos
amores que se ven en las películas, Augusto que siempre había sido alguien responsable en su
trabajo, había comenzado a faltar a el. Solo quería estar con Herta más cuando caía en cuenta que
solo faltaba un mes para que ella regresara a su natal Holanda.
Un día pensando en el regreso de Herta a su tierra, y sabiendo que lo más seguro era que se
deprimiese Augusto decidió que se iría con ella a Holanda, el problema era el dinero, el tenia algo
ahorrado pero eso no era suficiente. El le comentó su idea a Herta y ella dijo que conocía a alguien
que lo podía ayudar, el no se preocupo más y comenzó a arreglar sus papeles para el viaje,
pensaba dejarlo todo atrás y comenzar de cero, bueno no de cero tal vez de uno, por que tenia a
su compañera.
El día del viaje, el estaba muy ansioso, esto era algo compresible para el nunca había viajado fuera de Venezuela, tomaron un vuelo de Mérida a la isla de Margarita y de allí a Amsterdam para luego ir a Rotterdam cuidad donde vivía Herta, salieron de Margarita en la tarde sin ningún
inconveniente, durante las 9 horas que duró el vuelo el solo pensaba en como seria su nueva vida
en el viejo continente junto con su amada Herta.
Llegaron al aeropuerto de Amsterdam y justo cuando iban a pasar por la aduana Herta le dijo ya
regreso, el no le dio mucha importancia, pero en el momento que un policía le acerco un perro
antidrogas todas las alarmas se dispararon, pues resulta que su amada Herta le había metido en
su maleta 2 kg. de marihuana sin que el se percatara.


Artista Gótica

Ser una persona con gustos góticos nunca ha sido fácil, las demás personas siempre te ven como
alguien extraño y si a eso le agregamos el hecho de vivir en un pequeño pueblo costero de un país
caribeño todo se complica aún más; es por esta razón que ella siempre se sintió rechazada, casi
no tenia amigos prefería refugiarse en su propio mundo con su música, sus películas y su afición
por la pintura.
Era la pintura una de las cosas que más le causaba placer, hacia sus pinturas para desahogarse,
por eso sus cuadros siempre tenían personas cuyas figuras eran retorcidas ó contrahechas, eso
no era más que una burla a las personas que la criticaban, claro las imágenes de sus cuadros a la
vista de sus paisanos no hacía más que afianzar sus ideas con respecto a ella.
Cierto día en un bar del pueblo conoció a una mujer que trabajaba en una galería de arte en
Londres, ella no desperdició la oportunidad de que alguien que de verdad sabia de arte opinase
sobre su trabajo, así que le mostró sus cuadros y para su sorpresa a la mujer le gustaron y hasta
se ofreció en ayudarla a conseguir una beca para que estudiara arte en una prestigiosa escuela de
Londres. Esto le hacia mucha ilusión, al fin dejaría ese pueblo aburrido en donde su único futuro
era casarse con algún pescador, tener muchos hijo y dedicarse a cuidarlos; además Londres es la
capital de lo gótico, así que lo más probable es que ella en aquella ciudad se sintiese como pez en
el agua.
Pasado algún tiempo le llegó correspondencia de la mujer, donde le decía que le había conseguido
la beca y que no se preocupara por el dinero y la estadía que en un principio eso ya estaba
resuelto. Al recibir esta noticia por primera vez en su vida se sintió realmente feliz y partió a
Inglaterra tan pronto como pudo, dejando atrás al pueblo y la gente para la cual no guardaba más que desprecio.
Una vez estando en aquella cuidad y habiendo entrado a la escuela, se dedicó enteramente a la
pintura, llegando a ser unas estudiante muy aventajada y a graduarse luego con honores. Hoy en
día es una artista muy respetada y conocida, nunca más volvió a su pueblo, pero aveces cuando la tristeza golpea su corazón ella toma un caballete un lienzo y pinta unas escenas muy bellas de
pescadores.

Una Segunda Oportunidad

Se despertó aturdido, tirado al lado de un pedazo de soga y una silla tumbada, con un gran dolor
en el cuello y una quemada. Se trató de parar pero se sintió mareado, así que decidió estarse un
rato más sobre el piso frío, yaciendo sobre el comenzó a recordar como había llegado hasta allí, de
este modo se acordó que había estado deprimido debido a su ultimo y más grande fracaso amoroso.
Recordó que todo era debido a Carolina su ultima novia y la persona con quien el pensaba que
pasaría el resto de su vida. Tan fuertemente creía en ello que se había propuesto pedirle
matrimonio, hasta había comprado el anillo de compromiso. Dicho anillo era de oro 18 con un
pequeño brillante, algo costoso para su ajustado presupuesto, pero eso no importaba ya que
Carolina se merecía eso y más, de hecho el pensaba que todo lo que le pudiese dar era poco para
ella.
Es que Carolina no era solo bella, era además inteligente, bondadosa, compresible, con una gran
sensibilidad tanto artística como social, en conclusión todo lo que el ó cualquier otro hombre podría desear.
Con la firme idea de hacer su propuesta en mente, la llamó un día y le dijo que se vieran esa
tarde luego de que cada quien saliese del trabajo, en el café que solían frecuentar, ella aceptó y
conforme a lo planeado se encontraron.
Estuvieron charlando durante un buen rato, el tomó un par de cervezas para animarse. Cuando
llegó el momento, el se encontraba muy nervioso, las manos le sudaban y sentía un nudo en la
garganta, por un breve instante la pareja hizo silencio, en ese momento el tomó una bocanada de
aire y juntó todas sus fuerzas, y al tiempo en que sacaba de uno de sus bolsillos le dijo: “¿te
casarías conmigo?” el rostro de ella hizo una mueca de sorpresa y cambió de colores, pero de su
boca salió un “NO”, el sintió como se partía su corazón y se paró de la mesa sin esperar
explicación alguna.
