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jueves, diciembre 18, 2008

VIKINGO ESPACIAL -- H. BEAM PIPER -- 2º

VIKINGO ESPACIAL -- H. BEAM PIPER -- 2º

IX
De modo que Andray Dunnan volvía a asediarle. Fragmentos pequeños de información vinieron... el navío de Dunnan había sido visto en Hoth, en Nergal, vendiendo el botín conseguido. Ahora cambiaba oro o platino y compraba unas pocas armas y municiones. Aparentemente, su base, donde quiera estuviese, era plenamente autosuficiente. Resultaba seguro, también, que Dunnan sabía que se le perseguía. Un vikingo espacial que habló con él, afirmó que dijo:
- No quiero ningún jaleo con Trask, y si es listo tampoco querrá tener que ver nada conmigo.
Esto sirvió para convencerles positivamente que en alguna parte Dunnan estaba reforzándose para atacar a Tanith. Dispuso como norma general que siempre por lo menos dos navíos orbitasen Tanith, además del Lamia, que estaba de patrulla permanente e instaló más estaciones lanzadoras de proyectiles tanto en la luna como en el planeta.
Habían tres naves que llevaban la espada y el símbolo atómico de Ward, y una cuarta construyéndose en Gram. El conde Lionel de Newhaven fabricaba una propia y tres cargueros enlazaban a través de los tres mil años luz que separaban Tanith de Gram. Sesar Karvall, que nunca se recuperó del todo de sus heridas, había muerto; lady Lavina entregó la baronia y el negocio a su hermano, Burt Sandrasan, y se fue a vivir a Excalibur. Los astilleros de Rivington habían sido terminados y ahora construían las patas de aterrizaje del Corísande II, de Harkaman, y estaban ya montando el armazón.
Y comerciaban ahora con Amaterasu. Pedrosan Pedro había sido derrocado y condenado a muerte por el general Dagró Ector durante los desórdenes siguientes al saqueo de Eglonsby; las tropas que se quedaron en Stolgoland se amotinaron e hicieron causa común con sus finados enemigos. Las dos naciones se mantenían en una inestable alianza, con otros varios países combinándose contra ellas, cuando el Némesis, y el Space-Scourge regresaron y declararon la paz contra todo el planeta. No hubo lucha; todo el mundo sabía lo que ocurrió a Stolgoland y Eglonsby. Al final, los gobiernos de Amaterasu se unieron en un suave tratado para reabrir las minas y reanudar la producción de gadolinio y compartir las materias fisionables que se importaran para el intercambio.
Resultó más duro y costó todo un año negociar con Beowulf. Los beowulfianos tenían un único gobierno planetario y estaban propensos a disparar primero y a negociar después actitud bastante natural en vista de las experiencias del pasado. Sin embargo, tenían bastantes antiguos libros de texto de la Federación microimpresos para saber lo que podía realizarse con el gadolinio. Decidieron borrar el pasado, olvidándose de las luchas, y recomenzar de nuevo.
Pasarían algunos años antes de que cada planeta tuviese hipernavios propios. Mientras, ambos resultaron buenos clientes y rápidamente se convirtieron en excelentes amigos. Un buen número de jóvenes amaterasuanos y beowulfianos vinieron a Tanith a estudiar diversas disciplinas tecnológicas.
Los nativos de Tanith también estudiaban. En el primer año, Trask reunió a los más inteligentes chavales de diez a doce años de cada comunidad y empezó a enseñarles. En el pasado año mandó los más inteligentes a la Universidad de Gram. Cinco años después, volvieron para ser profesores; entre tanto, importaba maestros a Tanith desde Gram. Había una Universidad en Tradetown, y otras en algunos de los pueblos mayores, y en Rivington había algo que podía llamarse un Colegio Superior. Dentro de unos diez años más Tanith sería capaz de solicitar el estado de pueblo civilizado.
Eso si Andray Dunnan y sus naves no atacaban demasiado pronto. Trask confiaba en que los derrotarían, pero los daños que sufriese Tanith, en la defensa, podrían retrasar su trabajo hasta varios años. Conocía demasiado bien lo que los navíos espaciales vikingos podían hacer a un planeta. Necesitaba encontrar la base de Dunnan, destrozarla, destruir sus naves, matar al propio individuo, primero. No para vengar aquel asesinato de seis anos atrás en Gram; eso quedaba ya distante, y Elaine se había desvanecido, lo mismo que el Lucas Trask que la amó y la perdió. Lo que ahora importaba era cimentar y cultivar la civilización en Tanith.
¿Pero dónde encontraría a Dunnan, en doscientos billones cúbicos de años luz? Dunnan no tenía tal problema. Sabía dónde estaba su enemigo.
Y Dunnan se fortificaba. El Yo.Yo, del capitán Van Humfort: había informado dos veces una vez en compañía del Star Hoper, y otra con e! Enterprise. Llevaba como blasón una mano femenina sosteniendo a un planeta colgado de una cuerdecita; una buena nave y un capitán capaz e implacable. El Bolide, junto con el Enterprise, atacó Ithunn. Los gilgarnesherianos se instalaron allí y una de sus naves trajo la historia.
Y reclutó dos navíos a la vez en Melkarth, y eso causo preocupaciones a los vikingos espaciales de Tanith.
Melkarth era estrictamente un corral de gallinas. Su pueblo se había hundido hasta el nivel de villanos campesinos; no tenían riqueza que se pudiera llevar. Era, sin embargo, un lugar donde podía Posarse una nave, en el que habían mujeres v los locales no habían perdido el arte de la destilación, fabricando licores fuertes. Una tripulación se divertiría allí, con muchos menores gastos que en un corriente planeta base vikingo y durante los últimos ocho años un tal capitán Nial Bunik, del Fortuna, había estado ocupándolo, sacando a su nave para ataques ocasionales y rápidos y pasando la mayor parte del tiempo viviendo de día a día casi a nivel indígena. De vez en cuando, un gilgamesheriano acudía para ver si tenían algo que comerciar. Fue uno de ésto5 quien trajo la historia a Tanith y ya tenía, cuando la contó, casi dos años de antigüedad.
- Nos la contaron los habitantes del planeta, los que vivían en donde Eurrik tuvo su base. Primero, se instaló allí un navío comercial. Debieran haberlos oído; el navío se llamaba el Honest Horris.
Trask soltó la carcajada. El capitán, Horris Sasstroff, se apodaba a sí mismo «Honest Horris», un apodo que también puso a su nave. Era un cambalachero. Incluso los gilgamesherianos le despreciaban, ni siquiera un gilgamesheriano hubiese aceptado viajar en una nave tan vetusta como el Honest Horris.
- Había estado antes en Melkarth -dijo el gilgamesheriano -. El y Burrik son amigos - pronunció eso como un criterio final y condenatorio de ambos -. La historia que nos contaron nuestros hermanos del Fairdealer fue que el Honest Horrís había aterrizado junto al navío de Burrik y estaba allí diez días cuando entraron otras dos naves. Dijeron que una llevaba la insignia del azul creciente y la otra un monstruo verde saltando de estrella a estrella.
El Enterprise y el Star Hopper. Se preguntó por qué habían ido a un planeta como Melkarth. Quizás supiesen por anticipación a quién encontrarían allí.
- Los locales pensaron que habría lucha, pero no la hubo. Se celebró una gran fiesta, con las cuatro tripulaciones. Luego cada cosa de valor se cargó a bordo del Fortuna y los cuatro navíos salieron juntos al espacio. Dijeron que Burrik no se dejó nada de valor tras él; eso les dejó muy desencantados.
-¿Ha vuelto alguno de ellos desde entonces?
Los tres gilgamesherianos, capitán, ejecutivo y sacerdote sacudieron sus cabezas.
- El capitán Gurrash, del Fairdealer dijo que había transcurrido un año antes de entrar allí con su nave. Aún pudo ver dónde se posaron en el suelo las patas de aterrizaje de los navíos, pero los locales afirmaron que no habían vuelto.
Eso aumentaba a dos navíos más el número de naves cuyos movimientos debían vigilarse. Se preguntó, durante un momento, por qué diablos Dunnan quería naves como aquellas; eso haría que el Space-Scourge y el Lamía que tuvo primero pareciesen por comparación potentes unidades de la Marina Real de Excalibur. Luego se asustó, con un miedo retrospectivo y racional ante lo que podía haber ocurrido. Pudo pasar, también, en cualquier momento del año y medio transcurrido; cualquiera o ambos navíos podían haber entrado en Tanith sin levantar sospechas en absoluto. Era sólo por la más pura casualidad que descubría, incluso ahora, su relación con el jurado enemigo mortal.
Todo el mundo pensó que se trataba de una enorme broma. Creían que sería mayor broma si Dunnan enviaba esas naves ahora a Tanith, cuando estaban prevenidos y preparados para recibirlas.
Habían otras cosas de qué preocuparse. Una era la cambiante actitud de Su Majestad Angus 1. Cuando el Space-Scourge regresó, el flamante barón Valkanhayn vino con él, junto con el título principesco y la comisión de vicerrey de Tanith, un saludo personal más que cordial, cálido y amistoso. Angus le hizo sentarse a su mesa, descubierto y fumando un cigarrillo. El que tenía que venir en el siguiente navío fue igualmente cordial, pero el rey no fumaba y llevaba una pequeña corona de oro. Para cuando tuvieron tres naves en servicio que llegaban a intervalos de tres meses, un año y medio más tarde, hablaba desde su trono, empleando una corona mayor y utilizando para sí mismo la primera persona en plural y finalmente la tercera persona en singular para Trask. Al fin del cuarto año, ya no hubo mensaje audiovisual para él en persona y sí una rígida esquela de Rovard Grauffis al efecto de que Su Majestad se sentía indigno de que un sujeto se le dirigiese a su soberano estando sentado, incluso por aquellas pantallas audiovisuales. Eso se acompañó por un mensaje personal bastante excusativo de Grauffis, ahora primer ministro, al efecto de que Su Majestad se sentía impulsado a mantener su dignidad real en todo momento y que, después de todo, no había diferencia entre la posición y línea del duque de Wardshaven y la del rey planetario de Gram.
El príncipe Trask de Tanith no podía comprenderlo por entero. El rey era simplemente el primer noble del planeta. Incluso monarcas como Rodolf de Excalibur, o Napolyon de Flamberge no trataban de nada más. Por tanto, dirigió sus saludos e informes al primer ministro, siempre con un mensaje personal que Grauflis le replicó con amabilidad. No sólo la forma sino también el contenido de mensajes de Gram sufrieron cambio. Su Majestad se encontraba muy insatisfecho. Su Majestad se sentía profundamente desencantado. Su Majestad notaba que el reino colonial de Su Majestad en Tanith no contribuía suficientemente a la Hacienda Real. Y Su Majestad advertía que el príncipe Trask ponía por entero demasiado énfasis en el comercio y no lo bastante en los ataques; después de todo, ¿por qué comerciar con los bárbaros cuando era posible quitarles a la fuerza lo que uno necesitaba?
Y hubo el asunto del Blue Comet, el navío del conde Lionel de Newhaven. Su Majestad estaba más que molesto porque el conde de Newhaven comerciase con Tanith desde su propio espaciopuerto. Todas las mercancías de Tanith deberían pasar a través del espaciopuerto de Wardshaven.
- Mira, Rovard - dijo a la cámara audiovisual que grababa su respuesta a Grauflis -. Vistes al Space. Scourge cuando entró, ¿verdad? Eso es lo que le ocurre a un navío que ataca a un planeta en donde hay algo que valga la pena. Boewulf es peligroso con materias fisionables; nos darán todo el plutonio que podamos cargar, a cambio de gadolinio, que les venderemos a dos veces el precio que se paga en los Mundos de la Espada. Cambiaremos plutonio platonplutonio en Amaterasu por gadolinio, y lo obtendremos a mitad de precio que en los Mundos de la Espada oprimió el botón de paro, hasta que pudo acordarse de la antigua fórmula -. Puedes citarme como diciendo que quien quiera que haya aconsejado a Su Majestad le que esto no es un buen negocio, ni es amigo de Su Majestad, ni del reino.
