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sábado, marzo 08, 2008

Ambrose Bierce -- Fábulas Fantásticas



Fábulas Fantásticas
Ambrose Bierce




EL PRINCIPIO MORAL Y EL INTERÉS MATERIAL



Un Principio Moral se encontró una vez con un Interés Material, en tren de cruzar un puente sobre el que sólo había paso para uno.
-¡Arrójate, ruin -tronó el Principio Moral-, y déjame pasar encima de ti!
El Interés Material simplemente miró al otro en los ojos, sin decir palabra.
-¡Ah! -dijo el Principio Moral, vacilante-. Echemos suertes, para ver quién de nosotros se aparta hasta que el otro haya cruzado.
El Interés Material mantuvo su inquebrantable silencio y su imperturbable mirada.
-Con el fin de evitar un conflicto -volvió a hablar el Principio Moral, ya un poco incómodo-, yo mismo me voy a echar, y te permitiré pasar por encima.
Entonces el Interés Material recuperó el habla.
-No creo que seas un buen paseo -dijo-. Soy un poco exigente acerca de lo que piso. Supongamos que te arrojas al agua.
Y así se hizo.


LA VELA CARMESÍ


Un hombre que yacía en su lecho de muerte llamó a su lado a su esposa, y le dijo:
-Estoy por dejarte para siempre; dame, entonces, una última prueba de tu afecto y fidelidad. Encontrarás en mi escritorio una vela carmesí, que fue bendecida por el Gran Sacerdote y tiene un peculiar significado místico. Júrame que mientras esa vela exista, tú no te volverás a casar.
La Mujer juró y el Hombre murió. En el funeral, la Mujer se mantuvo de pie a la cabeza del féretro, sosteniendo una vela carmesí ardiente, hasta que esta se consumió por completo.


LA REPUTACIÓN Y LA TOGA


Una Reputación Manchada planteó una cuestión de privilegio, y dijo:
-Señor Presidente, deseo hacer un alegato para explicar que las manchas que se ven sobre mí son las marcas naturales propias de alguien que es descendiente directo del sol y de una cierva manchada. No provienen de ningún accidente de carácter, sino que integran el orden divino y la constitución de las cosas.
Cuando la Reputación Manchada volvió a sentarse, una Toga Sucia se levantó y dijo:
-Señor Presidente, he escuchado con profunda atención y entera aprobación la explicación del Honorable Miembro, y deseo ofrecer unas pocas observaciones en mi propio beneficio. Yo también he sido vilmente calumniada por nuestra antigua enemiga, la Infame Falsedad, y deseo señalar que estoy hecha de la piel de Mustela maculata, que es sucia de nacimiento.


EL PATRIOTA INGENIOSO


Habiendo obtenido una audiencia del Rey, un Patriota Ingenioso extrajo un papel del bolsillo, diciendo:
-Espero que esta fórmula que tengo aquí para construir un blindaje que ningún cañón puede perforar sea del agrado de Su Majestad. Si este blindaje es adoptado en la Armada Real, nuestros barcos de guerra serán invulnerables, y por consiguiente invencibles. Aquí, también, están los informes de los Ministros de Su Majestad, certificando el valor de la invención. Me desprenderé de mis derechos sobre ella por un millón de tumtums.
Tras examinar los papeles, el Rey los apartó, y le prometió una orden del Tesorero Mayor del Departamento de Exacción por el valor de un millón de tumtums.
-Y aquí -dijo el Patriota Ingenioso, extrayendo otro papel de otro bolsillo -están los planos de un cañón de mi invención, que perforarán ese blindaje. El Real hermano de Su Majestad, el Emperador de Bang, está ansioso por comprarlo, pero mi lealtad al trono y a la persona de Su Majestad me obliga a ofrecerlo primero a Su Majestad. Su precio es de un millón de tumtums.
Habiendo recibido la promesa de otro cheque, hundió su mano en otro bolsillo, diciendo:
-El precio del cañón irresistible hubiese sido mucho mayor, Su Majestad, si no fuese por el hecho de que sus proyectiles pueden ser efectivamente desviados por mi peculiar método de tratar las corazas blindadas con un nuevo...
El Rey hizo al Gran Factótum una seña para que se aproximara.
-Revisa a este hombre -le dijo-, e infórmame cuántos bolsillos tiene.
-Cuarenta y tres -dijo el Gran Factótum, tras completar el escrutinio.
-Puede complacer a Su Majestad -exclamó el Patriota Ingenioso, presa del terror-, saber que uno de ellos contiene tabaco.
-Cuélguenlo de los tobillos y sacúdanlo bien -dijo el Rey-. Después entréguenle un cheque por cuarenta y dos millones de tumtums y mátenlo. En este acto decreto que la ingenuidad es un crimen capital.


EL OFICIAL DE POLICÍA Y EL MALHECHOR


Un Jefe de Policía que vio a un Oficial golpeando a un Malhechor se indignó muchísimo, y le dijo que no debía volver a hacer algo así, bajo pena de destitución.
-No sea tan duro conmigo, Jefe -dijo el Oficial, sonriendo-. Lo estaba golpeando con un bastón de paño relleno.
-Así y todo -insistió el jefe de Policía-, usted se tomó una libertad que tiene que haberle resultado muy desagradable, aunque no le haya hecho daño. Sírvase no repetirla.
-Pero -dijo el Oficial, todavía sonriente-, era un Malhechor de paño relleno.
Al tratar de expresar su complacencia, el jefe de Policía extendió su brazo derecho con tanta violencia que la piel se le rasgó en el sobaco y un chorro de arena cayó de la herida. Era un jefe de Policía de paño relleno.


EL FUNCIONARIO CONSCIENTE


Mientras un Superintendente de División de un ferrocarril estaba cumpliendo con la mayor aplicación su tarea de poner obstáculos en los rieles y alterar los cambios de vía, recibió la noticia de que el Presidente de la compañía iba a despedirlo por incompetente.
-¡Buen Dios! -exclamó-. ¡Si hay más accidentes en mi división que en todo el resto de la línea!
-El Presidente es muy riguroso -dijo el Hombre que había traído la noticia-; él piensa que las mismas pérdidas de vidas podrían obtenerse con menos daño a la propiedad de la compañía.
-¿Espera que arroje a los pasajeros a través de las ventanillas? -exclamó el indignado funcionario, cruzando un durmiente sobre los rieles-. ¿Me toma por un asesino?


COMO SE LLEGA AL OCIO

Un Hombre para Quien el Tiempo era Oro, que estaba engullendo su desayuno, muy apurado por atrapar un tren, había apoyado el periódico contra la azucarera y leía mientras comía. En su apuro y abstracción, se clavó un tenedor en el ojo derecho, y al extraer el tenedor, el ojo salió con él. Desde entonces, cada vez que compraba anteojos, se veía obligado a derrochar inútilmente su dinero en cristales para el ojo derecho, y este dispendio lo redujo pronto a la pobreza, por lo cual el Hombre para Quien el Tiempo era Oro se vio obligado a ganarse la vida pescando desde la punta de un muelle.



EL GUARDIÁN PRECAVIDO


El Guardián de una Penitenciaría estaba un día poniendo cerraduras en las puertas de todas las celdas, cuando un operario le dijo:
-Usted es muy imprudente... Esas cerraduras pueden abrirse desde adentro.
El Guardián replicó, sin apartar la mirada de lo que hacía:
-Si a esto se lo llama imprudencia, me pregunto cómo se debería denominar a una precavida disposición contra las vicisitudes de la suerte.

EL TESORO Y LOS BRAZOS


Un Tesoro Público, al advertir que Dos Brazos se alzaban con su contenido, exclamó:
-Sr. Correligionario, propongo una división.
-Usted parece saber un poco acerca
de la forma parlamentaria de hablar -dijo Dos Brazos.
-Sí -replicó el Tesoro Público-. Estoy familiarizado con los acarreos legislativos.


LA SERPIENTE CRISTIANA


Una Víbora de Cascabel regresó a su casa, donde estaban sus crías, y dijo:
-Hijos míos, reuníos para recibir la última bendición de vuestro padre, y ver cómo muere un cristiano.
-¿Qué ocurre, padre? -preguntaron las Viboritas.
-Me ha mordido el editor de un pasquín partidario -fue la respuesta, seguida por el ominoso cascabeleo de la muerte.


EL MALHECHOR DESCONTENTO


Un Juez que había condenado a prisión a un Malhechor, procedía a señalarle las desventajas del crimen y los beneficios de la reforma.
-Su Señoría -dijo el Malhechor, interrumpiéndolo- ¿sería tan amable como para elevar mi condena a diez años de prisión y nada más?
-¿Por qué? -dijo el juez, sorprendido-. ¡Sólo lo he condenado a tres años!
-Sí, lo sé -asintió el Malhechor-. Tres años de prisión y el sermón. Si no le molesta, me gustaría que me conmute el sermón.


LOS CAÑONES DE MADERA


Un Regimiento de Artillería de la Milicia Estatal solicitó al Gobernador, cañones de madera para la práctica.
-Resultarán más baratos que cañones de verdad -explicó.
-No se dirá de mí que sacrifiqué la eficacia a la economía -dijo el Gobernador-. Tendrán cañones de verdad.
-Gracias, gracias -exclamaron efusivamente los guerreros-. Los cuidaremos mucho, y en caso de guerra los reintegraremos al arsenal.


EL ASTRÓNOMO LITERARIO


El Director de un Observatorio, que había descubierto la Luna, con un refractor de treinta y seis pulgadas, fue muy apurado a ver al Editor de un Periódico, con una extensa narración del evento.
-¿Cuánto? -preguntó sentenciosamente el Editor, sin apartar la mirada de su ensayo sobre la circularidad de la perspectiva política.
-Ciento sesenta dólares -replicó el hombre que había descubierto la Luna.
-Ni la mitad de eso sería suficiente -fue el comentario del Editor.
-¡Hombre generoso! -exclamó el Astrónomo, ardiendo de cálidos y elevados sentimientos-. Págueme, entonces, lo que quiera.
-Mi gran y buen amigo -dijo suavemente el Editor, levantando la vista de su trabajo-. No nos entendemos, parece. El que tiene que pagar es usted.
El Director del Observatorio tomó el manuscrito y se fue, explicando que necesitaba corrección, que había omitido poner el punto a una m.


EL SINO DEL POETA


Un Objeto que estaba caminando por el Camino Real, envuelto en honda meditación y en poca cosa más, súbitamente se encontró ante las puertas de una ciudad extraña. Cuando solicitó ser admitido, fue detenido como indigente y llevado ante el Rey.
-¿Quién eres -interrogó el Rey-, y cómo te ganas la vida?
-Soy Snouter el descuidista -replicó el Objeto, inventando rápidamente-, carterista.
El Rey estaba por ordenar su liberación, cuando el Primer Ministro sugirió que examinaran los dedos del prisionero. Se descubrió que estaban muy achatados y encallecidos en los extremos.
-¡Ja! -exclamó el Rey- ¡Se lo dije! Es adicto a contar sílabas. Un poeta. Llévenlo con el Gran Señor Disuasor del Hábito de la Cabeza.
-Mi señor -dijo el Inventor Ordinario de Penas Ingeniosas-, me atrevo a sugerir un castigo más sagaz.
-Dígalo -contestó el Rey. -¡Permitirle que conserve esa cabeza! Eso fue lo que se ordenó.


EL LEÓN Y LA SERPIENTE DE CASCABEL


Un Hombre encontró en su camino a un León, y se puso a tratar de someterlo mediante la hipnosis; cerca había una Serpiente de Cascabel dedicada a fascinar a un pequeño pájaro.
-¿Cómo va lo tuyo, hermano? -el Hombre se dirigió al otro reptil, sin apartar sus ojos de los del León.
-Admirablemente -replicó la serpiente-. El éxito está asegurado; mi víctima se acerca y se acerca, a pesar de sus esfuerzos.
-Y la mía -dijo el Hombre- se acerca y se acerca a pesar de los míos. ¿Estás seguro de que todo marcha bien?
-Si dudas -replicó el reptil lo mejor que pudo, con la boca llena de pájaro-, sería mejor que abandones.
Un cuarto de hora después, el León, escarbándose pensativamente los dientes
con las garras, le decía a la Serpiente de Cascabel que nunca, en su muy variadas experiencias al ser hipnotizado, se había encontrado con un hipnotizador tan ansioso por abandonar su tarea.
-Pero -añadió con una amplia, inteligente sonrisa- yo le sostuve la mirada.


EL LEGISLADOR Y EL JABÓN


Un Miembro de la Legislatura de Kansas que se cruzó con un jabón, pasaba junto a él sin reconocerlo, pero el jabón insistió en detenerlo y estrecharle las manos. Pensando que se hallaba en goce de inmunidad parlamentaria, el legislador le dio un cordial e intenso apretón de manos. Al abandonarlo, advirtió que una parte del Jabón había quedado adherida en sus dedos, y corriendo muy alarmado hacia un arroyo, procedió a lavárselos. Para hacerlo, se vio obligado a frotarse ambas manos, y cuando terminó de lavarlas, quedaron tan blancas, que se metió en cama y mandó llamar a un médico.


EL HOMBRE QUE NO TENIA ENEMIGOS


Una Persona Inofensiva que paseaba por un lugar público, fue atacada por un Desconocido, con un Garrote, y severamente golpeada.
Cuando el Desconocido con un Garrote fue sometido a juicio, su víctima dijo al Juez:
-Ignoro por qué me atacó; no tengo un enemigo en el mundo.
-Esa -dijo el acusado- es la razón por la que lo golpeé.
-El prisionero queda absuelto -dijo el juez-; un hombre que no tiene enemigos, no tiene amigos. Los tribunales no se hicieron para esta gente.


LA MAQUINA VOLADORA


Un Hombre Ingenioso construyó una máquina voladora e invitó a una gran concurrencia a verla funcionar. A la hora señalada, con todo dispuesto, él se introdujo en el vehículo y puso el motor en marcha. La máquina inmediatamente hizo pedazos la imponente estructura sobre la que estaba armada, y se hundió en la Tierra hasta perderse de vista, mientras el aeronauta saltaba afuera, justo a tiempo de salvarse.
-Bien -dijo el Hombre Ingenioso-. He hecho lo suficiente para demostrar la corrección de los detalles. Los defectos -añadió, echando una mirada al estropeado armatoste- son meramente básicos y fundamentales.
Ante esta aseveración, el publicó respondió con suscripciones para construir una segunda máquina.


EL GATO Y EL REY


Un Gato estaba mirando a un Rey, como lo permite el proverbio.
-Bien -dijo el monarca, advirtiendo
su inspección-, ¿cómo me ves?
-Puedo imaginar un Rey -dijo el Gato-, que me gustaría más. -¿Por ejemplo?
-El Rey de los Ratones.
Tanto complació al Rey el ingenio de esta respuesta, que le dio permiso para arrancar los ojos de su Primer Ministro.


LA CIUDAD DE LA DISTINCIÓN POLÍTICA


Jamrach el Rico, ansioso de llegar a la Ciudad de la Distinción Política antes de la noche, encontró una bifurcación de caminos, y estaba indeciso acerca de cuál tomar; así que consultó a una Persona de Aspecto Sabio, sentada a un lado del camino.
-Tome ese camino -dijo la Persona de Aspecto Sabio-: se lo conoce como la Carretera Política.
-Gracias -dijo Jamrach, y se dispuso a seguir viaje.
-¿Con cuánto me agradece? -fue la respuesta-. ¿Supone que estoy aquí haciendo una cura de salud?
Como Jamrach no se había vuelto rico por su estupidez, le dio algo a su guía, y apresurándose, pronto llegó a una barrera de peaje custodiada por un Caballero Benévolo, quien lo dejó pasar tras recibir algo. Un poco más allá, halló un puente que sorteaba un arroyo imaginario, donde un Ingeniero Civil (que había construido el puente) le exigió algo para permitirle pasar. Ya se estaba haciendo tarde, cuando Jamrach arribó a la orilla de lo que parecía un lago de tinta negra, donde terminaba el camino. Viendo a un Barquero en su bote, Jamrach pagó algo por la travesía y estaba a punto de embarcarse.
-No -dijo el Barquero-. Ponga el cuello en este lazo, y yo lo remolcaré. Es la única manera de pasar -añadió, al ver que el pasajero estaba por quejarse de las comodidades.
A su debido tiempo, Jamrach fue arrastrado a través del lago, y llegó medio estrangulado y atrozmente empapado por las aguas fétidas.
-Bueno -dijo el Barquero, remolcándolo sobre la ribera y soltándolo-, ahora usted está en la Ciudad de la Distinción Política. Tiene cincuenta millones de habi-
tantes, y como el color del Pozo Asqueroso no sale con el lavado, todos parecen exactamente iguales.
-¡Ay de mí! -exclamó Jamrach, llorando y lamentando la pérdida de todas sus posesiones, gastadas en propinas y peajes-. Volveré con usted.
-No creo que lo haga -dijo el Barquero, desatracando-. Esta ciudad está ubicada en la Isla de los Que No Vuelven.


LA POETISA DE LA REFORMA


Un hermoso día de la última parte de la eternidad, mientras las Sombras de todos los grandes escritores reposaban en lechos de asfódelos y molis en los Campos Elíseos, cada uno de ellos muy feliz al escuchar de labios de todos los otros sólo copiosas citas de la propia obra (porque a tal efecto Júpiter había hechizado generosamente sus oídos), llegó allí con aire triunfador una Sombra a la que nadie conocía. Ella (porque la recién llegada mostraba evidencias de su sexo tales como el cabello cortado corto y un andar varonil) tomó asiento en medio de ellos, y con sonrisa de superioridad explicó:
-Tras siglos de opresión arranqué mis derechos de manos de los dioses celosos. Sobre la tierra yo fui la Poetisa de la Reforma y canté para oídos desatentos. Ahora
canto para una eternidad de honor y de gloria.
Pero no habría de ser así, y muy pronto ella fue la más infeliz de las inmortales, anhelando vanamente volver a errar en las tinieblas junto a los lagos infernales. Porque Júpiter no había hechizado su oído, y de los labios de cada Sombra bendita sólo surgían copiosamente las citas de las obras de los otros. Además, a ella le había sido negada la felicidad de recitar sus poemas. No recordaba un solo verso suyo, porque Júpiter había decretado que el recuerdo de sus poemas habitara el penoso dominio de Plutón, como parte del castigo.


LOS SALVADORES DE VIDAS


Setenta y cinco Hombres se presentaron ante el Presidente de la Sociedad Humana y solicitaron la gran medalla de oro por haber salvado vidas.
-Vaya, sí -dijo el Presidente-, mediante sus diligentes esfuerzos tantos hombres deben haber salvado un considerable número de vidas. ¿Cuántas salvaron?
-Setenta y cinco, señor -replicó el Vocero de los Hombres.
-Ah, sí, eso hace una cada uno; muy buen trabajo, muy buen trabajo, por cierto -dijo el Presidente-. No sólo tendrán la gran medalla de oro de la Sociedad sino, también, su recomendación para un empleo en las dotaciones de varias estaciones de botes salvavidas a lo largo de la costa. ¿Pero cómo salvaron tantas vidas?
El Vocero de los Hombres respondió:
-Somos agentes de la ley, y acabamos de abandonar la persecución de dos asesinos fugitivos.




LA ZARIGÜEYA DEL FUTURO


Un día, una Zarigüeya que se había dormido colgada de la cola, en la rama más alta de un árbol, despertó y vio una enorme Víbora enroscada cerca de la rama, entre ella y el tronco del árbol.
-Si me quedo -se dijo-, me engullirá; si me dejo caer me romperé el cuello.
Pero súbitamente se le ocurrió una estratagema.
-Mi perfecto amigo -dijo-, mi instinto paternal reconoce en usted una noble evidencia e ilustración de la teoría del desarrollo. Usted es la Zarigüeya del Futuro, el Sobreviviente Mejor Adaptado, último de nuestra especie, el fruto maduro de la prensilidad progresiva: ¡pura cola!
Pero la Víbora, orgullosa de su antigua superioridad en la historia de las Escrituras, fue estrictamente ortodoxa y no aceptó el punto de vista científico.


EL PAVIMENTADOR


Un Autor vio a un Trabajador colocando piedras en el pavimento de una calle, y aproximándose, le dijo:
-Amigo mío, usted parece fatigado. La ambición es un duro capataz.
-Estoy trabajando para el Sr. iones-respondió el Trabajador.
-Bueno, arriba ese ánimo -siguió el Autor-. La fama llega cuando menos se la espera. Hoy usted es pobre, oscuro y está desanimado, pero mañana su nombre puede sonar en todo el mundo.
-¿De qué me está hablando? -dijo el Trabajador-. ¿No puede un honesto pavimentador hacer su trabajo en paz, y ganar con él su dinero, y vivir de él, sin que otros vengan a decir disparates acerca de la ambición y de la esperanza de fama?
-¿Y no puede hacerlo un honesto escritor? -dijo el Autor.


LOS DOS POETAS


Dos poetas se disputaban la Manzana de la Discordia y el Hueso de la Disputa,
porque ambos estaban muy hambrientos.
-Hijos míos -dijo Apolo-, repartiré los premios entre ustedes. Tú -dijo al Primer Poeta- sobresales en Arte: toma la Manzana. Y tú -dijo al Segundo Poeta-, en imaginación: toma el Hueso.
-¡El mejor premio al Arte! -dijo el Primer Poeta, con aire triunfante, y tratando de devorar su premio se rompió todos los dientes. La Manzana era una obra de arte.
-Eso demuestra el desprecio de nuestro maestro por el mero Arte -dijo el Segundo Poeta, sonriendo.
Trató de roer su Hueso, pero sus dientes lo atravesaron sin encontrar resistencia. Era un Hueso imaginario.


EL CORCEL DE LA BRUJA


Un Palo de Escoba, que había servido largo tiempo de montura a una bruja, se quejaba de la naturaleza de su empleo, que consideraba degradante.
-Muy bien -dijo la Bruja-. Te daré un trabajo en el que te verás asociado con el intelecto... te pondrás en contacto con cerebros. Te regalaré a una ama de casa.
-¿Qué? -se sorprendió el Palo de Escoba-. ¿Consideras algo intelectual las manos de un ama de casa?
-Me refería -dijo la Bruja- a la cabeza de sus buenos maridos.


LA RATA SAGAZ


Una Rata que estaba por salir de su madriguera alcanzó a vislumbrar un Gato que la esperaba, y volviendo al fondo de la cueva invitó a una Amiga a ir con ella de visita a un depósito de maíz vecino.
-Hubiera ido sola -dijo-, pero no podía negarme el placer de tan distinguida compañía.
-Muy bien -contestó la Amiga-. Iré contigo. Condúceme.
-¿Conducirte? -exclamó la otra-. ¡Vaya! ¿Preceder yo a una rata grande e ilustre como tú? No, por cierto... Después de ti, después de ti...
Complacida por esta gran muestra de deferencia, la Amiga abrió la marcha y, dejando primero la cueva, fue atrapada por el Gato, que se fue con ella. La otra se alejó sin ser molestada.


UN PUENTE SOBRE EL FANGO


Una Mujer Rica que volvía del extranjero desembarcó al pie de la Calle Hundida Hasta las Rodillas, y estaba por caminar hasta su hotel a través del barro.
-Señora -dijo un Policía-, no puedo permitir que haga eso; se embarrará los zapatos y las medias.
-¡Oh, no tiene importancia, realmente! -replicó la Mujer Rica, con encantadora sonrisa.
-Pero, señora, es innecesario; desde el desembarcadero hasta el hotel, como usted podrá observar, se extiende una línea ininterrumpida de periodistas postrados que imploran el honor de que usted camine sobre ellos.
-En ese caso -dijo ella, sentándose en un umbral y abriendo su bolso- tendré que ponerme mis galochas.




EL PURO PERRO


Un León, viendo a un Perro de Lanas, estalló en carcajadas ante lo ridículo del espectáculo.
-¿Quién vio alguna vez una bestia tan pequeña? -dijo.
-Es muy cierto -dijo el Perro de Lanas, con austera dignidad- que soy pequeño; pero le ruego que tome nota, señor, de que soy puro perro.


LOS DOS POLÍTICOS


Dos Políticos cambiaban ideas acerca de las recompensas por el servicio público.
-La recompensa que yo más deseo-dijo el Primer Político- es la gratitud de mis conciudadanos.
-Eso sería muy gratificante, sin duda -dijo el Segundo Político-, pero es una lástima que con el fin de obtenerla tenga uno que retirarse de la política.
Por un instante se miraron uno al otro, con inexpresable ternura; luego, el Primer Político murmuró:
-¡Que se haga la voluntad del Señor! Ya que no podemos esperar una recompensa, démonos por satisfechos con lo que tenemos.
Y sacando las manos por un momento del tesoro público, juraron darse por satisfechos.


DOS MÉDICOS


Un Viejo Inicuo, sintiéndose enfermo, envió por un médico, que le recetó unas medicinas y se fue. Entonces el Viejo Inicuo envió en busca de Otro Médico, al que no le dijo nada del anterior; este nuevo médico le prescribió un tratamiento completamente diferente. Esto continuó durante unas semanas: los médicos lo visitaban en días alternados y lo trataban por dos desórdenes distintos, con dosis de medicina en constante aumento y cuidados cada vez más rigurosos. Pero un día se encontraron accidentalmente junto a su lecho mientras él dormía, y al salir a luz la verdad, una violenta disputa se produjo.
-Mis buenos amigos -dijo el paciente, despierto por el ruido de la discusión, y adivinando su causa-, les ruego que sean más razonables. Si yo pude soportarlos a los dos a la vez durante semanas, ¿no pue-
den soportarse entre ustedes un ratito? Hace diez días que me siento bien, pero me he quedado en cama con la esperanza de obtener mediante el reposo las fuerzas que me harían falta para tomar sus medicinas. Hasta ahora no las he tocado.




EL CADI HONESTO


Un bandido que había despojado de mil piezas de oro a un mercader, fue llevado ante el Cadí, quien le preguntó si tenía algo que decir para salvarse de ser decapitado.
-Su Señoría -dijo el Salteador-. No podía hacer otra cosa que apoderarme del oro, porque Alá me hizo así.
-Tu defensa es ingeniosa y sólida -dijo el Cadí-, y debo exculparte de criminalidad. Infortunadamente, Alá también me hizo de modo tal que debo cortarte la cabeza, a menos a menos -añadió pensativo- que me ofrezcas la mitad del oro; porque El me hizo débil ante la tentación.
Por consiguiente, el Salteador puso quinientas piezas de oro en manos del Cadí.
-Bien -dijo el Cadí-. Te cortaré ahora sólo una mitad de la cabeza. Para mostrar mi confianza en tu discreción, dejaré intacta la mitad con la que hablas.


UN FACTOR NO TENIDO EN CUENTA


Un Hombre que poseía un hermoso Perro, y mediante una cuidadosa selección de sus parejas había criado una cantidad de animales apenas inferiores a los ángeles, se enamoró de su lavandera, se casó con ella y crió una familia de bobalicones.
-¡Qué lástima! -exclamó una vez, contemplando el melancólico resultado-. Si hubiera buscado mi pareja con la mitad del cuidado que puse para mi perro, sería ahora un padre orgulloso y feliz.
-No estoy tan seguro de eso -dijo el Perro, que acertó a escuchar el lamento-. Hay una diferencia, es verdad, entre tus cachorros y los míos, pero yo me halago pensando que no se debe completamente a las madres. Tú y yo no nos parecemos del todo.


EL DEPORTISTA Y LA ARDILLA


Un Deportista que había herido a una Ardilla, que estaba haciendo desesperados esfuerzos para arrastrarse fuera de su alcance, corrió tras ella con un palo, exclamando:
-¡Pobrecita! La sacaré de su miseria.
En ese momento, la Ardilla se detuvo exhausta, y mirando a su enemigo, dijo:
-No me aventuraré a dudar de la sinceridad de tu compasión, aunque llega más bien tarde, pero pareces carecer de la facultad de observación. ¿No percibes, por mis acciones, que el deseo más querido de mi corazón es continuar en mi miseria?
Ante esta exposición de su hipocresía, el Deportista se sintió tan vencido por la vergüenza y el remordimiento, que no liquidó a la Ardilla, sino que, señalándosela a su perro, se alejó pensativamente.



EL CANGURO Y LA CEBRA


Un Canguro que marchaba a los saltos con un objeto que abultaba oculto en su bolsa, se encontró con una Cebra, y deseoso de llamar su atención, le dijo:
-Por tu traje parece que acabaras de salir de la penitenciaría.
-Las apariencias son engañosas -replicó la Cebra, sonriendo con plena conciencia del más insoportable de los ingenios-; si así no fuera, yo tendría que pensar que tú acabas de salir de la Legislatura.


UN ASUNTO DE MÉTODO


Un Filósofo, al ver a un Tonto golpeando a su Burro, le dijo:
-No lo hagas, hijo mío, no lo hagas, te lo imploro. Quienes recurren a la violencia sufrirán violencia.
-Precisamente eso -dijo el Tonto, redoblando sus golpes sobre el animal- es lo que estoy tratando de enseñar a esta bestia, que me ha pateado.
-Sin duda -se dijo el Filósofo, mientras se alejaba-, la sabiduría de los tontos no es más profunda ni más auténtica que la nuestra, pero ellos tienen realmente un modo más impresionante de impartirla.



EL CALIFORNIANO RESTITUIDO


Un Hombre fue colgado del cuello hasta que murió. Esto fue en 1893.
-¿De dónde vienes? -preguntó San Pedro cuando el Hombre se presentó a la puerta del Paraíso.
-De California -replicó el solicitante.
-Entra, hijo mío, entra; traes alegres noticias.
Cuando el Hombre desapareció adentro, San Pedro tomó su libreta de notas y escribió lo siguiente:
"16 de febrero de 1893. California colonizada por los Cristianos".