Al marcharse del lugar no quiso saber de nada ni de nadie, entonces desconecto su teléfono,
apagó el celular y desarmó su computadora, una vez hecho esto y como es normal cayó en una
depresión, debido a la cual abandonó su trabajo y dejó de ver a sus amigos.
También recordó la decisión de suicidarse, la cual hasta ese momento estaba resuelto a cumplir,
recordó como había buscado por toda la casa la cuerda vieja se ahorcaría.
A su memoria llegó también el recuerdo de cómo la había atado fuertemente a una de las vigas
que sostenían el techo y como se la puso en el cuello y como le dio un puntapié a la silla donde
estaba subido.
Recordó como las imágenes de los momentos más alegres y más significativos de su vida pasaban
por su cabeza y lo más importante recordaba lo estúpido de la decisión que había tomado y como
había pensado en que si dios le daba una oportunidad viviría de otra forma su vida, también de
cómo pensó que ya era muy tarde y que los pataleos que daba solo conseguían asfixiarlo más.
Lo que el no recordaba –ni siquiera supo- fue que por obra de el destino, dios, la providencia ó
como quieran llamarlo en el momento en que su cuerpo inconsciente dejó de patalear la cuerda
falló.

Ataque Terrorista

Suenan las sirenas de las ambulancias, hay cristales rotos por todos lados, escombros entre los
cuales se encuentran restos humanos. Todo apunta a un ataque de algún grupo terrorista, ¿cuál?
Nadie lo sabe.
Mientras los bomberos, policías y demás hacen su trabajo, se van agolpando lo curiosos y alguna
que otra madre preocupada se aproxima al sitio. Unos cuantos metros más allá se ha improvisado un hospital y se está atendiendo los heridos –solo cuyas heridas no so muy graves- quienes tienen lesiones mayores son despachados lo más rápidamente a los hospitales cercanos. Cerca del perímetro de seguridad están los reporteros y fotógrafos a la caza de declaraciones y fotos (de vez en cuando dan la impresión de ser buitres a la espera de próximo cadáver para despedazarlo).
Dentro de este caos, se puede apreciar un cierto orden, es así como se observan a varias
decenas de distintos funcionarios, cada uno haciendo su trabajo y procurando no estorbar a los
otros, por que después de todo mientras más rápido el centro de la cuidad vuelva a su
“normalidad” mejor para todos.
Entre esos funcionarios se ven a los encargados de recoger los cadáveres, cada uno de los cuales
tiene una historia distinta pero un mismo final .
Luisa
Secretaria ejecutiva por diez años en una importante empresa aseguradora, con un gran deseo de formalizar su relación con su novio de hace ya unos cinco años y formar una familia.
Suena el teléfono
Novio: aló ¿Luisa?
Luisa: si, hola amor ¿como estas?
Novio: bien, te llamo para recordarte que hoy vamos a cenar.
Luisa: si, ya lo sé
Novio: bueno, pero te lo digo para que no vayas a dejar que te den trabajo extra
Luisa: tranquilo, yo hablo con el jefe cualquier cosa, de todas formas el es muy buena
gente
Novio: ¡okey!, entonces ¿nos vemos a las seis?
Luisa: si a esa hora, nos vemos, besos.
Novio: besos, ¡chao!
El novio cuelga el teléfono y se guarda en el bolsillo del traje el regalo especial que le ha comprado a Luisa, que no ni más ni menos que un anillo de compromiso.
Mientras tanto Luisa camina hacia la parada del autobús, se siente afortunada por su cita de esta
tarde, para completar el sentimiento, el autobús pasa pronto con lo que no ha tenido que esperar
mucho y además es una de esas extrañas veces en las que hay suficientes puestos disponibles.
Cesar
Joven, recién graduado de diseño gráfico y con unos quince días de haber comenzado a trabajar
en una agencia de publicidad, a la que entró gracias a la ayuda de su amigo y vecino Roberto.
Cesar: Gracias por haberme ayudado a conseguir el trabajo
Roberto: de nada, para eso son los amigos, ¿no?, además si de verdad quieres agradecerme me
puedes invitar una cerveza al final de mes –risas-
Cesar: -risas- ¡si claro!, después de ese gran favor ¿cómo puedo negarme?
Roberto: ya te dije que no es nada. ¡Ah! por cierto tu mamá debe estar muy feliz
Cesar: ¿qué no? Ya le contó a todas sus amigas y a mis tias
Roberto: me lo imaginé
Cesar: claro, además como están las cosas doy gracias a dios por haber conseguido el empleo
Roberto: bueno ya me debo ir, nos vemos el fin de semana, así nos tomamos unas cervezas y
hablamos
Cesar: ¡okey!, ¡ah! gracias de nuevo
Roberto: de nada, ¡adiós!
Cesar: ¡adiós!
Cesar repasa mentalmente todas las cosas que debe hacer hoy en el trabajo, mientras espera el
autobús que pasa cerca de su oficina. Por un instante sale de sus pensamientos y vuelve a la
realidad, se percata de que el colectivo se acerca, le hace una señal con la mano, lo detiene y se
monta.
Andrea y Mariana
Amigas del liceo, recién terminaron el bachillerato y como muchos adolescentes no saben que
estudiar ó que hacer con sus vidas, pero eso poco les importa, prefieren pensar más en fiestas,
novios y modas.