»En cuanto a la queja acerca del Blue Comet; en cuanto es propiedad y está operado por el conde de Newhaven, que es accionista en la aventura de Tanith, tiene todos los derechos del mundo para Comerciar aquí.
Se preguntó por qué Su Majestad no impedía que el conde Lionel de Newhaven despegase su Blue Comet desde Gram. Se enteró gracias a su patrón, la vez siguiente que vino.
No se atreve, esa es la razón. Es rey mientras los grandes señores como el conde Lionel y Jons de Bigglersport y Alan de Northport quieran que lo sea, El conde Lionel tiene más hombres y más artillería y aparatos de contragravedad que el rey, ahora, y eso sin la ayuda que conseguiría de todos los demás. El pueblo está tranquilo en Gram ahora, incluso la guerra en el continente sur ha terminado. Cada cual desea conservar su modo de vivir. Incluso el rey Angus no es lo bastante loco para hacer nada que inicie una guerra. Todavía no, de todas maneras.
-¿Todavía no?
El capitán del Blue Comet, que era uno de los barones vasallos del conde Lionel, guardó silencio durante un momento.
- Debiera saberlo, príncipe Trask – dijo -. La abuela de Andray Dunnan fue madre del rey. Su padre fue el viejo barón Zarvas de Blackliffe. Era lo que se suele llamar un inválido, durante los últimos veinte años de su vida. Siempre estaba atendido por dos enfermeros casi del tamaño de Otto Harkaman. También se dice que era algo excéntrico.
El infortunado abuelo del duque Angus siempre había sido una materia de conversación que la gente evitaba. El infortunado abuelo del rey Angus era probablemente cuestión de conversación que todo el mundo que apreciase su pellejo esquivaba también.
Lothar Ffayle vino también en el Blue Comet. Se mostró igualmente locuaz.
- No regreso. Transfiero la mayor parte de los fondos del banco de Wardshaven aquí; de ahora en adelante, habrá allí una sucursal del Banco de Tanith. En esta plaza es donde se hacen los negocios. Es imposible negociar en Wardshaven. Quedan muy pocos asuntos financieros que hacer.
-¿Qué es lo que está ocurriendo?
- Bueno, impuestos, principalmente. Parece que cuanto más dinero viene de aquí, mayores impuestos recibe en Gram. Impuestos discriminatorios, también; estrujando al pequeño terrateniente y a los varones industriales y favoreciendo a los grandes propietarios. Spasso y a su grupo.
-¿El barón Spasso? Fayle asintió.
- De casi la mitad de Glaspyth. Una buena parte de los barones de Glaspyth perdieron sus baronías algunos hasta sus cabezas después de expulsar al duque Omfray. Parece que hubo un complot contra la vida de Su Majestad. Fue descubierto el celo y vigilancia de sir Galvan Spasso, que elevado de rango y recompensado con las tierras haciendas de los conspiradores.
- ¿Has dicho que el negocio era malo, como tal? volvió a asentir.
- El gran crecimiento de Tanith lo ha destrozado. Los precios han subido; todo el mundo quería partir en esta aventura. Y seguramente nunca hubiesen construido esos dos últimos navíos, el Speedwell y el Goodhope;; la inversión en ellos no justifica el gasto. Luego, tú has creado tus propias industrias y instruido tu propio equipo y armamento aquí; eso originado un bajón en la industria de Gram. Me alegro de que Lavina Karvall tenga bastante dinero invertido para vivir. Y finalmente, el mercado de mercancías para el consumidor se va viendo inundado genero que viene de aquí y que compite con la industria de Gram.
Bueno, eso era comprensible. Uno de los navíos hacían el viaje regular a Gram llevaría bastante en sus cajas fuertes, en oro, joyas y por el estilo, que el viaje resultase muy beneficioso. Las mercancías de mucho bulto iban en los cargueros que prácticamente lo aceptaban todo, cualquier cosa que tuviese a mano, género que nadie ordinariamente pensaría en embarcar para el comercio interestelar. Un carguero de setecientos metros tenía bodegas en que cabía una inmensidad de género.
El barón Trask de Traskon ni siquiera había comenzado a darse cuenta de lo que la base de Tanith a costarle a Gram.
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Como era de esperar, los beowulferianos acabaron su hipernavío primero. Habían empezado con todo, excepto un poco de técnica cosa que aprendieron rápidamente. Amaterasu tuvo que comenzar creando la industria que necesitaban para crear la industria necesaria para construir un navío. La nave de Beowulf, llamada Viking's Gift, entró en Tanith cinco años y medio después de que el Némesis y el Space-Scourge atacasen Beowulf; su patrón peleó en aquella batalla con un navío de motor normal. Además del plutonio y de los isótopos radioactivos, llevaba una carga general de toda clase de mercancías de lujo únicas a las que Beowulf siempre encontraba mercado en el comercio interestelar.
Después de vender la carga y depositar el dinero en el banco de Tanith, el patrón del Viking's Gift quiso saber dónde podría encontrar un buen planeta que atacar. Le dieron una lista, ninguno demasiado duro pero todos ligeramente por encima del insignificante robo de gallinas, y otra lista de planetas que no podía atacar; planetas con los que comerciaba Tanith.
Seis meses después se enteraron de que había aparecido en Khepera, con el que ahora comerciaban, e inundó el mercado con productos textiles, herramientas, cerámica y plásticos. Allí compró carne de kreggs y pieles.
-¿Ves ahora lo que hiciste? - se quejó Harkaman -. Pensabas conseguir un cliente; lo que has logrado es un competidor.
- Lo que yo hice fue un aliado. Pero una vez encontramos el planeta de Dunnan, necesitaremos una Ilota para apoderarnos de él. Un par d~ naves de Beowulf ayudarían. Ya les conoces; luchastes también contra ellos.
Harkaman tenía otras preocupaciones. Mientras estaba de crucero con el Corisande II, entró en Vitharr, uno de los planetas que comerciaban con Tanith, para encontrar que había sido atacado por un navío espacial vikingo de base en Xochitl. Luchó brevemente contra la nave, batiendo al invasor hasta que Be perdió en el espacio. Luego se fue directamente a Xochtil, llegando tras los talones del navío al que había derrotado y mandó al capitán y al príncipe Viktor un ultimátum en el sentido de que dejasen a los planetas que comerciasen con Tanith en paz en el futuro.
-¿Y cómo se lo tomaron? - preguntó Trask cuando volvió a informar.
- Del modo en que tú lo hubieses hecho. Vikctor dijo que su pueblo era vikingo espacial, no gilgamesheriano. Le contesté que tampoco éramos nosotros gilgamesherianos, como averiguaría en Xochitl la próxima vez que uno de sus navíos atacase uno de nuestros planetas. ¿Vas a respaldarme? Claro, siempre puedes enviar al príncipe Viktor mi cabeza y excusas.
- Si tengo que enviarle algo, le enviaré un cielo lleno de navíos y un planeta lleno de «proyectiles infernales». Hiciste perfectamente bien, Otto; con exactitud, lo que yo hubiese hecho en tu lugar.
Allí se quedó el asunto. No hubieron más ataques de navíos Xochitl en ninguno de sus planetas de la órbita comercial. Sin mencionar el incidente en ninguno de los informes que se enviaron a Gram. La situación en Gram se deterioraba rápidamente. Por último, hubo un mensaje audiovisual del propio Angus en persona; apareció sentado en su trono, llevando la corona y comenzó a hablar bruscamente desde la pantalla:
- Nos, Angus, rey de Gram y Tanith, estamos muy molestos con nuestro súbdito, Lucas, príncipe y virrey de Tanith; Nos consideramos muy mal servidos por el príncipe Trask. Por lo tanto le ordenamos que vuelva a Gram y que nos rinda cuentas de su administración de nuestra colonia y reino de Tanith.
Tras unos cuantos apresurados preparativos, Trask grabó una respuesta. Apareció también sentado en el trono, y llevando una corona tan adornada como la del rey Angus, y túnicas de blancas y negras pieles de Imhotep.
- Nos, Lucas príncipe de Tanith - comenzó-, de buena gana reconocemos la soberanía del rey de Gram, antiguamente duque de Wardshaven. Es nuestro deseo más formal, si es posible, permanecer en paz y amistad con el rey de Gram y seguir adelante con nuestras relaciones comerciales con él y con sus súbditos.
Sin embargo debemos rechazar absolutamente cualquier esfuerzo por su parte para dictar la política interna en nuestro reino de Tanith. Es nuestra más formal esperanza... maldición, había dicho «formal», debía haber pensado en otra palabra- . . de que ningún acto por parte de Su Majestad el rey de Gram cree ninguna brecha en la amistad resistente entre su reino y el nuestro.
Tres meses mas tarde, el siguiente navío, que había zarpado de Gram mientras la contestación del rey Angus estaba todavía en el hiperespacio, trajo al barón Rathmore. Al estrecharse las manos con él mientras abandonaba las naves de aterrizaje, Trask quiso saber si lo habían enviado como nuevo virrey. Rathmore empezó a reír y al terminar soltó una serie de maldiciones.
- No. Vine a ofrecer mi espada al rey de Tanith - dijo.
- Príncipe de Tanith, por ahora - le corrigió Trask -. La espada, sin embargo, es muy aceptable. ¿Puedo pensar que ya estas hasta la coronilla de tu bendito soberano?
- Lucas, tienes bastantes navíos aquí y hombrea para apoderarte de Gram - dijo Rathmore ~. Proclámate rey de Tanith y luego pretende al trono de Gram v todo el planeta se levantará a tu lado.
Rathmore había baja do la voz, pero incluso así, en el abierto piso de aterrizaje, no había lugar para aquella clase de conversaciones. Así lo dijo, pidió a un par de nativos que cogiesen el equipaje de Ratbmore y le llevó por un vehículo terrestre hasta sus habitaciones. Después de que estuvieron a solas, Rathmore volvió a comenzar:
- Esto ya es más de lo que nadie puede soportar No hay ni uno solo de la vieja nobleza que no esté irritado, ni tampoco los barones menores, los terratenientes e industriales, la gente que siempre fue espina dorsal de Gram. Y llega hasta el vulgo. Restricciones a los señores, impuestos a la gente, infracción para poder pagar los impuestos, altos precios, devaluación de las monedas. Todos son pobres excepto ese atajo de nuevos señores que le rodean y esa mala mujer y su parentela...
Trask se puso rígido.
- No estarás hablando de la reina Flavia, ¿verdad? - preguntó.
Rathmore se quedó boquiabierto.
- Gran Satán, ¿no lo sabes? No, claro que no; las noticias habrán llegado al mismo navío que yo. Oh, Angus se divorció de Flavia. Dijo que era incapaz de darle un heredero al trono. Volvió a casarse inmediatamente.
El nombre de la chica nada significaba para Trask; conocía a su padre, un tal barón Baldive. Era señor de un pequeño estado al sur de las tierras Ward y al oeste de Newhaven. La mayor parte de sus súbditos eran salteadores y ladrones de ganado y el propio barón estaba muy cerca de convertirse en un criminal de esos.
- Bonita familia con la que ha emparentado. Un crédito para la dignidad del trono.
- Sí. No conocerás a esta dama señorita Evita; tenia sólo diecisiete años cuando te fuiste de Gram v no había empezado a adquirir fama fuera de las tierras de su padre. Sin embargo, ha recuperado el tiempo perdido. Y tiene bastantes tíos y tías y primos y examantes y cualquier cosa para llenar un regimiento de infantería, y cada cual en la corte tiene ambas manos extendidas para coger cuanto puedan.
-¿Y le gusta mucho esto al duque Jons? - el duque de Bigglersport era hermano de la reina Flavia. No diría que se muestra encantado.
- Lo que hace es contratar mercenarios y comprar aparatos de combate de contragravedad. Lucas, ¿por qué no vuelves? No tienes idea de la fama que has ganado en Gram ahora. Todo el mundo se agruparía junto a ti.
Trask sacudió la cabeza.