EL MÉDICO COMPASIVO


Un Médico de Buen Corazón sentado a la cabecera de un paciente aquejado por una enfermedad incurable y dolorosa, escuchó un ruido tras él, y volviéndose vio a un Gato que se reía de los débiles esfuerzos de un Ratón herido, por arrastrarse fuera de la habitación.
-¡Bestia cruel! -exclamó- ¿Por qué no lo matas de una vez, como una dama?
Levantándose, sacó al Gato a puntapiés de la habitación, y recogiendo al Ratón, compasivamente lo arrebató a sus sufrimientos retorciéndole el cuello. Requerido desde el lecho por los gemidos de su paciente, el Médico de Buen Corazón administró un estimulante, un tónico y un nutriente, y se fue.



LA TRIPULACIÓN DEL BOTE SALVAVIDAS


La Valiente Dotación de una estación de salvamento estaba por botar su barca para dar un paseíto a lo largo de la costa, cuando descubrieron a poca distancia, mar adentro, una embarcación que había zozobrado, con una docena de hombres agarrados de su quilla.
-Tenemos suerte -dijeron los de la Valiente Dotación-; si no hubiéramos visto eso a tiempo, nuestro destino podría haber sido el de ellos.
De modo que arrastraron su embarcación a lugar seguro y se reservaron para el servicio de su país.


LA COLA DE LA ESFINGE


Un Perro de disposición taciturna le dijo a su Cola:
-Cada vez que me enojo, te levantas y pones tiesa; cuando estoy complacido te meneas; cuando estoy alarmado, te pones entre las patas, fuera de peligro. Eres demasiado vivaz... descubres todas mis emociones. Mi idea es que las colas fueron dadas para ocultar el pensamiento. Mi mayor ambición es ser tan impasible como la Esfinge.
-Mi amigo, debes reconocer las leyes y limitaciones de tu ser -replicó la Cola, con flexiones apropiadas para los sentimientos que expresaba-, y tratar de ser importante de alguna otra manera. La Esfinge cumple ciento cincuenta requisitos de la impasibilidad que a ti te faltan.
-¿Cuáles son? -preguntó el Perro.
-Ciento cuarenta y nueve toneladas de arena en la cola.
-¿Y...?
-Una cola de piedra.



EL LADO OSCURO DEL PERSONAJE


Un Talentoso y Honorable Editor, que mediante la práctica de su profesión había adquirido riqueza y distinción, solicitó a un Viejo Amigo la mano de su hija.
-¡De todo corazón, y Dios te bendiga! -dijo el Viejo Amigo, tomándolo de ambas manos-. ¡Es un honor más grande que el que me hubiera atrevido a esperar!
-Sabía que esa sería tu respuesta -replicó el Talentoso y Honorable Editor, y agregó con una sonrisa-. Sin embargo, me parece que debo transmitirte todo el conocimiento de la personalidad que yo poseo. Este álbum de recortes contiene todos los testimonios relativos a mi lado sombrío que he sido capaz de recortar en los últimos diez años, de las columnas publicadas por mis competidores en el negocio de elevar a la humanidad a un plano
espiritual y moral más alto... mis "repulsivos contemporáneos".
Dejando el álbum sobre una mesa, se retiró muy animado para hacer los arreglos de la boda. Tres días después, un mensajero le trajo el álbum, con una nota advirtiéndole que nunca más volviera a manchar la puerta de su Viejo Amigo.
-¡Vean! -exclamó el Talentoso y Honorable Editor, señalando esa notificación- ¡La calumnia triunfa!
Y fue llevado al Asilo de los Indiscretos.


LA VIUDA DEVOTA


A una Viuda que lloraba sobre la tumba de su esposo, se le aproximó un Caballero Atractivo que, de manera respetuosa, le aseguró que desde hacía tiempo abrigaba por ella los sentimientos más tiernos.
-¡Sinvergüenza! -exclamó la Viuda-. ¡Déjeme ya mismo! ¿Es momento para hablarme de amor?
-Le aseguro, señora, que no pensaba descubrir mis sentimientos -explicó humildemente el Caballero Atractivo-, pero el poder de su belleza venció a mi discreción.
-Tendría que verme cuando no estoy llorando -dijo la Viuda.


EL DIFUNTO Y LOS HEREDEROS


Un Hombre murió dejando una gran fortuna y muchos apenados parientes que la reclamaban. Después de unos años, cuando la justicia había fallado contra las pretensiones de todos, menos uno, este, a quien se le concedió el legado, pidió a su Abogado que lo hiciera tasar.
-No queda nada para tasar -dijo el Abogado, embolsando sus últimos honorarios.
-Entonces -dijo el Demandante Exitoso-, ¿de qué me sirvieron todos estos pleitos?
-Usted ha sido un buen cliente para mí -respondió el Abogado, recogiendo sus libros y papeles-, pero debo decirle que revela una sorprendente ignorancia acerca del propósito de los pleitos.


LOS POLÍTICOS Y EL BOTÍN


Varias Entidades Políticas estaban dividiendo los despojos.
-Yo tomaré el manejo de las prisiones -dijo un Decente Respeto por la Opinión Pública-, y haré un cambio radical.
-Y yo -dijo la Reputación Manchada-, conservaré mis actuales conexiones con los negocios, mientras mi amiga aquí presente, la Toga Corrupta, permanecerá en la judicatura.
La Olla Política dijo que no herviría nada más, si no la volvían a llenar con líquido del Pozo Asqueroso.
El Poder Cohesivo del Botín Público observó tranquilamente que las dos candidaturas principales constituirían, suponía, su parte.
-No - dijo la Más Vil Degradación-, ya cayeron en mis manos.


EL HOMBRE Y LA VERRUGA


Una Persona con una Verruga en Su Nariz se encontró con una Persona Similarmente Afligida, y le dijo:
-Permítame proponer su nombre como miembro de la Orden Imperial de los Probóscides Anormales, de la cual soy el Gran Líder Preclaro y Tesorero Subrepticio. Hace dos meses, yo era el único miembro. Hace un mes éramos dos. Hoy contamos con cuatro Emperadores de la Proboscis Anormal de importancia... El doble cada cuatro semanas, ¿ve? Es una progresión geométrica... ya sabe cómo aumenta eso... En un año y medio cada hombre en este país tendrá una verruga en la nariz. ¡Orden poderosa! Cuota de ingreso, cinco dólares.
-Amigo mío -dijo la Persona Similarmente Afligida-, aquí tiene cinco dólares. Mantenga mi nombre fuera de sus libros.
-Le agradezco su amabilidad -replicó el Hombre con una Verruga en su Nariz, embolsando el dinero-; para nosotros es como si se nos hubiera unido. Adiós.
Se fue, pero al ratito apareció de vuelta.
-Me olvidé de hablarle de la cuota mensual -dijo.


LA DIETA DEL PUGILISTA


El Entrenador de un Pugilista consultó a un Médico, acerca de la dieta del campeón.
-Las chuletas son demasiado tiernas -dijo el Médico-; que coma carne de cuello de toro.
-Creía que la otra era más digerible -explicó el Entrenador.
-Eso es muy cierto -dijo el Médico-; pero no ejercita suficientemente la mandíbula.

EL ANCIANO Y EL ALUMNO


Un Hermoso Anciano se encontró con el Alumno de una escuela dominical, y posando tiernamente su mano en la cabeza del chico, le dijo:
-Hijo mío, escucha las palabras de los sabios y sigue el consejo de los rectos.
-Muy bien -respondió el Alumno de la escuela dominical-. Prosigue.
-Oh, en realidad no tengo nada que decirte -dijo el Hermoso Anciano-. Sólo estaba observando una de las costumbres de mi edad. Yo soy un pirata.
Y cuando retiró su mano de la cabeza del chico, este advirtió que su cabellera estaba llena de sangre coagulada. El Hermoso Anciano siguió su camino, instruyendo a otros jóvenes.


UN OPTIMISTA


Dos Ranas en la barriga de una serpiente estaban considerando su molesta situación.
-Esto es flor de mala suerte -dijo una.
-No saques conclusiones apresuradas -dijo la otra-; estamos a resguardo de la lluvia, con comida y alojamiento.
-Con alojamiento, sin duda -dijo la Primera Rana-; pero no veo la comida.
-Eres un ave de mal agüero -explicó la otra-. Nosotras somos la comida.


LOS DOS SALTEADORES


Dos Salteadores de caminos estaban sentados tomando un trago, en un refugio a un costado del camino, comparando sus aventuras nocturnas.
-Yo lo paré al jefe de Policía -dijo el Primer Salteador-, y me fui con todo lo que tenía.
-Y yo -dijo el Segundo Salteador- paré al Fiscal del Distrito de los Estados Unidos, y me fui con...
-¡Buen Dios! -interrumpió el otro, colmado de asombro y admiración- ¿Te fuiste con todo lo que ese tipo tenía?
-No -explicó el infortunado narrador-. Sólo con una pequeña parte de lo que tenía yo.


UNA VALIOSA SUGERENCIA


Una Gran Nación, que sostenía una disputa con una Pequeña Nación, resolvió intimidar a su antagonista con una gran demostración naval en el puerto principal de la última. De modo que la Gran Nación reunió todos sus barcos de guerra dispersos en todo el mundo, y estaba a punto de hacerlos navegar trescientos cincuenta millas hasta el lugar del encuentro, cuando el Presidente de la Gran Nación recibió la siguiente nota del Presidente de la Pequeña Nación:
"Mi gran y buen amigo, me he enterado de que va a exhibirnos su marina con el objeto de impresionarnos con su poder. ¡Qué innecesario es ese gasto! Para demostrarle que ya conocemos todo acerca de esta materia, adjunto a esta una lista de todas las naves y piezas de artillería que ustedes tienen".
Tanto impresionó al gran y buen amigo la sólida sensatez de esta misiva, que mantuvo su marina en casa, economizando mil millones de dólares. Gracias a esta economía pudo comprar una decisión satisfactoria cuando la causa de la disputa fue sometida a arbitraje.


LA MANO TOMADA


Un Exitoso Hombre de Negocios que tuvo oportunidad de escribirle a un Ladrón, le expresó su deseo de verlo y estrechar su mano.
-No -respondió el Ladrón-, hay algunas cosas que yo no tomo... entre ellas su mano.
-Usted debe usar un poco de estrategia -dijo un Filósofo a quien el Exitoso Hombre de Negocios contó la desdeñosa respuesta del Ladrón-. Deje su mano afuera alguna noche, y él la tomará.
De modo que una noche, el Exitoso Hombre de Negocios dejó su mano fuera del bolsillo de un vecino y el Ladrón la tomó con avidez.


EL POETA Y EL EDITOR


-Mi querido señor -dijo el Editor al Poeta que lo visitaba para hablar de la publicación de su poema-, lamento decir que debido a un infortunado altercado en esta oficina, la mayor parte de su manuscrito es ilegible; se derramó sobre él una botella de tinta, manchando todo salvo la primera línea, es decir: "Las hojas de otoño caían, caían". Desafortunadamente, no habiendo leído el poema, fui incapaz de recordar los incidentes que seguían; de otro modo, podríamos haberlos ofrecido con nuestras propias palabras. Si la noticia no ha perdido interés y no apareció ya en otros periódicos, quizás usted tendrá la amabilidad de relatarnos lo ocurrido, mientras yo tomo notas. "Las hojas de otoño caían, caían". Prosiga.
-¿Qué? -dijo el Poeta-. ¿Espera que yo reproduzca todo el poema de memoria?
-Sólo la sustancia... sólo los hechos conducentes. Nosotros agregaremos lo que sea necesario para amplificarlo y embellecerlo. Sólo le llevará un momento. "Las hojas de otoño caían, caían". Adelante.
Se escuchó el sonido de un lento levantarse e irse, mientras el cronista de sucesos efímeros permanecía inmóvil, con su pluma suspendida; y cuando el movimiento se completó, la Poesía sólo quedó representada en ese lugar, por un sitio tibio en una silla.





EL ADMINISTRADOR PARTIDARIO Y EL CABALLERO


Un Administrador de un Partido le dijo a un Caballero, que estaba ocupándose de sus propios asuntos:
-¿Cuánto pagará por una candidatura a un cargo?
-Nada -replicó el Caballero.
-Pero contribuirá con algo a los fondos de la campaña para apoyar su elección ¿no? -preguntó el Administrador del Partido, guiñando el ojo.
-Oh, no -dijo seriamente el Caballero-. Si el pueblo desea que trabaje para él debe emplearme sin que yo lo solicite. Estoy muy bien sin ningún cargo.
-Pero -lo urgió el Administrador del Partido-, un nombramiento es algo deseable. Es un gran honor ser un servidor del pueblo.
-Si el servicio del pueblo es un gran honor -dijo el Caballero- sería indecente de mi parte buscarlo; y si lo obtuviera por mi propio esfuerzo, dejaría de ser un honor.
-Bueno -insistió el Administrador del Partido-, espero que al menos endosará la plataforma partidaria.
El Caballero replicó:
-Es improbable que sus autores hayan expresado fielmente mis puntos de vista sin consultarme; y si endoso su obra sin aprobarla sería un mentiroso.
-¡Usted es un hipócrita detestable y un idiota! -gritó el Administrador del Partido.
-Ni siquiera su buena opinión acerca de mi idoneidad me convencerá -replicó el Caballero.


UN IMBÉCIL INCALIFICABLE


Un Juez le dijo a un Asesino Convicto:
-Prisionero en el banquillo: ¿tiene algo que decir que impida el dictado de su sentencia de muerte?
-¿Lo que yo diga marcará alguna diferencia? -preguntó el Asesino Convicto.
-No veo cómo podría hacerlo -respondió reflexivamente el Juez-. No, no lo hará.
-Entonces -dijo el condenado-. Me gustaría señalar que usted es el más incalificable imbécil en siete Estados y todo el Distrito de Columbia.


EN EL POLO


Tras gran dispendio de vidas y riquezas, un Osado Explorador tuvo éxito y alcanzó el Polo Norte, donde se le aproximó un Nativo que allí vivía.
-Buenos días -dijo el Nativo-. Estoy muy contento de verlo, pero ¿por qué vino aquí?
-La gloria -dijo el Osado Explorador, lacónicamente.
-Sí, sí, ya lo sé -insistió el otro-, pero ¿de qué le servirá al hombre su descubrimiento? ¿A qué verdades antes inaccesibles le dará acceso? ¿A qué hechos, quiero decir, que tengan valor científico?
-Sería adivino si lo supiese -replicó francamente el gran hombre-, tiene que preguntárselo al Científico de la Expedición.
Pero el Científico de la Expedición explicó que había estado tan enfrascado en
el cuidado de sus instrumentos y el estudio de sus tablas, que no había tenido tiempo de pensar en el asunto.


UN PARALELO RADICAL


Unos Cristianos Blancos empeñados en expulsar a los Paganos Chinos de una ciudad americana, encontraron un periódico publicado en Pekín en idioma chino, y obligaron a una de sus víctimas a traducir un editorial. Resultó ser un llamado al pueblo de la provincia de Pang Ki, a expulsar a los demonios extranjeros del país, y quemar sus casas e iglesias. Esta evidencia de la barbarie mongólica encolerizó tanto a los Cristianos Blancos, que llevaron a la práctica su proyecto original.


EL LEGISLADOR Y EL CIUDADANO


Un ex Legislador le pidió a El Más Respetable Ciudadano, una carta para el Gobernador, recomendándolo para el puesto de Comisionado de Langostinos y Cangrejos.
-Señor -dijo severamente El Más Respetable Ciudadano- ¿no estuvo usted una vez en el Senado Estatal?
-No he llegado tan bajo, señor, se lo aseguro -fue la respuesta-. Fui miembro de la Cámara Más Lenta. Me expulsaron por vender mi influencia.
-¡Y se atreve a pedir la mía! -gritó El Más Respetable Ciudadano-. ¿Tiene la
impudicia? Un hombre que acepta coimas es capaz de ofrecerlas. Quiere decir que...
-No se me ocurriría hacerle una propuesta corrupta, señor; pero si yo fuera
Comisionado de Langostinos y Cangrejos,
tendría cierta influencia sobre la población portuaria, y podría ayudarlo en su pugna por obtener el puesto de Oficial Instructor.
-En tal caso, no encuentro justificaciones para negarle la carta.


EL PERRO Y EL DOCTOR


Un Perro que había visto a un Doctor concurrir al entierro de un paciente adinerado, le dijo:
-¿Cuándo vas a desenterrarlo?
-¿Por qué habría de desenterrarlo? -preguntó el Doctor.
-Cuando yo entierro un hueso -dijo el Perro-, es con la intención de desenterrarlo posteriormente, descarnarlo y sacarle el jugo.
-Los huesos que yo entierro -dijo el Doctor-, son aquellos a los que ya nada puedo sacar.


EL HOMBRE QUE HACIA LLOVER


Un Funcionario del Gobierno, con una gran dotación de mulas cargadas de globos, cometas, bombas de dinamita y aparatos eléctricos, hizo alto y acampó en medio de un desierto, en el que no había llovido durante diez años. Después de varios meses de preparativos y un gasto de un millón de dólares todo estuvo dispuesto, y una serie de tremendas explosiones se produjeron en el cielo y en la tierra. Todo esto fue seguido por un enorme diluvio que lavó al infortunado Funcionario y a todo su equipo de la faz de la creación, y llenó el corazón de los agricultores de una alegría demasiado honda para traducirla en palabras. Un Cronista de Periódico que acababa de llegar escapó trepando a una colina cercana, y allí encontró al Unico Sobreviviente de la expedición -un conductor de mulas- arrodillado detrás de un árbol, orando con, extremo fervor.
-Oh, no puede pararlo de ese modo -dijo el Cronista.
-Mi compañero de viaje al tribunal de Dios -replicó el Unico Sobreviviente, mirándolo sobre su hombro-, su entendimiento está hundido en la oscuridad. No estoy deteniendo a esta gran bendición; con la ayuda de la Providencia, la estoy trayendo.
-Ese sí que es un buen chiste -dijo el Cronista, riendo a más no poder en medio de la espesa lluvia-: ¡Dios respondiendo a los ruegos de un conductor de mulas!
-Hijo de la superficialidad y el escarnio -replicó el otro-, te equivocas de nuevo, engañado por estas humildes ropas. Soy el reverendo Ezequiel Thrifft, ministro del Evangelio, ahora al servicio de la gran firma manufacturera Skinn & Sheer. Fabrican globos, cometas, bombas de dinamita y aparatos eléctricos.


LA FORTUNA Y EL FABULISTA


Un Escritor de Fábulas marchaba a través de un bosque solitario, cuando se encontró con la Fortuna. Terriblemente asustado, trató de trepar a un árbol, pero la Fortuna tiró de él, lo hizo bajar, y se le ofreció con cruel insistencia.
-¿Por qué trataste de escapar? -preguntó la Fortuna, una vez que cesó la resistencia y se acallaron los chillidos del Fabulista-. ¿Por qué me miras de manera tan inhospitalaria?
-No sé qué eres -respondió el Escritor de Fábulas, hondamente perturbado.
-Soy la riqueza, soy la respetabilidad -dijo la Fortuna-; soy casas elegantes, un yate, una camisa limpia todos los días. Soy el ocio, soy los viajes, el vino, un sombrero brillante y un saco que no brilla. Soy la comida suficiente.
-Muy bien -dijo el Escritor de Fábulas, en un susurro-; ¡pero, por Dios, habla más bajo!
-¿Por qué? -preguntó la Fortuna, sor
prendida.
-Para no despertarme -replicó el Escritor de Fábulas, mientras una increíble calma se adueñaba de su hermoso rostro.


UNA TRANSPOSICIÓN


Viajando a través del País de la Artemisa, un Asno encontró a un Conejo, que exclamó muy sorprendido:
-¡Cielos! ¿Cómo creciste tanto? ¡Sin duda eres el más grande conejo viviente!
-No -dijo el Asno-, tú eres el burro más pequeño.
Después de una larga y estéril discusión, el asunto fue sometido a la decisión de un Coyote que pasó por allí, que tenía algo de demagogo y el deseo de quedar bien con los dos.
-Caballeros -dijo-, ambos tienen razón, como se podía esperar de personas tan dotadas de disposición para recibir instrucción de los sabios. Usted, señor -volviéndose al animal de más tamaño- es, como él ha señalado correctamente, un conejo-. Y usted -volviéndose al otro- fue correctamente descripto como un asno. Al transponer los nombres de ustedes, el hombre actuó con increíble locura.
Quedaron tan complacidos por esta decisión que declararon al Coyote su candidato a Oso Gris; pero si el Coyote consiguió o no este puesto, es algo que la historia no cuenta.


EL REY SIN HUESOS


Unos Monos que habían depuesto a su rey se hundieron de inmediato en la disensión y la anarquía. En este trance, enviaron una Diputación a una tribu vecina, para consultar al Mono Más Viejo y Más Sabio del Mundo.
-Hijos -dijo el Mono Más Viejo y Más Sabio del Mundo, una vez que escuchó a la Diputación-, hicieron bien en librarse de la tiranía, pero la tribu de ustedes no está suficientemente adelantada como para pasarla sin la monarquía. Tienten al tirano con falsas promesas para que vuelva, mátenlo y entronícenlo. Aun el esqueleto del más ilegal de los déspotas hace un buen soberano constitucional.
Ante estas palabras, la Diputación se mostró muy confundida.
-Eso es imposible -dijeron, alejándose-. Nuestro rey no tiene esqueleto; era un rey de paño.


EL CIUDADANO HONESTO


Un Ascenso Político, etiquetado con su precio, recorría el Estado en busca de un comprador. Un día se ofreció a un Hombre Verdaderamente Bueno que, después de examinar la etiqueta y encontrar que el precio era el doble de lo que él estaba dispuesto a pagar, expulsó desdeñosamente al Ascenso Político, de su puerta. Entonces, la Gente dijo:
-¡Miren, este es un ciudadano honesto!
Y el Hombre Verdaderamente Bueno confesó que esto era cierto.


A LA PUERTA DEL PARAÍSO


Irguiéndose de la tumba, una Mujer se presentó a la Puerta del Paraíso, y golpeó con mano temblorosa.
-Señora -dijo San Pedro, levantándose y acercándose a la ventanilla-, ¿de dónde viene?
-De San Francisco -respondió la Mujer, avergonzada, mientras grandes gotas de sudor brillaban en su frente espiritual.
-¡No importa, mi buena muchacha! contestó el Santo, compasivamente- La eternidad es un tiempo largo; terminarás por olvidar.
-Pero eso no es todo -la Mujer estaba cada vez más turbada-. Yo envenené a mi esposo... yo descuarticé a mis niños, yo...
-Ah -dijo el Santo, con súbita severidad-, tu confesión sugiere una grave posibilidad. ¿Eras miembro de la Asociación de Mujeres de Prensa?
La mujer se irguió y replicó con entusiasmo:
-No.
Las puertas de madreperla y jaspe giraron sobre sus goznes de oro, produciendo la música más cautivadora, y el Santo, haciéndose a un lado, hizo una reverencia, diciendo:
-Entra, entonces, en tu eterno descanso.
Pero la Mujer vacilaba.
-El envenenamiento... el descuartizamiento... el... el... -tartamudeó.
-No tienen importancia, te lo aseguro. No vamos a mostrarnos rigurosos con una señora que no pertenecía a la Asociación de Mujeres de Prensa. Toma un arpa.
-Pero... yo solicité el ingreso... Me pusieron bolilla negra.
-Toma dos arpas.


EL ANARQUISTA ENGATADO


Un Orador Anarquista a quien cierto Respetuoso de la Ley le arrojó a la cara un Gato Muerto, hizo detener y llevar ante un magistrado al Gato Muerto.
-¿Por qué recurres a la Ley -dijo el Magistrado-, si tú estás por la abolición de la ley?
-Eso -replicó el Anarquista- no es asunto suyo; no estoy obligado a ser consistente. Usted está sentado aquí para hacer justicia entre este Gato Muerto y yo.
-Muy bien -dijo el Magistrado, con expresión solemne, poniéndose el birrete negro-; como el acusado no se defiende, y es indudablemente culpable, lo condeno a ser comido por el ejecutor público; y como ocurre que este cargo está vacante, lo designo a usted, sin contrato.
Uno de los más deleitados espectadores de la ejecución fue el desconocido Respetuoso de la Ley que había arrojado al con
denado.


EL HONORABLE MIEMBRO DE LA LEGISLATURA


Un Miembro de una Legislatura que se había comprometido con sus Constituyentes a no robar, se llevó con él, al terminar la sesión, gran parte de la cúpula del Capitolio. Por lo tanto, los Constituyentes se reunieron en indignada asamblea y votaron la resolución de embrearlo y emplumarlo.
-Son muy injustos -dijo el Miembro de la Legislatura-. Es verdad que yo les prometí a ustedes que no robaría; ¿pero acaso les prometí que no mentiría?
Los Constituyentes dijeron que era un hombre honorable y lo eligieron para el Congreso de los Estados Unidos, sin embrearlo ni emplumarlo.


UNA REMUNERACIÓN INADECUADA


A un Buey incapaz de salir por sí mismo de la ciénaga en que se hundía, se le aconsejó que hiciera uso de una Influencia Política. Cuando la Influencia Política llegó, el Buey dijo:
-Mi buena amiga, le ruego que me amarre con fuerza, y deje que la naturaleza siga su curso.
De modo que la Influencia Política amarró con fuerza la Cabeza del Buey, y la naturaleza siguió su curso: el Buey fue arrancado de la ciénaga, primero, y a continuación de su piel. Entonces la Influencia Política miró por sobre sus hombros la buena carcasa gorda de carne que estaba arrastrando a su cubil y dijo, con insatisfacción:
-Esto no alcanza a cubrir lo que habitualmente cobro; me llevaré a casa la pri
mera cuota, y después retornaré por la piel.


EL CACIQUE POLÍTICO EXPATRIADO


Un Cacique Político que había ido a Canadá fue escarnecido por un Ciudadano de Montreal, que lo acusaba de haber huido para evitar ser procesado.
-Me hace una grave injusticia -dijo el Cacique Político, dejando caer un par de lágrimas-. Vine a Canadá sólo a causa de sus atractivos políticos; se dice que su Gobierno es el más corrupto del mundo.
-Le ruego que me perdone -contestó el Ciudadano de Montreal.
Cayeron uno sobre el cuello del otro, y al terminar este tocante rito, el Cacique Político tenía dos relojes.


UN ESTADISTA


Un Estadista que asistía a una asamblea de la Cámara de Comercio se levantó para hablar, pero fue objetado, acusándoselo de que nada tenía que ver con el comercio.
-Señor Presidente -dijo un Antiguo Miembro, levantándose-, opino que esa objeción no corresponde; la conexión del caballero con el comercio es íntima y estrecha. Es una mercancía.


LOS TRES RECLUTAS


Un Campesino, un Artesano y un Trabajador se presentaron ante el Rey de su país, y se quejaron porque se veían obligados a sostener un enorme ejército de consumidores, que no hacía nada en su beneficio.
-Muy bien -dijo el Rey-, los deseos de mis súbditos son la ley suprema.
Así que disolvió su ejército y los consumidores se volvieron productores. La venta de sus productos hizo bajar tanto los precios, que los campesinos se arruinaron, y los artesanos y trabajadores fueron a dar a los asilos y los caminos. En pocos años el desastre nacional era tan grande, que el Campesino, el Artesano y el Trabajador elevaron un petitorio al Rey, para que restaurase su ejército.
-¿Qué? -dijo el Rey-. ¿Desean sostener a esos consumidores haraganes otra vez?
-No, su Majestad -contestaron ellos-, deseamos enrolarnos.


UN DESORDEN FATAL


Un Agonizante, a quien le habían disparado, fue apremiado por oficiales de la ley para que hiciera una rápida declaración.
-Usted fue atacado sin provocación, por supuesto -manifestó el Fiscal del Distrito, preparándose para asentar la respuesta.
-No -replicó el Agonizante-, yo fui el agresor.
-Sí, entiendo -dijo el Fiscal del Distrito; usted cometió la agresión... fue obligado a hacerlo. Lo hizo en defensa propia.
-No creo que me hubiera dañado si yo lo hubiese dejado en paz -dijo el moribundo-. No... creo que era un hombre pacífico, incapaz de matar una mosca. Le hice soportar tanta presión que él, naturalmente, tenía que sucumbir... no pudo aguantar. Honestamente, si se hubiera negado a dispararme, no veo cómo yo podría haber seguido tratándolo.
-¡Santo Cielo! -exclamó el Fiscal del Distrito, arrojando su cuaderno de apuntes y su lápiz-. Esto es completamente anómalo. No puedo utilizar como declaración últimas palabras como estas.
-Nunca he visto a un hombre que diga la verdad cuando muere violentamente -dijo el jefe de Policía.
-¡No hay ninguna violencia! -contestó el Médico Policial, sacando e inspeccionando la lengua del hombre-. Es la verdad la que lo está matando.


UN TALISMÁN


Habiendo sido designado para cumplir las funciones de jurado, un Prominente Ciudadano envió un certificado médico donde se declaraba que padecía de reblandecimiento cerebral.
-El caballero está excusado -dijo el juez, devolviendo el certificado a la persona que lo había traído-, tiene cerebro.


EL CONGRESO Y EL PUEBLO


Los sucesivos Congresos habían empobrecido enormemente al Pueblo, que estaba desanimado y lloraba copiosamente.
-¿Por qué lloran? -indagó un Angel que se había posado en un árbol cercano.
-Nos han sacado todo lo que teníamos -fue la respuesta-, excepto -añadió el Pueblo, al darse cuenta de quién era el llamativo visitante-, excepto nuestra esperanza del Paraíso. ¡Gracias a Dios que no pudieron quitarnos eso!
¡Pero al fin llegó el Congreso de 1889!


EL JUEZ Y SU ACUSADOR


Un eminente juez de la Corte Suprema de Gowk fue acusado de haber obtenido su designación fraudulentamente.
-Usted disparata -dijo a su Acusador-; tiene poca importancia cómo obtuve mi poder; lo único importante es cómo lo he usado.
-Confieso -manifestó el Acusador- que en comparación con la manera ruin en que usted se condujo en la Corte, el método ruin mediante el cual usted llegó a ella es una bagatela.