Mariana: ¿supiste que Simón me llamó?
Andrea: ¿si? y ¿qué te dijo?
Mariana: me invitó para el cine el sábado
Andrea: y ¿qué le dijiste?, supongo que aceptases pues...
Mariana: claro que si, pero tu sabes, al principio me hice la dura para que no estuviera
creyendo...
Andrea: bueno amiga tu sabes como es todo, me cuentas luego que tal te fue, ¿ y José?
Mariana: ese bobo, no sé, estuvo llamándome un tiempo pero le saqué el cuerpo
Andrea: ¡ah! ya veo, ....mira allí viene el bus
Mariana: ¡al fin! Avíspate, para que agarremos un buen puesto.
Arturo
Un adulto joven, casi en los treinta, recién acaba de perder su empleo debido a una
reestructuración de la empresa donde laboraba, ahora está buscando empleo. A raíz de la perdida
de su sustento ha tenido que cargar con la crisis por la que está pasando su matrimonio y la
depresión que le produce el hecho de estar desempleado.
Otro día más, odio tener que salir casi a rogar por un empleo, a veces pienso de que han valido
cinco años de quemarme las pestañas en la universidad más dos años de postgrado, pagándolo
con un gran sacrificio. Tanto trabajo para que un buen día te digan “apreciamos lo que ha hecho
por la empresa, pero debido a la situación hemos decidido prescindir de sus servicios” ¡bah! Eso
es solo una forma bonita de decir “estas botado” y lo peor es que uno va de entrevista en entrevista
y no consigue nada ó peor aun quienes tienen plazas vacantes, pareciese que te ven cara de estar
muriéndote de hambre, por que te ofrecen un sueldo, con el que no vive pero ni un colegial. Debí
haberle hecho caso al portu, ahora estaría como el, con un montón de dinero. El condenado hasta
se compro una toyota de agencia. Pedazo de gordo, se está pudriendo en dinero ¡ah! pero yo tenia
que ser universitario, y lo que terminé siendo es un asalariado más, mi situación está tan mal que
hasta tengo que tomar el bus, por que si pagase un taxi me arruinaría y de paso a mi mujer no le
da la gana de entender ... allí viene el dichoso autobús ese, menos mal que me deja cerca, por que
hoy ni ganas de caminar tengo... de hecho lo que quiero hacer es mandar a todos a la ...(en ese
momento el autobús se detiene y Arturo se monta en el).
El autobús continua su recorrido y los pasajeros suben y bajan de el, el trafico, el calor y el ruido,
hacen que el recorrido sea el habitual tan habitual y tan fastidioso como siempre. Luego de cierto
tiempo se monta un hombre –debe tener unos 25 años- nada en el llama la atención, su vestimenta
es muy común, una camiseta blanca, un par de jeans un poco gastados, zapatos deportivos y una
gorra de baseball, con el cabello lo suficientemente largo como para que unos pocos mechones se
escapen por debajo de la gorra. Solo un morral que lleva con sigo podría llamar la atención, pues
parece pesado y lo trata como si dentro de el llevara algo delicado y frágil, pero como cada uno de
los pasajeros va ensimismado nadie se da cuenta.
El hombre permanece unos minutos de pie, hasta que consigue un asiento convenientemente
ubicado en la parte central del autobús. Pasan los minutos y las cuadras, mientras el colectivo se
acerca al centro de la cuidad el tráfico se va haciendo más pesado, el hombre comienza a sudar,
su sudor es el preludio de lo que vendrá, pero nadie lo sospecha, para todos es un día normal de
semana y solo eso, el vehículo avanza lentamente... se aproxima a una intersección de dos
avenidas muy transitadas. El hombre suda ahora copiosamente, duda, pero sabe que debe hacerlo
no puede fallar, no se entrenó para fallar, el bus llega a la intersección, el semáforo cambia de
amarillo a rojo, el chofer mira a los autos que si pudieron pasar tose.
De pronto se escucha un grito seguido de un gran estruendo, por todos lados vuelan vidrios, restos
humanos y fierros retorcidos... en un segundo todo el centro de la cuidad será un caos, sonaran
las sirenas de las ambulancias y todos hablarán del ataque terrorista.
Un viaje de ida y vuelta

Mi nombre es Frank Gugliota, he trabajado para la policía como agente de inteligencia, he estado
en muchos casos, en algunos mi vida ha estado en peligro, pero en ninguno ha sido mas evidente
como en el que les voy a contar.
Por años el departamento trató en vano de infiltrar miembros en la mafia, todos los agentes que lo intentaron tarde o temprano fueron descubiertos y eso es una sentencia de muerte, así que cuando me ofrecieron intentarlo los nervios y las dudas se apoderaron de mi, más aun cuando me
explicaron que iba a ser una operación sin ningún tipo de apoyo, no habrían cámaras, ni
micrófonos, y menos agentes cerca por si se presentaban problemas.
Esto era así por que siempre los mafiosos descubrían los artefactos que se usaban para obtener
las evidencias, por lo que esta vez tenia que confiar solo en mi memoria y en un numero telefónico
al cual debería llamar cuando considerase que tenia algo que sirviera de evidencia en un juicio
futuro.
Lógicamente cuando fui haciendo mi acercamiento a ese mundo estaba sumamente nervioso.
Aunque ya teníamos todo preparado, debía frecuentar cierto bar, en el cual teníamos información
de que se reunían miembros de mediano rango, no debía llamar mucho la atención así que me di
a conocer como un simple ladrón de bancos y ocasionalmente de joyas.