- Tengo un trono aquí en Tanith. En Gram quiero nada. Lamento cómo se ha vuelto Angus; Pensé que sería un buen rey. Pero puesto que se ha convertido en un monarca intolerable, los señores el pueblo de Gram tendrán que desembarazarse de él por sí mismos. Yo aquí tengo mi propio trabajo.
Rathmore se encogió de hombros.
- Me temo que dirías eso - dijo-. Bueno, ofrezco mi espada; no lo retiro. Puedo ayudarte lo que estás haciendo en Tanith.
El capitán del vikingo espacial libre Tamnafink se llamaba Roger.Fan.Morvill.Esthersan, lo que significaba que era un bastardo reconocido de algún noble de los Mundos de la Espada y una mujer dé cualquiera de los planetas de la Antigua Federación. La raza de su madre pudo haber sido la de los Nergaleros; tenía un pelo áspero y negro, una piel color caoba, y ojos pardos rojizos, casi castaños. Probó el vino que el robot le sirvió y pareció apreciarlo, luego comenzó a desenvolver el paquete que traía.
- Algo que encontré mientras atacaba Tetragrammaton – dijo -. Pensé que le gustaría tenerlo. Se hizo en Gram.
Era una pistola automática, con cinturón y funda. El cuero era de piel de bisonoide; la hebilla era un esmalte ovalado con una luna creciente azul pálido sobre negro. La pistola era un sencillo modelo militar de diez milímetros con mango de plástico labrado; en el receptor llevaba el sello de la Casa de Hoylbar, los fabricantes de armas de Glaspyth. Evidentemente era una de las armas que el duque Omfray había proporcionado a la compañía mercenaria original de Andray Dunnan.
- ¿Tetragrammaton? - miró al gran tablero, no había informe previo de aquel planeta -. ¿ Cuánto tiempo hace?
- Yo diría que unas trescientas horas. Vine de allí directamente, menos de doscientas cincuenta horas. Los navíos de Dunnan habían dejado el planeta tres días antes de que yo lo dejase.
- Esto era reciente prácticamente. Bueno, algo así que ocurrir, tarde o temprano. El vikingo espacial le preguntaba si conocía qué clase de lugar Tetragrammaton -
Neobárbaros, tratando de recivilizarse de una manera tosca. Pequeña población, concentrada en un continente; agricultores y pescadores. Una industria ligeramente pesada, en cierto modo, en un par de ciudades. Tenían algo de energía nuclear, introducida hacía un siglo por los comerciantes de Marduk, uno de los planetas realmente civilizados. Seguían dependiendo de Marduk para materias fisionables; sus productos de exportación eran unas verduras de un olor abominable que servían de base para fabricar perfumes delicados y que nadie era capaz de sintetizar adecuadamente.
- Tengo entendido que tienen ahora factorías de acero funcionando - dijo el mestizo vikingo espacial -. Parece que alguien en Rimmon acaba de reinventar el ferrocarril y que necesitan más acero del que pueden producir por si mismos. Pensé que Podría atacar Tetragrammaton por acero y cambiarlo en Rimmon por una carga de té celestial. Cuando llegué, sin embargo, todo el planeta era un caos; no ataque, simple destrucción al azar. Los nativos estaban recuperándose cuando aterricé. Algunos, que no creo que tuviesen nada que perder, se me resistieron. Capturé unos cuantos, para enterarme de lo que había pasado. Uno tenía esa pistola; se la había quitado al vikingo espacial que mató. Los navíos que les atacaron eran el Enterprise y el Yo-Yo. Sé que usted quería tener noticias de ellos. Gravé unas cuantas historias locales en cinta y luego vine directamente aquí.
- Bueno, gracias. Deseo oír ahora esas cintas. ¿Dijo que necesitaba acero?
- Bueno, no tengo dinero. Por eso iba a atacar Tetragrammaton.
- No se preocupe por el dinero; su cargamento está ya pagado. Con esto - dijo tocando la pistola -, y con lo que hay en las cintas.
Pasaron las cintas aquella noche. No eran informativas particularmente. Los nativos que habían sido interrogados no estuvieron en contacto con la gente de Dunnan excepto en el combate. El hombre que había llevado el joyeyebar de diez milímetros era el mejor testigo del lote y sabía muy poco. Había pillado a un enemigo a solas ~ le disparó desde atrás con una escopeta, le quitó la pistola y se fue tan deprisa como pudo. Había enviado una nave de aterrizaje según parecía, y decían que querían comerciar; luego debió ocurrir algo, nadie sabía el qué, y comenzó la matanza y el saqueo a la ciudad. Después de regresar a sus navíos, abrieron fuego con proyectiles nucleares.
- Parece propio de Dunnan - dijo disgustado Hugh Rathmore -. Se volvía simplemente loco. La mala sangre de Blackliffe.
- Hay cosas chocantes en esto - dijo Boake Valkanhayn -. Yo diría que fue un ataque de terror, ¿pero a quién diablos trataba de aterrorizar?
- También me ha extrañado eso - frunció el ceño Harkaman -. Esta ciudad en donde él aterrizó parece, tal y como era, haber sido la capital planetaria. Han tomado tierra, y luego comenzaron el pillaje y la matanza. No había allí nada de verdadero valor; todo lo que se llevaron era lo que podían portar los hombres o material para una nave de aterrizaje y lo hicieron porque querían imprimir una previsión religiosa contra el aterrizaje en cualquier parte, resultaba mal marcharse sin llevarse nada. El verdadero botín estaba en esas otras dos ciudades; una factoría de acero y grandes cantidades de ese metal en una de ellas y todo ese maloliente aceite en la otra. ¿Por qué lo hicieron? Dejaron caer una bomba de cinco megatones en cada urbe y las volaron hasta el Em.See.Square. Eso fue un ataque de terror pura y simplemente, pero como Boake se pregunta, ¿a quién querían asustar? Si hubiesen habido grandes ciudades en otra parte del planeta, tendría una razón. Pero no las hay. Volaron las dos urbes mayores y todo el botín que había en ellas.
- Entonces quisieron asustar a alguien fuera del planeta.
- Pero nadie ha oído hablar de ese planeta - protestó alguien.
- Los mardukianos sí; comercian con Tetragrammaton - dijo el bastardo de alguien llamado Morvill -. Envían al año un par de navíos.
- Es verdad - asintió Trask -. Marduk.
-¿Quieres decir que crees que Dunnan trata de aterrorizar a Marduk? - preguntó Valkanhayn -. ¡Gran Satán, no creo siquiera que sea lo bastante loco para eso!
El barón Rathmore empezó a decir algo acerca de lo que Andray Dunnan era bastante loco para hacer y lo que su tío era también suficientemente loco para también realizar. Era una de las cosas que había estado haciendo desde que vino a Tanith y no tenía que mirar por encima de su hombro mientras lo efectuaba.
- Creo que lo es, también - dijo Trask -. Creo que es exactamente lo que ha estado haciendo. No me preguntéis por qué; como Otto ha tenido el acierto de observar, está loco y nosotros no, lo que le da una ventaja. ¿Pero qué hemos conseguido, desde que esos gilgamesherianos nos dijeron que había recogido al navío de Burrik y al Honets Horris? Hasta hoy, no habíamos tenido noticias de ningún otro vikingo espacial. Lo que obtuvimos fueron historias de gilgamesherianos sobre ataques a planetas en donde ellos comercian y cada uno de ellos es también un planeta en donde comercian igualmente los navíos en Marduk. Y en cada caso, ha habido bien poco o nada informado acerca de que se llevasen botín valioso. Las historias son todas de saqueos v bombardeos asesinos. No creo que sea otra cosa mas posible que Andray Dunnan esté haciendo la guerra a Marduk, con algún propósito.
- Entonces está más loco que su abuelo y su tío juntos - exclamó Rathmore.
- Quiere decir que está efectuando una cadena de ataques de terror en sus planetas comerciales, esperando impulsar a la marina espacial mardukiana alejarse de su planeta patrio? - Harkaman había dejado de ser incrédulo. ¿Y que cuando consiga alejarlos, efectúe un ataque rápido?
- Eso es lo que pienso. Recuerdo nuestro postulado fundamental: Dunnan está loco. Recuerda cómo se convenció a sí mismo de que era el heredero legal a la corona ducal de Warshaven. Y recuerda su insana pasión por Elaine; son detalles - Rápidamente apartó aquel pensamiento de sí -. Ahora, está convencido de que es el mayor vikingo espacial de la historia. Tiene que hacer algo digno de esa distinción. ¿Cuándo fue la última vez que alguien atacó un planeta civilizado? No me refiero a Gilgamesh, sino un planeta como Marduk.
- Hace ciento veinte años; el príncipe Havilgar de Haulteclere, seis navíos, contra Aton. Dos naves regresaron. El no. Nadie lo intentó desde entonces - dijo Harkaman.
- Así lo hará, pues, Dunnan el Grande. Espero que lo intente - se sorprendió a sí mismo añadiendo -: Eso siempre y cuando descubra lo que pasó. Entonces podré dejar de pensar en él.
Hubo un tiempo en que temió la posibilidad de que alguien más pudiese matar a Dunnan antes de que lo hiciese él en persona. Ahora...
XI
Seshat, Obidicut Lugaluru, Audhumla.
El joven elevado por la muerte de su padre en el ataque de Dunnan al puesto de presidente hereditario de la República democrática de Tetragrammaton había estado seguro de que los navíos de Marduk que vinieron a su planeta comerciaban también con aquellos. Hubo alguna dificultad en establecer contacto y la primera reunión cara a cara comenzó en una atmósfera de amarga desconfianza por su parte. Se habían encontrado en el exterior, en su torno, despojos, escombros y edificios quemados, y chozas apresuradamente construidas y cobertizos, y amplios espacios de tierra calcinada.
- Volaron la fundición de acero de aquí y la refinería de petróleo de Jannsboro. Bombardearon y destrozaron las pequeñas ciudades agrícolas y los pueblos. Esparcieron radioactividad que mató a tantas personas como el bombardeo. Y después de haberse ido, llega este otro navío.
-¿El Daninthing? ¿Llevaba la cabeza de una bestia con tres cuernos?
- Ese. Al principio causó algún daño. Cuando el capitán se enteró de lo que nos había ocurrido, dejó alimentos y medicinas para nosotros Roger.Fan.MorviII Esthersan no había mencionado eso.
- Bueno, quisiéramos ayudarle, si podemos. ¿Tienen energía nuclear? Podemos proporcionarles un pequeño equipo. Simplemente acuérdense de nosotros, cuando vuelvan ustedes a ponerse en pie; volveremos más tarde para comerciar. Pero no creo que ustedes nos deban nada. El hombre que les hizo esto es mi enemigo. Ahora quiero hablar con cada una de las personas que pueda decirme algo...
Seshat era el más próximo; fueron primero allí. Llegaron demasiado tarde. Seshat ya lo había recibido y ante la evidencia de los contadores de radioactividad, no hacía mucho tiempo. Cuatrocientas hora, como máximo. Lanzaron dos «infernales»; las ciudades sobre las que cayeron eran aún cráteres humeantes literalmente perforados por fuego en el suelo y en el lecho rocoso inferior, en el centro de un radio de doscientos kilómetros de escoria y lava, de tierra quemada y de bosques incendiados. Allí lanzaron un revientaplanetas; eso produjo un terremoto bastante grande. Y media docena de artefactos termonucleares. Probablemente habían poquisimos supervivientes, la población humana planetaria es en extremo difícil de exterminar por completo, pero al cabo de un siglo o así volverían al taparrabos y al hacha de piedra.
- Ni siquiera sabemos que Dunnan lo hiciese, personalmente - dijo Paytrik Morland -. Por todos nuestros datos, él está abajo, en una ciudad subterránea hermética de algún planeta de quien nadie oyó hablar, sentado en un trono de oro, rodeado por un harén.
El había comenzado a sospechar que Dunnan hacía algo de esa especie. El Más Grande Vikingo Espacial de la Historia naturalmente fundaría un imperio espacial vikingo.
- Todo emperador tiene que salir a dar un vistazo por su imperio de vez en cuando; yo no me paso todo el tiempo en Tanith. Vamos a probar ahora en Audhumla. Es el mundo más lejano. Quizá podamos llegar mientras esté disparando contra Obidicut y Lugaluru. Guatt, calcúlanos el salto.