ECONOMIZANDO FUERZA


Un Hombre Débil que iba colina abajo se encontró con un Hombre Fuerte que subía, y le dijo:
-Vengo en esta dirección porque requiere menos esfuerzo, no porque lo haya elegido. Le ruego, señor, que me ayude a volver a la cumbre.
-Me alegrará hacerlo -dijo el Hombre Fuerte, con el rostro iluminado por una gloriosa idea-. siempre he considerado a mi fuerza un don sagrado que se me confió para bien de mi prójimo. Lo llevaré arriba conmigo. Póngase detrás de mí y empuje.


EL SALTEADOR DE CAMINOS Y EL VIAJERO


Un Salteador de Caminos enfrentó a un Viajero, y apuntándole con un arma de fuego, le gritó:
-¡El dinero o la vida!
-Mi querido amigo -dijo el Viajero-, de acuerdo con los términos de su exigencia mi dinero salvará mi vida, mi vida mi dinero; usted indica que se apoderará de una o de lo otro, pero no de ambos. Si esto es lo que usted quiere decir le ruego que sea bueno y tome mi vida.
-No es eso lo que quiero decir -replicó el Salteador-; usted no puede salvar su dinero renunciando a su vida.
-Entonces, tómela de todos modos -dijo el Viajero-. Si no sirve para salvar mi dinero, no sirve para nada.
Tanto agradaron al Salteador la filosofía
y el ingenio del Viajero, que lo tomó como socio y esta espléndida combinación de talentos fundó un periódico.


EL BUEN GOBIERNO


-¡Qué territorio feliz eres! -dijo una Forma Republicana de Gobierno a un Estado Soberano-. Sé bueno y quédate quieto en tanto paseo encima de ti, cantando los elogios del sufragio universal y disertando sobre las bendiciones de la libertad civil y religiosa. Mientras, puedes mitigar tus penas maldiciendo al poder unipersonal y a las decadentes monarquías de Europa.
El Estado replicó:
-Mis servidores públicos han sido tontos y pillos, desde la fecha de tu ascenso al poder; mis cuerpos legislativos -tanto los estatales como los municipales- son bandas de ladrones; mis impuestos son insoportables; mis Cortes, corruptas; mis ciudadades, una desgracia para la civilización; mis corporaciones tienen sus manos
en la garganta de todos los intereses particulares... La totalidad de mis asuntos está en desorden y en criminal confusión.
-Cuanto dices es muy cierto -respondió la Forma Republicana de Gobierno, poniéndose sus zapatos claveteados-, pero considera cómo te emociono cada Cuatro de julio.


EL GUARDA VIDAS


Una Antigua Doncella, parada en el borde de un muelle, cerca de un Amante Moderno, dejó oír estas palabras:
-¡Noble protector! ¡La vida que has salvado te pertenece!
Tras repetir esto varias veces en diversas entonaciones, se arrojó al agua, donde murió ahogada.
-Soy un noble protector -dijo el Amante Moderno, alejándose pensativo-, la vida que he salvado es sin duda la mía.


TRES DE LA MISMA CLASE


Un Abogado fue contratado para defender a un Ladrón, a quien la policía había logrado detener tras violenta pelea con otro que había huido. En la reunión con su cliente, el Abogado preguntó:
-¿Tiene cómplices?
-Sí, señor -respondió el Ladrón-. Tengo dos, pero ninguno fue capturado. Contraté a uno para que me defendiera de la policía, y a usted lo contraté para que me defienda de una condena.
Esta respuesta impresionó profundamente al Abogado, quien tras verificar que el Ladrón no había acumulado ningún dinero mediante el ejercicio de su profesión, abandonó el caso.


EL FABULISTA


Un Ilustre Satírico visitaba un zoológico ambulante, con la idea de recolectar material literario. Cuando pasó cerca del Elefante, este animal dijo:
-¡Qué triste que un censor tan justamente famoso eche a perder su obra ridiculizando personajes con narices colgantes, que son la sal de la tierra!
El Canguro añadió:
-Disfruto mucho la crítica de lo ridículo que hace ese gran hombre, particularmente sus ataques contra los proboscidios; pero ¡cielos!, es irreverente con los marsupiales, y se ríe de nuestra manera de llevar a nuestros cachorros en una bolsa.
El Camello dijo:
-Si al menos conservara el respeto a la Sagrada Giba, sería impecable. Pero tal como son las cosas, no puedo permitir que su obra sea leída en presencia de los míos.
El Avestruz, al ver que se aproximaba, hundió su cabeza en la paja, diciendo:
-Si no me oculto, puede ocurrírsele escribir algo desagradable acerca de mi falta de una cresta, o de mi apetito por la chatarra, y aunque es indeciblemente brillante cuando se consagra a ridiculizar la locura y la codicia, su estupidez es inigualable cuando excede los límites del comentario lícito.
-Ese -señaló el Buitre a su pichón- es el autor de esa fábula gloriosa, "El Avestruz y el barril de clavos crudos". Lamento añadir que también escribió "El festín del Buitre", en el que la dieta de carroña es insolentemente desacreditada. La dieta de carroña es el fundamento de la buena salud. Si todo el mundo comiera sólo cadáveres, la muerte sería desconocida.
Al ver que se aproximaba un asistente, el Ilustre Satírico salió de la tienda y se mezcló con la multitud. Posteriormente se descubrió que se había colado bajo la tienda, sin pagar.

UNA PETICIÓN DEFECTUOSA


Un Juez Adjunto de la Suprema Corte estaba sentado a la orilla de un río, cuando un Viajero se aproximó y le dijo:
-Deseo cruzar. ¿Será legítimo usar este bote?
-Lo será -fue la respuesta-; es mi bote.
El Viajero le dio las gracias, y empujando el bote al agua se embarcó y comenzó a remar, alejándose. Pero el bote se hundió y él se ahogó.
-¡Hombre cruel! -exclamó un Espectador Indignado-. ¿Por qué no le dijo que su bote estaba agujereado?
-La cuestión del estado del bote -dijo el gran jurista- no me fue planteada.


LOS HERMANOS DE LUTO


Advirtiendo que estaba por morir, un Anciano convocó a sus dos Hijos junto a su lecho, y expuso la situación.
-Hijos míos -les dijo-, ustedes no me ofrecieron muchas señales de respeto durante mi vida, pero darán fe de su pena por mi muerte. Aquel que más tiempo lleve luto en su sombrero en mi memoria, se quedará con toda mi fortuna. He hecho un testamento a tal efecto.
De modo que cuando el Anciano murió, los jóvenes pusieron luto en sus sombreros, y lo llevaron hasta que ellos mismos fueron viejos, cuando, comprendiendo que ninguno de los dos lo abandonaría, convinieron que el más joven dejaría de usar luto, y el mayor le daría la mitad de la fortuna. ¡Pero cuando el mayor solicitó la propiedad, se encontró con que había habido un Albacea!
De este modo, fueron adecuadamente castigadas la hipocresía y la obstinación.


EL PATRIOTA Y EL BANQUERO


Un Patriota que, siendo pobre, había accedido a un puesto en el gobierno, y lo había abandonado rico, se presentó en un Banco, donde deseaba abrir una cuenta.
-Con mucho gusto -dijo el Banquero Honesto- será un placer para nosotros hacer negocios con usted; pero primero tiene que convertirse en un hombre honesto, devolviendo todo lo que robó desde el Gobierno.
-¡Bendito cielo! -exclamó el Patriota-. Si hago eso, no me quedará nada para depositar en el Banco.
-No me parece -respondió el Banquero Honesto-. Nosotros no somos todo el pueblo americano.
-Ah, comprendo -contestó el Patriota, reflexionando-. ¿En cuánto estima la proporción que le corresponde al Banco, del dinero que el país perdió por mí?
-Un dólar -respondió el Banquero Honesto.
Y con orgullosa conciencia de servir a su país con sabiduría y propiedad, cargó esa suma en la cuenta.


EL ANARQUISTA REFORMADO


Un famoso Anarquista naufragó, y el mar lo arrojó a las playas de la isla de Gowqueechi, habitada por la antigua y poderosa tribu de los Tumtum. Fue descubierto y llevado ante el Jamgrogrum, que le preguntó cuál era su fe política.
-Le preguntamos esto a todos los extranjeros -explicó el Jamgrogrum-, con la esperanza de conocer algún día principios políticos superiores a los nuestros.
-Soy un Anarquista -respondió el recién llegado-. Sostengo que todos los gobiernos son perversos, todas las leyes opresivas. Enseño que todos los Jamgrogra deberían ser asesinados.
El monarca llamó al Primer Ministro a su lado, y tras susurrarle ciertas instrucciones, se retiró.
Al día siguiente, una vez que el Primer Ministro se presentó en palacio, y comió
un puñado de lodo, como la etiqueta de la corte lo exigía, el Jamgrogrum le pidió noticias del Anarquista.
-Lo hice llevar a los baños, y fue cuidadosamente bañado.
-¿Y entonces?
-Cuando se le preguntó, de acuerdo con las instrucciones de su Majestad, si todavía era un Anarquista, respondió que ningún tratamiento, por duro y cruel que fuera, alteraría sus convicciones.
-Entonces -exclamó el Jamgrogrum, con el aire decepcionado de alguien privado del cumplimiento de una ilusión largamente anhelada- mi teoría acerca de la unidad de la suciedad y el anarquismo ha sido refutada.
-No, su Majestad -dijo el Primer Ministro-; murió diez minutos después del baño.


LOS DOS HIJOS


Un Hombre tenía Dos Hijos. El mayor era virtuoso y obediente, el más joven perverso y taimado. Cuando el padre estaba por morir, los llamó ante él y dijo:
-Sólo tengo dos cosas valiosas: mi rebaño de camellos y mi bendición. ¿Cómo los distribuiré?
-Dame tu bendición -dijo el Hijo Más Joven-, porque puede reformarme. Si me dieras los camellos, seguramente yo sin duda los vendería y malgastaría el dinero.
El Hijo Mayor, disimulando su júbilo, dijo que trataría de contentarse con los camellos y un recuerdo piadoso.
Todo se arregló según lo hablado y el Hombre murió. Entonces, el perverso Hijo Más joven se presentó ante el Cadí y dijo:
-Mira, mi hermano se ha apropiado de mi herencia legítima. Es tan malo que nuestro padre, como todo el mundo sabe,
le negó su bendición; ¿es verosímil que le haya dado los camellos?
El Hijo Mayor fue obligado a entregar el rebaño y fue correctamente apaleado por su rapacidad.


EL EXPLORADOR AFORTUNADO


Un Emisario del Presidente de los Estados Unidos ante el Emperador de Abisinia se despedía de este soberano que, para atestiguar su pesar de acuerdo con las costumbres de su país, dejó caer un diluvio de lágrimas.
-Mi fama está asegurada -dijo el Emisario-: he descubierto la fuente del Nilo.


EL HIJO RESPETUOSO


Un Millonario había ido a un asilo a visitar a su padre, y se encontró allí con un Vecino que se mostró enormemente sorprendido.
-¿Qué? -dijo el Vecino-. ¿Usted a veces visita a su padre?
-Estoy seguro de que si nuestras situaciones se invirtieran, él me visitaría a mí -respondió el Millonario. El viejo siempre estuvo orgulloso de mí. Además -agregó en voz baja-, tengo que hacerle firmar; estoy asegurando su vida.


LA VIUDA Y EL SOLDADO


Una Viuda cuyo marido había sido colgado encadenado estaba velando el cadáver la primera noche, y empapada en lágrimas imploraba al Centinela que lo custodiaba, que le permitiera robarlo.
-Señora -dijo el Centinela-. No puedo resistir más sus ruegos; su belleza se impone sobre mi sentido del deber. Le entregaré el cuerpo y tomaré su lugar en la jaula, en la que un golpe de mi puñal confundirá a la justicia y me otorgará la felicidad de morir por una mujer tan adorable.
-No -dijo la dama-. No puedo aceptar el sacrificio de una vida tan noble. Si es cierto que usted me mira con buenos ojos, ayúdenos a mí y a mis sirvientes a llevar el objeto sagrado a mi castillo, donde usted permanecerá oculto hasta que podamos huir del país.
-No -dijo el Centinela-. Seguramente sería descubierto y arrancado de sus brazos. En tres días usted puede reclamar el cuerpo de su querido esposo; después podrá conferir a un honorable soldado toda la felicidad y distinción que a juicio de usted su devoción merezca.
-¡Tres días! -exclamó la dama-. Eso es mucho para esperar y poco para fugar. Pero sin llevar carga podemos alcanzar la frontera. Ya el día comienza a romper... dejemos el cuerpo y partamos.




UNA OFERTA MEZQUINA


Dos Soldados yacían muertos en el campo de honor.
-¿Qué darías por volver a vivir? -le preguntó uno al otro.
-Al enemigo, la victoria -fue la respuesta-; a mi país, una larga vida de servicio desinteresado como civil. ¿Y qué darías tú?
-El aplauso de mis compatriotas.
-¡Tú sí que eres un pichinchero de lo más tacaño! -dijo el otro.


DIPLOMACIA

-¡Si usted no somete mi reclamo a arbitraje -escribió el Presidente de Omohu al Presidente de Modugy-, tomaré inmediatas medidas para satisfacerlo por mis propios medios!
-Señor -contestó el Presidente de Modugy-, puede irse al diablo con su amenaza de guerra.
-Mi gran y buen amigo -escribió el otro-, usted confunde el carácter de mi comunicación. Es un antepenultimátum.


LOS DOS ESCÉPTICOS


Ciertos paganos cuyo Idolo estaba muy deteriorado lo arrojaron a un río. Luego, erigieron uno nuevo y se entregaron a la adoración pública, a sus pies.
-¿Qué significa todo esto? -preguntó el Nuevo ¡dolo.
-Padre del Regocijo y del Coágulo - dijo el Gran Sacerdote-, sé paciente y te instruiré en las doctrinas y ritos de nuestra santa religión.
Un año después, tras un curso de estudios de teología, el ¡dolo pidió que lo arrojaran al río, declarándose ateo.
-No permitas que eso te moleste -dijo el Gran Sacerdote-, yo también lo soy.


UNA REPRESENTACIÓN IMPERFECTA


Una Zarigüeya mascota perteneciente a un Gran Crítico, le robó a este su gatito preferido. Estaba por matarlo y comérselo, cuando vio aproximarse a su dueño, y temiendo ser descubierta, ocultó al animalito en su bolsa.
-Bueno, mi linda -dijo el Gran Crítico, con condescendencia-, ¿qué nuevas gracias tienes para hoy?
Antes de que la Zarigüeya pudiera contestar, el gatito lanzó diligentes y persistentes maullidos. Cuando al fin la música cesó, la Zarigüeya dijo:
-He estado practicando un poco la mímica y la ventriloquia; pensé que le agradaría, señor.
-El deseo de complacer siempre complace -respondió el Gran Crítico, no sin un toque de dignidad profesional-, pero tienes mucho que aprender acerca del maullido de los gatitos.


JUNTÓ A LA MARGEN DEL RIÓ


Viendo que un Político tomaba un baño, un Observador, curioso acerca de los extraños hábitos de los animales inferiores, exclamó:
-¡Qué! ¿No te queda para tomar nada más valioso que un baño? ¿Por qué haces eso?
-He estado en manos de mis amigos -respondió el Político.
-Entonces te sugeriría el despellejamiento -dijo el Observador.
-Llegas tarde, amigo; ya alguien se lo sugirió a ellos. Estoy limpiando las marcas de dedos de mis huesos.


EL ASUNTO PRINCIPAL


Un Poeta que ofrecía su obra a un Editor dijo:
-Este es un poema pequeño, pero el asunto principal es la calidad. Me atrevo a pensar que usted lo considerará auténtica poesía.
Después de leerlo, el Editor lo puso en un cajón, y extendiéndole al Poeta una moneda de diez centavos, dijo:
-Esta es una moneda pequeña, pero soy tan temerario como para esperar que usted quedará encantado con su pureza. Es casi toda de plata.


EL SECRETO DE LA FELICIDAD


Habiéndose enterado por obra de un ángel, que Noreddin Becar era el hombre más feliz del mundo, el Sultán ordenó que lo trajeran a palacio, y le dijo:
-Impárteme, te lo ordeno, el secreto de tu felicidad.
-Oh, padre del sol y de la luna -respondió Noreddin Becar-, yo no sabía que era feliz.
-Ese -dijo el Sultán- es el secreto que yo buscaba.
Noreddin Becar se retiró profundamente afligido, temiendo que su recién descubierta felicidad lo abandonara.


COMPENSACIÓN


Dos Mujeres en el paraíso reclamaban a un Hombre que acababa de llegar.
-Yo fui su esposa -dijo una.
-Yo su amante -señaló la otra. San Pedro le dijo al hombre:
-Baja al Otro Lugar... Ya has sufrido bastante.


LOS DOS LOROS


Un Autor que había hecho una fortuna escribiendo vulgaridades, tenía un Loro.
-¿Por qué no tengo una jaula de oro? -preguntó el ave.
Y le respondió su dueño:
-Porque tú piensas mejor de lo que repites, como lo demuestra tu pregunta. Y porque no tenemos la misma audiencia.


UNA PARTE DE LA RECOMPENSA


-La nuestra es una vida de autosacrificio -decía un Clérigo-. Mientras otros corren atrás de la ganancia o el placer, nosotros vemos arder el aceite de medianoche estudiando cómo cascar las más duras nueces teológicas. Y todo ¿por qué recompensa terrestre?
-Bueno -dijo su Feligrés, meditativamente-, están las almendras, por ejemplo.


LOS INTOLERABLES GEMELOS


Una Serpiente de Cascabel, observando que se acercaba un Hombre con una Cámara Fotográfica, se arrastró debajo de una piedra plana, y no dejó expuesta otra cosa más que la punta de su nariz.
-No iba a fotografiarte -explicó el Hombre de la Cámara, con un toque de tristeza en su voz-. Poseo la antigua fe en la divina sabiduría de las serpientes, y he venido a preguntarte por qué soy odiado y evitado por toda la humanidad.
-Cielos -dijo la Serpiente de Cascabel-, los dioses me han negado ese conocimiento. ¿Puedes decirme tú por qué yo no soy muy requerida como compañera?


CONSUELO


Un Gran País había reivindicado su coraje y su bravura a través de quince derrotas en las cuales las tropas enemigas no sufrieron ninguna baja, y su Primer Ministro pidió la paz.
-No seré duro con ustedes -dijo el Vencedor-: conservarán todo excepto sus colonias, su libertad, el crédito y su autoestima.
-Ah -dijo el Primer Ministro-, usted es verdaderamente magnánimo; nos deja nuestro honor.


DESENGAÑO


Un Perro que había estado persiguiendo su propia cola abandonó la caza y se echó a reposar, encogido. En su nueva postura, descubrió que su cola estaba al alcance de sus dientes. La mordió con avidez, pero la soltó de inmediato, respingando por el dolor.
-Después de todo -dijo-, hay más alegría en la persecución que en la posesión.


EL SANTO Y EL ALMA


San Pedro estaba sentado a la puerta del Paraíso, cuando se aproximó un Alma y, haciendo una cortés reverencia, le extendió su tarjeta.
-Lo siento mucho, señor -dijo San Pedro, después de leer la tarjeta-, pero realmente no puedo admitirlo. Usted tiene que ir al Otro Lado. Lo siento, señor, lo siento mucho.
-No importa -dijo el Alma-; he pasado todo el mes en un balneario, y el cambio será agradable. Sólo venía a preguntar si mi amigo Elihu Root está aquí.
-No, señor -replicó el Santo-; el Sr. Root no está muerto.
-Oh, eso lo sé -dijo el Alma-. Pensé que podría estar visitando a Dios.


IMPREVISIÓN


Una Persona que había caído de la riqueza a la indigencia pidió limosna a un Hombre Rico.
-No -dijo el Hombre Rico-, no conservaste lo que tenías. ¿Qué seguridad tengo de que conservarás lo que yo te dé?
-Pero no quiero conservarlo-explicó el mendigo-. Lo quiero para cambiarlo por pan.
-Eso es exactamente lo mismo -dijo el Hombre Rico-. No conservarías el pan.


LA OVEJA Y EL LEÓN


-Eres una bestia de guerra -le dijo la Oveja al León-, por eso los hombres te buscan para matarte. A mí, que soy una creyente en la no resistencia, no me cazan.
-No necesitan hacerlo -replicó el hijo del desierto-; pueden criarte.


LA VIUDA INCONSOLABLE


Una Mujer con lutos de viuda lloraba sobre una tumba.
-Consuélese, señora -dijo un Simpático Desconocido-. La piedad del Cielo es infinita. En algún lado hay otro hombre, además de su esposo, con quien usted puede ser feliz.
-Lo había, lo había -sollozó ella-, pero está en esta tumba.


UNA INTRUSIÓN


La Moralidad puso la punta del pie en la política internacional, y rápidamente se lo cortaron.
-Mil gracias -dijo la Diplomacia, con graciosa reverencia- lo conservaremos como recuerdo del más distinguido honor.
Y desde aquel día, la Moralidad cojeó un poco.


LA PALABRA MISTERIOSA


El Jefe de un batallón de corresponsales de guerra leyó la crónica escrita de una batalla.
-Hijo -le dijo a su Autor-, tu historia no sirve para nada. Dices que sólo perdimos dos hombres en vez de cien; que las pérdidas del enemigo son desconocidas, en vez de diez mil, y que fuimos derrotados y fugamos. No es manera de escribir.
-Pero considere -objetó el escriba consciente- que mi historia puede ser insípida con respecto al número de nuestras víctimas, decepcionante en lo que hace a los daños causados al enemigo y chocante respecto al desenlace, pero tiene la ventaja de ser la verdad.
-No entiendo del todo -dijo el jefe, rascándose la cabeza.
-Bueno, la ventaja -exclamó el otro-, el mérito... la distinción... la provechosa excelencia... el...
-Oh -dijo el jefe-, conozco muy bien el significado de "ventaja"; ¿pero qué demonios quisiste decir con "verdad"?


REVELACIÓN


Un León fue atacado por una manada de Lobos hambrientos, que lo rodearon, aullando lo más fuerte que podían, aunque ninguno se atrevió a acercársele.
-Estas son criaturas muy útiles -dijo el León, mientras se echaba para su siesta de la tarde-, me dan parte de mis virtudes. Yo no sabía que era comestible.


UN ÁGUILA ENCADENADA


Un legislador recientemente elegido para el Parlamento de Despotamia, declaró que presentaría una resolución criticando al rey. Cuando dejó el Parlamento, encontró a un Desconocido, quien le previno que si persistía en su desleal proyecto, perdería la cabeza.
-Eso -dijo él-, sería una privación más pequeña que la pérdida de mi libertad.
-No sé qué es eso -respondió el Desconocido-. La libertad es algo que no puedo. apreciar correctamente, porque nunca la tuve. Yo soy el rey.


EL POETA IMPOTENTE


Un poeta que nunca hacia el correcto escandido de sus versos, fue emplazado a presentarse ante el Rey, quien le ordenó que dijera algo en su defensa para evitar ser condenado a muerte.
-Si tu oído es imperfecto -dijo el Rey-, podrías contar tus sílabas con los dedos, como un trabajador honesto.
-Yo cuento mis sílabas -dijo el Poeta, reverentemente-. Pero observe: a mi mano izquierda le falta un dedo... lo mordió un crítico.
-Entonces -dijo el Rey-, ¿por qué no los cuentas con la mano derecha?
-¡Cielos! -fue la respuesta del poeta, mientras elevaba su mutilada izquierda-. ¡Eso es imposible... no tengo nada con qué contar! El dedo que me falta es el índice.
-¡Hombre infortunado! -exclamó con simpatía el monarca-. Tenemos que hacer que tus limitaciones e incapacidad no te pesen. Escribirás para las revistas.


EL LOBO Y LA TORTUGA


Un Lobo se encontró con una Tortuga, y le dijo:
-Amiga, eres la cosa más lenta que anda por el mundo. No veo cómo te las arreglas para escapar de tus enemigos.
-Como me falta la capacidad para huir -replicó la Tortuga-, la Providencia sabiamente me proporcionó un caparazón impenetrable.
Tras reflexionar largo, tiempo, el Lobo dijo:
-Me parece que igualmente fácil le hubiera resultado darte patas largas.


DE LO GENERAL A LO PARTICULAR


Un Hombre Sincero le dijo a su Esposa:
-No puedo permitir que me imagines mejor de lo que soy. Tengo muchos vicios y debilidades.
-Eso es sólo lo natural -dijo ella, sonriendo dulcemente-; ninguno de nosotros es perfecto.
Envalentonado por su magnanimidad, él le confesó una mentira particular que le había dicho una vez.
-¡Abominable canalla! -gritó ella, y golpeó tres veces con sus manos.
Apareció un gigantesco esclavo nubio, que despachó al marido con una cimitarra.


UN FILOSOFO DESCONCERTADO


El Rey de Remotia tenía un filósofo favorito, a quien dijo:
-Tú has sido para mí un esclavo tan fiel que deseo premiarte. Pide cualquier cosa que quieras tener.
-Dame -dijo el Filósofo- un cabello de la cabeza de un hombre que no te haya lisonjeado nunca.
El Rey le prometió hacerlo y lo despidió. Al día siguiente, lo mandó llamar frente al trono y le extendió un cabello.
-Estás intentando engañarme -dijo el Filósofo, examinando cuidadosamente el regalo-. Este pelo es de la cabeza de un adulador que te aseguró que sería un honor para él ofrecerte también su cabeza.
-No eres tan astuto como crees -replicó el Rey-. Ese cabello es de la cabeza del único sordomudo del reino.


EL LIMITE


El Rey de las Islas Faraway designó primer ministro a su caballo, y cabalgaba sobre un hombre. Observando que bajo el nuevo orden de cosas el reino prosperaba, un Anciano Estadista aconsejó al Rey que se pusiera a pastar y ubicara un buey en el trono.
-No -dijo el soberano, pensativamente-, un buen principio puede ser llevado a extremos injuriosos. La verdadera reforma se detiene a un paso de la revolución.


EL ZORRO Y EL PATO


Un Zorro y un Pato habían disputado sobre la propiedad de una rana, y llevaron el asunto ante un León. Después de oír una enorme cantidad de argumentos de uno y de otro, el León abrió la boca para emitir juicio.
-Ya sé cuál es tu decisión -dijo el Pato, interrumpiendo-. Es que de acuerdo con nuestra propia exposición, la rana no pertenece a ninguno de nosotros dos, y que tú te la comerás. Permíteme decirte que esto es injusto, como lo demostraré.
-Para mí está claro -dijo el Zorro- que tú darás la rana al Pato, y me darás el Pato a mí, y luego me comerás a mí. No me falta experiencia acerca de la ley.
-Estaba por decirles -dijo el león, bostezando-, que durante la discusión de este caso, la propiedad en disputa se fue a los saltos. Quizá puedan procurarse otra rana.


EL LADRÓN ARREPENTIDO


Un Muchacho a quien su Madre le había enseñado a robar, creció hasta ser hombre, y se convirtió en Funcionario Público profesional. Un día fue sorprendido con las manos en la masa y condenado a muerte. Mientras marchaba al lugar de la ejecución pasó junto a su Madre, y le dijo:
-¡Contempla tu obra! ¡Si no me hubieras enseñado a robar, yo no habría llegado a eso!
-¡Claro! -dijo la Madre-. ¿Y quién, dime, te enseñó a que te descubran?


EL LOBO Y EL CORDERO


Un Cordero perseguido por un Lobo, buscó refugio en el templo.
-Si te quedas ahí, el sacerdote te atrapará y te sacrificará -dijo el Lobo.
-Me da igual ser sacrificado por el sacerdote o devorado por ti -respondió el Cordero.
-Amigo mío -dijo el Lobo-, me apena ver cómo consideras una cuestión tan importante desde un punto de vista meramente egoísta. No me da igual a mí.


EL PESCADOR Y EL PESCADO


Un Pescador que había atrapado un Pez muy pequeño lo estaba poniendo en su cesto, cuando el pez le habló:
-Te suplico que me arrojes de vuelta al agua, porque no puedo serte útil; los dioses no comen peces.
-Yo no soy un dios -dijo el Pescador.
-Es cierto -dijo el Pez-, pero apenas Júpiter se entere de tu proeza te elevará a la deidad. Eres el único hombre que alguna vez haya pescado un pez pequeño.


EL LOBO Y LOS PASTORES


Un Lobo que pasaba junto al refugio de unos Pastores, miró adentro y vio a los pastores comiendo.
-Entra -dijo uno de ellos irónicamente-, y sírvete un pedazo de tu plato favorito, una pata de cordero.
-Gracias -dijo el Lobo, mientras se alejaba-, pero tienen que disculparme: acabo de comerme un cuarto de pastor.


EL LEÓN, EL GALLO Y EL BURRO


Un León estaba por atacar a un Burro que rebuznaba, cuando un Gallo que estaba cerca cantó estridentemente y el León huyó.
-¿Qué fue lo que lo asustó? -preguntó el Burro.
-Los Leones tienen un miedo supersticioso de mi voz -respondió con orgullo el Gallo.
-Bien, bien, bien -reflexionó el Burro, sacudiendo la cabeza-; diría que cualquier animal que tiene miedo de tu voz y no se asusta de la mía debe poseer un oído de lo más extraordinario.


LA VÍBORA Y LA GOLONDRINA


Una Golondrina que había construido su nido en una Corte de Justicia crió una hermosa familia de jóvenes aves. Cierto día, una Víbora salió de una grieta en la pared y ya estaba por comérselas, pero el juez Justo, de inmediato libró un oficio, y dando orden de que las golondrinas fueran trasladadas a su propia casa, se las comió él.


LA GALLINA Y LAS VÍBORAS


Una Golondrina se acercó a una Gallina que había empollado pacientemente unos huevos de víbora, y le dijo:
-Qué estúpida eres al darle vida a criaturas que te premiarán destruyéndote.
-Soy un poquitito destructiva -dijo la Gallina, engullendo tranquilamente a uno de los pequeños reptiles-, y no es un acto de locura proporcionarse los bocados de la estación.