Los primeros meses transcurrieron sin que pasara nada, solo era uno más de los rufianes que
frecuentaban aquel bar, al igual que muchos traficantes de drogas y ladrones de auto, que se
mezclaban con ebrios y buscapleitos de oficio, poco a poco fui conociendo gente y haciéndome un
“nombre” tuve que participar en algún que otro pequeño delito, para no despertar sospechas.
Luego de un tiempo –unos 6 u 8 meses- ya era un habitual más, ya la gente que iba al bar no me
miraba con tanta desconfianza, hasta conocí a unas cuantas personas.
Unas de esas era Vito, no sé si ese era su nombre real o un apodo, lo cierto es que todos lo
conocían por ese nombre, quien no hubiera visto las cosas que yo vi, no creería que el era
miembro de una familia mafiosa, el era un hombre tranquilo, meditabundo, nunca parecía estar
molesto, aunque era realmente cruel y sanguinario con sus enemigos, según el mismo una vez e
contó, otra cualidad que tenia era su memoria, era realmente buena, así que debía cuidarme de lo
que decía delante de el, no fuera que encontrara alguna incongruencia y me descubriera. Al pasar
los meses, entre Vito y yo fue creciendo una amistad, lo cual fue bueno por que se disminuirían las
sospechas, en ese pequeño y complejo mundo, todos sospechan de todos y un mal movimiento
puede costarte la vida.
Gracias a Vito, poco a poco me fui acercando a los jefes, esto fue muy gradual y aveces me ponían
pruebas para asegurarse de que no fuera ningún espía ó peor aun un soplón, las primeras tareas
que me colocaron fueron encargos, del tipo transportar algo ó contactar gente, aveces solo tenia
que hacer de guarda espalda de uno de ellos(los jefes) ya que la operación era secreta no pocas
veces tuve que hacer estos encargos a sabiendas que estaba violando la ley. Una de esas veces
me tocó que acompañar a Vito a una de su reuniones con los capos, para mi eso fue algo casi
increíble, frente a mi y a pocos metros de distancia estaban muchas de las personas que por años
habíamos tratado de meter presos, pero que por una ú otra forma no habíamos podido hacerlo,
muchos de ellos habían viajado de otras ciudades distantes. Ni hablar de los lujos, en esas
reuniones lo que abundaba era el oro, los trajes caros, autos costosos, en fin todo era ostentación,
claro esto no era prueba de nada, ya que todos los jefes ó capos tenían la fachada de ser grandes
empresarios y negociantes, tantos que muchos eran considerados figuras publicas de sus
ciudades, esto también era un problema, ya que sin pruebas concretas sus abogados podrían
alegar que solo se estaba tratando de arruinar la imagen de su clientes.
En esa primera reunión comprendí los alcances que tenían estas familia, se hablaba de políticos,
jueces abogados, policías y hasta religiosos que estaban directa o indirectamente involucrados
así como también de quienes representaban un estorbo ó estaban dado muchos problemas.
Así un día decidieron hacerme miembro oficial de la “familia”, esto implicaba hacer un “trabajito”
para los jefes; pues resulta que había corrido el rumor que Giovani era un soplón y la familia no le
agradan los soplones, así que había que deshacerse de el lo más rápido posible a la vez que había
que mandar un mensaje a quienes estuvieran pensando en dar algún tipo de información a la
policía. Como futuro miembro de la familia me encargaron de esta tarea, me dieron instrucciones
precisas de cómo debía matarle y como disponer del cadáver. Como debía ser un mensaje, no
solo debía “despacharlo” si no que tenia que cortarles las manos y la lengua, y desaparécelas, de
manera que cuando encontrasen el cuerpo, la prensa diera la noticia del hallazgo.
Giovani era un tipo voluminoso, que tenia como fachada una carnicería, era de esas personas
buenagente, quienes lo rodeaban –su familia- ni se imaginaban en la clase de negocios que estaba
metido, los fines de semanas solía llevar a sus sobrinos a los juegos de baseball y a su anciana
madre al servicio religioso, donde el mismo compartía con la gente que asistía habitualmente.
Yo sabía de todo esto, así que al enterarme de la tarea, esto hizo que me sintiera muy mal por
tener que matarlo, no me podía negar a hacerlo –porlomenos no abiertamente- hacerlo seria firmar
mi propia sentencia de muerte –la cual seguramente seria muy dolorosa- así que comencé a hacer
un plan, de manera que no me descubriesen pero tampoco tuviera que cometer un asesinato.
Le dije a Vito que lo secuestraría un viernes en la noche, ya que este era el día en que Giovani
recibía los cargamentos de drogas y a su vez entregaba el dinero de las ventas, el insistió en
acompañarme, traté de convencerlo de que no pero me fue imposible, además como era mi prueba
para convertirme en miembro tenían que supervisarme. Por otra parte le pasé la información a mis
superiores y acordé con ellos que unos minutos antes de que llegase con Vito ellos realizaran una
redada, de esta manera atraparían a varios mafiosos y yo todavía podría tener la confianza de la
familia, pero quiso el destino –o como lo llamen- que la reunión se atraso lo suficiente como para
que cuando se realizó la redada nos encontrásemos Vito y yo en la bodega de la carnicería junto a
los demás gangsters. Así que cuando el tiroteo comenzó yo quedé en medio del fuego cruzado
Giovani murió abaleado, no se si por la policía o por los mafiosos, Vito recibió un tiro en una pierna
y no murió, con lo que fue a parar a la cárcel yo salí totalmente ileso, pero como muchos cayeron
presos, mi cabeza inmediatamente tubo un precio, el cual fue aumentando a medida que se iba
incrementando el numero de mafiosos que iban a cárcel.