Cuando la coloreada turbulencia se desvaneció y la pantalla quedó clara, Audhunmla parecía igual que Tanith, o Khepera o Amatcrasu, o cualquier otro planeta tipo Tierra, por un lado un gran disco brillante que reflejaba la luz del sol, y por otro reluciendo débil bajo el resplandor de las estrellas y de la luna, había un sólo satélite bastante grande y, en la pantalla telescópica, las marcas usuales de mares y continentes y ríos y cordilleras. Pero nada que demostrase...
Oh, sí; luces en el lado oscuro y del tamaño que podían atribuirse a enormes ciudades. Todos los datos asequibles de Audhumla estaban bastante anticuados; una considerable civilización podía haberse desarrollado en la última media docena de siglos.
Otra luz surgió, una chispa fuerte blanco azulado que se extendió en un resplandor mayor, menos brillante y amarillento. Al mismo tiempo, todos los sistemas de alarma de la sala de mandos entraron en un pandemonio de chirridos, destellos, bramidos y aullidos, y gritos. Radiación. Energía nuclear suelta. Efectos distorsivos de contragravedad. Equipo de infrarrojos. Una oleada de rayo indescifrable y de señales de comunicación por pantalla. Rayos de radar y escrutadores desde cl planeta.
El puño de Trask se crispó; se dio cuenta, por un súbito dolor, que había estado golpeando al escritorio de delante suyo. Dejó de hacerlo.
-¿Le pillamos, le pillamos? - gritaba con aspereza -. Entremos a toda velocidad, aceleración continua, toda cuanto se pueda soportar. Ya nos preocuparemos por decelerar cuando estemos a distancia de tiro.
El planeta creció rápidamente; Karffard le tomaba la palabra sobre la deceleración continua. Se tendría que pagar una factura infernal cuando comenzasen a disminuir la aceleración. En el planeta, más bombas estallaban precisamente fuera de la atmósfera más allá del horizonte.
- Navío observado. Altitud, de ciento cincuenta a doscientos kilómetros... cientos, no miles... latitud norte 35 grados, 15 grados al oeste de la línea de puesta del sol. El navío está bajo el fuego, las bombas explotan cerca - gritó una voz.
Alguien estaba diciendo que las luces de la ciudad no eran tales, sino propias ciudades ardiendo, o bosques. La primera voz, tras interrumpirse, continuó de nuevo:
- El navío es visible en la pantalla telescópica, precisamente en la línea de la puesta del sol. Y hay otro navío detectado pero no visible, en algún lugar en torno al ecuador, y un tercero fuera de la vista, podemos observar sólo el borde de su campo de contragravedad en torno al planeta.
Eso significaba que habían dos bandos y una polea. A menos que Dunnan hubiese tomado un tercer navío, en cualquier parte. La vista telescópica cambió; durante un momento el planeta estuvo completamente desenfocado y luego su curvatura apareció en escena en la pantalla contra un fondo estrellado. Estaban ahora casi a tres mil kilómetros; Karffard gritaba alto a la aceleración y trataba de colocar a la nave en órbita espiral. De pronto vieron fugazmente a una de las naves.
- Está en apuros - sonó la voz de Paul Koreff -. Pierde aire y vapor de agua en grandes cantidades.
- Bueno, ¿es de los buenos o de los malos? - estaba preguntando a gritos Morland. como si mediante los espectroscopios de Koreff se pudiera distinguir. Koreff no le hizo caso.
- Otro navío hace señales – dijo -. Es el que viene por el ecuador. Código de impulsos de los Mundos de la Espada; envía su combinación de comunicaciones y una orden de que nos identifiquemos.
Karffard marcó la combinación mientras Koreff se la proporcionaba. Trask estaba desesperadamente forzando su rostro a la misma unidad, la pantalla se iluminó. No era Andray Dunnan, eso fue una desilusión. Pero casi resultó tan bueno, sin embargo. Era su secuaz, su lugarteniente, sir Nevil Ormm.
- ¡ Bueno, sir Nevil! Una agradable sorpresa - se oyó decir a sí mismo -. La última vez que nos vimos fue en la terraza de Karvall House, ¿verdad?
Por una vez, el rostro cerúleo del alma negra de Andray Dunnan mostró expresión, pero Trask no pudo más que deducir si era miedo, sorpresa, impresión, odio, cólera o cualquier combinación de él todas estas sensaciones.
-¡Trask! ¡Satán te maldiga...!
Luego la pantalla quedó en blanco. En el visor telescópico el otro navío vino sin desviarse. Paul Koreff, que había conseguido más datos sobre masa, impulso energético de los motores y dimensiones, lo identificaba como el Enterprise.
- ¡ Bueno, a por él! ¡ Volquémonos!
No necesitaron la orden; Van Larch estaba hablando rápidamente en su micrófono manual y Alvyn Karffard lanzaba su voz por todo el Némesis advirtiendo contra la súbita deceleración y el cambio direccional y mientras hablaba las cosas en la sala de mandos comenzaron a resbalar. La pantalla telescópica, el otro navío era claramente visible; se podía distinguir el retazo oval en negro con el creciente azul y en su pantalla Dunnan estaría viendo el cráneo clavado en la espada del Némesis.
Si al menos estuviese seguro de que Dunnan ocupaba la otra nave. Si hubiera aparecido el rostro de Dunnan en vez del de Ormm. Tal y como estaban las cosas, no podía tener la certeza y si uno de los proyectiles que ya escapaban daba afortunadamente en el blanco, jamás tendría la seguridad. No le importaba quién matase a Dunnan, o cómo. Todo lo que deseaba era saber que Dunnan había muerto y le había dejado libre de su auto asumida obligación que ahora resultaba carente de significado.
El Enterprise lanzó contra proyectiles; lo mismo hizo el Némesis. Hubieron relámpagos momentáneamente insufribles de pura energía y desde ellos globos de incandescencia se extendieron y se desvanecieron. Algo debió atravesar; luces rojas destellaron en el panel de averías. Había sido algo lo suficientemente pesado para sacudir la enorme masa del Némesis. Al mismo tiempo, el otro navío recibió un impacto de algo que debió evaporarlo de no haber estado blindado con colapsio. Luego, mientras pasaron muy cerca la artillería martilleó una y otra vez con proyectiles y luego el Enterprise desapareció de la vista tras el horizonte.
Otra nave, del tamaño del Corisande II de Otto Harkaman se acercaba; llevaba como emblema una mano femenina de rojas uñas, que sostenía un cordel del que pendía un planeta. Se precipitaron uno contra otro, plantando un jardín de evanescentes flores de fuego entre ellos; se abatieron con la artillería y luego se separaron a toda velocidad. Al mismo tiempo, Paul Koreff estaba captando una señal en el código de impulsos del tercer y averiado navío; una combinación de pantalla. Trask la pulsó nada más recibirla.
Un hombre con armadura espacial estaba mirando por la pantalla. Eso era malo, si era preciso que tuviesen que llevar puesto el traje espacial en la sala de mandos. Aún poseían aire; tenía el casco abierto, pero sujeto y preparado para cerrarlo. En su plancha pectoral había un aparato con el emblema de una bestia en forma de dragón con la cola envolviendo a un planeta y una corona por encima. El hombre tenía un rostro delgado de altos pómulos, con una arruga vertical entre los ojos y un recortado bigote
-¿Quién eres, desconocido? Luchas contra mis enemigos; ¿te hace eso amigo mío?
- Soy amigo de cualquiera que tenga a Andray Dunnan por enemigo. Navío Némesis, de los Mundos de la Espada; soy el príncipe Lucas Trask de Tanith, al mando.
- Nave real mardukiana Víctrix el hombre del rostro fino soltó una risotada trágica -. No se acomoda bien a su nombre. Soy el príncipe Simon Bentrik, al mando.
-¿Está usted aún en condiciones de combatir?
- Podemos disparar la mitad de nuestra artillería; también nos quedan unos cuantos proyectiles dirigidos. El setenta por ciento de la nave está sellada, y tenemos agujeros en una docena de sitios. Poseemos energía suficiente para ascender y navegar. No podemos maniobrar lateralmente, excepto a expensas de la ascensión.
Lo que convertía al Victrix prácticamente en un blanco estacionario. Gritó por encima de su hombro a Karffard que cortase velocidad todo cuanto pudiera sin destrozar la nave.
- Cuando ese tullido aparezca a la vista, empieza a circular en su torno. Describe un círculo apretado por encima suyo - se volvió al hombre de la pantalla -. Si podemos disminuir la marcha lo bastante, haremos cuanto podamos por cubrirle.
- Basta con cuanto puedan; gracias, príncipe Trask.
-¡Aquí viene el Enterprise! - gritó Karffard, con una serie de obscenas blasfemias como adorno -. Nos tiene casi clavaditos.
-¡Bueno, hagamos algo!
Vaun Larch ya estaba realizándolo. El Enterprise había recibido daños en el último intercambio de proyectiles; los espectroscopios de Koreff mostraban un halo de aire y vapor de agua. Sus instrumentos dirían la misma historia del Némesis, segmentos de forma irregular se extendían de seis a ocho cubiertas hacia dentro en donde en diversos lugares se había tenido que cerrar herméticamente las escotillas. Luego la única cosa que podía verse con certeza era el fogonazo de los mutuamente destructores proyectiles entre ellos. El duelo de artillería a escasa distancia comenzó y terminó mientras se cruzaron.
En la pantalla había visto una cosa gruesa de morro redondo subir desde el Victrix, curvándose bastante lejos por delante del Enterprise. Estaba casi fuera de la vista en torno al planeta cuando tropezó con ello y desapareció en un terrible fulgor. Durante un momento, creyó que había sido destruido del navío, luego apareció tabaleándose a la vista y se encendió tras la curvatura de Audhumla.
Trask y el márdukiano se estaban estrechando las manos consigo mismos en sus pantallas; todos en la sala de mandos del Némesis gritaban:
-¿Buen disparo, Víctrix? ¿Buen disparo?
Luego el Yo-Yo tomó a dar la vuelta y Vann Larch dijo:
-¡Diablos con ese entrometido! ¡ Yo le arreglaré las cuentas!
Gritó órdenes, un jeroglífico de letras en clave y de números, y las cosas empezaron a ponerse en marcha. En su mayoría los proyectiles estallaron en el espacio. Luego el Yo-Yo explotó muy tranquilamente; como lo hacen las cosas en donde no hay aire que transporte la onda explosiva y la sonora, pero muy brillantemente. Hubo una breve luz diurna por todo lado nocturno del planeta.
- Ese fue nuestro «revientaplanetas» - dijo Larch-. No sé qué usaremos con Dunnan.
- Yo no sabía que lo tuviésemos - admitió Trask.
- Otto se hizo construir un par en Beowulf. Los beowulferianos son buenos en armas nucleares.
El Enterprise regresó, personalmente, para ver que es lo que había estallado. Larch lanzó otro artefacto y una andanada de entretenimiento de material pequeño, el artefacto de cincuenta megatones termonucleares disfrazado entre los pequeños proyectiles. Poseía su propio arsenal de cohetes menores y logró pasar. En la pantalla telescópica, un rasgado agujero era visible precisamente debajo del ecuador del Enterprise, los bordes curvados hacia fuera. Algo, posiblemente un proyectil pesado en un tubo abierto, preparado para el lanzamiento, había penetrado en su interior. Lo que había dentro de la nave, o cuantos de su compañía estaban todavía vivos, resultaba difícil de imaginar.
Hubieron unos pocos y sus salvavidas no bastaron. Emitieron unos cuantos cohetes defensivos que fueron todos interceptados y volados en el espacio. El casco del Enterpríse se hizo enorme en la pantalla guía del proyectil y la llenó; 4 cráter rasgado que penetraba hasta el fondo del navío de Dunnan se extendió hasta ocuparlo todo. La escena se quedó blanco lechosa mientras el proyectil estallaba.