EL LEÓN Y LA ESPINA


Un León que vagaba por el bosque se clavó una espina en la pata, y al encontrar un Pastor, le pidió que se la extrajera. El Pastor lo hizo, y el León, que estaba saciado porque acababa de devorar a otro pastor, siguió su camino sin hacerle daño. Algún tiempo después, el Pastor fue condenado, a causa de una falsa acusación, a ser arrojado a los leones en el anfiteatro. Cuando las fieras estaban por devorarlo, una de ellas dijo:
-Este es el hombre que me sacó la espina de la pata.
Al oír esto, los otros leones honorablemente se abstuvieron, y el que habló se comió él solo al Pastor.


EL MILANO, LAS PALOMAS Y EL HALCÓN


Unas Palomas expuestas a los ataques de un Milano solicitaron a un Halcón que las defendiera. El Halcón consintió. Admitido entre ellas, esperó al Milano, se abalanzó sobre él y lo devoró. Cuando estuvo tan saciado que casi no podía moverse, las agradecidas Palomas le arrancaron los ojos.


EL LOBO Y EL BEBE


Un Lobo hambriento pasaba cerca de la puerta de una cabaña en el bosque, y oyó que una Madre le decía a su Bebé:
-Tranquilízate, o te arrojaré por la ventana y te comerán los lobos.
De modo que esperó todo el día al pie de la ventana, sintiendo más y más hambre a medida que pasaba el tiempo. Pero a la noche, el Padre, al volver del club del pueblo, arrojó por la ventana tanto al Niño como a la Madre.


EL LOBO Y EL AVESTRUZ


Un Lobo que al devorar a un hombre se había atragantado con un manojo de llaves, le pidió a un avestruz que introdujera la cabeza a través de su garganta y las extrajera, lo que el Avestruz realizó.
-Supongo -dijo el Lobo- que esperas una retribución por ese servicio.
-Una buena acción -replicó el Avestruz- es su propio premio; me he comido las llaves.


EL CABALLO DE GUERRA Y EL MOLINERO


Habiéndose enterado de que el Estado estaba a punto de ser invadido por un ejército hostil, un Caballo de Guerra perteneciente a un Coronel de la Milicia ofreció sus servicios a un Molinero que por ahí pasaba.
-No -dijo el patriota Molinero-, no emplearé a uno que abandona sus posiciones a la hora del peligro. Es hermoso morir por la propia patria.
Algo en esta opinión le sonó familiar al Caballo de Guerra, y mirando más de cerca al Molinero, reconoció a su dueño disfrazado.


EL LEÓN Y EL RATÓN


Un León había atrapado a un Ratón y estaba a punto de matarlo, cuando el Ratón dijo:
-Si me perdonas la vida, otro tanto haré yo por ti algún día.
El León, bondadosamente, le permitió irse. Poco después ocurrió que el León fue capturado por unos cazadores y atado con cuerdas. El Ratón pasó por el lugar, y viendo que su benefactor estaba indefenso, se puso a roerle la cola.


EL CORDERO Y EL LOBO


Un Lobo estaba calmando su sed en un arroyo, cuando un Cordero se apartó de su pastor, bajó hacia la orilla del arroyo, y pasando ostentosamente alrededor del Lobo, se preparó para beber corriente abajo.
-Le ruego que observe -dijo el Cordero- que por lo común el agua no corre hacia arriba. Que yo beba acá no puede contaminar el agua que toma usted; de modo que no tiene el menor pretexto para asesinarme.
-No sabía -replicó el Lobo- que necesitaba un pretexto para que me gusten las chuletas de cordero.
Fin de ese pequeño lógico.


EL PADRE Y LOS HIJOS


Un Padre afligido por una familia de Hijos pendencieros, les exhibió un atado de varas y pidió a los jóvenes que lo rompieran. Tras repetidos esfuerzos, admitieron que les resultaba imposible.
-Vean -dijo el Padre- las ventajas de la unidad; mientras esas varas permanecen unidas son invencibles; y observen lo débiles que se muestran individualmente.
Sacando una vara del atado, fácilmente la rompió en la cabeza del Hijo mayor, y repitió el procedimiento hasta que todos fueron servidos.


EL LEÓN Y EL RATÓN

A un juez lo despertó el ruido de un abogado que procesaba a un Ladrón. Rojo de ira, ya estaba por sentenciar al Ladrón a prisión perpetua, cuando este dijo:
-Le suplico que me libere, y algún día retribuiré su bondad.
Complacido y lisonjeado al ser coimeado, aunque no fuera por nada más que una promesa hueca, el juez lo dejó irse. Poco después, comprobó que había sido más que una promesa hueca, porque habiéndose convertido él mismo en Ladrón fue liberado por el otro, que se había convertido en Juez.

lunes, octubre 29, 2007

101 CUENTOS CLASICOS DE LA INDIA

101 CUENTOS CLASICOS DE LA INDIA
* * *
RAMIRO CALLE
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ÍNDICE

SÓLO SE NECESITA MIEDO
¿AVISARÍAS A LOS PERSONAJES DE TU SUEÑO?
EL EREMITA ASTUTO
SÉ COMO UN MUERTO
UNA BROMA DEL MAESTRO
PUREZA DE CORAZÓN
LA NIÑA Y EL ACRÓBATA
SOY TÚ
LA ELOCUENCIA DEL SILENCIO
EL BARQUERO INCULTO
LAS PESCADORAS
NI TÚ NI YO SOMOS LOS MISMOS
EL COOLI DE CALCUTA
EL VIAJERO SEDIENTO
EL TIGRE QUE BALABA
LA LLAVE DE LA FELICIDAD
UNA INSENSATA BÚSQUEDA
UN PRESO SINGULAR
DE INSTANTE EN INSTANTE
EL ATOLLADERO
EL BRAHMÍN ASTUTO
EL PERRO ATERRADO Y LA PERCEPCIÓN ERRÓNEA
PLEITO A LA LUZ
LA VERDAD... ¿ES LA VERDAD?
EL HOMBRE ECUÁNIME
LA MADERA DE SÁNDALO
SI DAÑAS, ME DAÑAS
EL PEZ Y LA TORTUGA
UNA CAÑA DE BAMBÚ PARA EL MÁS TONTO
LA PALOMA Y LA ROSA
LOS BRAZALETES DE ORO
UN YOGUI AL BORDE DEL CAMINO
EL CONDUCTOR BORRACHO
CADA HOMBRE UNA DOCTRINA
EL MARIDO DESCONFIADO
LOS MONOS

UN ERMITAÑO EN LA CORTE
NASRUDÍN VISITA LA INDIA
IGNORANCIA
EL ANCIANO Y EL NIÑO
EL LIBERADO-VIVIENTE Y EL BUSCADOR
EL FALSO MAESTRO
SI HUBIERA TENIDO UN POCO MÁS DE TIEMPO
EL LORO QUE PIDE LIBERTAD
DOCE AÑOS DESPUÉS
EL CONTRABANDISTA
UN SANTUARIO MUY ESPECIAL
MEDICINA PARA CURAR EL ÉXTASIS
EL GURÚ FALAZ
LA IMPERTURBABILIDAD DEL BUDA
LAS DOS RANAS
LOS SUEÑOS DEL REY
LO ESENCIAL Y LO TRIVIAL
EL ASCETA Y LA PROSTITUTA
¿DÓNDE ESTÁ EL DÉCIMO HOMBRE?
ACTITUD DE RENUNCIA
DEPENDE DE QUIEN PROCEDA LA ORDEN
EL INCRÉDULO
LA OLLA DE BARRO
MÁS ALLÁ DE LAS DIFERENCIAS
EL PARIA SABIO
TODO LO QUE EXISTE ES DIOS
3
LOS DOS MÍSTICOS
LA DISPUTA
MI HIJO ESTÁ CONMIGO
LA TORTUGA Y LA ARGOLLA
CONOCERSE A UNO MISMO
LAS FANTASÍAS DE UNA ABEJA
LA NATURALEZA DE LA MENTE
LOS ERUDITOS
LA ACTITUD INTERIOR
DIEZ AÑOS DESPUÉS
EL PASTOR DISTRAÍDO
EL RECLUSO
LOS DOS AMIGOS
LOS DOS SADHUS
ANSIA
LOS ORFEBRES
EL ERMITAÑO Y EL BUSCADOR
LOS DESIGNIOS DEL KARMA
VIAJE AL CORAZÓN
EL ARTE DE LA OBSERVACIÓN
¿POR QUIÉN DEBO AFLIGIRME?
EL GRANO DE MOSTAZA
LA ENSEÑANZA DEL SABIO VEDANTÍN
¿Y QUIÉN TE ATA?
EL POBRE IGNORANTE
EL LADRÓN POLICÍA
EL DESENCANTO
EL PODER DEL MANTRA
SIGUE ADELANTE
¿HASTA CUÁNDO DORMIDO?
EL HOMBRE QUE SE DISFRAZÓ DE BAILARINA
OCHO ELEFANTES BLANCOS
UNA PARTÍCULA DE VERDAD
EL REY DE LOS MONOS
MAÑANA TE LO DIRÉ
LEALTAD
EL YOGUI TÁNTRICO
EL MENDICANTE GOLPEADO
LOS CIEGOS Y EL ELEFANTE

* * *


SÓLO SE NECESITA MIEDO

Había un rey de corazón puro y muy interesado por la búsqueda espiritual. A menudo se hacía visitar por yoguis y maestros místicos que pudieran proporcionarle prescripciones y métodos para su evolución interna. Le llegaron noticias de un asceta muy sospechoso y entonces decidió hacerlo llamar para ponerlo a prueba.
El asceta se presentó ante el monarca, y éste, sin demora, le dijo:
--¡O demuestras que eres un renunciante auténtico o te haré ahorcar!
El asceta dijo:
--Majestad, os juro y aseguro que tengo visiones muy extrañas y sobrenaturales. Veo un ave dorada en el cielo y demonios bajo la tierra.
!Ahora mismo los estoy viendo! ¡Sí, ahora mismo!
--¿Cómo es posible -inquirió el rey- que a través de estos espesos muros puedas ver lo que dices en el cielo y bajo tierra?
Y el asceta repuso:
--Sólo se necesita miedo.
*El Maestro dice: Caminar hacia la Verdad es más difícil que hacerlo por el filo de la navaja, por eso sólo algunos se comprometen con la Búsqueda.

¿AVISARÍAS A LOS PERSONAJES DE TU SUEÑO?

El discípulo se reunió con su mentor espiritual para indagar algunos aspectos de la Liberación y de aquellos que la alcanzan. Departieron durante horas. Por último, el discípulo le preguntó al maestro:
--¿Cómo es posible que un ser humano liberado pueda permanecer tan sereno a pesar de las terribles tragedias que padece la humanidad?
El mentor tomó entre las suyas las manos del perplejo discípulo, y le explicó:
--Tú estás durmiendo. Supóntelo.
Sueñas que vas en un barco con otros muchos pasajeros. De repente, el barco encalla y comienza a hundirse. Angustiado, te despiertas. Y la pregunta que yo te hago es: ¿Acaso te duermes rápidamente de nuevo para avisar a los personajes de tu sueño?
*El Maestro dice: El ser liberado es como una flor que no deja de exhalar su aroma y, suceda lo que suceda, no se marchita.

EL EREMITA ASTUTO

Era un eremita de muy avanzada edad. Sus cabellos eran blancos como la espuma, y su rostro aparecía surcado con las profundas arrugas de más de un siglo de vida. Pero su mente continuaba siendo sagaz y despierta y su cuerpo flexible como un lirio. Sometiéndose a toda suerte de disciplinas y austeridades, había obtenido un asombroso dominio sobre sus facultades y desarrollado portentosos poderes psíquicos. Pero, a pesar de ello, no había logrado debilitar su arrogante ego. La muerte no perdona a nadie, y cierto día, Yama, el Señor de la Muerte, envió a uno de sus emisarios para que atrapase al eremita y lo condujese a su reino. El ermitaño, con su desarrollado poder clarividente, intuyó las intenciones del emisario de la muerte y, experto en el arte de la ubicuidad, proyectó treinta y nueve formas idénticas a la suya. Cuando llegó el emisario de la muerte, contempló, estupefacto, cuarenta cuerpos iguales y, siéndole imposible detectar el cuerpo verdadero, no pudo apresar al astuto eremita y llevárselo consigo. Fracasado el emisario de la muerte, regresó junto a Yama y le expuso lo acontecido.
Yama, el poderoso Señor de la Muerte, se quedó pensativo durante unos instantes. Acercó sus labios al oído del emisario y le dio algunas instrucciones de gran precisión. Una sonrisa asomó en el rostro habitualmente circunspecto del emisario, que se puso seguidamente en marcha hacia donde habitaba el ermitaño. De nuevo, el eremita, con su tercer ojo altamente desarrollado y perceptivo, intuyó que se aproximaba el emisario. En unos instantes, reprodujo el truco al que ya había recurrido anteriormente y recreó treinta y nueve formas idénticas a la suya.
El emisario de la muerte se encontró con cuarenta formas iguales.
Siguiendo las instrucciones de Yama, exclamó:
--Muy bien, pero que muy bien.
!Qué gran proeza!
Y tras un breve silencio, agregó:
--Pero, indudablemente, hay un pequeño fallo.
Entonces el eremita, herido en su orgullo, se apresuró a preguntar:
--¿Cuál?
Y el emisario de la muerte pudo atrapar el cuerpo real del ermitaño y conducirlo sin demora a las tenebrosas esferas de la muerte.
*El Maestro dice: El ego abre el camino hacia la muerte y nos hace vivir de espaldas a la realidad del Ser. Sin ego, eres el que jamás has dejado de ser.

SÉ COMO UN MUERTO

Era un venerable maestro. En sus ojos había un reconfortante destello de paz permanente. Sólo tenía un discípulo, al que paulatinamente iba impartiendo la enseñanza mística. El cielo se había teñido de una hermosa tonalidad de naranja-oro, cuando el maestro se dirigió al discípulo y le ordenó:
--Querido mío, mi muy querido, acércate al cementerio y, una vez allí, con toda la fuerza de tus pulmones, comienza a gritar toda clase de halagos a los muertos.
El discípulo caminó hasta un cementerio cercano. El silencio era sobrecogedor. Quebró la apacible atmósfera del lugar gritando toda clase de elogios a los muertos. Después regresó junto a su maestro.
--¿Qué te respondieron los muertos? -preguntó el maestro.
--Nada dijeron.
--En ese caso, mi muy querido amigo, vuelve al cementerio y lanza toda suerte de insultos a los muertos.
El discípulo regresó hasta el silente cementerio. A pleno pulmón, comenzó a soltar toda clase de improperios contra los muertos. Después de unos minutos, volvió junto al maestro, que le preguntó al instante:
--¿Qué te han respondido los muertos?
--De nuevo nada dijeron -repuso el discípulo.
Y el maestro concluyó:
--Así debes ser tú: indiferente, como un muerto, a los halagos y a los insultos de los otros.
*El Maestro dice: Quien hoy te halaga, mañana te puede insultar y quien hoy te insulta, mañana te puede halagar. No seas como una hoja a merced del viento de los halagos e insultos. Permanece en ti mismo más allá de unos y de otros.

UNA BROMA DEL MAESTRO

Había en un pueblo de la India un hombre de gran santidad. A los aldeanos les parecía una persona notable a la vez que extravagante. La verdad es que ese hombre les llamaba la atención al mismo tiempo que los confundía. El caso es que le pidieron que les predicase. El hombre, que siempre estaba en disponibilidad para los demás, no dudó en aceptar. El día señalado para la prédica, no obstante, tuvo la intuición de que la actitud de los asistentes no era sincera y de que debían recibir una lección. Llegó el momento de la charla y todos los aldeanos se dispusieron a escuchar al hombre santo confiados en pasar un buen rato a su costa. El maestro se presentó ante ellos. Tras una breve pausa de silencio, preguntó:
--Amigos, ¿sabéis de qué voy a hablaros?
--No -contestaron.
--En ese caso -dijo-, no voy a decirles nada. Son tan ignorantes que de nada podría hablarles que mereciera la pena. En tanto no sepan de qué voy a hablarles, no les dirigiré la palabra.
Los asistentes, desorientados, se fueron a sus casas. Se reunieron al día siguiente y decidieron reclamar nuevamente las palabras del santo.
El hombre no dudó en acudir hasta ellos y les preguntó:
--¿Sabéis de qué voy a hablaros?
--Sí, lo sabemos -repusieron los aldeanos.
--Siendo así -dijo el santo-, no tengo nada que deciros, porque ya lo sabéis. Que paséis una buena noche, amigos.
Los aldeanos se sintieron burlados y experimentaron mucha indignación.
No se dieron por vencidos, desde luego, y convocaron de nuevo al hombre santo. El santo miró a los asistentes en silencio y calma. Después, preguntó:
--¿Sabéis, amigos, de qué voy a hablaros?
No queriendo dejarse atrapar de nuevo, los aldeanos ya habían convenido la respuesta:
--Algunos lo sabemos y otros no.
Y el hombre santo dijo:
--En tal caso, que los que saben transmitan su conocimiento a los que no saben.
Dicho esto, el hombre santo se marchó de nuevo al bosque.
*El Maestro dice: Sin acritud, pero con firmeza, el ser humano debe velar por sí mismo.

PUREZA DE CORAZÓN

Se trataba de dos ermitaños que vivían en un islote cada uno de ellos. El ermitaño joven se había hecho muy célebre y gozaba de gran reputación, en tanto que el anciano era un desconocido. Un día, el anciano tomó una barca y se desplazó hasta el islote del afamado ermitaño. Le rindió honores y le pidió instrucción espiritual. El joven le entregó un mantra y le facilitó las instrucciones necesarias para la repetición del mismo. Agradecido, el anciano volvió a tomar la barca para dirigirse a su islote, mientras su compañero de búsqueda se sentía muy orgulloso por haber sido reclamado espiritualmente. El anciano se sentía muy feliz con el mantra.
Era una persona sencilla y de corazón puro. Toda su vida no había hecho otra cosa que ser un hombre de buenos sentimientos y ahora, ya en su ancianidad, quería hacer alguna práctica metódica.
Estaba el joven ermitaño leyendo las escrituras, cuando, a las pocas horas de marcharse, el anciano regresó. Estaba compungido, y dijo:
--Venerable asceta, resulta que he olvidado las palabras exactas del mantra. Siento ser un pobre ignorante. ¿Puedes indicármelo otra vez?
El joven miró al anciano con condescendencia y le repitió el mantra.
Lleno de orgullo, se dijo interiormente: "Poco podrá este pobre hombre avanzar por la senda hacia la Realidad si ni siquiera es capaz de retener un mantra". Pero su sorpresa fue extraordinaria cuando de repente vio que el anciano partía hacia su islote caminando sobre las aguas.
*El Maestro dice: No hay mayor logro que la pureza de corazón. ¿Qué no puede obtenerse con un corazón limpio?

LA NIÑA Y EL ACRÓBATA

Era una niña de ojos grandes como lunas, con la sonrisa suave del amanecer. Huérfana siempre desde que ella recordara, se había asociado a un acróbata con el que recorría, de aquí para allá, los pueblos hospitalarios de la India. Ambos se habían especializado en un número circense que consistía en que la niña trepaba por un largo palo que el hombre sostenía sobre sus hombros. La prueba no estaba ni mucho menos exenta de riesgos.
Por eso, el hombre le indicó a la niña:
--Amiguita, para evitar que pueda ocurrirnos un accidente, lo mejor será que, mientras hacemos nuestro número, yo me ocupe de lo que tú estás haciendo y tú de lo que estoy haciendo yo.
De ese modo no correremos peligro, pequeña.
Pero la niña, clavando sus ojos enormes y expresivos en los de su compañero, replicó:
--No, Babu, eso no es lo acertado. Yo me ocuparé de mí y tú te ocuparás de ti, y así, estando cada uno muy pendiente de lo que uno mismo hace, evitaremos cualquier accidente.
*El Maestro dice: Permanece vigilante de ti y libra tus propias batallas en lugar de intervenir en las de otros. Atento de ti mismo, así avanzarás seguro por la vía hacia la Liberación definitiva.

SOY TÚ

Era un discípulo honesto. Moraba en su corazón el afán de perfeccionamiento. Un anochecer, cuando las chicharras quebraban el silencio de la tarde, acudió a la modesta casita de un yogui y llamó a la puerta.
--¿Quién es? -preguntó el yogui.
--Soy yo, respetado maestro. He venido para que me proporciones instrucción espiritual.
--No estás lo suficientemente maduro -replicó el yogui sin abrir la puerta-. Retírate un año a una cueva y medita. Medita sin descanso.
Luego, regresa y te daré instrucción. Al principio, el discípulo se desanimó, pero era un verdadero buscador, de esos que no ceden en su empeño y rastrean la verdad aun a riesgo de su vida. Así que obedeció al yogui.
Buscó una cueva en la falda de la montaña y durante un año se sumió en meditación profunda. Aprendió a estar consigo mismo; se ejercitó en el Ser.
Sobrevinieron las lluvias del monzón. Por ellas supo el discípulo que había transcurrido un año desde que llegara a la cueva. Abandonó la misma y se puso en marcha hacia la casita del maestro. Llamó a la puerta.
--¿Quién es? -preguntó el yogui.
--Soy tú -repuso el discípulo.
--Si es así -dijo el yogui-, entra. No había lugar en esta casa para dos yoes.
*El Maestro dice: Más allá de la mente y el pensamiento está el Ser.
Y en el Ser todos los seres.

LA ELOCUENCIA DEL SILENCIO

Un padre deseaba para sus dos hijos la mejor formación mística posible.
Por ese motivo, los envió a adiestrarse espiritualmente con un reputado maestro de la filosofía vedanta. Después de un año, los hijos regresaron al hogar paterno. El padre preguntó a uno de ellos sobre el Brahmán, y el hijo se extendió sobre la Deidad haciendo todo tipo de ilustradas referencias a las escrituras, textos filosóficos y enseñanzas metafísicas. Después, el padre preguntó sobre el Brahmán al otro hijo, y éste se limitó a guardar silencio.
Entonces el padre, dirigiéndose a este último, declaró:
--Hijo, tú sí que sabes realmente lo que es el Brahmán.
*El Maestro dice: La palabra es limitada y no puede nombrar lo innombrable.

EL BARQUERO INCULTO

Se trataba de un joven erudito, arrogante y engreído. Para cruzar un caudaloso río de una a otra orilla tomó una barca. Silente y sumiso, el barquero comenzó a remar con diligencia. De repente, una bandada de aves surcó el cielo y el joven preguntó al barquero:
--Buen hombre, ¿has estudiado la vida de las aves?
--No, señor -repuso el barquero.
--Entonces, amigo, has perdido la cuarta parte de tu vida.
Pasados unos minutos, la barca se deslizó junto a unas exóticas plantas que flotaban en las aguas del río. El joven preguntó al barquero:
--Dime, barquero, ¿has estudiado botánica?
--No, señor, no sé nada de plantas.
--Pues debo decirte que has perdido la mitad de tu vida -comentó el petulante joven.
El barquero seguía remando pacientemente. El sol del mediodía se reflejaba luminosamente sobre las aguas del río. Entonces el joven preguntó:
--Sin duda, barquero, llevas muchos años deslizándote por las aguas.
?Sabes, por cierto, algo de la naturaleza del agua?
--No, señor, nada sé al respecto.
No sé nada de estas aguas ni de otras.
--¡Oh, amigo! -exclamó el joven-.
De verdad que has perdido las tres cuartas partes de tu vida.
Súbitamente, la barca comenzó a hacer agua. No había forma de achicar tanta agua y la barca comenzó a hundirse. El barquero preguntó al joven:
--Señor, ¿sabes nadar?
--No -repuso el joven.
--Pues me temo, señor, que has perdido toda tu vida.
*El Maestro dice: No es a través del intelecto como se alcanza el Ser: el pensamiento no puede comprender al pensador y el conocimiento erudito no tiene nada que ver con la Sabiduría*.

LAS PESCADORAS

Se trataba de un grupo de pescadoras. Después de concluida la faena, se pusieron en marcha hacia sus respectivas casas. El trayecto era largo y, cuando la noche comenzaba a caer, se desencadenó una violenta tormenta.
Llovía tan torrencialmente que era necesario guarecerse. Divisaron a lo lejos una casa y comenzaron a correr hacia ella. Llamaron a la puerta y les abrió una hospitalaria mujer que era la dueña de la casa y se dedicaba al cultivo y venta de flores. Al ver totalmente empapadas a las pescadoras, les ofreció una habitación para que tranquilamente pasaran allí la noche.
Era una amplia estancia donde había una gran cantidad de cestas con hermosas y muy variadas flores, dispuestas para ser vendidas al siguiente día.
Las pescadoras estaban agotadas y se pusieron a dormir. Sin embargo, no lograban conciliar el sueño y empezaron a quejarse del aroma de las flores: "!Qué peste! No hay quien soporte este olor. Así no hay quien pueda dormir". Entonces una de ellas tuvo una idea y se la sugirió a sus compañeras:
--No hay quien aguante esta peste, amigas, y, si no ponemos remedio, no vamos a poder pegar un ojo. Coged las canastas de pescado y utilizadlas como almohada y así conseguiremos evitar este desagradable olor.
Las mujeres siguieron la sugerencia de su compañera. Cogieron las cestas malolientes de pescado y apoyaron las cabezas sobre ellas. Apenas había pasado un minuto y ya todas ellas dormían profundamente.
*El Maestro dice: Por ignorancia y ausencia de entendimiento correcto, el ser humano se pierde en las apariencias y no percibe lo Real.

NI TÚ NI YO SOMOS LOS MISMOS

El Buda fue el hombre más despierto de su época. Nadie como él comprendió el sufrimiento humano y desarrolló la benevolencia y la compasión. Entre sus primos, se encontraba el perverso Devadatta, siempre celoso del maestro y empeñado en desacreditarlo e incluso dispuesto a matarlo.
Cierto día que el Buda estaba paseando tranquilamente, Devadatta, a su paso, le arrojó una pesada roca desde la cima de una colina, con la intención de acabar con su vida. Sin embargo, la roca sólo cayó al lado del Buda y Devadatta no pudo conseguir su objetivo. El Buda se dio cuenta de lo sucedido permaneció impasible, sin perder la sonrisa de los labios.
Días después, el Buda se cruzó con su primo y lo saludó afectuosamente.
Muy sorprendido, Devadatta preguntó:
--¿No estás enfadado, señor?
--No, claro que no.
Sin salir de su asombro, inquirió:
--¿Por qué?
Y el Buda dijo:
--Porque ni tú eres ya el que arrojó la roca, ni yo soy ya el que estaba allí cuando me fue arrojada.
*El Maestro dice: Para el que sabe ver, todo es transitorio: para el que sabe amar, todo es perdonable.

EL COOLI DE CALCUTA

Un buscador occidental llegó a Calcuta. En su país había recibido noticias de un elevado maestro espiritual llamado Baba Gitananda. Después de un agotador viaje en tren de Delhi a Calcuta, en cuanto abandonó la
abigarrada estación de la ciudad, se dirigió a un cooli para preguntarle sobre Baba Gitananda. El cooli nunca había oído hablar de este hombre.
El occidental preguntó a otros coolíes, pero tampoco habían escuchado nunca ese nombre. Por fortuna, y finalmente, un cooli, al ser inquirido, le contestó:
--Sí, señor, conozco al maestro espiritual por el que preguntáis.
El extranjero contempló al cooli.
Era un hombre muy sencillo, de edad avanzada y aspecto de pordiosero.
--¿Estás seguro de que conoces a Baba Gitananda? -preguntó, insistiendo.
--Sí, lo conozco bien -repuso el cooli.
--Entonces, llévame hasta él.
El buscador occidental se acomodó en el carrito y el cooli comenzó a tirar del mismo. Mientras era transportado por las atestadas calles de la ciudad, el extranjero se decía para sus adentros: "Este pobre hombre no tiene aspecto de conocer a ningún maestro espiritual y mucho menos a Baba Gitananda. Ya veremos dónde termina por llevarme".
Después de un largo trayecto, el cooli se detuvo en una callejuela tan estrecha por la que apenas podía casi pasar el carrito. Jadeante por el esfuerzo y con voz entrecortada, dijo:
--Señor, voy a mirar dentro de la casa. Entrad en unos instantes.
El occidental estaba realmente sorprendido. ¿Le habría conducido hasta allí para robarle o, aún peor, incluso para que tal vez le golpearan o quitaran la vida? Era en verdad una callejuela inmunda. ¿Cómo iba a vivir allí Baba Gitananda ni ningún mentor espiritual? Vaciló e incluso pensó en huir. Pero, recurriendo a todo su coraje, se decidió a bajar del carrito y entrar en la casa por la que había penetrado el cooli. Tenía miedo, pero trataba de sobreponerse. Atravesó un pasillo que desembocaba en una sala que estaba en semipenumbra y donde olía a sándalo. Al fondo de la misma, vio la silueta de un hombre en meditación profunda. Lentamente se fue aproximando al yogui, sentado en posición de loto sobre una piel de antílope y en actitud de meditación.
!Cuál no sería su sorpresa al comprobar que aquel hombre era el cooli que le había conducido hasta allí! A pesar de la escasa luz de la estancia, el occidental pudo ver los ojos amorosos y calmos del cooli, y contemplar el lento movimiento de sus labios al decir:
--Yo soy Baba Gitananda. Aquí me tienes, amigo mío.
*El Maestro dice: Porque tenemos la mente llena de prejuicios, convencionalismo y toda clase de ideas preconcebidas, se perturba nuestra visión y se distorsiona nuestro discernimiento.

EL VIAJERO SEDIENTO

Lentamente, el sol se había ido ocultando y la noche había caído por completo. Por la inmensa planicie de la India se deslizaba un tren como una descomunal serpiente quejumbrosa.
Varios hombres compartían un departamento y, como quedaban muchas horas para llegar al destino, decidieron apagar la luz y ponerse a dormir. El tren proseguía su marcha. Transcurrieron los minutos y los viajeros empezaron a conciliar el sueño. Llevaban ya un buen número de horas de viaje y estaban muy cansados. De repente, empezó a escucharse una voz que decía:
--¡Ay, qué sed tengo! ¡Ay, qué sed tengo!
Así una y otra vez, insistente y monótonamente. Era uno de los viajeros que no cesaba de quejarse de su sed, impidiendo dormir al resto de sus compañeros. Ya resultaba tan molesta y repetitiva su queja, que uno de los viajeros se levantó, salió del departamento, fue al lavabo y le trajo un vaso de agua. El hombre sediento bebió con avidez el agua. Todos se echaron de nuevo. Otra vez se apagó la luz. Los viajeros, reconfortados, se dispusieron a dormir. Transcurrieron unos minutos. Y, de repente, la misma voz de antes comenzó a decir:
--¡Ay, qué sed tenía, pero qué sed tenía!
*El Maestro dice: La mente siempre tiene problemas. Cuando no tiene problemas reales, fabrica problemas imaginarios y ficticios, teniendo incluso que buscar soluciones imaginarias y ficticias.