De eso han pasado ya muchos años, pero todavía hay veces en las que siento un poco de temor y
no miento si les digo que cada vez que enciendo el auto siento temor por que una bomba este
esperándome.

Una Noche De Fin De Semana

10:00 p.m.
Apagas el televisor y te preparas para tomar una ducha.
10:15 p.m.
terminas de ducharte, te vistes, haces un par de llamadas telefónicas y mandas un sms.
10:30 p.m.
cuadras la salida de la noche con un par de amigos, esta noche saldrán a buscar chicas.
11:20 p.m.
tus amigos te pasan buscando
11:25 p.m.
llegan al sitio nocturno numero 1, entras miras a tu alrededor y si efectivamente está lleno de
chicas, pero en un 90% son menores de edad.
11:35 p.m.
luego de tomarse las cervezas que habían pedido se dirigen al sitio numero 2.
11:45 p.m.
luego de mucho insistir, deciden que ya no le rogarán más al portero, además el sitio esta
totalmente lleno.
12:21 a.m.
después de estar perdiendo el tiempo paseando en el auto, deciden a que sitio irán, lo hacen y
claro hay una cola para entrar, pero no es tan grande y el lugar no está full.
12:40 a.m.
entran, se sientan en una mesa que consiguieron por casualidad, en este momento comienza la
“cacería” de chicas.
12:46 a.m.
ves a una rubia que te llama la atención
1:20 a.m.
luego de varios tragos te decides a hablarle
1:21 a.m.
te le acercas e inicias una conversación, ella resulta ser simpática y habla contigo.
1:23 a.m.
te acercas a ella.
1:24 a.m.
un poco más.
1:25 a.m.
otro poco
1:26 a.m.
ella comienza a poner cara de asqueada.
1:27 a.m.
pides un trago para ti y otro para ella.
1:29 a.m.
te cercas todavía un poco más.
1:29:20 a.m.
piensas en robarle un beso
1:30 a.m.
lo haces.
1:30:20 a.m.
sientes una bofetada que te duerme la cara.
1:30:21 a.m.
tus amigos están que se orinan de la risa, al igual que muchos en el lugar.
1:35 a.m.
continúan riéndose.
1:40 a.m.
en este momento ya sus risas son algo molesto.
2:00 a.m.
llegas a tu casa, solo, sin ligar una chica y con una marca roja en el rostro te vas a dormir.

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jueves, abril 24, 2008

Metzengerstein -- EDGAR ALLAN POE


Metzengerstein
Edgar Allan Poe
Pestis eram vivus - mariens tua mars era. (1)
(Martín Lutero)
***
---
El horror y la fatalidad han aparecido libremente en todas las edades. ¿Por qué atribuir entonces una fecha a la historia
que vaya contar? Baste decir que en la época de que hablo existía en el interior de Hungría una arraigada, aunque oculta,
creencia en las doctrinas de la metempsícosis. De estas doctrinas mismas -esto es, de su falsedad o de su probabilidad-
nada diré. Afirmo, sin embargo, que gran parte de nuestra incredulidad (como dice La Bruyere, de toda nuestra
infelicidad) vient de ne pouvoir etre seuls (2).
Pero en algunos puntos la superstición húngara tendería por completo a lo absurdo. Ellos -los húngaros- diferían
esencialmente de sus autoridades orientales. He aquí un ejemplo: el alma -afirman, y cito las palabras de un agudo e
inteligente parisiense- ne demeure qu'une seule fois dans un corps sensible: au reste un cheval, un chien, un homme meme,
n' est que la ressemblance peu tangible de ces animaux (3).
Las familias de Berlifitzing y Metzengerstein hallábanse enemistadas desde hacía varios siglos. Jamás hubo dos casas tan
ilustres agriadas mutuamente Por una enemistad tan mortal. El origen de la enemistad parecía radicar en las palabras de
una antigua profecía: "Un augusto nombre sufrirá una espantosa caída cuando, como el jinete sobre su caballo, la
mortalidad de Metzengerstein triunfe sobre la inmortalidad de Berlifitzing".
Seguramente estas palabras significan poco o nada en sí mismas. Pero causas más triviales han dado origen -y no hace
falta que nos remontemos mucho- a consecuencias memorables. Además, los dominios de las casas rivales eran contiguos y
ejercían desde largo tiempo una influencia rival en los asuntos de un gobierno bullicioso. Por otra parte, vecinos tan
inmediatos son rara vez amigos y los habitantes del castillo de Berlifitzing podían contemplar desde sus elevados
contrafuertes las ventanas del palacio de Metzengerstein. Y no era en absoluto la magnificencia más que feudal así
ostentada al que intentaba mitigar los irritables sentimientos de los Berlifitzing, menos antiguos y menos ricos. ¿Cómo
extrañarse entonces de que las necias palabras de una predicción lograran hacer estallar y mantener viva la discordia
entre dos familias ya predispuestas al rencor por todas las razones de un orgullo hereditario?. La profecía parecía
entrañar, si es que entrañaba algo, el triunfo final de la casa más poderosa. Y lo más débiles y menos influyentes la
recordaban con amarga animosidad.
Wilhelm,conde de Berlifitzing, aunque de augusta estirpe, era en la época de nuestra narración un anciano achacoso y
chocho, que sólo se hacía notar por una loca e inveterada antipatía personal hacia la familia de su rival y por una
pasión desordenada hacía la equitación y la caza, a cuyos peligros ni su debilidad personal ni su incapacidad mental le
impedían dedicarse a diario.