Todas las demás pantallas destellaron brevemente, hasta que sus filtros cedieron. Incluso después, brillaron como el sol nuboso de Gram a medianoche. Por último, cuando cayó la intensidad luminosa y los filtros funcionaron de nuevo, no quedaba nada del Enterprise excepto una bruma anaranjada.
Alguien, Paytrik, barón de Morland, vio, le estaba batiéndole la espalda y gritando cosas inarticuladas a su oído. Una docena dé oficiales con armadura espacial y el emblema de dragones cuya cola envolvía un planeta en el pecho se agrupaban junto al príncipe Bentrik en la pantalla en que aparecía el Victrix, gritando como pastores bisonoides borrachos en una noche de día de cobro.
- Me pregunto - dijo. casi inaudiblemente -, alguna vez sabré si Andray Dunnan iba en ese navío.

MARDUK
I
El príncipe Trask de Tanith y el príncipe Simón Bentrik cenaron juntos en la terraza superior de lo que originalmente fue la principal mansión de una plantación del período de la Antigua Federación. Fue desde entonces bastante número de otras cosas; ahora era el edilicio municipal de la ciudad que había crecido en su torno, escapando milagrosamente e indemne del bombardeo de Dunnan. Normalmente de cinco a diez mil almas, el lugar ahora estaba atestado con casi cincuenta mil refugiados sin hogar de media docena de otras ciudades destruidas, atestando los edificios y amontonándose en un campamento provisional de chozas y cobijos presurosamente levantados y ya con los edificios definitivos en marcha para acomodarlos. Cada cual, nativos, mardukianos y vikingos espaciales, estuvieron atareados con el trabajo de auxilio y reconstrucción; esta era la primera comida que los dos comandantes pudieron compartir con cierta laxitud. El disfrute del príncipe Bentrik y todo lo que era singular se veía satisfecho por el hecho de que podía ver a lo lejos la esfera de su navío en el suelo y en plan de reparaciones.
- Dudo que pueda volverlo a sacar del planeta y que viaje por el hiperespacio.
- Bueno, entonces le llevaríamo8 a usted y a su tripulación a Marduk en el Némesis - ambos hablaban con voz alta, por encima del estrépito de la maquinaria -. Espero que no piense que lo voy a dejar atascado aquí.
- No sé si cualquiera de nosotros será bien recibido. Los vikingos espaciales últimamente no han sido muy populares en Marduk. Quizá le den las gracias por devolverme a la patria y que pueda aparecer ante los jueces dijo Bentrik con amargura -. Oh, yo no fusilaría a nadie por dejar que pillaran su navío como hicieron con el mío. Esos dos estaban bien en la atmósfera antes de que me diese cuenta de que salían del hiperespacio.
- Yo creo que habían bajado al planeta antes de que llegase su nave.
- ¡ Úh, eso es ridículo, príncipe Trask! - exclamó el mardukiano -. No se puede esconder una nave en un planeta. No con la clase de instrumentos que poseemos en la Marina Real.
- Pues nosotros tenemos estupendos ingenios de detección - le recordó Trask -. Hay un lugar en donde puede hacerse. En el fondo de un océano, con trescientos o cuatrocientos metros de agua por encima. Ahí es donde hubiese escondido yo el Némesis, si hubiese llegado por delante de Dunnan.
El tenedor del príncipe Bentrik se detuvo a medio camino hacia su boca. Lo bajó despacio hasta el plato. Eso era lotería que quisiera aceptar, si era posible.
- Pero los nativos. No sabían nada.
- No tenían por qué. Carecen de detección extra planetaria. Que venga uno directamente sobre el océano, salido del sol, y nadie le vera.
-¿Es esa una triquiñuela normal en los vikingos espaciales?
- No. La inventé yo, viniendo de Seshat. Pero si Dunnan quería pillar en emboscada a su nave, lo hubiera pensado también. Es la única manera práctica de hacerlo.
Dunnan, o Nevil Ormm; desearía estar seguro de cuál de los dos, y se temía que seguiría deseándolo toda la vida.
Bentrik comenzó a recoger de nuevo el tenedor, cambio de idea y tomó un sorbo de vino en su lugar.
- Usted puede encontrar que es bienvenido en Marduk, según eso dijo Esos ataques han sido sólo un grave problema en los últimos cuatro anos. Creo, como usted, que ese enemigo suyo es responsable de todos. Tenemos ahora fuera la mitad de la Marina Real, patrullando por nuestros planetas Comerciales. Aun cuando él no estuviese a bordo del Enterprise cuando usted lo voló, le ha puesto nombre y puede decirnos mucho acerca suyo dejó la copa -. Oh, si no fuese tan profundamente ridículo, uno podría incluso pensar que estaba guerreando en Marduk.
Según el punto de vista de Trask, no resultaba ridículo en absoluto. Se limitó a mencionar que Andray Dunnan era una psicópata y lo dejó estar así de momento.
El Victrix no era completamente irreparable, aunque quedaba más allá de los recursos que tenía a mano. Un navío ingeniero perfectamente equipado de Marduk podría remendar el casco v sustituir sus motores de ascensión e impulsión Dillingham y Abbot, dándole posibilidades temporales de viajar por el espacio, hasta que pudiese llegar a unos astilleros. Se concentraron en reparar el Némesis y al cabo de dos semanas más estuvo dispuesto para el viaje.
El curso de seiscientas horas hasta Marduk transcurrió bastante placentero. Los oficiales mardukianos resultaron buenos compañeros y hallaron a sus opuestos entre los vikingos espaciales igualmente amistosos. Las dos tripulaciones se acostumbraron a trabajar juntas en Audhumla y se mezclaban amigablemente fuera de servicio, interesándose en las aficiones mutuas y escuchando ávidamente los relatos propios de cada planeta. Los vikingos espaciales se sorprendieron y desencantaron ante el nivel en cierto modo inferior intelectual de los mardukianos. No podían comprenderlo; Marduk según se suponía era un planeta civilizado, ¿no? Los mardukianos se mostraron igualmente sorprendidos e inclinados a cierto rencor, al ver que los vikingos espaciales actuaban todos y hablaban como oficiales. Al enterarse, el príncipe Bentrik se mostró también confuso. Los marineros de una nave mardukiana pertenecían definitivamente a las clases inferiores.
- Hay todavía mucha tierra libre y con grandes oportunidades en los Mundos de la Espada - explicó Trask -. nadie se inclina y reverencia a la clase que está por encima suya, está demasiado atareado intentando ascender. Y los hombres que salen al espacio como vikingos son los menos conspicuos de todos en lo concerniente a las clases sociales. Piensa usted que mis hombres puedan tener dificultades en Marduk por eso. ¿No? Todos insistirán en beber sus copas en los lugares más elegantes de la ciudad.
- No. No creo eso. Cada cual se mostrará tan confuso al ver que los vikingos espaciales no son hombres de tres metros de altura, con tres cuernos como una maldición de Zarathustra y una cola puntiaguda como un monstruo de Fafnir que ni siquiera se fijaran en esas minucias. Puede que a la larga resulte bien. El Príncipe de la Corona Edvard simpatizara con sus vikingos espaciales. Vive muy opuesto a las distinciones clasísticas y a los prejuicios de casta. Dice que tienen que ser eliminados antes de que podamos instalar verdaderamente la democracia.
Los mardukianos hablaron mucho de democracia. Pensaban bien de este sistema: su gobierno era una democracia representativa. También una monarquía hereditaria, si es que eso podía tener sentido. Los esfuerzos de Trask para explicar la estructura política y social de los Mundos de la Espada encontraron la misma incomprensión por parte de Bentrik.
- ¡Oh, eso me suena como feudalismo!
- Cierto; eso es lo que es. Un rey debe su posición al apoyo de sus grandes nobles: ellos deben la suya a sus varones y caballeros terratenientes; estos se la deben al pueblo. Hay límites más allá de los que ninguno de ellos puede ir; después de eso, sus vasallos se revelan.
Bueno, ¿supongamos que el pueblo de algún barón se revela? ¿El rey no enviará tropas para defender a su barón?
-¿Qué tropas? Fuera de la guardia personal y de unos cuantos hombres de policía en la ciudad real y en las tierras de la corona, el rey no tiene soldados. Si quiere tropas, tiene que conseguirlas de sus grandes nobles; ellos han de sacarlas de sus barones vasallos, que las convocan de entre el pueblo - esa fue otra fuente de insatisfacción con el rey Angus de Gram; había estado montando sus fuerzas alquilando mercenarios de fuera del planeta - Y la gente no ayudará algún otro barón para que oprima a su pueblo; correría el peligro de verse en la misma situación después.
-¿Quiere usted decir que la gente está armada? - el príncipe Bentrik se mostraba incrédulo.
- Gran Satán, ¿su pueblo no? - el príncipe Trask se mostraba igualmente sorprendido -. Entonces su democracia es una farsa y la gente es sólo libre para sufrir. Si sus derechos no están respaldados por las armas, no valen nada. ¿Quién tiene las armas en su planeta?
- Oh, el gobierno.
-¿Quiere decir el rey?
El príncipe Bentrik estaba sorprendido. Claro que no; era una horrible idea. Eso sería.. oh, sería despotismo. Además, él rey no era el gobierno, en absoluto; el gobierno gobernaba en nombre del rey. Allí estaba la Asamblea; la Cámara de los Representantes, y la Cámara de los Delegados. La gente elegía a los representantes y los representantes elegían a los delegados, y los delegados elegían al Canciller. Luego, estaba el Primer Ministro; quedaba nombrado por el rey, pero el rey tenía que elegirlo del partido que tenía mayoría en la Cámara de Representantes y este primer ministro nombraba a los miembros del gabinete, que llevaban el trabajo ejecutivo del gobierno, sólo sus subordinados en los diferentes ministerios eran oficiales de carrera, seleccionados por oposición desde los trabajos inferiores y ascendidos por el escalón burocrático paso a paso.
Eso dejó a Trask preguntándose si la constitución mardukiana no había sido inventada por Goldberg, el legendario estadista terrestre que siembre hacía las cosas de la manera difícil. También lo dejó preguntándose cómo diablos el gobierno de Marduk conseguía realizar algo.
Quizás no lo hiciese. Quizás eso fue lo que salvó a Marduk de un verdadero despotismo.
- Bueno, ¿qué impide que el gobierno esclavice la gente? El pueblo no; usted me acaba de decir que no está armado y que el gobierno silo está.
Continuó, deteniéndose de vez en cuando para tomar aliento, para catalogar cada tiranía de la que tenía noticias, desde las practicadas por la Federación Terrestre antes de la Gran Guerra a las practicadas en Eglonsby, de Amaterasu, por Pedrosan Pedro. Unos pocos de los más tiernos empujaban a los nobles y a la gente de Gram a la revuelta contra Angus I.
- Y al fin terminó -, el gobierno será el único propietario y el único jefe del planeta, y todos los demás serán esclavos, trabajando en tareas asignadas, llevando los trajes entregados por el gobierno y comiendo alimentos gubernamentales, sus hijos educados tal y como prescriba la autoridad y adiestrados para tareas seleccionadas para ellos por el gobierno, sin leer jamás un libro ni ver una obra teatral o pensar en nada que el gobierno no haya aprobado.
Muchos de los mardukianos se reían, ahora. Algunos le acusaban de ser profundamente ridículo.
- Oh, la gente es el gobierno. La gente no legislaría para verse esclavizada.
Deseó que Otto Harkaman estuviese allí. Todo lo que sabía de la historia era lo poco sacado de leer algunos de los libros de Harkaman y de las largas y aburridas conversaciones en el navío durante el hiperespacio, o en las noches de Rivington. Pero Harkaman, estaba seguro, podría haber proporcionado centenares de ejemplos, en montones de planetas y durante diez siglos de tiempo, en el que la gente había hecho exactamente aquello y no había sabido lo que hacía, hasta que fue demasiado tarde.
- Tienen algo así en Aton - dijo uno de los oficiales mardukianos.
~ Aton; ese es una dictadura, pura y simple. Ese Nacionalismo Planetario, me refiero al partido, entró en el poder hace cincuenta años, durante la crisis después de la guerra con Baldur...
