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domingo, septiembre 07, 2008

FANTASIA HEROICA -- LOS ESPADACHINES DE VARNIS -- CLIVE JACKSON

LOS ESPADACHINES DE VARNIS
Clive Jackson
FANTASIA HEROICA
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Esta pequeña gama satírica se encuadre dentro del género conocido como heroic fantasy,, en el
que las sagas medievales son trasladadas a exóticos escenarios en el tiempo y el espacio. Fue
publicada originariamente en el fanzíne de Irlanda del Norte Slant; luego, los editores de la revista
norteamericana Other Worlds la ofrecieron al publico general, y hoy nosotros se la ofrecemos a
ustedes. Esperamos que el relato agrade tanto a aquellos lectores que ya estén versados en los
extraños paisajes ofrecidos por este género como para quienes jamás hayan leído uno de estos
relatos.

* * *
Las lunas gemelas acariciaban los rojos desiertos de Marte y la desolada ciudad
de Khua-Loanis. El céfiro nocturno suspiraba por entre las frágiles espiras y susurraba
en las desgastadas celosías de los ventanales de los templos vacíos, y el
polvo rojo transformaba a la ciudad en una masa de cobre.
Era ya casi medianoche cuando el distante sonido de cascos al galope llegó a la
ciudad, y pronto los jinetes pasaron atronando por debajo del antiguo portalón.
Tham, Señor de la Guerra de Loanis, llevando a sus perseguidores la escasa ventaja
de unos veinte metros, se dio cuenta cansadamente de que la distancia se iba
acortando, y espoleó los escamosos costados de su vorkl exápodo con crueles golpes.
El fiel animal lanzó un suave grito de desesperación cuando trató de obedecer
y no pudo lograrlo.
Frente a Tharn, sobre la gran silla doble de montar, se hallaba Lehni-tal-Loanis,
Princesa Real de Marte, cabalgando el desmañado animal con natural gracilidad, inclinada
hacia adelante a lo largo de su arqueado cuello para murmurar rápidas
palabras de ánimo en sus aplastadas orejas. Luego se recostó contra el pecho de
Tharn, recubierto por la cota de mallas, y volvió hacia él su angélico rostro, ardiente
y ruborizado por la emoción de la persecución, con los ojos de color ámbar encendidos
con el amor que sentía hacia el extraño héroe de más allá del tiempo y del
espacio.
-¡Aún podemos ganar este combate, mi Tharn! - ¡Allá, tras ese arco, se halla el
Templo del Vapor Viviente, y una vez allí podremos desafiar a todas las hordas de
Varnis!
Contemplando su irreal belleza, las Sutiles curvas de su garganta, sus senos y
sus caderas descubiertas por el viento que agitaba sus diáfanas vestiduras, Tharn
supo que aunque los espadachines de Varnis acabaran con él, esta extraña odisea
no habría sido en vano.
Pero la muchacha había juzgado la distancia correctamente, y Tharn llevó a su
jadeante vorkl hasta las grandes puertas del Templo en una deslizante caída final,
mientras los Espadachines llegaban al portalón exterior y se atascaban allí en una
forcejeante y maldiciente masa. Pero en unos segundos se habían puesto de acuerdo
y atravesaban al galope el patio, aunque el retraso había dado a Tharn el tiempo
suficiente como para desmontar y disponerse a luchar frente a una de las grandes
puertas. Sabía que si lograba mantenerse firme durante unos momentos, mientras
Lehni-tal-Loanis conseguía abrir la puerta, el secreto del Vapor Viviente sería suyo,
y con él el dominio de todas las tierras de Loanis.
Los Espadachines trataron primero de aplastarlo bajo sus cabalgaduras, pero la
puerta era tan estrecha y profunda que Tharn solo tuvo que dar una estocada hacia
arriba, clavando la punta de su espada en el cuello del primer vorkl y saltando hacia
atrás mientras la bestia moribunda se desplomaba. Su jinete quedó atontado por la
caída, y Tharn saltó sobre el animal muerto y decapitó al infortunado Espadachín sin
ningún remordimiento. Restaban aún once enemigos, que se acercaban ahora a pie;
pero la angosta entrada les impedía atacar en número superior a cuatro cada vez, y
la posición predominante de Tharn, subido sobre los enormes despojos, le daba la
ventaja que necesitaba. El fuego de las batallas corría ya por sus venas, y mostró
sus dientes y rió en sus caras, y su espada ensangrentada tejió una red de fría
muerte que nadie podía pasar.
Lehni-tal-Loanis, tanteando ágilmente con fríos dedos la corroída puerta de bronce,
halló la cerradura de radiación y apretó contra ella su brillante anillo opalescente,
permitiéndose un ligero sollozo de alivio cuando oyó como los ocultos mecanismos
funcionaban. Con una agonizante lentitud, la antigua maquinaria comenzó a abrir la
puerta; pronto oyó Tharn como la límpida voz de la muchacha gritaba por encima
del ruido de los aceros entrechocando:
- Entremos, mi Tharn. ¡El secreto del Vapor Viviente es nuestro!
Pero Tharn, que ya había eliminado a cuatro de sus contrincantes, pero que aún
se enfrentaba con siete adversarios, no podía retirarse de su lugar encima del vorkl
muerto sin correr grave peligro de ser muerto, y Lehni-tal-Loanis, dándose perfecta
cuenta de esto, saltó a su lado, desenvainando su propia delgada espada al tiempo
que gritaba:
-¡Animo, mi amor! ¡Yo seré tu brazo izquierdo
Entonces la fría mano de la derrota atenazó los corazones de los Espadachines
de Varnis: dos, tres, cuatro más entre ellos mezclaron su sangre con el rojo polvo
del patio, mientras Tharn y su princesa guerrera hacían volar sus implacables hojas
perfectamente al unísono. Parecía que nada podría ya evitar que lograsen
conquistar el misterioso secreto del Vapor Oriente... pero no habían contado con la
felonía de uno de los Espadachines que restaban. Saltando hacia atrás para
apartarse del conflicto, abatió disgustado al suelo su espada.
¡Cuerno, al demonio con esto! - gruñó; y, desenfundando una pistola protónica,
mandó al infierno a Lehni-tal-Loanis y a su Señor de la Guerra con un ardiente rayo
de energía.



FIN

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