Frederick, barón de Metzengerstein, no había alcanzado aún la mayoría de edad. Su padre, el ministro G..., había muerto
joven, y su madre, lady Mary, lo siguió muy pronto. Frederick tenía a la sazón dieciocho años, edad que no representa
casi nada en las ciudades; pero en una soledad, y en una soledad tan magnífica como la de aquella vieja soberanía, el
péndulo vibra con un sentido más hondo.
Debido a las peculiares circunstancias derivadas de la administración de su padre, el joven barón heredó, al morir aquél,
sus vastos dominios. Rara vez se había visto a un noble húngaro dueño de un patrimonio semejante. Sus castillos eran
incontables. El más esplendoroso, el más amplio, era el palacio Metzengerstein. La línea fronteriza de sus dominios nunca
había sido claramente definida, pero su parte principal abarcaba un circuito de cincuenta millas.
La herencia de un propietario tan joven, inmensamente rico y dotado de un carácter bien conocido, provocó pocas dudas
sobre su probable línea de comportamiento. En efecto, durante los tres primeros días la conducta del heredero excedió la
de Herodes y superó en magnificencia la expectación de sus admiradores más entusiastas. Vergonzosos libertinajes,
flagrantes felonías, atrocidades inauditas, hicieron comprender rápidamente a sus temblorosos vasallos que ni la servil
sumisión por parte de ellos, ni los escrúpulos de conciencia por parte del amo, les garantizarían de allí en adelante
contra las garras despiadadas del pequeño Calígula. Durante la noche del cuarto día estalló un incendio en las
caballerizas del castillo de Berlifitzing, y la opinión unánime agregó la acusación de incendiario a la ya horrenda lista de delitos y enormidades del barón.
Pero durante el tumulto ocasionado por el accidente, el joven aristócrata se hallaba aparentemente sumido en meditación
en una amplia y desolada estancia enclavada en la parte alta del palacio solariego de Metzengerstein. Las ricas aunque
ajadas colgaduras, que cubrían fúnebremente las paredes, representaban figuras vagas y majestuosas de mil ilustres
antepasados. Aquí sacerdotes revestidos de rico manto de armiño y dignatarios pontificales sentábanse familiarmente con
el autócrata y el soberano, vetaban los deseos de un rey temporal o contenían con el fiar de la supremacía papal el cetro
rebelde del archienemigo. Allí las atenazadas y enormes figuras de los príncipes de Metzengerstein, montados en sus
briosos corceles de guerra, que pisoteaban los cadáveres del enemigo caído, sobrecogían los nervios más firmes con su
vigorosa expresión; y allí también las figuras voluptuosas, como de cisnes, de las damas de antaño flotaban lejos, en el
laberinto de una danza irreal, a los sones de una melodía imaginaria.
Pero mientras el barón escuchaba o fingía escuchar el creciente alboroto en las caballerizas de Berlifitzing o meditaba
quizá algún nuevo acto de audacia aún más osado, sus ojos se volvieron sin querer hacia la figura de un enorme caballo
pintado con un color que no era natural, representado en el tapiz como perteneciente a un sarraceno antepasado de la
familia de su rival. El caballo aparecía en primer plano, inmóvil como una estatua, mientras más allá, hacia el fondo, su
derribado jinete perecía bajo el puñal de un Metzengerstein.
En los labios de Frederick se dibujó una sonrisa diabólica al darse cuenta de lo que sus ojos contemplaban
inconscientemente. No pudo, sin embargo, apartarlos de allí. Antes bien, una ansiedad abrumadora parecía caer sobre sus
sentidos como un paño mortuorio. A duras penas podía conciliar sus soñolientas incoherentes sensaciones con la certeza de
hallarse despierto. Cuanto más lo contemplaba, más absorbente era el encantamiento y más imposible le parecía poder
arrancar su mirada de la fascinación del tapiz. El tumulto del exterior se hizo de repente más violento y Frederick logró
concentrar su atención en los rojizos resplandores que las llameantes caballerizas proyectaban sobre las ventanas de la
estancia.
Su nueva actitud, empero, no duró mucho, y sus ojos volvieron a posarse maquinalmente en el muro. Para su indescriptible
horror y asombro, la cabeza del gigantesco corcel parecía haber cambiado de posición durante aquel intervalo. El cuello
del animal, antes curvado, como si la compasión lo hiciera inclinarse sobre el postrado cuerpo de su amo, se tendía ahora
en dirección al barón. Los ojos, antes invisibles, mostraban una expresión enérgica y humana y brillaban con un extraño
resplandor rojizo, como de fuego; y los abiertos belfos de aquel caballo aparentemente furioso permitían ver sus
sepulcrales y repulsivos dientes.
Estupefacto de terror el joven aristócrata se dirigió tambaleante hacia la puerta. En el momento de abrirla, un relámpago
de luz roja flameó dentro de la habitación proyectando claramente su sombra sobre la trémula tapicería, y Frederick se
estremeció al ver que aquella sombra (mientras él permanecía vacilante en el umbral) asumía la postura exacta y llenaba
completamente el contorno del implacable y triunfante matador del Berlifitzing sarraceno.
Para aliviar la depresión de su espíritu, el barón salió presuroso al aire libre. En la puerta principal del palacio
encontró a tres caballerizos, que con gran dificultad y con riesgo de sus vidas trataban de calmar los convulsivo saltos
de un gigantesco caballo de color de fuego.
-¿De quién es este caballo? ¿Dónde lo habéis encontrado? -preguntó el joven con un tono tan sombrío como colérico, al
reconocer inmediatamente que el misterioso corcel de la tapicería era la réplica exacta del furioso animal que tenía ante
los ojos.