- Llegaron al poder por votación popular, ¿verdad?
- Sí; es verdad - afirmó gravemente el príncipe de Bentrik -. Fue una venida de emergencia y se les dieron poderes también de emergencia. Una vez en el mando, hicieron que la emergencia fuese permanente.
-¡ Eso no podría suceder en Marduk! - exclamó un joven noble.
- Podría si cl partido de Zasper Makann hallase el control de la Asamblea en la próxima elección - contestó otro.
-¡Oh entonces Marduk está a salvo! Antes el sol se convertirá en nova - apuntó uno de los oficiales jóvenes de la Marina Real.
Después comenzaron a hablar como mujeres, una materia que cualquier hombre espacial permitiría que discutiese otra persona que no fuese él.
Trask tomó nota mental del nombre de Zaspar Makann y aprovechó la ocasión para traerlo a la conversación con sus invitados. Cada vez que hablaba de Makann a dos o más mardukianos, se enteraba de que por lo menos habían tres o mas opiniones acerca del hombre. Era un político demagogo; en eso estaban todos de acuerdo. Después, las opiniones divergían.
Makann era un lunático sin control y todos sus seguidores eran también un puñado de lunáticos. Quizá fuese un lunático, pero tenía una gran estela peligrosamente grande de seguidores. Bueno, no tan grande; quizás consiguieran un puesto en la asamblea, pero resultaba dudoso, que bastantes de ellos presentándose en sus distritos fuesen elegidos como asambleístas. Era un granuja listo, embaucando a una buena cantidad de lerdos plebeyos para sacarles cuanto pudiese. Bueno, tampoco eran simplemente plebe, secretamente le financiaban muchos industriales, con la esperanza de que les ayudase a romper las uniones laborales. Locos; todos sabían que las uniones laborales las respaldaban, esperando que asustase a los patronos y concediesen más beneficios a los trabajadores. Todos estaban chiflados; las respaldaba el interés mercantil; estos mercantilistas esperaban que echase del planeta a los gilgamesherianos. Bueno, de una cosa había que reconocerle crédito. Quería echar a los gilgamesherianos. Todo el mundo estaba en favor de eso.
Ahora, Trask pudo recordar algo obtenido de Harkaman. Hubo un Hitler allá al fin del Primer Siglo Preatómico; ¿no había conseguido el poder porque todo el mundo era partidario de echar a los cristianos, o a los musulmanes, o a los alvigenses, o a alguien?

II
Marduk tenía tres lunas; una grande de dos mil cuatrocientos kilómetros de diámetro, y dos pedazos de roca insignificantes de unos treinta y dos kilómetros. La grande estaba fortificada y un par de navíos se hallaban en órbita en su torno. El Némesis fue desafiado cuando salió de su último hipersalto; ambas naves rompieron su órbita y salieron a su encuentro y otras varias más fueron detectadas despegando del planeta. El príncipe Bentrik ocupó la pantalla de comunicación e inmediatamente halló dificultades. El comandante, aún cuando la situación le fuera explicada dos veces, no podía entender. Una unidad de la flota de la Marina Real derribada en una batalla con vikingos espaciales ya era bastante malo, pero ser rescatado y traído a Marduk por otro vikingo espacial simplemente carecía de sentido. Luego llamó al Palacio Real de Malverton, en el planeta; primero se mostró fríamente educado con alguien varios escalones por debajo suyo y después respetuoso para una persona a la que se dirigió como príncipe Vandarvant. Por último, después de algunos minutos de espera, un hombre frágil, de pelo blanco, con una capita negra símbolo de su rango, apareció en la pantalla. El príncipe Bentrik al instante saltó y se puso en pié. Lo mismo hicieron todos los mardukianos de la sala de mandos.
-¡Majestad! ¡Es un profundo honor!
-¿Te encuentras bien, Simón? - preguntó solícito el anciano caballero -. ¿No te han hecho ningún daño?
- Salvaron mi vida y la de mis hombres, y me trataron como a un amigo y a un camarada, Majestad. ¿Tengo vuestro permiso para presentar, informalmente, a su comandante, príncipe Trask de Tanith?
- Claro que sí, Simón. Debo al caballero mis más profundas gracias.
- Su Majestad Mikayl VIII, rey planetario de Marduk - dijo el príncipe Bentrik -. Su Alteza, Lucas, príncipe Trask, virrey planetario de Tanith por su Majestad Angus 1 de Gram.
El anciano monarca inclinó levemente su cabeza; Trask hizo una reverencia más profunda, desde la cintura.
- Soy muy feliz, príncipe Trask, primero, lo confieso, ante el retorno sano y salvo de mi pariente el príncipe Bentrik, y luego por el honor de conocer a uno que goza de la confianza de mi compañero soberano rey Angus de Gram. Nunca me mostraré desagradecido por lo que usted hizo por mi primo, sus oficiales y hombres. Debe alojarse en el palacio mientras se encuentran en este planeta; daré órdenes para su recepción y deseo que me sea usted presentado formalmente esta noche - dudó brevemente -. Gram; ¿es uno de los Mundos de la Espada? -otra breve duda -. ¿Es usted realmente un vikingo espacial, príncipe Trask?
Quizás había esperado que los vikingos espaciales tuviesen tres cuernos, una cola puntiaguda y cuatro metros de altura.
Tardó varias horas el Némesis para entrar en órbita. Bentrik pasó la mayor parte de ellas en una cabina individual con pantalla de comunicación y salió de ella visiblemente aliviado.
Nadie irá a ponerse tonto sobre lo que pasó en Audhumla - dilo a Trask -. Habrá una Oficina de Inquisiciones. Me temo que tendré que mezclarle en eso. No es sólo sobre la acción de Audhumla; cada cual desde el Ministro del Espacio para abajo quiere oír lo que usted sabe acerca de ese tipo Dunnan. Como usted, todos esperamos que se fuese al Em-See-Square (1) junto con su navío insignia, pero sólo podemos suponérnoslo. Poseemos una docena de planetas comerciales a los que proteger y él atacó últimamente a más de la mitad.
(1) «Em-See-Square», deletreo de la fórmula M~, segunda parte de la igualdad fundamental establecida por Einstein en su Teoría de la Relatividad y que expresa el equivalente entre masa, energía y velocidad. En este caso esa frase d~ texto equivale a desintegración, la nada, el infinito. - Nota del Traductor.
El proceso de entrar en órbita les hizo girar en torno al planeta varias veces y resultó que a cada circuito el espectáculo fue más impresionante. Claro, Marduk tenía una población de cerca de doscientos mil millones y había sido civilizado, sin rastros de neobarbarismo, desde que fue colonizado por primera vez en el siglo IV. Aún así, los vikingos espaciales estaban sorprendidos, aunque tozudamente se negaban a demostrarlo, ante lo que vieron con sus pantallas telescópicas.
-¡ Mira esa ciudad! - susurró Paytrik Morlaud -. Nosotros hablamos de planetas civilizados, pero nunca nos dimos cuenta de que era algo así. Oh, esto hace que Excalibur parezca como Tanith.
La ciudad era Malverton, la capital; como cualquier urbe de los pueblos que usan contragravedad, yacía en un tosco círculo de edificios cerniéndose hacia los verdes interespacios, rodeados por círculos más pequeños de espacios-puertos y suburbios industriales. A diferencia era que cualquiera de aquellos era tan grande como Kameloth en Excalibur, o cuatro Wardshavens en Gram, y la propia Malverton casi tenía la mitad del tamaño de la baronia completa de Traskon.
- No están más civilizados que nosotros, Paytrik. Lo que pasa es que son más. Si hubiesen doscientos mil millones de personas en Gram. ~. Cosa que espero que no ocurra nunca... Gram también tendría ciudad es como ésta.
Un detalle; el gobierno de un planeta como Marduk tendría que ser más elaborado que el flojo feudalismo de los Mundos de la Espada. Quizás est goldbergocracia suya haya sido forzada por la aguda complicidad de la población y sus problemas.
Alvyn Karffard dio una rápida mirada en su no para asegurarse que no le escuchaba ninguno los mardukianos.
- No me importa la población que tengan - dijo -. Marduk puede asaltarse. Al lobo nunca le importa cuántas ovejas hay en el rebaño. Con veinte naves, podríamos apoderarnos del planeta como lo hicimos de Eglonsby. Habrían pérdidas claro, pero después de entrar y bajar, lo conquistaríamos.
-¿Y de dónde sacaríamos veinte naves?
Tanith, en total, podría proporcionar cinco o seis, contando a los libres vikingos espaciales que utilizaban las instalaciones de la base; tendrían que dejar a un par para defender el planeta. Beowulf tenía navío y otro casi terminado, y también podría contarse con una nave de Amaterasu. Pero reunir una armada de veinte naves de vikingos espaciales.. Sacudió la cabeza. La verdadera razón del por qué vikingos espaciales jamás atacaron con éxito a un planeta civilizado estaba siempre en su incapacidad combinarse bajo un sólo mando de suficiente fuerza. Aparte, además, no deseaba atacar Marduk. Un ataque, si triunfaba, proporcionaría inmensos tesoros, pero causaría cien, mil veces mas destrucción y no quería destruir nada civilizado.
Las terrazas del palacio estaban atestadas el príncipe Bentrik y él aterrizaron y, a discreta distancia, oleadas de vehículos aéreos circulaban, creando a la policía un problema de control. Separándose de Bentrik, fue escoltado hasta la «suite» que le habían preparado. Era lujosa en extremo pero apenas por encima de las costumbres de cualquier Mundo de la Espada. Había allí un sorprendente número de sirvientes humanos, realizando tareas que los robots hubiesen hecho mejor. Los robots presentes resultaban inefectivos y se había desperdiciado mucho trabajo e ingenuidad en los esfuerzos para copiar la forma humana en detrimento de la función.
Tras desembarazarse de la mayor parte de los elementos superfluos, puso en marcha una pantalla y comenzó a revisar los noticieros. Habían vistas telescópicas del Némesis desde alguna nave en órbita cera y vio desembarcar a los oficiales y hombres del Victrix; Hubieron otras vistas de su aterrizaje en una instalación naval de tierra y pudo ver cómo periodistas eran apartados lejos por la policía terrestre de la Marina. Y hubo una opinión comentada de amplio alcance.
El gobierno había negado ya que: 1º, el príncipe Bentrik hubiese capturado al Némesis trayéndolo como trofeo; y, 2º, los vikingos espaciales habían capturado al príncipe Bentrik y lo retenían por rescate. Más allá de eso, el gobierno trataba de ajustar toda la historia y la oposición emitía ya insinuaciones acerca de tratos corrompidos v siniestros complots. El príncipe Bentrik llegó en medio de una parrafada impresionante y apasionada contra los traidores pusilánimes que rodeaban a Su Majestad que traicionaban Marduk a los Vikingos espaciales.
-¿Por qué su gobierno no publica los hechos y da fin a todas esas tonterías? preguntó Trask.
- Oh, dejémosles que chillen replicó Bentrik-. Cuanto mas tiempo aguarde el gobierno, más quedarán ridiculizados cuando se conozca la verdad.
O más gente quedaría convencida de que el gobierno tenía algo que ocultar y que se había tomado tiempo para elaborar una historia plausible. Conservó para sí el pensamiento. Era el gobierno de ellos; si lo hacían mal a él no le importaba. Encontró que no había ningún robot comerciante; ni tampoco camarero, tenía que hacer que un sirviente humano les trajese las bebidas. Decidióse mentalmente hacer que le enviasen a unos cuantos robots de éstos del Némesis.
La presentación formal sería por la noche; primero habría una cena y a causa de que Trask todavía no había sido presentado formalmente, no podría cenar con el rey, pero puesto que era, o afirmaba ser , virrey de Tanith, tenía el rango de jefe de Estado y cenaría con el Príncipe Real, a quien sería primero informalmente presentado.