EL TIGRE QUE BALABA

Al atacar a un rebaño, una tigresa dio a luz y poco después murió. El cachorro creció entre las ovejas y llegó él mismo a tomarse por una de ellas, y como una oveja llegó a ser considerado y tratado por el rebaño.
Era sumamente apacible, pacía y balaba, ignorando por completo su verdadera naturaleza. Así transcurrieron algunos años.
Un día llegó un tigre hasta el rebaño y lo atacó. Se quedó estupefacto cuando comprobó que entre las ovejas había un tigre que se comportaba como una oveja más. No pudo por menos que decirle:
--Oye, ¿por qué te comportas como una oveja, si tú eres un tigre?
Pero el tigre-oveja baló asustado.
Entonces el tigre lo condujo ante un lago y le mostró su propia imagen.
Pero el tigre-oveja seguía creyéndose una oveja, hasta tal punto que cuando el tigre recién llegado le dio un trozo de carne ni siquiera quiso probarla.
--Pruébala -le ordenó el tigre.
Asustado, sin dejar de balar, el tigre-oveja probó la carne. En ese momento la carne cruda desató sus instintos de tigre y reconoció de golpe su verdadera y propia naturaleza.
*El Maestro dice: El ser humano común está tan identificado con la burda máscara de su personalidad y su ego que desconoce su genuina y real naturaleza.

LA LLAVE DE LA FELICIDAD

El Divino se sentía solo y quería hallarse acompañado. Entonces decidió crear unos seres que pudieran hacerle compañía. Pero cierto día, estos seres encontraron la llave de la felicidad, siguieron el camino hacia el Divino y se reabsorbieron a Él.
Dios se quedó triste, nuevamente solo. Reflexionó. Pensó que había llegado el momento de crear al ser humano, pero temió que éste pudiera descubrir la llave de la felicidad, encontrar el camino hacia Él y volver a quedarse solo. Siguió reflexionando y se preguntó dónde podría ocultar la llave de la felicidad para que el hombre no diese con ella. Tenía, desde luego, que esconderla en un lugar recóndito donde el hombre no pudiese hallarla. Primero pensó en ocultarla en el fondo del mar; luego, en una caverna de los Himalayas; después, en un remotísimo confín del espacio sideral. Pero no se sintió satisfecho con estos lugares. Pasó toda la noche en vela, preguntándose cual sería el lugar seguro para ocultar la llave de la felicidad. Pensó que el hombre terminaría descendiendo a lo más abismal de los océanos y que allí la llave no estaría segura. Tampoco lo estaría en una gruta de los Himalayas, porque antes o después hallaría esas tierras. Ni siquiera estaría bien oculta en los vastos espacios siderales, porque un día el hombre exploraría todo el universo. "?Dónde ocultarla?", continuaba preguntándose al amanecer. Y cuando el sol comenzaba a disipar la bruma matutina, al Divino se le ocurrió de súbito el único lugar en el que el hombre no buscaría la llave de la felicidad: dentro del hombre mismo. Creó al ser humano y en su interior colocó la llave de la felicidad.
*El Maestro dice: Busca dentro de ti mismo. "Desafía" a Dios y róbale la suprema felicidad.

UNA INSENSATA BÚSQUEDA

Una mujer estaba buscando afanosamente algo alrededor de un farol. Entonces un transeúnte pasó junto a ella y se detuvo a contemplarla. No pudo por menos que preguntar:
--Buena mujer, ¿qué se te ha perdido?, ¿qué buscas?
Sin poder dejar de gemir, la mujer, con la voz entrecortada por los sollozos, pudo responder a duras penas:
--Busco una aguja que he perdido en mi casa, pero como allí no hay luz, he venido a buscarla junto a este farol.
*El Maestro dice: No quieras encontrar fuera de ti mismo lo que sólo dentro de ti puede ser hallado.

UN PRESO SINGULAR

Era un hombre que había sido encarcelado. A través de un ventanuco enrejado que había en su celda gustaba de mirar al exterior. Todos los días se asomaba al ventanuco, y, cada vez que veía pasar a alguien al otro lado de las rejas, estallaba en sonoras e irrefrenables carcajadas. El guardián estaba realmente sorprendido. Un día ya no pudo por menos que preguntar al preso:
--Oye, hombre, ¿a qué vienen todas esas risotadas día tras día?
Y el preso contestó:
--¿Cómo que de qué me río? ¡Pero estás ciego! Me río de todos esos que hay ahí. ¿No ves que están presos detrás de estas rejas?
*El Maestro dice: Por falta de discernimiento puro, no sólo estás en cautiverio, sino que ni siquiera llegas a darte cuenta de que lo estás.

DE INSTANTE EN INSTANTE

Era un yogui muy anciano. Ni siquiera él mismo recordaba sus años, pero había mantenido la consciencia clara como un diamante, aunque su rostro estaba apergaminado y su cuerpo se había tornado frágil como el de un pajarillo. Al despuntar el día se hallaba efectuando sus abluciones en las frescas aguas del río. Entonces
llegaron hasta él algunos aspirantes espirituales y le preguntaron qué debían hacer para adiestrarse en la verdad. El anciano los miró con infinito amor y, tras unos segundos de silencio pleno, dijo:
--Yo me aplico del siguiente modo: Cuando como, como; cuando duermo, duermo; cuando hago mis abluciones, hago mis abluciones, y cuando muero, muero.
Y al concluir sus palabras, se murió, abandonando junto a la orilla del río su decrépito cuerpo.
*El Maestro dice: La verdad no es una abstracción ni un concepto. Cuando la actitud es la correcta, la verdad se cultiva aquí y ahora, de instante en instante.

EL ATOLLADERO

He aquí que un hombre entró en una pollería. Vio un pollo colgado y, dirigiéndose al pollero, le dijo:
--Buen hombre, tengo esta noche en casa una cena para unos amigos y necesito un pollo. ¿Cuánto pesa éste?
El pollero repuso:
--Dos kilos, señor.
El cliente meció ligeramente la cabeza en un gesto dubitativo y dijo:
--Éste no me vale entonces. Sin duda, necesito uno más grande.
Era el único pollo que quedaba en la tienda. El resto de los pollos se habían vendido. El pollero, empero, no estaba dispuesto a dejar pasar la ocasión. Cogió el pollo y se retiró a la trastienda, mientras iba explicando al cliente:
--No se preocupe, señor, enseguida le traeré un pollo mayor.
Permaneció unos segundos en la trastienda. Acto seguido apareció con el mismo pollo entre las manos, y dijo:
--Éste es mayor, señor. Espero que sea de su agrado.
--¿Cuánto pesa éste? -preguntó el cliente.
--Tres kilos -contestó el pollero sin dudarlo un instante.
Y entonces el cliente dijo:
--Bueno, me quedo con los dos.
*El Maestro dice: En un atolladero tal se halla todo aspirante espiritual cuando verdaderamente no se compromete con la Búsqueda.

EL BRAHMÍN ASTUTO

Era en el norte de la India, allí donde las montañas son tan elevadas que parece como si quisieran acariciar las nubes con sus picos. En un pueblecillo perdido en la inmensidad del Himalaya se reunieron un asceta, un peregrino y un brahmín. Comenzaron a comentar cuánto dedicaban a Dios cada uno de ellos de aquellas limosnas que recibían de los fieles. El asceta dijo:
--Mirad, yo lo que acostumbro a hacer es trazar un círculo en el suelo y lanzar las monedas al aire. Las que caen dentro del círculo me las quedo para mis necesidades y las que caen fuera del círculo se las ofrendo al Divino.
Entonces intervino el peregrino para explicar:
--Sí, también yo hago un círculo en el suelo y procedo de la misma manera, pero, por el contrario, me quedo para mis necesidades con las monedas que caen fuera del círculo y doy al Señor las que caen dentro del mismo.
Por último habló el brahmín para expresarse de la siguiente forma:
--También yo, queridos compañeros, dibujo un círculo en el suelo y lanzo las monedas al aire. Las que no caen, son para Dios y las que caen las guardo para mis necesidades.
*El Maestro dice: Así proceden muchas personas que se dicen religiosas. Tienen dos rostros y uno es todavía más falso que el otro.

EL PERRO ATERRADO Y LA PERCEPCIÓN ERRÓNEA

Se trataba de un perro callejero.
Le gustaba curiosear todos los rincones e ir de aquí para allá. Siempre había sido un vagabundo y disfrutaba mucho con su forma de vida. Pero en una ocasión penetró en un palacio cuyas paredes estaban recubiertas de espejos. El perro entró corriendo en una de sus acristaladas estancias y al instante vio que innumerables perros corrían hacia él en dirección opuesta a la suya. Aterrado, se volvió hacia la derecha para tratar de huir, pero entonces comprobó que también había gran número de perros en esa dirección. Se volvió hacia la izquierda y comenzó a ladrar despavorido. Decenas de perros, por la izquierda, le ladraban amenazantes. Sintió que estaba rodeado de furiosos perros y que no tenía escapatoria. Miró en todas las direcciones y en todas contempló perros enemigos que no dejaban de ladrarle. En ese momento el terror paralizó su corazón y murió víctima de la angustia.
*El Maestro dice: La percepción errónea conduce a la muerte espiritual. Sólo el discernimiento purificado abre una vía hacia el despertar definitivo.

PLEITO A LA LUZ

He aquí que un día la oscuridad se percató de que la luz cada vez le estaba robando mayor espacio y decidió entonces ponerle un pleito. Tiempo después, llegó el día marcado para el juicio. La luz se personó en la sala antes de que lo hiciera la oscuridad.
Llegaron los respectivos abogados y el juez. Transcurrió el tiempo, pero la oscuridad no se presentaba. Todos esperaron pacientemente, pero la oscuridad no aparecía. Finalmente, harto el juez y constatando que la parte demandante no acudía, falló a favor de la luz. ¿Qué había sucedido? ¿Cómo era posible que la oscuridad hubiera puesto un pleito y no se hubiera presentado? Nadie salía de su asombro, aunque la explicación era sencilla: la oscuridad estaba fuera de la sala, pero no se atrevió a entrar porque sabía que sería en el acto disipada por la luz.
*El Maestro dice: La luz es consciencia y sabiduría, en tanto que la oscuridad es ofuscación y estrechez de miras. Si te estableces en la sabiduría, ¿hay lugar para la ofuscación?*

LA VERDAD... ¿ES LA VERDAD?

El rey había entrado en un estado de honda reflexión durante los últimos días. Estaba pensativo y ausente. Se hacía muchas preguntas, entre otras por qué los seres humanos no eran mejores. Sin poder resolver este último interrogante, pidió que trajeran a su presencia a un ermitaño que moraba en un bosque cercano y que llevaba años dedicado a la meditación, habiendo cobrado fama de sabio y ecuánime.
Sólo porque se lo exigieron, el eremita abandonó la inmensa paz del bosque.
--Señor, ¿qué deseas de mí? -preguntó ante el meditabundo monarca.
--He oído hablar mucho de ti -dijo el rey-. Sé que apenas hablas, que no gustas de honores ni placeres, que no haces diferencia entre un trozo de oro y uno de arcilla, pero todos dicen que eres un sabio.
--La gente dice, señor -repuso indiferente el ermitaño.
--A propósito de la gente quiero preguntarte -dijo el monarca-. ¿Cómo lograr que la gente sea mejor?
--Puedo decirte, señor -repuso el ermitaño-, que las leyes por sí mismas no bastan, en absoluto, para hacer mejor a la gente. El ser humano tiene que cultivar ciertas actitudes y practicar ciertos métodos para alcanzar la verdad de orden superior y la clara comprensión. Esa verdad de orden superior tiene, desde luego, muy poco que ver con la verdad ordinaria.
El rey se quedó dubitativo. Luego reaccionó para replicar:
--De lo que no hay duda, ermitaño, es de que yo, al menos, puedo lograr que la gente diga la verdad; al menos puedo conseguir que sean veraces.
El eremita sonrió levemente, pero nada dijo. Guardó un noble silencio.
El rey decidió establecer un patíbulo en el puente que servía de acceso a la ciudad. Un escuadrón a las órdenes de un capitán revisaba a todo aquel que entraba a la ciudad. Se hizo público lo siguiente: "Toda persona que quiera entrar en la ciudad será previamente interrogada. Si dice la verdad, podrá entrar. Si miente, será conducida al patíbulo y ahorcada".
Amanecía. El ermitaño, tras meditar toda la noche, se puso en marcha hacia la ciudad. Su amado bosque quedaba a sus espaldas. Caminaba con lentitud. Avanzó hacia el puente. El capitán se interpuso en su camino y le preguntó:
--¿Adónde vas?
--Voy camino de la horca para que podáis ahorcarme -repuso sereno el eremita.
El capitán aseveró:
--No lo creo.
--Pues bien, capitán, si he mentido, ahórcame.
--Pero si te ahorcamos por haber mentido -repuso el capitán-, habremos convertido en cierto lo que has dicho y, en ese caso, no te habremos ahorcado por mentir, sino por decir la verdad.
--Así es -afirmó el ermitaño-.
Ahora usted sabe lo que es la verdad... ¡Su verdad!
*El Maestro dice: El aferramiento a los puntos de vista es una traba mental y un fuerte obstáculo en el viaje interior.

EL HOMBRE ECUÁNIME

Era un hombre querido por todos.
Vivía en un pueblo en el interior de la India, había enviudado y tenía un hijo. Poseía un caballo, y un día, al despertarse por la mañana y acudir al establo para dar de comer al animal, comprobó que se había escapado. La noticia corrió por el pueblo y vinieron a verlo los vecinos para decirle:
--¡Qué mala suerte has tenido!
Para un caballo que poseías y se ha marchado.
--Sí, sí, así es; se ha marchado -dijo el hombre.
Transcurrieron unos días, y una soleada mañana, cuando el hombre salía de su casa, se encontró con que en la puerta no sólo estaba su caballo, sino que había traído otro con él. Vinieron a verlo los vecinos y le dijeron:
--¡Qué buena suerte la tuya! No sólo has recuperado tu caballo, sino que ahora tienes dos.
--Sí, sí, así es -dijo el hombre.
Al disponer de dos caballos, ahora podía salir a montar con su hijo. A menudo padre e hijo galopaban uno junto al otro. Pero he aquí que un día el hijo se cayó del caballo y se fracturó una pierna. Cuando los vecinos vinieron a ver al hombre, comentaron:
--¡Qué mala suerte, verdadera mala suerte! Si no hubiera venido ese segundo caballo, tu hijo estaría bien.
--Sí, sí, así es -dijo el hombre tranquilamente.
Pasaron un par de semanas. Estalló la guerra. Todos los jóvenes del pueblo fueron movilizados, menos el muchacho que tenía la pierna fracturada. Los vecinos vinieron a visitar al hombre, y exclamaron:
--¡Qué buena suerte la tuya! Tu hijo se ha librado de la guerra.
--Sí, sí, así es -repuso serenamente el hombre ecuánime.
*El Maestro dice: Para el que sabe ver el curso de la existencia fenoménica, no hay mayor bien que la firmeza de la mente y de ánimo.

LA MADERA DE SÁNDALO

Era un hombre que había oído hablar mucho de la preciosa y aromática madera de sándalo, pero que nunca había tenido ocasión de verla. Había surgido en él un fuerte deseo por conocer la apreciada madera de sándalo. Para satisfacer su propósito, decidió escribir a todos sus amigos y solicitarles un trozo de madera de esta clase. Pensó que alguno tendría la bondad de enviársela. Así, comenzó a escribir cartas y cartas, durante varios días, siempre con el mismo ruego: "Por favor, enviadme madera de sándalo". Pero un día, de súbito, mientras estaba ante el papel, pensativo, mordisqueó el lápiz con el que tantas cartas escribiera, y de repente olió la madera del lápiz y descubrió que era de sándalo.
El Maestro dice: Si la percepción está embotada, se estrella en las apariencias de las cosas.

SI DAÑAS, ME DAÑAS

Parvati es una de las diosas más amorosa, benevolente y misericordiosa del panteón hindú. Es la consorte de Shiva y se manifiesta como extraordinariamente compasiva. Cierto día, uno de sus hijos, Kartikeya, hirió a una gata con sus uñas. De regreso a casa, corrió hasta su madre para darle un beso. Pero al aproximarse al bello rostro de la diosa, se dio cuenta de que ésta tenía un arañazo en la mejilla.
--Madre -dijo Kartikeya-, hay una herida en tu mejilla. ¿Qué te ha sucedido?
Con sus ojos de noche inmensa y profunda, la amorosa diosa miró a su querido hijo. Era su voz melancólica y dulce cuando explicó:
--Se trata de un arañazo hecho con tus uñas.
--Pero, madre -se apresuró a decir el joven-, yo jamás osaría dañarte en lo más mínimo. No hay ser al que yo ame tanto como a ti, querida madre.
Una refrescante sonrisa de aurora se dibujó en los labios de la diosa.
--Hijo mío -dijo-, ¿acaso has olvidado que esta mañana arañaste a una gata?
--Así fue, madre -repuso Kartikeya.
--Pues, hijo mío, ¿es que no sabes ya que nada existe en este mundo excepto yo? ¿No soy yo misma la creación entera? Al arañar a esa gata, me estabas arañando a mí misma.
*El Maestro dice: Al herir, te hieres. A quienquiera que dañes, te dañas a ti mismo.

EL PEZ Y LA TORTUGA

Amanecía. Los primeros rayos del sol se reflejaban en las aguas azules del mar de Arabia. Una tortuga salía de su sueño profundo y se desperezaba en la playa. Abrió los ojillos y, de repente, vio un pez que sacaba la cabeza del agua. Cuando el pez se percató de la presencia de la tortuga, le preguntó:
--Amiga tortuga, presiento que hay sabiduría en tu corazón y quiero hacerte una pregunta: ¿qué es el agua?
La tortuga no repuso al instante.
No podía creer lo que le estaba preguntando aquel pez que estaba cerca de ella. Cuando se dio cuenta de que no estaba durmiendo y el suceso no era parte de un sueño, repuso:
--Amigo pez, has nacido en el agua, en el agua estás viviendo y en el agua hallarás la muerte. Alrededor de tu cuerpo hay agua y agua hay dentro de tu cuerpo. Te alimentas de lo que en el agua encuentras y en el agua te reproduces. ¡Y tú, pez necio, me preguntas qué es el agua!
*El Maestro dice: Ignorante como ese pez, naces, vives y mueres en el Ser y gracias al Ser y, empero, como ese pez que desconoce el agua en la que mora, tú ignoras la Realidad en la que habitas.

UNA CAÑA DE BAMBÚ PARA EL MÁS TONTO

Existía un próspero reino en el norte de la India. Su monarca había alcanzado ya una edad avanzada. Un día hizo llamar a un yogui que vivía dedicado a la meditación profunda en el bosque y dijo:
--Hombre piadoso, tu rey quiere que tomes esta caña de bambú y que recorras todo el reino con ella. Te diré lo que debes hacer. Viajarás sin descanso de ciudad en ciudad, de pueblo en pueblo y de aldea en aldea. Cuando encuentres a una persona que consideres la más tonta, deberás entregarle esta caña.
--Aunque no reconozca otro rey que mi verdadero yo interior, señor, habré de hacer lo que me dices por complacerte. Me pondré en camino enseguida. El yogui cogió la caña que le había dado el monarca y partió raudo. Viajó sin descanso, llegando sus pies a todos los caminos de la India. Recorrió muchos lugares y conoció muchas personas, pero no halló ningún ser humano al que considerase el más tonto. Transcurrieron algunos meses y volvió hasta el palacio del rey. Tuvo noticias de que el monarca había enfermado de gravedad y corrió hasta sus aposentos. Los médicos le explicaron al yogui que el rey estaba en la antesala de la muerte y se esperaba un fatal desenlace en minutos. El yogui se aproximó al lecho del moribundo.
Con voz quebrada pero audible, el monarca se lamentaba:
--¡Qué desafortunado soy, qué desafortunado! Toda mi vida acumulando enormes riquezas y, ¿qué haré ahora para llevarlas conmigo? ¡No quiero dejarlas, no quiero dejarlas!
El yogui entregó la caña de bambú al rey.
*El Maestro dice: Puedes ser un monarca, pero de nada sirve si tu actitud es la de un mendigo. Sólo aquello que acumulas dentro de ti mismo te pertenece. No hay otro tesoro que el amor.

LA PALOMA Y LA ROSA

La incipiente claridad del día comenzaba a disipar las tinieblas de una noche tibia y hermosa. Una paloma, revoloteando y revoloteando, penetró en un pequeño y recoleto templo de la India. Todas las paredes estaban adornadas de espejos y en ellos se reflejaba la imagen de una rosa que había situada, como ofrenda, en el centro del altar. La paloma, tomando las imágenes por la rosa misma, se abalanzó contra ellas, chocando violentamente una y otra vez contra las acristaladas paredes del templo, hasta que, al final, su frágil cuerpo reventó y halló la muerte. Entonces, el cuerpo de la paloma, todavía caliente, cayó justo sobre la rosa.
*El Maestro dice: No apuntes a las apariencias; sino a la Realidad.
No te extravíes en la diversidad, sino que debes establecerte en la Unidad.

LOS BRAZALETES DE ORO

Había una mujer que, a fuerza de una actitud recta y perseverante, había obtenido grandes logros espirituales. Aunque desposada, siempre hallaba tiempo para conectar con su Realidad primordial. Desde niña, había lucido en las muñecas brazaletes de cristal. La vida se iba consumiendo inexorablemente, como el rocío se derrite cuando brotan los primeros rayos del sol. Ya no era joven, y las arrugas dejaban sus huellas indelebles en su rostro. ¿Acaso en todo encuentro no está ya presente la separación? Un día, su amado esposo fue tocado por la dama de la muerte y su cuerpo quedó tan frío como los cantos rodados del riachuelo en el que hacía sus abluciones. Cuando el cadáver fue incinerado, la mujer se despojó de los brazaletes de cristal y se colocó unos de oro. La gente del pueblo no pudo por menos que sorprenderse. ¿A qué venía ahora ese cambio? ¿Por qué en tan dolorosos momentos abandonaba los brazaletes de cristal y tomaba los de oro? Algunas personas fueron hasta su casa y le preguntaron la razón de ese proceder. La mujer hizo pasar a los visitantes. Parsimoniosamente, con la paz propia de aquel que comprende y acepta el devenir de los acontecimientos, preparó un sabroso té especiado.
Mientras los invitados saboreaban el líquido humeante, la mujer dijo:
--¿Por qué os sorprendéis? Antes, mi marido era tan frágil como los brazaletes de cristal, pero ahora él es fuerte y permanente como estos brazaletes de oro.
*El Maestro dice: ¿A quién no alcanza la muerte del cuerpo? Pero aquello que realmente anima el cuerpo es vigoroso y perdurable.

UN YOGUI AL BORDE DEL CAMINO

Era un yogui errante que había obtenido un gran progreso interior.
Se sentó a la orilla de un camino y, de manera natural, entró en éxtasis.
Estaba en tan elevado estado de consciencia que se encontraba ausente de todo lo circundante. Poco después pasó por el lugar un ladrón y, al verlo, se dijo: "Este hombre, no me cabe duda, debe ser un ladrón que, tras haber pasado toda la noche robando, ahora se ha quedado dormido. Voy a irme a toda velocidad no vaya a ser que venga un policía a prenderle a él y también me coja a mí". Y huyó corriendo. No mucho después, fue un borracho el que pasó por el lugar.
Iba dando tumbos y apenas podía tenerse en pie. Miró al hombre sentado al borde del camino y pensó: "Éste está realmente como una cuba. Ha bebido tanto que no puede ni moverse".
Y, tambaleándose, se alejó. Por último, pasó un genuino buscador espiritual y, al contemplar al yogui, se sentó a su lado, se inclinó y besó sus pies.
*El Maestro dice: Así como cada uno proyecta lo que lleva dentro, así el sabio reconoce al sabio.

EL CONDUCTOR BORRACHO

Por un sinuoso camino y a gran velocidad, un hombre borracho conducía su carro. De repente, perdió el control del carro, se salió del trayecto y se precipitó contra una charca pestilente. Varias personas, al ver el accidente, corrieron al lugar y ayudaron a incorporarse al conductor.
No podía ocultar su borrachera y, entonces, uno de sus auxiliadores le dijo:
--Pero, ¿es que no ha leído usted el célebre tratado de Naraín Gupta extendiéndose sobre los efectos perjudiciales del alcohol?
Y el ebrio conductor, sin dejar de hipar, tartamudeó:
--Yo soy Naraín Gupta.
*El Maestro dice: Así procede el falso gurú.

CADA HOMBRE UNA DOCTRINA

Era un discípulo honesto y de buen corazón, pero todavía su mente era un juego de luces y sombras y no había recobrado la comprensión amplia y conciliadora de una mente sin trabas.
Como su motivación era sincera, estudiaba sin cesar y comparaba credos, filosofías y doctrinas. Realmente llegó a estar muy desconcertado al comprobar la proliferación de tantas enseñanzas y vías espirituales. Así, cuando tuvo ocasión de entrevistarse con su instructor espiritual, dijo:
--Estoy confundido. ¿Acaso no existen demasiadas religiones, demasiadas sendas místicas, demasiadas doctrinas si la verdad es una?
Y el maestro repuso con firmeza:
--¡Qué dices, insensato! Cada hombre es una enseñanza, una doctrina.
*El Maestro dice: Aunque haya muchas vías, en última instancia sigue tu propia senda interior.

EL MARIDO DESCONFIADO

Al llegar a una edad avanzada, y tras una vida hogareña de alegrías y sufrimientos cotidianos, unos esposos decidieron renunciar a la vida mundana y dedicar el resto de sus existencias a la meditación y a peregrinar a los más sacrosantos santuarios. En una ocasión, de camino a un templo himalayo, el marido vio en el sendero un fabuloso diamante. Con gran rapidez, colocó uno de sus pies sobre la joya para ocultarla, pensando que, si su mujer la veía, tal vez surgiera en ella un sentimiento de codicia que pudiese contaminar su mente y retrasar su evolución mística. Pero la mujer descubrió la estratagema de su marido y con voz ecuánime y apacible comentó:
--Querido, me gustaría saber por qué has renunciado al mundo si todavía haces distinción entre el diamante y el polvo.
*El Maestro dice: Para aquel que se ha establecido en la Realidad, ganancia y pérdida, victoria y derrota, son impostores, porque el que ve con sabiduría no hace distinción entre uno y otro.

LOS MONOS

Era un aspirante espiritual con mucha motivación, pero tenía una mente muy dispersa. Tuvo noticias de un sobresaliente mentor y no dudó en desplazarse hasta donde vivía y decirle:
--Respetado maestro, perdona que te moleste, pero mi gratitud sería enorme si pudieras proporcionarme un tema de meditación, puesto que tengo decidido retirarme al bosque durante unas semanas para meditar sin descanso.
--Me complace tu decisión. Ve al bosque y estáte contigo mismo. Puedes meditar en todo aquello que quieras, excepto en monos. Trae lo que quieras a tu mente, pero no pienses en monos.
El discípulo se sintió muy contento, diciendo: "!Qué fácil es el tema que me ha proporcionado el maestro!; sí, realmente sencillo". Se retiró a un frondoso bosque y dispuso una cabaña para la meditación. Transcurrieron las semanas y el aspirante puso término al retiro. Regresó junto al mentor, y éste, nada más verlo, preguntó:
--¿Qué tal te ha ido?
Apesadumbrado, el aspirante repuso:
--Ha sido agotador. Traté incansablemente de pensar en algo que no fuesen monos, pero los monos iban y venían por mi mente sin poderlo evitar. En realidad, llegó un momento en que sólo pensaba en monos.
*El Maestro dice: La mente es amiga y enemiga; es una mala dueña, pero una buena aliada. Por eso es necesario aprender a contener el pensamiento y poner la mente bajo el yugo de la voluntad.

UN ERMITAÑO EN LA CORTE

En la corte real tuvo lugar un fastuoso banquete. Todo se había dispuesto de tal manera que cada persona se sentaba a la mesa de acuerdo con su rango. Todavía no había llegado el monarca al banquete, cuando apareció un ermitaño muy pobremente vestido y al que todos tomaron por un pordiosero. Sin vacilar un instante, el ermitaño se sentó en el lugar de mayor importancia. Este insólito comportamiento indignó al primer ministro, quien, ásperamente, le preguntó:
--¿Acaso eres un visir?
--Mi rango es superior al de visir -repuso el ermitaño.
--¿Acaso eres un primer ministro?
--Mi rango es superior al de primer ministro.
Enfurecido, el primer ministro inquirió:
--¿Acaso eres el mismo rey?
--Mi rango es superior al del rey.
--¿Acaso eres Dios? -preguntó mordazmente el primer ministro.
--Mi rango es superior al de Dios. Fuera de sí, el primer ministro vociferó:
--¡Nada es superior a Dios!
Y el ermitaño dijo con mucha calma:
--Ahora sabes mi identidad. Esa nada soy yo.
*El Maestro dice: Más allá de todas las categorías y dualidades, del ego y los conceptos, está aquel que ha liberado su mente.