-Es vuestro, señor -contestó uno de los caballerizos-, o al menos no sabemos que nadie lo reclame. Lo capturamos cuando
huía echando humos y espumeante de rabia de las caballerizas incendiadas del conde de Berlifitzing. Suponiendo que era
uno de los caballos extranjeros del conde fuimos a devolverlo, pero los mozos negaron haber visto nunca al animal, lo
cual es extraño puesto que muestra señales evidentes del fuego del que se ha librado de milagro.
-Las letras W. V. B. están cláramente marcadas en su frente -interrumpió el segundo caballerizo-. Como es natural
supusimos que eran las iniciales de Wilhelm van Berlifitzing, pero en el castillo niegan terminantemente que el caballo
les pertenezca.
-¡Es muy extraño! -dijo el joven barón con aire pensativo y sin cuidarse al parecer del sentido de sus palabras-. Como
decís, es un caballo notable, un caballo prodigioso, aunque, como justamente observáis, tan peligroso como intratable...
Pues bien, dejádmelo -agregó luego de una pausa-, quizá un jinete como Frederick de Metzengerstein sepa domar hasta el
mismísimo diablo de las cuadras de Berlifitzing.
-Os engañáis, señor; este caballo, como creo haberos indicado, no proviene de las cuadras del conde, pues, en tal caso,
conocemos muy bien nuestro deber para traerlo a presencia de vuestra familia.
-¡Cierto! -observó secamente el barón.
En aquel momento un ayuda de cámara llegó corriendo desde el palacio todo sofocado. Musitó al oído de su amo para
informarle de la repentina desaparicion de un pequeño trozo de la tapicería de cierto aposento, agregando numerosos
detalles tan precisos como concretos. Pero como comunicó todo aquello en un tono de voz muy bajo no se escapó nada que
pudier satisfacer la excitada curiosidad de los caballerizos.
Mientras duró el relato del paje, el joven Frederick pareció agitado por muy diversas emociones. No obstante, pronto
recobró la calma, y una expresión de resuelta perversidad afloró a su rostro cuando daba órdenes perentorias para que la
estancia en cuestión fuera al punto cerrada y se le entregara inmediatamente la llave.
-¿Habéis oído la noticia de la lamentable mUerte del viejo cazador Berlifitzing? -dijo uno de sus vasallos al barón
cuando, después de marcharse el ayuda de cámara, el enorme corcel, que el noble acababa de adoptar como suyo, redoblaba su furia, mientras lo llevaban por la larga avenida que se extendía desde el palacio hasta las caballerizas de los
Metzengerstein.
-¡No! -exclamó el barón, volviéndose bruscamente hacia el que hablaba-. ¿Que ha muerto, dices?
-Es cierto, señor, y pienso que para un noble de vuestro apellido no será una noticia desagradable.
Una rápida sonrisa cruzó por el rostro del barón.
-¿ Cómo ha muerto?
-Entre las llamas, cuando se esforzaba imprudentemente por salvar una parte de sus caballos de caza favoritos.
-¡Re...al...men...te! -exclamó el barón, pronunciando cada sílaba como si una idea apasionante se apoderara en ese
momento de él.
-¡Realmente! -repitió el vasallo.
-¡Espantoso! -dijo tranquilamente el joven que regresó en silencio al palacio.
Desde aquella fecha, una notable alteración tuvo lugar en la conducta exterior del disoluto barón Frederick von
Metzengerstein. Su conducta defraudó todas las esperanzas y se mostró en completo desacuerdo con las expectativas y
manejos de más de una madre de niña casadera; al mismo tiempo, sus hábitos y maneras siguieron diferenciándose más que
nunca de los de la aristocracia circundante. Jamás se lo veía allende los límites de sus dominios y en su vasto mundo
ocial carecía de compañero, a menos que aquel extraño e impetuoso corcel de ígneo color, que montaba continuamente,
tuviera algún misterioso derecho a ser considerado como su amigo.

A pesar de lo cual y durante largo tiempo llegaron a palacio las invitaciones de nobles vinculados con su casa.
-¿Honrará el barón nuestras fiestas con su presencia?
-¿ Vendrá el barón a cazar con nosotros a una montería de jabalíes?
Las altaneras y lacónicas respuestas eran siempre:
-Metzengerstein no irá a la caza.
-Metzengerstein no concurrirá.
Aquellos repetidos insultos no podían ser tolerados por una aristocracia igualmente arrogante. Las invitaciones se
hicieron menos cordiales, menos frecuentes, hasta que cesaron por completo. Se oyó incluso a la viuda del infortunado
conde de Berlifitzing expresar su esperanza de que «el barón tuviera que quedarse en su casa cuando no deseara estar en
ella, puesto que desdeñaba la compañía de sus iguales, y que cabalgara cuando no quisiera cabalgar, puesto que prefería
la compañía de un caballo».
Estas palabras eran tan sólo el estallido de un rencor hereditario y probaban simplemente el poco sentido que tienen
nuestras palabras cuando queremos que sean especialmente enérgicas.
Los más caritativos, sin embargo, atribuían aquella alteración en la conducta del joven noble al natural dolor de un hijo
por la pérdida prematura de sus padres; ni que decir tiene que olvidaban su atroz y despreocupada conducta durante el
breve período que siguió de cerca a aquellas muertes. No faltaban quienes presumían en el barón un concepto excesivamente altanero de la dignidad. Otros (entre los cuales cabe mencionar al médico de la familia) no vacilaban en hablar de una
melancolía morbosa y mala salud hereditaria; la multitud hacía correr oscuras insinuaciones de naturaleza más equívoca.