Ocupó su lugar en una pequeña antecámara del salón de banquetes; el Príncipe Real o de la Corona y la Princesa real, y el Príncipe Bentrik estaban allí cuando llegaron. El Príncipe de la Corona era un hombre de mediana edad, con las sienes grises, una mirada vidriosa que traicionaba el empleo de lentes de contacto. El parecido entre él y su padre era aparente; ambos tenían la misma expresión un poco práctica y estudiada y podían haber sido profesores de la misma universidad. Estrechó la mano de Trask. Asegurándole la gratitud de la corte y de la familia real.
- Mire, Simón es el siguiente en la línea de sucesión, después de mí y de mi hijita – dijo -. Está demasiado próximo para correr riesgos con él - se volvió a Bentrik -. Me temo que ésta sea tu última aventura espacial, Simón. De ahora en adelante tendrás que ser hombre de espaciopuertos.
- No lo lamentaré - contestó la princesa Bentrik -. Y si alguien debe gratitud al príncipe Trask, soy yo - le apretó la mano cálidamente -. Príncipe Trask, mi hijo quiere conocerle con el máximo interés. Tiene diez años y cree que los vikingos espaciales son héroes románticos.
- Podría ser uno, durante una temporada.
Vería a un planeta cualquiera que hubiesen atacado los vikingos espaciales.
La mayor parte del extremo superior de la mesa eran diplomáticos, embajadores de 0dm, Baldur, Isis, Islitar y Aton y otros mundos civilizados. Sin duda no esperaban cuernos, o cola puntiaguda, ni siquiera tatuajes y un anillo en la nariz, pero después de todo, los vikingos espaciales eran una especie de neobárbaros, ¿no? Por otra parte todos habían visto y obtenido descripciones del Némesis y se habían enterado de la acción naval en Audhumla, y este príncipe Trask, un príncipe vikingo, que parecía bastante civilizado, había salvado una vida con sólo otras tres vidas y casi una al final entre ella y el trono. Y oyeron la conversación por pantallas con el rey Mikhyl. Así que durante el banquete se mostraron afablemente corteses y trataron de situarse lo más cerca posible suyo en la comitiva que se dirigió al salón del trono.
El rey Mikhyl llevaba una corona de oro culminada por el emblema planetario, que debía haber pesado el doble de un casco de combate, y una túnica con orillas de piel que pesaría más que todo un conjunto de armadura espacial. Sin embargo, su atuendo no estaba tan elaborado y adornado como el que usaba el rey Angus I de Gram. Se levantó para palmear la mano del príncipe Bentrik, llamándole «querído primo» y felicitándole por su valiente pelea y afortunada escapatoria. El pensamiento de un Consejo de Guerra le cruzaba por la cabeza, estimó Trask. Permaneció de pie hasta estrechar la mano de Trask, llamándole «valioso amigo mío y de mi casa». Primera persona en singular; eso debía de causar muchos ceños fruncidos.
Luego el rey se sentó y el resto de los presentes formó fila subiendo al estrado para ser recibidos y finalmente terminó todo y el monarca se levantó y marchó, seguido por su séquito inmediato entre las reverencias y cortesías de la corte hasta salir por las amplias puertas. Tras un intervalo decente, el Príncipe de la Corona Edvard le acompañó a él y al príncipe Bentrik por la misma ruta, los otros detrás y cruzando el vestíbulo llegaron a la sala de baile, en donde había suave música y refrescos. No era demasiado desemejante a una recepción cortesana en Excalibur, excepto que las bebidas y canapés eran ofrecidas por sirvientes humanos.
Se preguntaba ahora qué clase de funciones cortesanas tendría en estos momentos Angus 1 de Gram.
Al cabo de media hora un grupo de funcionarios de la corte se aproximó y le informó que a Su Majestad le placía pedir al príncipe Trask que acudiese a sus habitaciones particulares. Eso produjo un murmullo perceptible; el príncipe Bentrik y el Príncipe de la Corona trataron de no sonreír con demasiada amplitud. Evidentemente, aquello no sucedía con frecuencia. Siguió a los funcionarios abandonando la sala de baile y con los ojos de todo el mundo fijos en su persona.
El viejo rey Mikhyl le recibió a solas, en una habitación pequeña y cómoda muy lejos de aquellas vastas salas de increíble esplendor. Llevaba zapatillas forradas de piel y una túnica suelta con cuello del mismo material, además de su capita negra. Estaba de pie al entrar Trask; cuando los guardias cerraron la puerta y les dejaron a solas hizo un gesto a Trask indicando a un par de sillas, con una baja mesa entre ellas en la que se veían botellas, vasos y cigarros.
- Es una prerrogativa de la autoridad real llamarle desde la sala de baile - comenzó, después de que se hubieron sentado y llenado un par de vasos -. Sepa que estamos completamente solos.
- Se lo agradezco, Majestad. Aquí se está cómodo y tranquilo y uno puede sentarse. Su Majestad fue el centro de la atención en la sala del trono, sin embargo me pareció percibir una mirada de alivio cuando usted salió de ella.
- Intenté ocultarla lo más posible - confesó el viejo rey, luego se quitó la gorrita circundada de oro y la colgó del respaldo de su silla -. La soberanía puede ser bastante cansada, sépalo usted.
Así que había entrado aquí y se había despojado de ella. Trask advirtió que por su parte debería hacer un gesto similar. Se desabrochó la daga de gala del cinturón y la puso sobre la mesa. El rey asintió.
- Ahora, podemos ser un par de honrados comerciantes, las tiendas cerradas ya por ser de noche, descansando y saboreando nuestro vino y nuestro tabaco – dijo -. ¿Qué le parece, Buen Lucas?
Parecía como una iniciación a una secreta sociedad cuyo ritual debiera imaginar paso a paso.
- De acuerdo, Buen Mikhyl.
Alzaron los vasos en gesto de brindis y bebieron; el Buen Mikhyl ofreció cigarros y el Buen Lucas le proporcionó fuego.
- He oído unas cuantas cosas fuertes acerca de su comercio, Buen Lucas.
-Todas ciertas y en su mayoría comprensibles. Somos ladrones y asesinos profesionales, como afirma uno de mis compañeros de negocio. Lo peor es que el robo y el asesinato se convierten simplemente en eso: un comercio, como reparar robots o vender verduras.
- Sin embargo, usted luchó contra otros dos vikingos espaciales para, proteger al averiado Victrix de mi primo. ¿Por qué?.
No tuvo más remedio e relatar su historia, una vez más tan gastada y aburrida. Mientras le escuchaba el cigarro del rey Mikhly se apagó.
-¿Y desde entonces ha estado usted persigniéndole? ¿Y ahora no está seguro de si le mató o no?
- Me temo que no. El hombre de la pantalla es con quien Dunnan podía realmente confiar. Uno u otro podrían haberse quedado en donde él tuviese su base todo el tiempo.
-¿Y cuando usted lo mate, qué pasará?
- Seguiré tratando de hacer de, Tanith un planeta civilizado. Tarde o temprano, tendré una disputa demasiado fuerte con el rey Angus y entonces seremos nuestra Majestad Lucas I de Tanith y nos sentaremos en un trono y recibiremos a nuestros súbditos y yo me alegraré mucho cuando pueda despojarme de mi corona y hablar con unos pocos hombres que me llamen «camarada» en vez de «su majestad».
- Bueno, sería violar la ética profesional si le aconsejase que renunciase a la soberanía, claro, pero podría ser algo excelente. ¿Verdad que conoció al embajador de Ithavoll en la cena? Hace tres siglos que Ithavoll era una colonia de Marduk... parece que no podemos soportar el lujo de tener colonias más tiempo- y se separó de nosotros. Ithavoll fue entonces un planeta como su Tanith parece ser. Hoy es un mundo civilizado y de los mejores amigos de Marduk. Mire, a veces creo que unas cuantas luces vuelven a encenderse, aquí y allá en la Vieja Federación. Si es así, ustedes los vikingos espaciales ayudan a encenderlas.
- ¿Se refiere a los planetas que utilizamos como bases y a las cosas que enseñamos a los nativos?
- Eso también, claro. La civilización necesita tecnologías civilizadas. Pero tienen que utilizarse para fines civilizados. ¿Sabe usted algo de un ataque a Aton hace un siglo por vikingos espaciales?
- Seis navíos de Haulteclere; cuatro destruidos, los otros dos regresaron dañados y sin botín.
El rey de Marduk asintió.
Aquel ataque salvó la civilización en Aton. Allí habían cuatro grandes naciones; las dos mayores estaban al borde de la guerra y las otras esperaban saltar sobre el exhausto vencedor y luego luchar una con otra por el botín. Los vikingos espaciales lea obligaron a unirse. De aquella alianza temporal salió la Liga por la Defensa Común, y de eso la República Planetaria. La república ahora es una dictadura y sólo entre nosotros, el buen Mikhyl y el buen Lucas es algo condenadamente odioso y el gobierno de nuestra Majestad no le gusta en absoluto. Tarde o temprano será destrozada, como suele ocurrir con tales cosas, pero ya no volverán jamás de nuevo a la soberanía dividida y al nacionalismo. Los vikingos espaciales les asustaron mostrándoles peligros que eran inherentes. Quizás este tal Dunnan haga lo mismo por nosotros en Marduk.
¿ Tienen dificultades?
- Usted ha visto planetas descivilízados. ¿Cómo sucede?
- Sé cómo sucedió en muchos de éstos: guerra. Destrucción de ciudades e industrias. Supervivientes entre ruinas, demasiado atareados en mantener vivos sus cuerpos para probar de conservar viva la civilización. Luego pierden todo conocimiento de cómo ser civilizados.
- Esa es la descivilización catastrófica. Hay también descivilización por erosión y mientras ocurre nadie la advierte. Todos están orgullosos de su cultura, su riqueza y civilización. Pero el comercio decae; cada año llegan menos naves. Así que hay una fanfarrona afirmación acerca de la autosuficiencia planetaria; ¿ quién necesita comercio extraplanetario de todas maneras? Cada cual parece ganar dinero, pero el gobierno siempre está en la ruina. El déficit se extiende... y siempre más servicios sociales vitales aparecen para los que el gobierno tiene que gastar dinero. Era más vital, claro, comprar votos para mantener al gobierno en el poder. Y se hace más difícil para el gobierno realizar algo constructivo.
- Los soldados son bastante torpes en el taladro y sus uniformes y armas quedan descuidadas. Los suboficiales se muestran insolentes. Y cada vez más partes de la ciudad resultan peligrosas de noche e incluso de día. Y pasan años desde la construcción de un nuevo edificio y los viejos quedan sin reparación.
Trask cerró los ojos. De nuevo podía notar el sol suave de Gram en la espalda y oír las voces riendo de la terraza inferior y estaba hablando con Lothar Ffayle y Rovar de Crauffis y Alex Gorram y el primo Nikkolay y Otto Harkaman. Dijo:
- Y finalmente, nadie se molesta en arreglar nada. Y los reactores de energía se detienen, y nadie parece ser capaz de repararlos y ponerlos en marcha de nuevo. Todavía no se ha llegado tan lejos en los Mundos de la Espada.
- Aquí tampoco. Sin embargo... - el buen Mikhyl lo dejó estar; el rey Mikhyl VIII apareció mirando desde la otra parte de la mesita a su invitado -. Príncipe Trask, ¿ha oído hablar de un hombre llamado Zasper Makann?
- Ocasionalmente. Nada bueno acerca suyo.
- Es el tipo más peligroso de este planeta - dijo el rey -. Y y~ puedo hacer que nadie le crea. Ni siquiera mi hijo.

III
El hijo del príncipe Bentrik, conde Steven de Ravary, de diez años de edad, llevaba uniforme y emblema de la Marina Real; le acompañaba su preceptor, un veterano capitán de la marina. Ambos se detuvieron en el umbral de la «suite» de Trask y el muchacho saludó marcialmente.
-¿Permiso para subir a bordo, señor? -preguntó.
- Bienvenidos, conde, capitán. Prescindan de la ceremonia y siéntense; llegan a tiempo para el segundo desayuno.
Mientras se sentaban, apuntó su lápiz ultravioleta a un robot de servicio. A diferencia de los robots mardukianos, que parecían confecciones surrealistas de los caballeros blindados de la era preatómica, era un suave ovoide flotando a pocos centímetros del suelo gracias a su contragravedad particular; mientras se acercaba, su parte superior se abría como la cáscara de un huevo y bandejas de alimentos aparecieron. El muchacho lo miró fascinado.