NASRUDÍN VISITA LA INDIA

El célebre y contradictorio personaje sufí Mulla Nasrudín visitó la India. Llegó a Calcuta y comenzó a pasear por una de sus abigarradas calles. De repente vio a un hombre que estaba en cuclillas vendiendo lo que Nasrudín creyó que eran dulces, aunque en realidad se trataba de chiles picantes. Nasrudín era muy goloso y compró una gran cantidad de los supuestos dulces, dispuesto a darse un gran atracón. Estaba muy contento, se sentó en un parque y comenzó a comer chiles a dos carrillos. Nada más morder el primero de los chiles sintió fuego en el paladar. Eran tan picantes aquellos "dulces" que se le puso roja la punta de la nariz y comenzó a soltar lágrimas hasta los pies. No obstante, Nasrudín continuaba llevándose sin parar los chiles a la boca.
Estornudaba, lloraba, hacía muecas de malestar, pero seguía devorando los chiles. Asombrado, un paseante se aproximó a él y le dijo:
--Amigo, ¿no sabe que los chiles sólo se comen en pequeñas cantidades?
Casi sin poder hablar, Nasrudín comento:
--Buen hombre, créeme, yo pensaba que estaba comprando dulces.
Pero Nasrudín seguía comiendo chiles. El paseante dijo:
--Bueno, está bien, pero ahora ya sabes que no son dulces. ¿Por qué sigues comiéndolos?
Entre toses y sollozos, Nasrudín dijo:
--Ya que he invertido en ellos mi dinero, no los voy a tirar.
*El Maestro dice: No seas como Nasrudín. Toma lo mejor para tu evolución interior y arroja lo innecesario o pernicioso, aunque hayas invertido años en ello.
IGNORANCIA
Se trataba de dos amigos no demasiado inteligentes. Habían decidido hacer una marcha y dormir en un establo. Caminaron durante toda la jornada. Al anochecer se alojaron, como tenían previsto, en un establo del que previamente tenían noticias. Estaban muy cansados y durmieron profundamente; pero, de madrugada, una pesadilla despertó a uno de los amigos. Zarandeó a su compañero, despertándolo, y le dijo:
--Sal fuera y dime si ha amanecido. Comprueba si ha salido el sol.

El hombre salió y vio que todo estaba muy oscuro. Volvió al establo y explicó:
--Oye, está todo tan oscuro que no puedo ver si el sol ha salido.
—¡No seas idiota! -exclamó el compañero-. ¿Acaso no puedes encender la linterna para ver si ha salido?
*El Maestro dice: Así procede muchas veces el ser humano en la búsqueda espiritual, sin utilizar el discernimiento correcto.

EL ANCIANO Y EL NIÑO

Eran un anciano y un niño que viajaban con un burro de pueblo en pueblo.
Llegaron a una aldea caminando junto al asno y, al pasar por ella, un grupo de mozalbetes se rió de ellos, gritando:
--¡Mirad que par de tontos! Tienen un burro y, en lugar de montarlo, van los dos andando a su lado. Por lo menos, el viejo podría subirse al burro.
Entonces el anciano se subió al burro y prosiguieron la marcha. Llegaron a otro pueblo y, al pasar por el mismo, algunas personas se llenaron de indignación cuando vieron al viejo sobre el burro y al niño caminando al lado. Dijeron:
--¡Parece mentira! ¡Qué desfachatez! El viejo sentado en el burro y pobre niño caminando.
Al salir del pueblo, el anciano y el niño intercambiaron sus puestos.
Siguieron haciendo camino hasta llegar a otra aldea. Cuando las gentes los vieron, exclamaron escandalizados:
--¡Esto es verdaderamente intolerable! ¿Habéis visto algo semejante?
El muchacho montado en el burro y el pobre anciano caminando a su lado.
—¡Qué vergüenza!
Puestas así las cosas, el viejo y el niño compartieron el burro. El fiel jumento llevaba ahora el cuerpo de ambos sobre sus lomos. Cruzaron junto a un grupo de campesinos y éstos comenzaron a vociferar:
--¡Sinvergüenzas! ¿Es que no tenéis corazón? ¡Vais a reventar al pobre animal!
El anciano y el niño optaron por cargar al burro sobre sus hombros. De este modo llegaron al siguiente pueblo. La gente se apiñó alrededor de ellos. Entre las carcajadas, los pueblerinos se mofaban gritando:
--Nunca hemos visto gente tan boba. Tienen un burro y, en lugar de montarse sobre él, lo llevan a cuestas.
!Esto sí que es bueno! ¡Qué par de tontos!
De repente, el burro se revolvió, se precipitó en un barranco y murió.
*El Maestro dice: Si escucháis las opiniones de los demás, acabaréis muertos como este burro. Cerrad los oídos a la opinión ajena. Que aquello que los demás censuran te sea indiferente. Escucha únicamente la voz de tu corazón y no te pierdas en opiniones ajenas.

EL LIBERADO-VIVIENTE Y EL BUSCADOR

Un buscador espiritual viajó a la India en su afán por encontrar y entrevistar a un verdadero iluminado, a un jivanmukta o liberado-viviente.
Viajó durante meses por el país. Se trasladó de los Himalayas al cabo de la Virgen, del estado de Maharahstra al de Bengala. Recorrió montañas, dunas, desiertos, ciudades y pueblos.
Recabó mucha información y, por fin, halló, según todos los testimonios, un verdadero hombre realizado. Por fin, podría llevar a cabo su ansiado encuentro.
El graznido de los cuervos quebraba el silencio de una tarde apacible y dorada. El hombre realizado se hallaba bajo un frondoso rododendro, en actitud meditativa. El visitante lo saludó cortésmente, se sentó a su lado y preguntó:
--Antes de que usted hallase la realización, ¿se deprimía?
--Sí, claro, a veces -repuso tranquilamente el jivanmukta.
El buscador hizo una segunda pregunta:
--Dígame, y ahora, después de su iluminación, ¿se deprime a veces?
Una leve y hermosa sonrisa se dibujó en los labios del jivanmukta. Penetró con sus límpidos ojos los de su interlocutor y contestó:
--Sí, claro, a veces, pero ya ni me importa ni me incumbe.
*El Maestro dice: Cuando cesa la identificación con tus procesos psicomentales, ya nada puede encadenarte ni implicarte. Eres como un bambú vacío por el que libremente circula la energía universal.

EL FALSO MAESTRO

Era un renombrado maestro; uno de esos maestros que corren tras la fama y gustan de acumular más y más discípulos. En una descomunal carpa, reunió a varios cientos de discípulos y seguidores. Se irguió sobre sí mismo, impostó la voz y dijo:
--Amados míos, escuchad la voz del que sabe.
Se hizo un gran silencio. Hubiera podido escucharse el vuelo precipitado de un mosquito.
--Nunca debéis relacionaros con la mujer de otro; nunca. Tampoco debéis jamás beber alcohol, ni alimentaros con carne.
Uno de los asistentes se atrevió a preguntar:
--El otro día, ¿no eras tú el que estabas abrazado a la esposa de Jai?
--Sí, yo era -repuso el maestro.
Entonces, otro oyente preguntó:
--¿No te vi a ti el otro anochecer bebiendo en la taberna?
--Ése era yo -contestó el maestro.
Un tercer hombre interrogó al maestro:
--¿No eras tú el que el otro día comías carne en el mercado?
--Efectivamente -afirmó el maestro. En ese momento todos los asistentes se sintieron indignados y comenzaron a protestar.
--Entonces, ¿por qué nos pides a nosotros que no hagamos lo que tú haces?
Y el falso maestro repuso:
--Porque yo enseño, pero no practico.
*El Maestro dice: Si no encuentras un verdadero maestro al que seguir, conviértete tú mismo en maestro. En última instancia, tú eres tu discípulo y tu maestro.

SI HUBIERA TENIDO UN POCO MÁS DE TIEMPO

Con algunos ahorros, un hombre de un pueblo de la India compró un burro joven. La persona que se lo vendió le previno de la cantidad de comida que tenía que procurarle todos los días.
Pero el nuevo propietario pensó que tal cantidad era excesiva y comenzó a restar comida día a día al pollino.
Hasta tal punto disminuyó la ración de alimento al asno que, un día, el pobre animal amaneció muerto. Entonces el hombre comenzó a gimotear y a lamentarse así:
--¡Qué desgracia! ¡Vaya fatalidad! Si me hubiera dado un poco más de tiempo antes de morirse, yo hubiera logrado que se acostumbrase a no comer nada en absoluto.
*El Maestro dice: Como este hombre son algunos negligentes y "avaros" buscadores espirituales: quieren conquistar la Sabiduría sin ningún ejercitamiento espiritual.

EL LORO QUE PIDE LIBERTAD

Ésta es la historia de un loro muy contradictorio. Desde hacía un buen número de años vivía enjaulado, y su propietario era un anciano al que el animal hacía compañía. Cierto día, el anciano invitó a un amigo a su casa a deleitar un sabroso té de Cachemira.
Los dos hombres pasaron al salón donde, cerca de la ventana y en su jaula, estaba el loro. Se encontraban los dos hombres tomando el té, cuando el loro comenzó a gritar insistente y vehementemente:
--¡Libertad, libertad, libertad!
No cesaba de pedir libertad. Durante todo el tiempo en que estuvo el invitado en la casa, el animal no dejó de reclamar libertad. Hasta tal punto era desgarradora su solicitud, que el invitado se sintió muy apenado y ni siquiera pudo terminar de saborear su taza. Estaba saliendo por la puerta y el loro seguía gritando: "!Libertad, libertad!".
Pasaron dos días. El invitado no podía dejar de pensar con compasión en el loro. Tanto le atribulaba el estado del animalillo que decidió que era necesario ponerlo en libertad. Tramó un plan. Sabía cuándo dejaba el anciano su casa para ir a efectuar la compra. Iba a aprovechar esa ausencia y a liberar al pobre loro. Un día después, el invitado se apostó cerca de la casa del anciano y, en cuanto lo vio salir, corrió hacia su casa, abrió la puerta con una ganzúa y entró en el salón, donde el loro continuaba gritando: "!Libertad, libertad!" Al invitado se le partía el corazón.
?Quién no hubiera sentido piedad por el animalito? Presto, se acercó a la jaula y abrió la puertecilla de la misma. Entonces el loro, aterrado, se lanzó al lado opuesto de la jaula y se aferró con su pico y uñas a los barrotes de la jaula, negándose a abandonarla. El loro seguía gritando: "!Libertad, libertad!"
*El Maestro dice: Como este loro, son muchos los seres humanos que dicen querer madurar y hallar la libertad interior, pero que se han acostumbrado a su jaula interna y no quieren abandonarla.
DOCE AÑOS DESPUÉS
Era un joven que había decidido seguir la vía de la evolución interior. Acudió a un maestro y le preguntó:
--Guruji, ¿qué instrucción debo seguir para hallar la verdad, para alcanzar la más alta sabiduría?
El maestro le dijo:
--He aquí, jovencito, todo lo que yo puedo decirte: todo es el Ser, la Conciencia Pura. De la misma manera que el agua se convierte en hielo, el Ser adopta todas las formas del universo. No hay nada excepto el Ser.
Tú eres el Ser. Reconoce que eres el Ser y habrás alcanzado la verdad, la más alta sabiduría.
El aspirante no se sintió satisfecho. Dijo:
--¿Eso es todo? ¿No puedes decirme algo más?
--Tal es toda mi enseñanza -aseveró el maestro-. No puedo brindarte otra instrucción.
El joven se sentía muy decepcionado, pues esperaba que el maestro le hubiese facilitado una instrucción secreta y algunas técnicas muy especiales, incluso un misterioso mantra.
Pero como realmente era un buscador genuino, aunque todavía muy ignorante, se dirigió a otro maestro y le pidió instrucción mística. Este segundo maestro dijo:
--No dudaré en proporcionártela, pero antes debes servirme durante doce años. Tendrás que trabajar muy duramente en mi ashram 2comunidad espiritual. Por cierto, hay un trabajo ahora disponible. Se trata de recoger estiércol de búfalo.
Durante doce años, el joven trabajó en tan ingrata tarea. Por fin llegó el día en que se había cumplido el tiempo establecido por el maestro.
Habían pasado doce años; doce años recogiendo estiércol de búfalo. Se dirigió al maestro y le dijo:
--Maestro, ya no soy tan joven como era. El tiempo ha transcurrido. Han pasado una docena de años. Por favor, entrégame ahora la instrucción.
El maestro sonrió. Parsimoniosa y amorosamente, colocó una de sus manos sobre el hombro del paciente discípulo, que despedía un rancio olor a estiércol. Declaró:
--Toma buena nota. Mi enseñanza es que todo es el Ser. Es el Ser el que se manifiesta en todas las formas del universo. Tú eres el Ser.
Espiritualmente maduro, al punto el discípulo comprendió la enseñanza y obtuvo iluminación. Pero cuando pasaron unos momentos y reaccionó, dijo:
--Me desconcierta, maestro, que tú me hayas dado la misma enseñanza que otro maestro que conocí hace doce años. ¿Por qué habrá sido?
--Simplemente, porque la verdad no cambia en doce años, tu actitud ante ella, sí.
*El Maestro dice: Cuando estás espiritualmente preparado, hasta contemplar una hoja que se desprende del árbol puede abrirte a la verdad.

EL CONTRABANDISTA

Todos sabían que era indiscutiblemente un contrabandista. Era incluso célebre por ello. Pero nadie había logrado jamás descubrirlo y mucho menos demostrarlo. Con frecuencia, cruzaba de la India a Pakistán a lomos de su burro, y los guardias, aun sospechando que contrabandeaba, no lograban obtener ninguna prueba de ello.
Transcurrieron los años y el contrabandista, ya entrado en edad, se retiró a vivir apaciblemente a un pueblo de la India. Un día, uno de los guardias que acertó a pasar por allí se lo encontró y le dijo:
--Yo he dejado de ser guardia y tú de ser contrabandista. Quiero pedirte un favor. Dime ahora, amigo, qué contrabandeabas.
Y el hombre repuso:
--Burros.
*El Maestro dice: Así el ser humano, en tanto no ha purificado su discernimiento, no logra ver la realidad.

UN SANTUARIO MUY ESPECIAL

En la India es bien conocida esta historia protagonizada por Nasrudín y que a continuación relatamos.
El padre de Nasrudín era el cuidador de un santuario muy célebre y visitado por una extraordinaria cantidad de fieles. Acudían a él toda suerte de devotos para rendir culto. Se había hecho muy famoso. A lo largo de los años, tanto había escuchado Nasrudín hablar sobre las verdades espirituales, que él mismo se propuso viajar y adquirir así un conocimiento directo sobre las mismas. Se despidió de su padre, quien, como regalo de despedida, le obsequió con un burro.
Satisfecho, Nasrudín emprendió su viaje en busca de realidades supremas. Nasrudín viajó incansablemente, siempre contando con la fidelidad de su pollino. Pero cierto día, el burro, que ya no era joven, se desplomó y murió. Su cansado corazón le había fallado. Nasrudín se sentó al lado de su amado burro muerto y comenzó a gemir dolorosamente. Los transeúntes se apiadaban de él y le hacían compañía por un rato. Algunos empezaron a poner ramas y hojas sobre el cadáver del burro, que, poco a poco, fue de esta manera ocultado. Otros echaron piedras y barro sobre las ramas y, así, después de un tiempo, se había formado un santuario sobre el burro muerto. Nasrudín seguía entristecido, y día tras día continuaba haciendo compañía al burro. Los peregrinos que acertaban a pasar por aquel lugar, al ver a un hombre sentado junto a un santuario, pensaron que debía tratarse del santuario de un gran maestro espiritual, por lo que también muchos de ellos pasaban una temporada junto al santuario. Ofrendaban frutas y dejaban buenas sumas de dinero. La noticia se iba propagando y empezaron a peregrinar al santuario fieles de las aldeas y pueblos de alrededor. Ya se aseguraba que era el santuario de un gran iluminado. Tanto dinero aportaron los fieles que, finalmente,
Nasrudín hizo construir una enorme mezquita junto al santuario, visitada por millares de devotos de todas las latitudes. Acudían peregrinos, fieles e incluso maestros espirituales. Nasrudín se hizo rico y célebre. Tanto creció la fama de su santuario que las noticias llegaron a oídos de su padre. Éste tomó la decisión de visitar a su hijo. Se encontraron después de años, y ambos sintieron una profunda alegría.
--Hijo mío -dijo el padre de Nasrudín-, no sabes hasta qué punto eres famoso. Tu santuario ha cobrado tanta celebridad que se oye hablar de él hasta en los confines del país. Pero, hijo, dime algo que quiero saber desde hace tiempo: ¿Qué gran iluminado yace en este santuario para que atraiga tantos devotos?
--¡Oh, padre! -exclamó Nasrudín-.Lo que voy a contarte es increíble. No puedes ni siquiera imaginártelo, padre mío. ¿Recuerdas el burro que me regalaste? Pues aquí está enterrado aquel pobre animal.
Entonces el padre de Nasrudín comentó:
--Hijo mío, ¡qué raros son los designios del destino! ¿Sabes una cosa? Ése fue también mi caso. El santuario que yo custodio es también el de un burro que a mí se me murió.
*El Maestro dice: Si eres víctima de la superstición y sigues el culto a ciegas, eres más ignorante que el burro del santuario.

MEDICINA PARA CURAR EL ÉXTASIS

La encarnación divina de Gauranga había entrado en un éxtasis muy profundo. Ausente de todo, perdió el equilibrio y cayó al mar. Unos pescadores lo sacaron con sus redes y, al involucrarse con la encarnación divina, también ellos entraron en éxtasis. Sintiéndose muy felices, ebrios de gozo espiritual, dejaron su trabajo y comenzaron a ir de un lado para otro sin dejar de recitar el nombre de Dios. Los parientes, cuando comprobaron que pasaban las horas y no salían de su trance místico, empezaron a preocuparse. Trataron entonces de sacarles del éxtasis, pero fracasaron en sus intentos. El tiempo transcurría y todos ellos seguían conectados con la Conciencia Cósmica, ausentes de la realidad cotidiana. Impotentes y alarmados, los parientes pidieron consejo al mismo Gauranga, quien les aconsejó:
--Id a casa de un sacerdote, coged un poco de arroz, ponedlo en la boca de los pescadores y os aseguro que se curarán de su éxtasis.
Los parientes cogieron el arroz de casa de un sacerdote y lo pusieron en la boca de los pescadores. En el acto, el arroz del sacerdote se encargó de sacarlos del éxtasis y volvieron todos a su estado ordinario de consciencia.
*El Maestro dice: Muchos sacerdotes sólo son profesionales de la religión, sin corazón puro ni conducta impecable.

EL GURÚ FALAZ

Las lluvias monzónicas habían llegado a la India. Era un día oscuro y llovía torrencialmente. Un discípulo corría para protegerse de la lluvia cuando lo vio su maestro y le increpó:
--Pero, ¿cómo te atreves a huir de la generosidad del Divino?, ¿por qué osas refugiarte del líquido celestial? Eres un aspirante espiritual y como tal deberías tener muy en cuenta que la lluvia es un precioso obsequio para toda la humanidad.
El discípulo no pudo por menos que sentirse profundamente avergonzado.
Comenzó a caminar muy lentamente, calándose hasta los huesos, hasta que al final llegó a su casa. Por culpa de la lluvia cogió un persistente resfriado.
Transcurrieron los días. Una mañana estaba el discípulo sentado en el porche de su casa leyendo las escrituras. Levantó un momento los ojos y vio a su gurú corriendo tanto como sus piernas se lo permitían, a fin de llegar a algún lugar que lo protegiera de la lluvia.
--Maestro -le dijo-, ¿por qué huyes de las bendiciones divinas? ¿No eres tú ahora el que desprecias el obsequio divino? ¿Acaso no estás huyendo del agua celestial?
Y el gurú repuso:
--¡Oh, ignorante e insensato! ¿No tienes ojos para ver que lo que no quiero es profanarla con los pies?
*El Maestro dice: Los que no ejemplifican sus palabras con sus actos siempre encuentran una manera de justificarse.

LA IMPERTURBABILIDAD DEL BUDA

Durante muchos años el Buda se dedicó a recorrer ciudades, pueblos y aldeas impartiendo la Enseñanza, siempre con infinita compasión. Pero en todas partes hay gente aviesa y desaprensiva. Así, a veces surgían personas que se encaraban al maestro y le insultaban acremente. El Buda jamás perdía la sonrisa y mantenía una calma imperturbable. Hasta tal punto conservaba la quietud y la expresión del rostro apacible, que un día los discípulos, extrañados, le preguntaron:
--Señor, ¿cómo puedes mantenerte tan sereno ante los insultos?
Y el Buda repuso:
--Ellos me insultan, ciertamente, pero yo no recojo el insulto.
*El Maestro dice: Insultos o halagos, que te dejen tan imperturbable como la brisa de aire al abeto.

LAS DOS RANAS

He aquí una rana que había vivido siempre en un mísero y estrecho pozo, donde había nacido y habría de morir.
Pasó cerca de allí otra rana que había vivido siempre en el mar. Tropezó y se cayó en el pozo.
--¿De dónde vienes? -preguntó la rana del pozo.
--Del mar.
--¿Es grande el mar?
--Extraordinariamente grande, inmenso.
La rana del pozo se quedó unos momentos muy pensativa y luego preguntó:
--¿Es el mar tan grande como mi pozo?
--¡Cómo puedes comparar tu pozo con el mar! Te digo que el mar es excepcionalmente grande, descomunal.
Pero la rana del pozo, fuera de sí por la ira, aseveró:
--Mentira, no puede haber nada más grande que mi pozo; ¡nada! ¡Eres una mentirosa y ahora mismo te echaré de aquí!
*El Maestro dice: Así procede el hombre fanático y de miras estrechas.

LOS SUEÑOS DEL REY

Había un monarca en un floreciente y próspero reino del norte de la India. Era rico y poderoso. Su padre le había enseñado a ser magnánimo y generoso, y, antes de fallecer, le había dicho:
--Hijo, cualquiera puede, por destino o por azar, tener mucho, pero lo importante no es tenerlo, sino saberlo dar y compartir. No hay peor cualidad que la avaricia. Sé siempre generoso. Tienes mucho, así que da mucho a los otros.
Durante algunos años, tras la muerte de su padre, el rey se mostró generoso y espléndido. Pero a partir de un día, poco a poco, se fue tornando avaro y no sólo empezó a no compartir nada con los otros, sino que comenzó incluso a negarse hasta las necesidades básicas a sí mismo. Realmente se comportaba como un pordiosero. Su asistente personal, que también lo había sido de su padre, estaba tan preocupado que hizo llamar a un rishi 2* que vivía en una cueva en las altas montañas del Himalaya.
--Es increíble -se lamentó el asistente ante el rishi-. Es uno de los reyes más ricos y se comporta como un pordiosero. Te estaríamos todos muy agradecidos si pudieras descubrir la razón.
El asistente le pidió al rey que recibiera al rishi. El monarca convino:
--De acuerdo, siempre que no vaya a solicitarme nada, ¡porque soy tan pobre!
El rishi y el monarca se encerraron en una de las cámaras del palacio. El rey iba vestido con harapos, sucio y maloliente, en contraste con el palacio esplendoroso en el que habitaba.
Incluso iba descalzo y ni siquiera lucía ningún adorno real.
--Estoy arruinado -se quejó el rey.
--Pero, señor, eres rico y poderoso -replicó el rishi.
--No me vengas con zarandajas -dijo el monarca-. Nada puedes sacarme, porque nada tengo. Incluso cuando estos harapos se terminen de arruinar, ¿con qué cubriré mi cuerpo?
Y el rey se puso a llorar sin poder impedirlo.
Entonces el rishi entornó los ojos, concentró su mente y, como un punto de luz, se coló en el cerebro del monarca. Allí vio el sueño que tenía el rey noche tras noche: soñaba que era un mendigo, el más misérrimo de los mendigos. Y, de ese modo, aunque era un rey rico y poderoso, se comportaba como un pordiosero. Logró en días sucesivos enseñar al rey a que dominara sus pensamientos y cambiara la actitud de su mente. El monarca volvió a ser generoso, pero no consiguió que el rishi aceptara ningún obsequio.
*El Maestro dice: Tal es el poder del pensamiento. Así como piensas, así eres. Conquista el pensamiento, y te habrás conquistado a ti mismo.

LO ESENCIAL Y LO TRIVIAL

Un hombre se perdió en el desierto. Estaba a punto de perecer de sed cuando aparecieron algunas mujeres que venían en una caravana. El hombre, al borde de la muerte, gritó pidiendo auxilio. Cuando las mujeres se aproximaron a él y lo rodearon, pidió urgentemente agua. Las mujeres empezaron a mirarlo con detenimiento y comenzaron a preguntarse cómo querría el hombre que le sirvieran el agua.
?Preferiría en copa de cristal o en una taza?, ¿en un recipiente de oro o de plata?, ¿tal vez en una jarra?
Ellas hablaban y hablaban interesándose por el objeto, pero, entretanto, el hombre iba agonizando por la ausencia de agua.
*El Maestro dice: Hay un área de ignorancia en la mente humana que la inclina a lo irrelevante y trivial, obnubilando la consciencia de lo Real.

EL ASCETA Y LA PROSTITUTA

Era un pueblo en el que vivían, frente a frente, un asceta y una prostituta. El asceta llevaba una vida de penitencia y rigor, apenas comiendo y durmiendo en una mísera choza. La mujer era visitada muy frecuentemente por hombres. Un día el asceta increpó a la prostituta:
--¿Qué forma de vida es la tuya, mujer perversa? Estás corrompida y corrompes a los demás. Insultas a Dios con tu comportamiento.
La mujer se sintió muy triste. En verdad deseaba llevar otra forma de vida, pero era muy difícil dadas sus condiciones. Aunque no podía cambiar su modo de conseguir unas monedas, se apenaba y lamentaba de tener que recurrir a la prostitución, y cada vez que era tomada por un hombre, dirigía su mente hacia el Divino. Por su parte, el asceta comprobó con enorme desagrado que la mujer seguía siendo visitada por toda clase de individuos. Adoptó la medida de coleccionar un guijarro por cada individuo que entrara en la casucha de la prostituta. Al cabo de un tiempo, tenía un buen montón de guijarros. Llamó a la prostituta y la recriminó:
--Mujer, eres terrible. ¿Ves estos guijarros? Cada uno de ellos suma uno de tus abominables pecados.
La mujer sintió gran tribulación.
Deseó profundamente que Dios la apartase de ese modo de vida, y, unas semanas después, la muerte se la llevaba. Ese mismo día, por designios del inexorable destino, también murió el asceta, y he aquí que la mujer fue conducida a las regiones de la luz sublime y el asceta a las de las densas tinieblas. Al observar dónde lo llevaban, el asceta protestó enérgica y furiosamente por la injusticia que Dios cometía con él. Un mensajero del Divino le explicó:
--Te quejas de ser conducido a las regiones inferiores a pesar de haber gastado tu vida en austeridades y penitencias, y de que, en cambio, la mujer haya sido conducida a las regiones de la luz. Pero, ¿es que no comprendes que somos aquello que cosechamos? Echa un vistazo a la tierra.
Allí yace tu cuerpo, rociado de perfume y cubierto de pétalos de rosa, honrado por todos, cortejado por músicos y plañideras, a punto para ser incinerado con todos los honores. En cambio, mira el cuerpo de la prostituta, abandonado a los buitres y chacales, ignorado por todos y por todos despreciado. Pero, sin embargo, ella cultivó pureza y elevados ideales para su corazón pensando en Dios constantemente, y tú, por el contrario, de tanto mirar el pecado, teñiste tu alma de impurezas. ¿Comprendes, pues, por qué cada uno vais a una región tan diferente?
*El Maestro dice: Vigila tu actitud. Aprende a comprender y a tolerar. Discierne más allá de las apariencias.

¿DÓNDE ESTÁ EL DÉCIMO HOMBRE?

Eran diez amigos. Todos ellos eran muy ignorantes. Decidieron ponerse de acuerdo para hacer una excursión.
Querían divertirse un poco y pasar un buen día en el campo. Prepararon algunos alimentos, se reunieron a la salida del pueblo al amanecer y emprendieron la excursión. Iban caminando alegremente por los campos charlando sin cesar entre grandes carcajadas. Llegaron frente a un río y, para cruzarlo, cogieron una barcaza que había atada a un árbol. Se sentían muy contentos, bromeando y chapoteando en las aguas. Llegaron a la orilla opuesta y descendieron de la barcaza.
¡Estaba siendo un día estupendo! Ya en tierra, se contaron y descubrieron que solamente eran nueve. Pero, ¿dónde estaba el décimo de ellos? Empezaron a buscar al décimo hombre. No lo encontraban. Comenzaron a preocuparse y a lamentar su pérdida. ¿Se habrá ahogado? ¿Qué habrá sido de él? Trataron de serenarse y volvieron a contarse. Sólo contaban nueve. La situación era angustiosa. Uno de ellos se había extraviado definitivamente.
Comenzaron a gimotear y a quejarse.
Entonces pasó por allí un vagabundo.
Vio a los hombres que otra vez se estaban contando. El vagabundo descubrió enseguida lo que estaba pasando.
Resulta que cada hombre olvidaba contarse a sí mismo. Entonces les fue propinando una bofetada a cada uno de ellos y les instó a que se contaran de nuevo. Fue en ese instante cuando contaron diez y se sintieron muy satisfechos y alegres.
*El Maestro dice: El décimo hombre no era una nueva adquisición.
Siempre estuvo allí, como el Ser que reside dentro del ser humano. Nunca ha estado ausente. En cuanto se disipe la ofuscación de la mente será percibido.