Por cierto que el perverso cariño del joven barón por su caballo -cariño que parecía acendrarse a cada nueva prueba que
daba el animal de sus feroces y demoníacas inclinaciones- llegó a ser a la larga, a los ojos de los hombres, un cariño
horrible y contra natura. Bajo el resplandor del mediodía, en la oscuridad nocturna, enfermo o sano, en la calma o en la
borrasca, el joven Metzengerstein parecía estar clavado a la montura de aquel caballo colosal, cuya indomable audacia
armonizaba tan bien con su manera de ser.
Había, por añadidura, circunstancias que unidas a los últimos acontecimientos conferían un carácter extraterreno y
portentoso a la manía del jinete y a las posibilidades del corcel. Habíase medido cuidadosamente la longitud de sus
saltos, que excedían de manera asombrosa las conjeturas más fantásticas. El barón no usaba ningún nombre especial para su caballo pese a que todos los demás de su propiedad lo tenían. Su caballeriza también estaba situada a cierta distancia de
las otras, y sólo su amo osaba penetrar allí y acercarse al animal para darle de comer y ocuparse de su limpieza. Era
además notable que, aunque lo tres mozos que lo habían capturado cuando huía del incendio de Berlifitzing lo habían
contenido por medio de una cadena y de un lazo, ninguno de los tres podía afirmar con certeza que durante aquella
peligrosa lucha o en otro momento posterior hubiesen puesto sus manos sobre el cuerpo de la bestia.
Esas pruebas de una inteligencia especial en la conducta de un caballo lleno de ardor no tiene por qué provocar una
atención fuera de lo común; pero ciertas circunstancias se imponían a los espíritus más escépticos y flemáticos; se
afirmó incluso que, a veces, la asombrada multitud que contemplaba a la bestia había retrocedido horrorizada ante la
profunda e impresionante significación de su terrible apariencia; ciertas ocasiones en que, incIuso el joven
Metzengerstein, retrocedía palideciendo ante la expresión repentina y penetrante de aquellos ojos casi humanos del corcel.
Nadie dudó, sin embargo, del ardiente y extraordinario cariño que sentía el joven por las fogosas cualidades de su
caballo. Nadie, salvo un insignificante pajecillo contrahecho que interponía su fealdad en todas partes y cuyas opiniones
poseían muy poca importancia. Este paje (si es que merece la pena mencionar sus opiniones) tenía el descaro de afirmar
que su amo no saltaba nunca a la silla sin un estremecimiento tan inexplicable como imperceptible y que al regresar de
cada una de sus interminables y habituales correrías, cada rasgo de su rostro aparecía reformado por una expresión de triunfante malignidad.
Cierta tempestuosa noche, al despertar de un pesado sueño, Metzengerstein bajó como un maníaco de su estancia y montando a caballo a toda prisa se precipitó hacia las profundidades de la selva. Un hecho tan corriente no llamó especialmente la
atención, pero sus criados esperaron con intensa ansiedad su regreso; pocas horas después de su partida, los muros del
magnífico y suntuoso palacio de Metzengerstein empezaron a crujir ya temblar hasta sus cimientos bajo la acción de una
masa densa y lívida de indomable fuego.
Cuando fueron vistas aquellas llamas por primera vez era demasiado tarde; habían hecho ya tan terribles progresos que
todos los esfuerzos por salvar una parte cualquiera del edificio eran evidentemente inútiles; la atónita muchedumbre se
concentró alrededor envuelta en un silencio y patético asombro. Pero pronto un nuevo y pavoroso objeto atrajo la atención
de la multitud, demostrando hasta qué punto es más intensa la excitación provocada en ella por la contemplación de una
agonía humana que la causada por los espectáculos más aterradores de la materia inanimada.
Por la larga avenida de añosos robles, que formaba el principio de la floresta y que conducía hasta la entrada del
palacio de Metzengerstein, se vio venir un corcel dando enormes saltos, que llevaba en su silla un jinete sin sombrero y
con las ropas revueltas, semejante al verdadero Demonio de la Tempestad. Indiscutiblemente el jinete no dominaba aquella
carrera. La angustia de su rostro, los esfuerzos convulsivos de todo su cuerpo patentizaban una lucha sobrehumana; pero
ningún sonido, salvo un solo grito, escapó de sus labios desgarrados, que se mordía una y otra vez en la intensidad de su
terror. Por un momento resonó el golpeteo de los cascos, agudo y penetrante, por sobre el mugido de las llamas y el
aullido del viento; un instante después, franqueando de un solo salto el portón y el foso, el corcel se precepitó por la
escalinata del palacio y desapareció con su jinete en aquel torbellino de caótico fuego.
La furia de la tempestad cesó de inmediato, siendo sucedida por una profunda y sorda calma. Una blanca llamarada envolvía
aún el edificio como un sudario, mientras en la serena atmósfera brillaba un resplandor sobrenatural, mientras caía
pesadamente sobre los muros una nube de humo mostrando distintamente la colosal figura de un... caballo.
(1)."En vida era tu azote; muerto será tu muerte"
(2)."Proviene de no poder estar solos"
Mercier, en Lán deux mille quatre cents cuarante, mantiene seriamente las doctrinas de la metempsícosis y J. D´Israeli
afirma que "no hay ningun sistema tan sencillo y que repugne menos a la inteligencia". Se dice asimismo que el coronel
Ethan Allen, "el muchacho de las montañas verdes", era asimismo un adepto de la metempsícosis. (Nota de Edgar Allan Poe)
(3). "Solo permanece una vez en un cuerpo sensible: por lo demas, un caballo, un perro, un hombre mismo, no es sino la
semejanza poco tangible de esos animales".

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