ACTITUD DE RENUNCIA

Ésta es la historia de dos sadhus.
Uno de ellos había sido enormemente rico y, aun después de haber cortado con sus lazos familiares y sociales y renunciar a sus negocios, su familia cuidaba de él y disponía de varios criados para que le atendieran. El otro sadhu era muy pobre, vivía de la caridad pública y sólo era dueño de una escudilla y una piel de antílope sobre la que meditar. Con frecuencia, el sadhu pobre se jactaba de su pobreza y criticaba y ridiculizaba al sadhu rico. Solía hacer el siguiente comentario: "Se ve que era demasiado viejo para seguir con los negocios de la familia y entonces se ha hecho renunciante, pero sin renunciar a todos sus lujos". El sadhu pobre no perdía ocasión para importunar al sadhu rico y mofarse de él. Se le acercaba y le decía: "Mi renuncia sí que es valiosa y no la tuya, que en realidad no representa renuncia de ningún tipo, porque sigues llevando una vida cómoda y fácil". Un día, de repente, el sadhu rico, cuando el sadhu pobre le habló así, dijo tajantemente:
--Ahora mismo, tú y yo nos vamos de peregrinación a las fuentes del Ganges, como dos sadhus errantes.
El sadhu pobre se sorprendió, pero, a fin de poder mantener su imagen, tuvo que acceder a hacer una peregrinación que en verdad le apetecía muy poco. Ambos sadhus se pusieron en marcha. Unos momentos después, súbitamente, el sadhu pobre se detuvo y, alarmado, exclamó:
--¡Dios mío!, tengo que regresar rápidamente.
En su rostro se reflejaba la ansiedad.
--¿Por qué? -preguntó el sadhu rico.
--Porque he olvidado coger mi escudilla y mi piel de antílope.
Y entonces el sadhu rico le dijo:
--Te has burlado durante mucho tiempo de mis bienes materiales y ahora resulta que tú dependes mucho más de tu escudilla y tu piel que yo de todas mis posesiones.
*El Maestro dice: El secreto está en no ser poseído por lo que se posee.

DEPENDE DE QUIEN PROCEDA LA ORDEN

Estaban amigablemente departiendo el monarca y uno de sus ministros. El ministro estaba muy interesado por la evolución espiritual y practicaba asiduamente el mantra. Hablaban sobre el tema.
--¿Puedo yo elegir mi propio mantra y tendrá el mismo poder que tiene el que te ha entregado tu mentor? -preguntó el monarca.
--No -aseveró el ministro-. El mantra que proporciona el gurú es más poderoso.
--Sinceramente -declaró el rey-, no veo en absoluto ninguna razón para ello.
Entonces el ministro se volvió hacia el jefe de la guardia y le ordenó:
--Detengan a su majestad.
El jefe de la guardia no hizo el menor caso de la orden; pero el monarca, indignado ante tal atrevimiento, ordenó:
--¡Detengan a este hombre y encarcélenlo!
El jefe de la guardia mandó a sus hombres prender al ministro. Iba a ser llevado a prisión, cuando dijo:
--Señor, ¿os dais cuenta? Depende de quien proceda la orden.
*El Maestro dice: El mantra que procura un ser evolucionado lleva parte de su energía espiritual.

EL INCRÉDULO

A pesar de la ascendencia que la palabra tiene sobre la mente humana, muchas personas dudan de la eficacia del mantra o fonema místico para canalizar la energía mental y motivarse espiritualmente. Tal es el caso de un incrédulo personaje que estaba escuchando a un yogui que declaraba:
--Os puedo decir que el mantra tiene el poder de conduciros al Ser.
El hombre incrédulo protestó:
--Esa afirmación carece de fundamento. ¿Cómo puede la repetición de una palabra conducirnos al Ser? Eso es como decir que si repitiéramos "pan, pan, pan", se haría realidad el pan y se manifestaría.
El yogui se encaró con el incrédulo y le gritó:
--Siéntate ahora mismo, sinvergüenza.
El incrédulo se llenó de rabia.
Era tal su incontrolada ira que comenzó a temblar, y furioso vociferó:
--¿Cómo te atreves a hablarme de ese modo? ¿Y tú te dices un hombre santo y vas insultando a los otros?
Entonces, con mucho afecto y ternura, el yogui le dijo:
--Siento mucho haberte ofendido.
Discúlpame. Pero, dime, ¿qué sientes en este momento?
--¡Me siento ultrajado!
Y el yogui declaró:
--Con una sola palabra injuriosa te has sentido mal. Fíjate el enorme efecto que ha ejercido sobre ti. Si esto es así, ¿por qué el vocablo que designa al Ser no va a tener el poder de transformarte?
*El Maestro dice: Somete la enseñanza a la experiencia. Los métodos son instrumentos para alcanzar la liberación interior.

LA OLLA DE BARRO

Era un lechero acaudalado y que contaba con varios trabajadores en su lechería. Llamó a uno de ellos, Ashok, y le entregó una olla llena de mantequilla para que la llevase a un cliente de un pueblo cercano. A cambio le prometió algunas rupias extras. Ashok, muy contento, colocó la olla sobre su cabeza y se puso en marcha, en tanto se decía para sí: "Voy a ganar dos rupias. ¡Qué bien! Con ellas compraré gallinas, éstas pronto se multiplicarán y llegaré a tener nada menos que diez mil. Luego las venderé y compraré cabras. Se reproducirán, venderé parte de ellas y compraré una granja. Como ganaré mucho dinero, también compraré telas y me haré comerciante. Será estupendo.
Me casaré, tendré una casa soberbia y, naturalmente, dispondré de excelente cocinero para que me prepare los platos más deliciosos, y si un día no me hace bien la comida, le daré una bofetada". Al pensar en propinarle una bofetada al cocinero, Ashok, automáticamente, levantó la mano, provocando así la caída de la olla, que se hizo mil pedazos contra el suelo derramando su contenido. Desolado, volvió al pueblo y se enfrentó al patrón, que exclamó:
--¡Necio! ¡Me has hecho perder las ganancias de toda una semana!
Y Ashok replicó:
--¡Y yo he perdido mis ganancias de toda la vida!
*El Maestro dice: El futuro es un espejismo. Éste es tu momento, tu instante. En lugar de fantasear con la mente, pon las condiciones para que la semilla pueda germinar.

MÁS ALLÁ DE LAS DIFERENCIAS

Amanecía. Una mujer muy santa se estaba dando un apacible baño totalmente desnuda. De repente, un yogui vino a darle un recado y la sorprendió en su desnudez. Desconcertado y sorprendido, se dio rápidamente media vuelta y se dispuso a alejarse de la mujer, pero ella le reprendió en los siguientes términos:
--¿Por qué te vuelves? Si me pudieras ver como a las vacas pastando en los campos, también desnuda, no tendrías necesidad de marcharte. Si no te comportas con naturalidad al verme desnuda, es que todavía haces diferencia entre tú y yo; todavía estás atrapado en la dualidad y el deseo.
El yogui comprendió en profundidad la verdad que brotaba de los sabios labios de la mujer, se puso ante ella de rodillas y comenzó a exclamar: "!Madre, madre, madre!"
*El Maestro dice: "Tú" y "Yo" se funden en la unidad del Ser como se funde la escarcha con los primeros rayos del sol al despuntar el día.

EL PARIA SABIO

Shankaracharya iba caminando tranquilamente por una calle. Frente a él venía un paria con un cesto de carne del matadero. El hombre dio un traspiés y chocó con el sabio Shankaracharya, de la casta brahmín, que acababa de bañarse en las aguas de Ganges. Éste se sintió impuro al contacto con el paria, y gritó:
--¡Cuidado, me has tocado!
--Señor -repuso el paria-, no te precipites en tus juicios. Ni yo te he tocado ni tú me has tocado. ¿Es que acaso tu verdadero ser es este cuerpo que ha tocado y ha sido tocado? Tú sabes que el yo real no es la mente, ni las emociones, ni mucho menos este cuerpo.
Shankaracharya se sintió avergonzado. Aquel paria le había dado una gran lección y el suceso sería uno de los más importantes en su existencia para ayudarle a madurar espiritualmente y despertar a la realidad superior.
*El Maestro dice: El Yo real no se implica en el cuerpo, la mente o las emociones.

TODO LO QUE EXISTE ES DIOS

El gurú y el discípulo estaban departiendo sobre cuestiones místicas.
El maestro concluyó con la entrevista diciéndole:
--Todo lo que existe es Dios.
El discípulo no entendió la verdadera naturaleza de las palabras de su mentor. Salió de la casa y comenzó a caminar por una callejuela. De súbito, vio frente a él un elefante que venía en dirección contraria, ocupando toda la calle. El jovencito que conducía al animal, gritó avisando:
--¡Eh, oiga, apártese, déjenos pasar!
Pero el discípulo, inmutable, se dijo: "Yo soy Dios y el elefante es Dios, así que ¿cómo puede tener miedo Dios de sí mismo? Razonando de este modo evitó apartarse. El elefante llegó hasta él, lo agarró con la trompa y lo lanzó al tejado de una casa, rompiéndole varios huesos. Semanas después, repuesto de sus heridas, el discípulo acudió al mentor y se lamentó de lo sucedido. El gurú replicó:
--De acuerdo, tú eres Dios y el elefante es Dios. Pero Dios, en la forma del muchacho que conducía el elefante, te avisó para que dejaras el paso libre. ¿Por qué no hiciste caso de la advertencia de Dios?
*El Maestro dice: Afila el discernimiento. No tomes la soga por una serpiente, ni la serpiente por una soga.

LOS DOS MÍSTICOS

Se trataba de dos amigos con una gran tendencia hacia la mística. Cada uno de ellos consiguió una parcela de terreno donde poder retirarse a meditar tranquilamente. Uno de ellos tuvo la idea de plantar un rosal y tener rosas, pero enseguida rechazó el propósito, pensando que las rosas le originarían apego y terminarían por encadenarlo. El otro tuvo la misma idea y plantó el rosal. Transcurrió el tiempo. El rosal floreció, y el hombre que lo poseía disfrutó de las rosas, meditó a través de ellas y así elevó su espíritu y se sintió unificado con la madre naturaleza. Las rosas le ayudaron a crecer interiormente, a despertar su sensibilidad y, sin embargo, nunca se apegó a ellas. El amigo empezó a echar de menos el rosal y las hermosas rosas que ya podría tener para deleitar su vista y su olfato. Y así se apegó a las rosas de su mente y, a diferencia de su amigo, creó ataduras.
*El Maestro dice: A lo que tienes que renunciar es al sentido de posesividad y a la ignorancia.

LA DISPUTA

En el bosque habitaban el rey de los cuervos y el rey de los búhos, ambos con su legión respectiva de cuervos y búhos. Siempre habían compartido la paz del bosque, pero resulta que cierto día el rey de los cuervos y el rey de los búhos se encontraron y comenzaron a intercambiar impresiones. El rey de los cuervos preguntó:
--¿Por qué tú y tu legión de búhos trabajáis por la noche?
El búho, sorprendido, replicó:
--Sois vosotros los que trabajáis por la noche. Nosotros trabajamos de día. Así que no mientas.
Y los dos reyes se enzarzaron en una discusión, ambos convencidos de que trabajaban de día. Hasta tal punto la discusión comenzó a adquirir un carácter de violencia, que la legión de cuervos y la de búhos se disponían a entrar en combate. Pero cuando la situación estaba llegando a su momento más crítico, apareció por allí un apacible cisne que, al enterarse de la disputa, dijo:
--Calmaos todos, queridos compañeros.
Y dirigiéndose a los reyes, dijo:
--No debéis en absoluto pelear, porque los dos tenéis razón. Desde vuestra perspectiva, los dos trabajáis de día.
*El Maestro dice: Debido a diferentes enfoques de la realidad aparente, ideologías y ficticias divisiones, surgen las disputas y guerras, el malestar y el dolor.

MI HIJO ESTÁ CONMIGO

Era un hombre que tenía un hijo al que amaba profundamente. Por algún motivo se vio obligado a viajar y tuvo que dejar a su hijo en casa. El niño tenía ocho años y su padre sólo vivía para él. Habiéndose enterado de la partida del dueño de la casa, unos bandoleros aprovecharon su ausencia para entrar en ella y robar todo lo que contenía. Descubrieron al jovencito y se lo llevaron con ellos, no sin antes incendiar la casa.
Pasaron unos días. El hombre regresó a su hogar y se encontró con la casa derruida por el incendio.
Alarmado, buscó entre los restos calcinados y halló unos huesecillos, que dedujo eran los del cuerpo abrasado de su amado hijo. Con ternura infinita, los introdujo en un saquito que se colgó al cuello, junto al pecho, convencido de que aquéllos eran los restos de su hijo. Unos días más tarde, el niño logró escapar de los perversos bandoleros y, tras poder averiguar dónde estaba la nueva casa de su padre, corrió hasta ella e insistentemente llamó a la puerta.
--¿Quién es? -preguntó el padre.
--Soy tu hijo -contestó el niño.
--No, no puedes ser mi hijo -repuso el hombre, abrazándose al saquito que colgaba de su cuello-. Mi hijo ha muerto.
--No, padre, soy tu hijo. Conseguí escapar de los bandoleros.
--Vete, ¿me oyes? Vete y no me molestes -ordenó el hombre, sin abrir la puerta y aprisionando el saquito de huesos contra su pecho. Mi hijo está conmigo.
--Padre, escúchame; soy yo.
--¡He dicho que te vayas! -replicó el hombre-. Mi hijo murió y está conmigo. ¡Vete! Y no dejaba de abrazar el saquito de huesos.
*El Maestro dice: El apego, ¿te deja ver?, ¿te deja oír?, ¿te deja comprender? El apego te aferra a lo irreal e ilusorio y cierra tus oídos a lo Real y Trascendente.

LA TORTUGA Y LA ARGOLLA

Era un sabio tan anciano que nadie de la localidad sabía su edad. Él mismo la había olvidado, entre otras razones porque había trascendido todo apego y ambición humana. Estaba un día sentado bajo un enorme árbol banyano, la mirada perdida en el horizonte, la mente quieta como un cielo sin nubes. De repente, vio cómo un hombre joven echaba una cuerda sobre la rama de un árbol y ataba uno de sus extremos a su cuello. El sabio se dio cuenta de las intenciones del joven, corrió hacia él y le pidió que desistiese de su propósito aunque sólo fuera un par de minutos para escucharlo. El joven accedió, y ambos se sentaron junto al árbol. El anciano se expresó así:
--Voy a hacerte un ruego, querido amigo. Imagina una sola tortuga en el inmenso océano y que sólo saca la cabeza a la superficie una vez cada millón de años. Imagina un aro flotando sobre las aguas del inmenso océano. Pues más difícil aún que el que la tortuga introduzca la cabeza en el aro del agua, es haber obtenido la forma humana. Ahora, amigo, procede como creas conveniente.
Todavía cuenta la gente del lugar que aquel joven llegó a anciano y se hizo sabio.
*El Maestro dice: Toda forma humana es preciosa, porque a través de ella podemos alcanzar la realización definitiva. Habiendo podido tomar tantas formas, es una gran fortuna haber tomado la humana.

CONOCERSE A UNO MISMO

Un niño de la India fue enviado a estudiar a un colegio de otro país.
Pasaron algunas semanas, y un día el jovencito se enteró de que en el colegio había otro niño indio y se sintió feliz. Indagó sobre ese niño y supo que el niño era del mismo pueblo que él y experimentó un gran contento.
Más adelante le llegaron noticias de que el niño tenía su misma edad y tuvo una enorme satisfacción. Pasaron unas semanas más y comprobó finalmente que el niño era como él y tenía su mismo nombre. Entonces, a decir verdad, su felicidad fue inconmensurable.
*El Maestro dice: No hay mayor gozo en este mundo que el de conocerse a uno mismo.

LAS FANTASÍAS DE UNA ABEJA

Era una abeja llena de alegría y vitalidad. En cierta ocasión, volando de flor en flor y embriagada por el néctar, se fue alejando imprudentemente de su colmena más de lo aconsejable, y cuando se dio cuenta ya se había hecho de noche. Justo cuando el sol se estaba ocultando, se hallaba ella deleitándose con el dulce néctar de un loto. Al hacerse la oscuridad, el loto se plegó sobre sí mismo y se cerró, quedando la abeja atrapada en su interior. Despreocupada, ésta dijo para sí: "No importa. Pasaré aquí toda la noche y no dejaré de libar este néctar maravilloso. Mañana, en cuanto amanezca, iré en busca de mis familiares y amigos para que vengan también a probar este manjar tan agradable. Seguro que les va a hacer muy felices".
La noche cayó por completo. Un enorme elefante hambriento pasó por el paraje e iba engullendo todo aquello que se hallaba a su paso. La abeja, ignorante de todo lo que sucediera en el exterior y cómodamente alojada en el interior del loto, seguía libando.
Entonces se dijo: "!Qué néctar tan fantástico, tan dulce, tan delicioso!
¡Esto es maravilloso! No sólo traeré aquí a todos mis familiares, amigos y vecinos para que lo prueben, sino que me dedicaré a fabricar miel y podré venderla y obtener mucho dinero a cambio de ella y adquirir todas las cosas que me gustan en el mundo". Súbitamente, tembló el suelo a su lado. El elefante engulló el loto y la abeja apenas tuvo tiempo de pensar: "Éste es mi fin. Me muero".
*El Maestro dice: Sólo existe la seguridad del aquí-ahora. Aplícate al instante, haz lo mejor que puedas en el momento y no divagues

LA NATURALEZA DE LA MENTE

Se trataba de un hombre que llevaba muchas horas viajando a pie y estaba realmente cansado y sudoroso bajo el implacable sol de la India. Extenuado y sin poder dar un paso más, se echó a descansar bajo un frondoso árbol. El suelo estaba duro y el hombre pensó en lo agradable que sería disponer de una cama. Resulta que aquél era un árbol celestial de los que conceden los deseos de los pensamientos y los hacen realidad. Así es que al punto apareció una confortable cama.
El hombre se echó sobre ella y estaba disfrutando en el mullido lecho cuando pensó en lo placentero que resultaría que una joven le diera masaje en sus fatigadas piernas. Al momento apareció una bellísima joven que comenzó a procurarle un delicioso masaje. Bien descansado, sintió hambre y pensó en qué grato sería poder degustar una sabrosa y opípara comida. En el acto aparecieron ante él los más suculentos manjares. El hombre comió hasta saciarse y se sentía muy dichoso. De repente le asaltó un pensamiento: "!Mira que si ahora un tigre me atacase!" Apareció un tigre y lo devoró.
*El Maestro dice: Cambiante y descontrolada es la naturaleza de la mente. Aplícate a conocerla y dominarla y disiparás para siempre el peor de los tigres: el que mora dentro de ella misma.

LOS ERUDITOS

Iba a celebrarse un congreso sobre la mente al que tenían que asistir un buen número de eruditos especializados en el tema. Para tal fin, un grupo de ellos debía viajar de su ciudad a aquella otra en la que iba a tener lugar el acontecimiento. Para cubrir el trayecto, los eruditos tomaron el tren y consiguieron un compartimiento para ellos solos. Nada más acomodarse en el compartimiento comenzaron a hablar sobre la mente y sus misteriosos mecanismos. El tren se puso en marcha. Todos proporcionaban sus pareceres y llegaron al convencimiento común y compartido de que lo más necesario era cultivar y desarrollar la atención mental.
--Sí, ya nada hay tan importante como permanecer alerta -declaraba uno de ellos enfáticamente.
--Se requiere el cultivo metódico de la atención -recalcaba otro.
--Hay que aplicarse al entrenamiento de la atención; eso es lo esencial -afirmaban algunos.
Así hablaban y hablaban sin cesar sobre la necesidad de estar atentos, vigilantes y perceptivos; sobre la conveniencia de establecerse en una atención despierta y plena.
El convoy seguía su monótona marcha. Pero una vía estaba en malas condiciones y descarriló sin que pudiera evitarlo el maquinista. El tren se precipitó por un enorme barranco, dando innumerables vueltas, hasta que al final se detuvo estrellándose en las profundidades del mismo. Los eruditos seguían polemizando acaloradamente, insistiendo en la necesidad de elevar al máximo el umbral de la atención, pero ninguno de ellos se había percatado del accidente. Declaraban que había que tener la mente tan atenta que ni el vuelo de una mosca pasara desapercibido. Seguían apasionadamente debatiendo sobre la mente y la atención, con sus cuerpos amontonados unos sobre otros, todos ellos ignorantes del percance.
*El Maestro dice: No es a través de la palabra ni la polémica como un ser humano asciende a la cima de la consciencia, sino a través de una motivación firme y una práctica inquebrantable.

LA ACTITUD INTERIOR

Eran dos grandes amigos. Trabajaban en un pueblo y decidieron ir a pasar unos días a la ciudad. Comenzaron a caminar y en una gran calle vieron un burdel que estaba frente a frente con un santuario. Uno de los amigos decidió pasar unas horas en el burdel, bebiendo y disfrutando de las bellas prostitutas, en tanto que el otro optó por pasar ese tiempo en el santuario, escuchando a un maestro que hablaba sobre la conquista interior.
Pasaron unos minutos, y entonces el amigo que estaba en el burdel comenzó a lamentar no estar escuchando al maestro en el santuario, en tanto que el otro amigo, por el contrario, en lugar de estar atento a las enseñanzas que estaba oyendo, estaba ensoñando con el burdel y reprochándose a sí mismo lo necio que había sido por no elegir la diversión. De este modo, el hombre que estaba en el burdel obtuvo los mismos méritos que si hubiera estado en el santuario, y el que estaba en el santuario acumuló tantos deméritos como si hubiera estado en el burdel.
*El Maestro dice: Precediendo a los actos, está la actitud interior.
En la actitud interior comienza la cuenta de méritos y deméritos.

DIEZ AÑOS DESPUÉS

El monarca de un reino de la India tuvo noticias de que había en la localidad un faquir capaz de realizar extraordinarias proezas. El rey lo hizo llamar y, cuando lo tuvo ante él, le preguntó:
--¿Qué proezas puedes efectuar?
--Muchas, majestad -repuso el faquir-. Por ejemplo, puedo permanecer bajo tierra durante meses o incluso años.
--¿Podrías ser enterrado por diez años y seguir con vida después? -preguntó el monarca.
--Sin duda, majestad -aseveró el faquir.
--Si es así, cuando seas desenterrado, recibirás el diamante más puro del reino.
Se procedió a enterrar al faquir.
Se preparó una fosa a varios metros de profundidad y se dispuso de una urna de plomo. El faquir, antes de ser sepultado, se extendió hablando sobre sus cualidades espirituales y morales que hacían posible su autodominio y poder. Todos quedaron convencidos de su santidad. Fue introducido a continuación en la urna y enterrado. Durante diez años hubo guardianes vigilando la fosa. Nadie albergaba la menor esperanza de que el faquir sobreviviese a la prueba. Transcurrió el tiempo convenido. Toda la corte acudió a la tumba del faquir, con la certeza de que, a pesar de su santidad y poder, habría muerto y el cadáver sería solamente un conjunto
de huesos putrefactos. Sacaron la urna al exterior, la abrieron y hallaron al faquir en estado de catalepsia. Poco a poco el hombre se fue reanimando, efectuó varias respiraciones profundas, abrió sus ojos, dio un salto y sus primeras palabras fueron:
--¡Por Dios!, ¿dónde está el diamante?
*El Maestro dice: Sin desapego real y sabiduría, hasta la más precisa técnica de autodominio carece de significación.

EL PASTOR DISTRAÍDO

Al atardecer, un pastor se disponía a conducir el rebaño al establo. Entonces contó sus ovejas y, muy alarmado, se dio cuenta de que faltaba una de ellas. Angustiado, comenzó a buscarla durante horas, hasta que se hizo muy avanzada la noche. No podía hallarla y empezó a llorar desesperado. Entonces, un hombre que salía de la taberna y que pasó junto a él, le miró y le dijo:
--Oye, ¿por qué llevas una oveja sobre los hombros?
*El Maestro dice: No seas como el pastor negligente, que por no haber aprendido a discernir, buscas donde no debes hacerlo y así todas tus tentativas son insatisfactorias.

EL RECLUSO

Un recluso iba a ser trasladado de una a otra prisión y para ello debía atravesar toda la ciudad. Le colocaron sobre la cabeza un cuenco lleno de aceite hasta el borde y le dijeron:
--Un verdugo, con una afilada espada, caminará detrás de ti. En el mismo momento en que derrames una gota de aceite, te rebanará la cabeza.
Se sacó al recluso de la celda y se le colocó un cuenco sobre la cabeza.
Comenzó a caminar con mucho cuidado, en tanto el verdugo iba detrás de él.
Había llegado a pleno centro de la ciudad, cuando, de súbito, también llegaron al mismo lugar un grupo de hermosísimas bailarinas. La pregunta es: ¿Logró el recluso no ladear la cabeza para mirar a las bailarinas y así mantenerla a salvo, o, por el contrario, negligentemente, miró a las bailarinas y la perdió?
*El Maestro dice: Los que no permanecen atentos es como si ya estuvieran muertos.

LOS DOS AMIGOS

Dos amigos emprendieron una excursión. Al llegar la noche se echaron a dormir uno al lado del otro. Uno de ellos soñó que habían tomado un barco y habían naufragado en una isla. Al despertar, comenzó a preguntarle a su compañero si recordaba la travesía, el barco y la isla. Se quedó atónito cuando el amigo le explicó que él no había tenido el mismo sueño. No podía creerlo. Pero ¡si era un sueño increíble! Se negaba a aceptar que el amigo no recordara la travesía, el barco y la isla.
*El Maestro dice: La persona común, atrapada en la cárcel de su ego, proyecta sobre los otros sus propios autoengaños.
LOS DOS SADHUS
Se trataba de dos sadhus muy piadosos que acudieron a visitar a Ramakrishna, uno de los más grandes yoguis de la India. Se trataba de un padre y su hijo. Anhelaban reunirse con Ramakrishna para recibir la instrucción mística de este gran sabio. Estaban esperando en el jardín a que el maestro los recibiera, cuando de repente apareció una serpiente y picó al sadhu joven. El padre, muy alarmado, empezó a temblar y a dar gritos para que alguien les prestase ayuda. El hijo, sin embargo, permaneció muy sereno, impasible, como si no le hubiera mordido una peligrosa serpiente. Realmente sorprendido, el padre preguntó a su hijo:
--Pero, ¿cómo puedes estar tan tranquilo?
El joven sadhu, muy calmadamente, repuso:
--¿Qué es la serpiente y a quién ha mordido?
*El Maestro dice: En una mente tocada por la consciencia de unidad, los reflejos no se confunden con la realidad.

ANSIA

Era un padre de familia. Había conseguido unas buenas condiciones de vida y había enviudado, después de que sus hijos se hicieran mayores y encauzaran sus propias vidas. Siempre había acariciado la idea de dedicarse a la búsqueda espiritual y poder llegar a sentir la unidad con la Conciencia Universal. Ahora que ya no tenía obligaciones familiares, decidió ir a visitar a un yogui y ponerlo al corriente de sus inquietudes, pidiéndole también consejo espiritual.
El yogui vivía cerca de un río, cubriendo su cuerpo con un taparrabos y alimentándose de aquello que le daban algunos devotos. Vivía en paz consigo mismo y con los demás. Sonrió apaciblemente cuando llegó hasta él el hombre de hogar.
--¿En qué puedo ayudarte? -preguntó cortésmente.
--Venerable yogui, ¿cómo podría yo llegar a percibir la Mente Universal y hacerme uno con Ella?
El yogui ordenó:
--Acompáñame.
El yogui condujo al hombre de hogar hasta el río. Le dijo:
--Agáchate.
Así lo hizo el hombre de hogar y, al punto, el yogui lo agarró fuertemente por la cabeza y lo sumergió en el agua hasta llevarlo al borde del desmayo. Por fin permitió que el hombre de hogar, en sus denodados forcejeos, sacara la cabeza. Le preguntó:
--¿Qué has sentido?
--Una extraordinaria necesidad y ansia de aire.
--Pues cuando tengas esa misma ansia de la Mente Universal, podrás aprender a percibirla y hacerte uno con ella.
*El Maestro dice: Aunque pienses en la palabra "lámpara" no se enciende la luz. Que la motivación de libertad interior sea real y seguida por la práctica y no se quede sólo en una idea.

LOS ORFEBRES

En una localidad de la India había un negocio de orfebrería donde trabajaban cuatro hombres que eran tenidos por muy piadosos y que siempre eran vistos con los signos del dios Vishnú pintados en la frente, un collar de semillas sagradas al pecho, un rosario en la mano y el nombre del Divino repitiéndose en sus labios. Las gentes de la localidad, impresionadas por tanta santidad, se habían convertido en generosos clientes del establecimiento. A éstos les agradaba mucho comprobar que cuando llegaban a la tienda, los cuatro orfebres repetían los nombres de distintas divinidades hindúes. Al llegar un cliente, uno de ellos exclamaba: "Keshava, Keshava"; un poco después, otro entonaba: "Gopal, Gopal"; a continuación, el tercero recitaba: "Hari, Hari". Entonces los clientes, muy satisfechos con tanta santidad, hacían una buena compra, en tanto el cuarto orfebre decía fervorosamente: "Hara, Hara".
Todos estos términos son nombres de deidades del panteón hindú, pero los orfebres eran bengalíes y en su lengua tienen un segundo significado. Keshava quiere decir: "?Quiénes son"?, que es lo que pregunta el primer orfebre; Gopal significa: "Un rebaño de vacas", que es lo que contesta el segundo; Hari es: "?Puedo robarles?", que pregunta el tercero; Hara quiere decir: "Sí, róbales", que es lo que declara el cuarto.
*El Maestro dice: Los falsos maestros aparentan santidad para enmascarar sus perversas intenciones*.

EL ERMITAÑO Y EL BUSCADOR

Se trataba de un genuino buscador extranjero. Llevaba muchos años de búsqueda incansable, rastreando inquebrantablemente la Verdad. Había leído las escrituras de todas las religiones, había seguido numerosas vías místicas, había puesto en práctica no pocas técnicas de autodesarrollo y había escuchado a buen número de maestros; pero seguía buscando. Dejó su país y se trasladó a la India.
Viajó sin descanso. Había ido de un estado a otro y de ciudad en ciudad, indagando, buscando, anhelando encontrar. Un día llegó a un pueblo y preguntó si había algún maestro con el que entrar en contacto. Le comunicaron que no había ningún maestro, pero que en una montaña cercana habitaba un ermitaño. El hombre se dirigió a la montaña con el propósito de hallar al ermitaño. Comenzó a ascender por una de sus laderas. De súbito, observó que el ermitaño bajaba por el mismo sendero por el que él subía. Cuando estaban a punto de cruzarse e iba a preguntarle el mejor modo para acelerar el proceso hacia la liberación, el ermitaño dejó caer en el suelo un saco que llevaba a sus espaldas. Se hizo un silencio profundo, estremecedor, total y perfecto. El ermitaño clavó sus ojos, sutiles y elocuentes, en los del buscador. ¡Qué mirada aquélla!
Luego, el ermitaño cogió de nuevo el saco, lo cargó a su espalda y prosiguió la marcha. Ni una palabra, ni un gesto, pero ¡qué mirada aquélla! El buscador, de repente, comprendió en lo más profundo de sí mismo. No se trataba de una comprensión intelectual, sino inmensa y visceral. Deja el fardo de juicios y prejuicios, conceptos y actitudes egocéntricas, para poder evolucionar.
*El Maestro dice: No tienes nada que perder que no sea tu ignorancia y la máscara de tu personalidad.

LOS DESIGNIOS DEL KARMA

Sariputta era uno de los más grandes discípulos del Buda y llegó a ser un iluminado de excepcional sabiduría y sagaz visión. Viajaba propagando la Enseñanza, y cierto día, al pasar por una aldea de la India, vio que una mujer sostenía en una mano un bebé y con la otra estaba dando una sardina a un perro. Con su visión clarividente e intemporal pudo ver quiénes fueron todos ellos en una pasada existencia.
Se trataba de una mujer casada con un cruel marido que la golpeaba a menudo. Se enamoró de otro hombre, pero entre su padre y su marido, poniéndose de acuerdo para ello, le dieron muerte.
Ahora la mujer mantenía a un bebé en sus brazos, su antiguo amante, que fuera asesinado. La sardina era su despiadado marido, y el perro, su padre. Todos habían vuelto a reunirse en la presente vida, pero en condiciones muy distintas.
*El Maestro dice: Nadie puede escapar a sus acciones: tal es el designio del karma.

VIAJE AL CORAZÓN

Bastami era uno de los más grandes sufíes de la India. Se proponía efectuar una larga peregrinación a La Meca, cuando se encontró con un instructor espiritual que le preguntó:
--¿Por qué has de ir a La Meca?
--Para ver a Dios -repuso.
El instructor le ordenó:
--Dame ahora mismo todo el dinero que llevas contigo para el viaje.
Bastami le entregó el dinero, el instructor se lo guardó en el bolsillo, y dijo:
--Sé que habrías dado siete vueltas alrededor de la piedra sagrada. Pues bien, en lugar de eso, da ahora siete vueltas a mi alrededor.
Bastami obedeció y dio siete vueltas alrededor del instructor, quien declaró a continuación:
--Ahora sí has conseguido lo que te proponías. Ya puedes regresar a tu casa con el ánimo sereno y satisfecho, si bien antes quiero decirte algo más. Desde que La Meca fue construida, ni un solo minuto Dios ha morado allí. Pero desde que el corazón del hombre fue creado, ni un solo instante Dios ha dejado de habitar en él. Ve a tu casa y medita. Viaja a tu corazón.
*El Maestro dice: Busca refugio dentro de ti. ¿Qué otro refugio puede haber? ?

EL ARTE DE LA OBSERVACIÓN

El discípulo llegó hasta el maestro y le dijo:
--Guruji, por favor, te ruego que me impartas una instrucción para aproximarme a la verdad. Tal vez tú dispongas de alguna enseñanza secreta.
Después de mirarle unos instantes, el maestro declaró:
--El gran secreto está en la observación. Nada escapa a una mente observadora y perceptiva. Ella misma se convierte en la enseñanza.
--¿Qué me aconsejas hacer?
--Observa -dijo el gurú-. Siéntate en la playa, a la orilla del mar, y observa cómo el sol se refleja en sus aguas. Permanece observando tanto tiempo como te sea necesario, tanto tiempo como te exija la apertura de tu comprensión.
Durante días, el discípulo se mantuvo en completa observación, sentado a la orilla del mar. Observó el sol reflejándose sobre las aguas del océano, unas veces tranquilas, otras encrespadas. Observó las leves ondulaciones de sus aguas cuando la mar estaba en calma y las olas gigantescas cuando llegaba la tempestad. Observó y observó, atento y ecuánime, meditativo y alerta. Y así, paulatinamente, se fue desarrollando su comprensión.
Su mente comenzó a modificarse y su consciencia a hallar otro modo mucho más rico de percibir.
El discípulo, muy agradecido, regresó junto al maestro.
--¿Has comprendido a través de la observación? -preguntó el maestro.
--Sí -repuso satisfecho el discípulo-. Llevaba años efectuando los ritos, asistiendo a las ceremonias más sagradas, leyendo las escrituras, pero no había comprendido. Unos días de observación me han hecho comprender.
El sol es nuestro ser interior, siempre brillante, autoluminoso, inafectado. Las aguas no le mojan y las olas no le alcanzan; es ajeno a la calma y la tempestad aparentes.
Siempre permanece, inalterable, en sí mismo.
–Ésa es una enseñanza sublime -declaró el gurú-, la enseñanza que se desprende del arte de la observación.
*El Maestro dice: Todos los grandes descubrimientos se han derivado de la observación diligente. No hay mayor descubrimiento que el del Ser.
Observa y comprende.

¿POR QUIÉN DEBO AFLIGIRME?

Un hombre se vio obligado a dejar su casa durante unos días para ir en busca de empleo. En su ausencia, el único hijo que tenía enfermó súbitamente y murió. Cuando el hombre regresó a su hogar, su esposa, deshecha en lágrimas, le dio la amarga noticia. Pero el hombre permaneció extraordinariamente sereno y ecuánime. La esposa no podía salir de su asombro e indignación. Comenzó a increparle agriamente su actitud. El hombre la tranquilizó y luego explicó: "Querida, la otra noche soñé que tenía siete hijos y que con ellos mi vida estaba llena de satisfacción y felicidad. Sí, realmente, yo era muy feliz con mis hijos. Al despertarme, de pronto, los perdí a todos. Ahora te pregunto: ¿Por quién debo afligirme? ¡Por los siete hijos o por el que hemos perdido?"
*El Maestro dice: Para el que ha trascendido todos los fenómenos y apariencias, la vida es de la misma sustancia que un sueño.

EL GRANO DE MOSTAZA

Una mujer, deshecha en lágrimas, se acercó hasta el Buda y, con voz angustiada y entrecortada, le explicó:
--Señor, una serpiente venenosa ha picado a mi hijo y va a morir. Dicen los médicos que nada puede hacerse ya.
--Buena mujer, ve a ese pueblo cercano y toma un grano de mostaza negra de aquella casa en la que no haya habido ninguna muerte. Si me lo traes, curaré a tu hijo.
La mujer fue de casa en casa, inquiriendo si había habido alguna muerte, y comprobó que no había ni una sola casa donde no se hubiera producido alguna. Así que no pudo pedir el grano de mostaza y llevárselo al Buda.
Al regresar, dijo:
--Señor, no he encontrado ni una sola casa en la que no hubiera habido alguna muerte.
Y, con infinita ternura, el Buda dijo:
--¿Te das cuenta, buena mujer? Es inevitable. Anda, ve junto a tu hijo y, cuando muera, entierra su cadáver.
*El Maestro dice: Todo lo compuesto, se descompone: todo lo que nace, muere. Acepta lo inevitable con ecuanimidad.

LA ENSEÑANZA DEL SABIO VEDANTÍN

Era un sabio vedantín, es decir, que creía en la unidad que se manifiesta como diversidad. Estaba hablando a sus discípulos sobre el Ser Supremo y el ser individual, explicándoles que son lo mismo. Declaró:
--Del mismo modo que el Ser Supremo existe dentro de sí mismo, también existe dentro de cada uno de nosotros.
Uno de los discípulos replicó:
--Pero, maestro, ¿cómo nosotros podemos ser como el Ser Supremo, cuando Él es tan inmenso y poderoso?
Infinitos universos moran dentro de Él. Nosotros somos partículas a su lado.
El sabio le pidió al discípulo que se aproximase al Ganges y cogiese agua. Así lo hizo el discípulo.
Cogió un tazón de agua y se lo presentó al sabio; pero éste protestó:
--Te he pedido agua del Ganges.
Ésta no puede ser agua de ese río.
--Claro que lo es -dijo el discípulo consternado.
--Pero en el Ganges hay peces y tortugas, las vacas acuden a beber a sus orillas, y la gente se baña en él. Esta agua no puede ser del Ganges.
--Claro que lo es -insistió el discípulo-, pero en tan poca cantidad que no puede contener ni peces, ni tortugas, ni vacas, ni devotos.
—Tienes razón -afirmó el sabio-.
Ahora devuelve el agua al río.
Así lo hizo el discípulo y regresó después junto al sabio, que le explicó:
--¿Acaso no existen ahora todas esas cosas en el agua? El ser individual es como el agua en el tazón. Es una con el Ser Supremo, pero existe en forma limitada y por eso parece diferente. Al devolver el agua del tazón al río, volvió a contar con peces, tortugas, vacas y devotos. Si meditas adecuadamente, comprenderás que tú eres el Ser Supremo y que estás en todo, como Él.
*El Maestro dice: Hasta en una brizna de hierba habita el Alma Universal.

¿Y QUIÉN TE ATA?

Angustiado, el discípulo acudió a su instructor espiritual y le preguntó:
--¿Cómo puedo liberarme, maestro?
El instructor contestó:
--Amigo mío, ¿y quién te ata?
*El Maestro dice: La mente es amiga o enemiga. Aprende a subyugarla?

EL POBRE IGNORANTE

Un hombre, muy sencillo y analfabeto, llamó a las puertas de un monasterio. Tenía deseos verdaderos de purificarse y hallar un sentido a la existencia. Pidió que le aceptasen como novicio, pero los monjes pensaron que el hombre era tan simple e iletrado que no podría ni entender las más básicas escrituras ni efectuar los más elementales estudios. Como le vieron muy interesado por permanecer en el monasterio, le proporcionaron una escoba y le dijeron que se ocupara diariamente de barrer el jardín. Así, durante años, el hombre barrió muy minuciosamente el jardín sin faltar ni un solo día a su deber. Paulatinamente, todos los monjes empezaron a ver cambios en la actitud del hombre. ¡Se le veía tan tranquilo, gozoso, equilibrado! Emanaba de todo él una atmósfera de paz sublime. Y tanto llamaba la atención su inspiradora presencia, que los monjes, al hablar con él, se dieron cuenta de que había obtenido un considerable grado de evolución espiritual y una excepcional pureza de corazón. Extrañados, le preguntaron si había seguido alguna práctica o método especiales, pero el hombre, muy sencillamente, repuso:
--No, no he hecho nada, creedme.
Me he dedicado diariamente, con amor, a limpiar el jardín, y, cada vez que barría la basura, pensaba que estaba también barriendo mi corazón y limpiándome de todo veneno.
*El Maestro dice: El mayor ignorante hallará la paz si su intención es genuina; el erudito más destacado proseguirá a oscuras si su intención no es la correcta.

EL LADRÓN POLICÍA

En un pueblo de la India había un hábil ladrón que robaba en todas las casas y jamás podía ser sorprendido.
Era un verdadero experto. La gente de la localidad, desmoralizada, se reunió con el alcalde y le pidió que nombrase un policía, ya que no había ninguno en el pueblo y así el ladrón lograba actuar a su aire y sin ningún riesgo. El alcalde, comprendiendo el desánimo de las gentes del lugar, entregó un bando solicitando personas que se presentaran al puesto de policía. Solamente se presentó un candidato. Se trataba del ladrón y fue elegido policía.
*El Maestro dice: Así como nunca el policía detendrá al ladrón que es él mismo, jamás el ego capturará al ego, siendo necesario recurrir al testigo que está más allá del ego y el pensamiento.

EL DESENCANTO

Se trataba de un hombre que nunca había tenido ocasión de ver el mar.
Vivía en un pueblo del interior de la India. Una idea se había instalado con fijeza en su mente: "No podía morir sin ver el mar". Para ahorrar algún dinero y poder viajar hasta la costa, tomó otro trabajo además del suyo habitual. Ahorraba todo aquello que podía y suspiraba porque llegase el día de poder estar ante el mar.
Fueron años difíciles. Por fin, ahorró lo suficiente para hacer el viaje. Tomó un tren que le llevó hasta las cercanías del mar. Se sentía entusiasmado y gozoso. Llegó hasta la playa y observó el maravilloso espectáculo. ¡Qué olas tan mansas! ¡Qué espuma tan hermosa! ¡Qué agua tan bella! Se acercó hasta el agua, cogió una poca con la mano y se la llevó a los labios para degustarla. Entonces, muy desencantado y abatido, pensó: "!Qué pena que pueda saber tan mal con lo hermosa que es!"
*El Maestro dice: Por ignorancia, cuando tus expectativas no son satisfechas, te desencantas. El ser liberado sólo espera aquello que ocurre.

EL PODER DEL MANTRA

El poder y alcance del mantra depende de la actitud del que lo repite. Así lo evidencia la siguiente historia.
Un eremita vivía a la orilla del río. Era alimentado por una lechera que todos los días le regalaba leche para su manutención. El eremita había concedido una mantra a la buena mujer y le había dicho:
--Repitiendo este poderoso mantra puedes ir a través del océano de la existencia.
Pasó el tiempo. Cierto día en que la lechera iba a cruzar el río para llevar la leche al eremita, llovió torrencialmente y las aguas del río se desbordaron. No había manera de pasar el río en barca. La mujer recordó lo que había dicho el eremita: "Repitiendo este poderoso mantra puedes ir a través del océano de la existencia". Y se dijo a sí misma: "Y esto sólo es un río". Repitió interiormente el mantra con mucho amor y motivación y comenzó a caminar sobre el agua hasta llegar donde estaba el eremita. Al verla, éste, muy extrañado, preguntó:
--¿Cómo has podido llegar hasta aquí si el río se ha desbordado?
La mujer repuso:
--Como me dijiste que con el mantra que me entregaste podía atravesar el océano de la existencia, pensé que sería mucho más fácil cruzar el río.
Recité el mantra y lo pasé caminando sobre las aguas.
Al escuchar esta explicación, el eremita se llenó de vanidad y pensó: "!Qué grado de evolución debo tener cuando la lechera ha podido hacer esta proeza con mi mantra!" Días después, el eremita tenía que ir a la ciudad. Las lluvias monzónicas no habían cesado y el río continuaba desbordado. El eremita pensó que no había ningún problema. Si el mantra había funcionado con la lechera, ¿cómo no iba a funcionar con él?
Empezó a repetir el mantra y se lanzó a las aguas del río. Automáticamente se hundió hasta el fondo y pereció.
*El Maestro dice: El ego es la muerte de lo más real que hay en uno mismo. No libera, esclaviza y ahoga.

SIGUE ADELANTE

Un leñador estaba en el bosque talando árboles para aprovechar su madera, aunque ésta no era de óptima calidad. Entonces vino hacia él un anacoreta y le dijo:
--Buen hombre, sigue adelante.
Al día siguiente, cuando el sol comenzaba a despejar la bruma matutina, el leñador se disponía para emprender la dura labor de la jornada. Recordó el consejo que el día anterior le había dado el anacoreta y decidió penetrar más en el bosque. Descubrió entonces un macizo de árboles espléndidos de madera de sándalo. Esta madera es la más valiosa de todas, destacando por su especial aroma.
Transcurrieron algunos días. El leñador volvió a recordar la sugerencia del anacoreta y determinó penetrar aún más en el bosque. Así pudo encontrar una mina de plata. Este fabuloso descubrimiento le hizo muy rico en pocos meses. Pero el que fuera leñador seguía manteniendo muy vivas las palabras del anacoreta: "Sigue adelante", por lo que un día todavía se introdujo más en el bosque. Fue de este modo como halló ahora una mina de oro y se hizo un hombre excepcionalmente rico.
*El Maestro dice: "Sigue adelante", hacia tu interior hacia la fuente de tu Sabiduría. ¿Puede haber mayor riqueza que ésta?*

¿HASTA CUÁNDO DORMIDO?

Era un pueblo de la India cerca de una ruta principal de comerciantes y viajeros. Acertaba a pasar mucha gente por la localidad. Pero el pueblo se había hecho célebre por un suceso insólito: había un hombre que llevaba ininterrumpidamente dormido más de un cuarto de siglo. Nadie conocía la razón. ¡Qué extraño suceso! La gente que pasaba por el pueblo siempre se detenía a contemplar al durmiente.
?Pero a qué se debe este fenómeno?
-se preguntaban los visitantes-. En las cercanías de la localidad vivía un eremita. Era un hombre huraño, que pasaba el día en profunda contemplación y no quería ser molestado. Pero había adquirido fama de saber leer los pensamientos ajenos. El alcalde mismo fue a visitarlo y le rogó que fuera a ver al durmiente por si lograba saber la causa de tan largo y profundo sueño. El eremita era muy noble y, a pesar de su aparente adustez, se prestó a tratar de colaborar en el esclarecimiento del hecho. Fue al pueblo y se sentó junto al durmiente. Se concentró profundamente y empezó a conducir su mente hacia las regiones clarividentes de la consciencia. Introdujo su energía mental en el cerebro del durmiente y se conectó con él. Minutos después, el eremita volvía a su
estado ordinario de consciencia. Todo el pueblo se había reunido para escucharlo. Con voz pausada, explicó:
--Amigos. He llegado, sí, hasta la concavidad central del cerebro de este hombre que lleva más de un cuarto de siglo durmiendo. También he penetrado en el tabernáculo de su corazón. He buscado la causa. Y, para vuestra satisfacción, debo deciros que la he hallado. Este hombre sueña de continuo que está despierto y, por tanto, no se propone despertar.
*El Maestro dice: No seas como este hombre, dormido espiritualmente en tanto crees que estás despierto.

EL HOMBRE QUE SE DISFRAZÓ DE BAILARINA

Una fastuosa fiesta se celebraba en la corte real. El monarca esperaba con ansiedad el momento de la danza, pues era muy amante de la misma.
Quedaban unos minutos para que tuviera lugar la representación, cuando la bailarina enfermó de gravedad. No se podía desairar al rey, así que se buscó afanosamente otra bailarina para sustituir a la enferma, pero sucedió que no pudo ser hallada ninguna. El carácter del rey era terrible cuando se enfadaba. ¿Qué se podía hacer?
Uno de los ministros resolvió elegir a uno de los sirvientes y se le ordenó que se disfrazara de bailarina y bailase ante el rey. El sirviente se disfrazó de bailarina, se maquilló minuciosamente y danzó con entusiasmo ante el monarca. El rey, satisfecho, dijo:
--Aunque en algunas actitudes es un poco varonil, se trata de una gran bailarina. Me siento complacido.
La pregunta es: Mientras el sirviente interpretaba a la bailarina, ¿dejó de saber que era un hombre?
Nadie podría contestar, excepto él.
*El Maestro dice: El ser humano común se comporta como si el sirviente se hubiera identificado tanto con su papel que hubiera dejado de saber que era un hombre. Cuando se identifica con la personalidad y todo lo adquirido, se olvida de su Ser real.

OCHO ELEFANTES BLANCOS

El discípulo quería elaborarlo todo a través del entendimiento intelectual. Sólo confiaba en la razón y estaba encerrado en la propia jaula de su lógica. Visitó al mentor espiritual y le preguntó:
--Señor, ¿quién sostiene el mundo?
El mentor repuso:
--Ocho elefantes blancos.
--¿Y quién sostiene a los ocho elefantes blancos? -preguntó intrigado el discípulo.
--Otros ocho elefantes blancos.
*El Maestro dice: El pensamiento es limitado. Una nueva energía de conocimiento aparece cuando cesa el pensamiento.

UNA PARTÍCULA DE VERDAD

En compañía de uno de sus acólitos, el diablo vino a dar un largo paseo por el planeta Tierra. Habiendo tenido noticias de que la Tierra era terreno de odio y perversidades, corrupción y malevolencia, abandonó durante unos días su reino para disfrutar de su viaje. Maestro y discípulo iban caminando tranquilamente cuando, de súbito, este último vio una partícula de verdad. Alarmado, previno al diablo:
--Señor, allí hay una partícula de verdad, cuidado no vaya a extenderse.
Y el diablo, sin alterarse en lo más mínimo, repuso:
--No te preocupes, ya se encargarán de institucionalizarla.
*El Maestro dice: Nadie puede monopolizar la verdad, ni la verdad es patrimonio de nadie.

EL REY DE LOS MONOS

Cuando el rey de los monos se enteró de dónde moraba el Buda predicando la Enseñanza, corrió hacia él y le dijo:
--Señor, me extraña que siendo yo el rey de los monos no hayáis enviado a alguien a buscarme para conocerme.
Soy el rey de millares de monos.
Tengo un gran poder.
El Buda guardó el noble silencio.
Sonreía. El rey de los monos se mostraba descaradamente arrogante y fatuo.
--No lo dudéis, señor -agregó-, soy el más fuerte, el más rápido, el más resistente y el más diestro. Por eso soy el rey de los monos. Si no lo creéis, ponedme a prueba. No hay nada que no pueda hacer. Si lo deseáis, viajaré al fin del mundo para demostrároslo.
El Buda seguía en silencio, pero escuchándolo con atención. El rey de los monos añadió:
--Ahora mismo partiré hacia el fin del mundo y luego regresaré de nuevo hasta vos.
Y partió. Días y días de viaje.
Cruzó mares, desiertos, dunas, bosques, montañas, canales, estepas, lagos, llanuras, valles... Finalmente, llegó a un lugar en el que se encontró con cinco columnas y, allende las mismas, sólo un inmenso abismo. Se dijo a sí mismo: "No cabe duda, he aquí el fin del mundo". Entonces dio comienzo al regreso y de nuevo surcó desiertos, dunas, valles... Por fin, llegó de nuevo a su lugar de partida y se encontró frente al Buda.
--Ya me tienes aquí -dijo arrogante-. Habrás comprobado, señor, que soy el más intrépido, hábil, resistente y capacitado. Por este motivo soy el rey indiscutible de los monos.
El Buda se limitó a decir:
--Mira dónde te encuentras.
El rey de los monos, estupefacto, se dio entonces plena cuenta de que estaba en medio de la palma de una de las manos del Buda y de que jamás había salido de la misma. Había llegado hasta sus dedos, que tomó como columnas, y más allá sintió el abismo, fuera de la mano del Bienaventurado, que jamás había abandonado.
*El Maestro dice: ¿Adónde pueden conducirte tu engreimiento y fatuidad que no sea al abismo?*

MAÑANA TE LO DIRÉ

El rey era un hombre joven sinceramente preocupado por las cuestiones metafísicas. Aspiraba a conquistar la liberación interior y sabía que lograrla requería muchísima motivación y un enorme esfuerzo. Comenzó a
preguntarse si una persona necesitaría más de una liberación y, atormentado por esta cuestión, hizo llamar a su maestro.
--Venerable yogui. Hay una cuestión que me inquieta mucho. Incluso me roba el sueño. Yo sé hasta qué punto hay que esforzarse para hallar la Liberación pero me pregunto: ¿Basta con que una persona se libere una vez o son necesarias más liberaciones?
El yogui sólo repuso:
--Mañana, señor, te lo diré al amanecer.
El monarca ni siquiera pudo conciliar el sueño. Estaba ansioso por recibir la respuesta. Los primeros rayos del sol iluminaron su reino. Se incorporó y comenzó a ataviarse. Recordó que tenía que estar presente en una ejecución que iba a llevarse a cabo. Por haber violado y matado a varias mujeres, un hombre había sido condenado a la horca. El juez había anunciado: "Este hombre cruel y perverso debería ser ahorcado por cada uno de sus crímenes".
Cuando el rey salió de su cámara, el yogui le estaba esperando.
--Estoy ansioso por conocer tu respuesta -dijo el rey nada más verle.
--La conocerás, señor. Si me permites acompañarte a contemplar la ejecución.
El monarca y el yogui asistieron a la ejecución. El asesino fue ahorcado. Entonces el rey se volvió hacia el yogui y le preguntó:
--¿Cuándo responderás a mi pregunta?
--Ahora mismo, majestad -repuso el yogui-. Ese hombre que acaba de ser ejecutado debería haber sido ahorcado, según el juez, una vez por cada uno de sus crímenes. ¿Podéis acaso ahorcarlo de nuevo?
--Claro que no -afirmó el monarca-. Un hombre ahorcado no puede ser ahorcado de nuevo.
Y el yogui dijo:
--Y un hombre liberado, ¿puede liberarse de nuevo?
*El Maestro dice: Con la Liberación pierdes el ego pero ganas el Todo.

LEALTAD

Un insurrecto había sido condenado a morir en la horca. El hombre tenía a su madre viviendo en una lejana localidad y no quería dejar de despedirse de ella por este motivo. Hizo al rey la petición de que le permitiese partir unos días para visitar a su madre. El monarca sólo puso una condición, que un rehén ocupase su lugar mientras permanecía ausente y que, en el supuesto de que no regresase, fuera ejecutado por él. El insurrecto recurrió a su mejor amigo y le pidió que ocupase su puesto. El rey dio un plazo de siete días para que el rehén fuera ejecutado si en ese tiempo no regresaba el condenado.
Pasaron los días. El sexto día se levantó el patíbulo y se anunció la ejecución del rehén para la mañana del día siguiente. El rey preguntó por su estado de ánimo a los carceleros, y éstos respondieron:
--¡Oh, majestad! Está verdaderamente tranquilo. Ni por un momento ha dudado de que su amigo volverá.
El rey sonrió con escepticismo.
Llegó la noche del sexto día. La tranquilidad y la confianza del rehén resultaban asombrosas. De madrugada, el monarca indagó sobre el rehén y el jefe de la prisión dijo:
--Ha cenado opíparamente, ha cantado y está extraordinariamente sereno.
No duda de que su amigo volverá.
—¡Pobre infeliz! -exclamó el monarca.
Llegó la hora prevista para la ejecución. Había comenzado a amanecer.
El rehén fue conducido hasta el patíbulo. Estaba relajado y sonriente.
El monarca se extrañó al comprobar la firmeza anímica del rehén. El verdugo le colocó la cuerda al cuello, pero él seguía sonriente y sereno. Justo cuando el rey iba a dar la orden para la ejecución, se escucharon los cascos de un caballo. El insurrecto había regresado justo a tiempo. El rey, emocionado, concedió la libertad a ambos hombres.
*El Maestro dice: Deposita en tu capacidad de libertad interior la confianza del rehén y el camino te conducirá a la meta más alta.

EL YOGUI TÁNTRICO

Era un yogui abstinente que había aprendido a canalizar todas sus energías sexuales hacia el desarrollo espiritual. Vivía en una casita a las afueras del pueblo y era frecuentemente requerido por devotos que le reclamaban instrucción mística. Cierto día, un grupo de buscadores lo visitaron y le expusieron la siguiente cuestión:
--Maestro, nos preguntamos cómo puedes asumir tan fácilmente tu soledad, cómo no echas de menos a una mujer que te acompañe y te sirva de apoyo y consuelo.
--Nunca estoy solo, os lo aseguro -repuso el yogui-. Yo soy hombre y mujer. He logrado unificar en mí ambas polaridades y jamás podré ya sentirme solo. Me siento pleno y siempre acompañado. Cuando, por ejemplo, barro mi casa o tiendo mi lienzo, soy mujer; pero cuando cargo grandes pesos o corto leña, soy hombre. Según
la tarea que lleve a cabo, me siento hombre o mujer, pero en verdad no soy ni lo uno ni lo otro, porque soy ambos a la vez.
*El Maestro dice: Para el ser realizado, sólo hay una energía, y es la de la Mente Universal.

EL MENDICANTE GOLPEADO

Al amanecer, un monje mendicante dejó el monasterio para ir a mendigar su alimento. Iba tranquilamente caminando cuando vio que un terrateniente golpeaba cruelmente a uno de sus sirvientes. El monje, lleno de compasión corrió hasta el terrateniente e intercedió por el que estaba siendo tan severamente castigado. El terrateniente la emprendió entonces con el pacífico monje y le propinó tal paliza que lo dejó medio muerto. Un par de horas después, otros monjes del monasterio lo hallaron en tan lamentable estado y lo condujeron prestos a su celda en el monasterio. Uno de los monjes le estuvo curando las heridas con mucho cariño. Cuando el herido se reanimó, le dio leche y le preguntó:
--Hermano, ¿me conoces?
--Claro que te conozco, hermano -dijo con un hilo de voz el herido-.
Aquel que me golpeó, me está ahora cuidando y alimentando con leche.
*El Maestro dice: Así es el carácter de unidad para un iluminado.

LOS CIEGOS Y EL ELEFANTE

Se hallaba el Buda en el bosque de Jeta cuando llegaron un buen número de ascetas de diferentes escuelas metafísicas y tendencias filosóficas.
Algunos sostenían que el mundo es eterno, y otros, que no lo es; unos que el mundo es finito, y otros, infinito; unos que el cuerpo y el alma son lo mismo, y otros, que son diferentes; unos, que el Buda tiene existencia tras la muerte, y otros, que no. Y así cada uno sostenía sus puntos de vista, entregándose a prolongadas polémicas. Todo ello fue oído por un grupo de monjes del Buda, que relataron luego el incidente al maestro y le pidieron aclaración. El Buda les pidió que se sentaran tranquilamente a su lado, y habló así:
--Monjes, esos disidentes son ciegos que no ven, que desconocen tanto la verdad como la no verdad, tanto lo real como lo no real. Ignorantes, polemizan y se enzarzan como me habéis relatado. Ahora os contaré un suceso de los tiempos antiguos. Había un maharajá que mandó reunir a todos los ciegos que había en Sabathi y pidió que los pusieran ante un elefante y que contasen, al ir tocando al elefante, qué les parecía. Unos dijeron, tras tocar la cabeza: "Un elefante se parece a un cacharro"; los que tocaron la oreja, aseguraron: "Se parece a un cesto de aventar"; los que tocaron el colmillo: "Es como una reja de arado"; los que palparon el cuerpo: "Es un granero". Y así, cada uno convencido de lo que declaraba, comenzaron a querellarse entre ellos.
El Buda hizo una pausa y rompió el silencio para concluir:
--Monjes, así son esos ascetas disidentes: ciegos, desconocedores de la verdad, que, sin embargo, sostienen sus creencias.
*El Maestro dice: La visión parcial entraña más desconocimiento que conocimiento.

FIN

* * *
Este libro fue digitalizado para distribución libre y gratuita a través de la red
Revisión y Edición Electrónica de Hernán.
Rosario - Argentina

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