- ¿Es eso un robot de los Mundos de la Espada, señor, o lo capturó en algún lugar?
- Es uno de los nuestros - se sentía razonablemente orgulloso; había sido construido en Tanith un año antes -. Posee debajo un lavaplatos ultrasónico y en la parte superior cocina un poco también.
El veterano capitán estaba, si es posible, incluso más impresionado que su joven discípulo. Conocía todo aquello y había tenido en parte concepción de la sociedad capaz de desarrollar cosas como la presente.
- Tengo entendido que ustedes no usan muchos sirvientes humanos, teniendo robots así - dijo.
- No muchos. Somos planetas de baja población y nadie quiere ser criado.
- En Marduk hay demasiados habitantes y todos ansiando trabajos suaves como estar al servicio de los nobles - dijo el capitán -. Hay gente capaz de aceptar cualquier tarea.
- Ustedes necesitan a todos los habitantes como guerreros, ¿verdad? Preguntó el joven conde.
- Bueno, necesitamos a muchos. El más pequeño de nuestros navíos es capaz de llevar a quinientos hombres; en su mayoría albergan a ochocientos.
El capitán alzó una ceja. La dotación del Victrix había sido de trescientos y se la consideraba una nave grande. Luego asintió.
- Claro. En su mayor parte son luchadores terrestres.
Eso disparó al conde Steven. Preguntas, sobre batallas y ataques y pillaje y los planetas que Trask había visto.
- ¡ Desearía ser vikingo espacial!
- Bueno, no puede serlo, conde Ravary. Es usted un oficial de la Armada Real. Se supone que debe pelear contra los vikingos espaciales.
- Yo no pelearé contra usted.
- Tendría que hacerlo, si el rey lo mandase - le dijo el viejo capitán.
- No. El príncipe Trask es mi amigo. Salvo la vida de mi padre.
- Y yo tampoco lucharía con usted, conde. Dispararíamos una buena cantidad de fuegos artificiales, y luego nos largaríamos cada uno a nuestra casa proclamando haber vencido. ¿Qué le parecería eso?
Ya he oido cosas así - dijo el capitán -. Tuvimos una guerra con Od, hace setenta años, en que la mayor parte de las batallas fueron de ese estilo.
- Además. el rey es amigo también del príncipe Trask - insistió el muchacho -. Papá y mamá se lo oyeron decir, mientras estaba en el trono. Los reyes no mienten cuando se sientan en el trono, ¿verdad?
- Los buenos reyes no - le contestó Trask;
- El nuestro es un buen rey – declaró orgulloso el joven conde de Ravary -. Yo haría cualquier cosa que me mandase el rey. Excepto luchar contra el príncipe Trask. mi familia tiene una deuda con el príncipe Trask.
Trask asintió aprobador.
- De esa manera hablaría cualquier noble de los Mundos de la Espada, conde Steven - dijo.
* * *
La Oficina de Inquisiciones, aqulla tarde, fue más como una pequeña fiesta muy tranquila. Un tal almirante Shefter. que aprecia ser un pez gordo. presidía mientras evitaba cuidadosamente aparentarlo así. Alvyn Karfiard y Van Larch, y Paytrik Morlaud estaban presentes del Némesis, y Bentrik y varios oficiales del Victrix y había un par de oficiales de la Inteligencia Naval, y alguien de Plan de Operaciones, y de los Astilleros y de Investigación y Desarrollo. Charlaron agradablemente y en una engañosa manera que podía presumir que fuese al azar durante un rato. Luego Shefter dijo:
- Bueno, no hay culpa ni censura de ninguna clase acerca del modo en que fue sorprendido el comodoro príncipe Bentrik. En aquel momento eso no pudo evitarse - miró al oficial de Investigación y Desarrollo -, sin embargo, no debe permitirse que eso vuelva a suceder.
- No volverá a ocurrir, señor. Yo diría que le llevará a mi gente un mes y que luego el equipo que desarrollen tardará en instalarse otro tanto así en todos los navíos.
Astilleros no creyó que costara tanto.
- Procuraremos que adquiera usted plena información acerca del nuevo sistema de detección su'>-marina, príncipe Trask - dijo el almirante.
- Sin embargo, caballerosamente deberá usted mantener el secreto - añadió uno de los hombres de Inteligencia -. Si trascendiese que informamos a los vikingos espaciales acerca de nuestros secretos técnicos... -Se tentó la nuca de un modo que Trask sospechó que el degüello era la forma de ejecución en Marduk.
- Tendremos que descubrir dónde tiene su pase ese tipo - dijo el de Plan de Operaciones -. Tengo entendido, príncipe Trask, que usted no va a juzgar que estuviera en su navío insignia cuando voló por los aires para así considerar su cuenta zanjada y olvidarlo.
- No, no. Presumo que no lo estaba. No creo que él y Ormm fuesen a alguna parte en el mismo navío, después de que viniese aquí y estableciese una base. Creo que uno de ellos se quedaría en la base todo el tiempo.
- Bueno, le daremos cuantos datos poseamos Shefter -. En su mayoría están clasificados y también tendrá que conservar la máxima discreción. Pasaré por alto el sumario acerca de lo que usted nos dio; me atrevería a decir que ambos conseguiremos una buena cantidad de información nueva. ¿Tiene usted alguna idea de en dónde puede estar su base, príncipe Trask?
- Unicamente creemos que es un planeta no del tipo Tierra - les contó las fuertes compras de Dunnan de equipo de aire y agua acondicionados, de conservas y de material hidropónico-. Eso, claro, ayuda en mucho.
- Sí, hay sólo cinco millones de planetas del volumen espacial de la Antigua Federación inhabitables a no ser con un medio ambiente artificial. Incluyendo unos cuantos cubiertos por los mares, en donde podría colocarse uno bajo las aguas instalando ciudades bajo cúpula si se tuviera tiempo y material.
Uno de los oficiales de Inteligencia que había estado acunando entre las manos una copa con una porción de licor, la apuró de pronto, volvió a llenarla y la miró en silencio durante un rato. Luego bebió brioso para de nuevo otra vez llenarla.
- Lo que me gustaría saber – dijo -, es cómo sabía esa obscenidad de Dunnan que teníamos un navío en Audhumla precisamente nada más colocarlo allí – dijo -. Hablan ustedes de ciudades submarinas bajo cúpula y he pensado en ello. No creo que se sacase ese planeta del sombrero y luego fuese allí preparado para posarse en el fondo del océano durante años y años en espera de que algo apareciera. Creo que sabía que el Victrix llegaría a Audhumla y precisamente cuándo.
- No me gusta eso, comodoro - dijo Shefter.
-¿Y cree usted que a mí sí, señor? - repuso el oficial de Inteligencia -. Sin embargo, ahí está. Tendremos que enfrentarnos a ello.
- Lo haremos - asintió Shefter -. Póngase en ello, comodoro, y no es preciso que lo avise de que impida que nadie se entere de la tarea encomendada - miro su propia copa; apenas contenía licor. La rellenó despacio y con cuidado -. Ha pasado mucho tiempo desde la última vez que tuvo la Marina que preocuparse por algo así - se volvió a Trask -. ¿Podría ponerme en contacto con usted en palacio si fuese necesario?
- Bueno, el príncipe Trask y yo hemos sido invitados por el príncipe Edvard, quiero decir, el barón de Cragdale, a su coto de caza - dijo Bentrik -. Nos iremos allá directamente desde aquí.
Ah! - el almirante Shefter sonrió ligeramente. Además de no tener tres cuernos y una cola puntiaguda, este vikingo espacial era definitivamente persona grata a la familia real -. Bueno, nos mantendremos en contacto, príncipe Trask.
* * *
El coto de caza en donde el príncipe de la corona Edvard era simplemente el barón Cragdale yacía a la cabeza de un valle montañoso por cuyo fondo un río serpenteaba. Los montes se alzaban a ambos lados en agudas pendientes, algunos culminados con nieves perpetuas, con glaciares descendiendo de ellas. Las tierras inferiores eran boscosas, al igual que el valle mismo y había un resplandor alpino rojo malva en el gran picacho que se alzaba a la cabeza del valle. Por primera vez en casi un año, Elaine estaba con él, silenciosamente aferrándose a su persona para ver con sus ojos mortales la belleza del panorama. Ya había creído que su infeliz esposa le había abandonado para siempre.
La propia cabaña en sí no era lo que un perteneciente a los Mundos de la Espada hubiese esperado. A primera vista, desde el aire, parecía como un reloj, de sol una esbelta torre alzándose como la aguja por encima de un círculo de bajas edificaciones y de recortados jardines. La lancha tomó tierra al pie de la torre y él, el príncipe y la princesa Bentrik, y el joven conde de Ravary junto con su tutor descendieron. Inmediatamente se vieron asediados por una nube de sirvientes; la segunda lancha con los criados Bentrik y su equipaje daba ya vueltas para aterrizar. Elaine, como descubrió, ya no estaba con él y luego se había separado de los Bentrik y encaminado con un coche terrestre ascensor para que más sirvientes lo instalasen en sus habitaciones, le abriesen las maletas, le prepararan el baño e incluso tratasen de ayudarle a tomarlo, para luego aletear por su lado mientras se vestía.
Había mucha gente para la cena. Bentrik le había advertido que encontraría algunos tipos raros; quizás se refería a que no todos serian nobles. Entre los comuneros se veían unos cuantos profesores, en su mayoría de ciencias sociales, un jefe laboral, un par de Representantes y un miembro de la Cámara de Delegados, junto con una pareja de trabajadores sociales, significase cualquier cosa esa palabra.
Su compañera de mesa era lady Valerie Alvaratli. Poseía una hermosa caballera negra y unos ojos azules casi sorprendentes, combinación extraña en los Mundos de la Espada, y parecía inteligente, o por lo menos lista. Se la presentaron como dama de compañía de la hija de la Princesa de la Corona. Cuando preguntó dónde estaba la hija, ella se río.
- No serviría para entretener a los vikingos espaciales visitantes durante mucho rato, príncipe Trask. Precisamente tiene ocho años; la acosté antes de bajar. La echaré un vistazo después de la cena.
Luego la Princesa de la Corona Melanie, a su otro lado, le hizo unas cuantas preguntas sobre la etiqueta cortesana en los Mundos de la Espada. El se aferró a las generalidades y a lo que pudo recordar de su presentación en la corte de Excalibur durante sus días de estudiante. Estas personas tenían monarquía desde mucho antes de que Gram fuese colonizado; no iba a admitir que la soberanía de Gram se había establecido después de abandonar el planeta. La mesa era lo bastante pequeña para que todos oyesen lo que se decía y pudieran asediarle a preguntas. Todo duró a través de la cena y continuó cuando se reunieron para tomar café en la biblioteca.
-¿Pero qué hay acerca de su forma de gobierno, su estructura social, esa clase de cosas? - preguntó alguien, impaciente con las artificialidades de la corte.
- Bueno, no utilizamos la palabra gobierno muchísimo – respondió -. Hablamos abundante de autoridad y soberanía y me temo que en esas cosas quemamos la mayor parte de nuestra pólvora, pero el gobierno siempre nos parece como la soberanía entrometiéndose en asuntos que no le interesan. Mientras la soberanía mantenga un parecido razonable de buen orden público y haga que sean azarosas la mayor parte de las formas del crimen con respecto a los criminales, nos mostramos contentos.
- Pero eso es simplemente negativo. ¿Acaso el gobierno hace nada positivo para el pueblo?
Intenté explicar el sistema feudal de los Mundos de la Espada. Y era difícil, como descubrió, aclarar algo que toda la vida das por garantizado a alguien que es del todo un extraño para ello.
- Pero el gobierno... la soberanía, ya que a usted no le gusta esa palabra... no hace nada por el pueblo - objetó uno de los profesores -. Deja todos los servicios sociales al capricho del señor individual o del barón.
- Y el pueblo no tiene voz ni voto en absoluto; oh, eso es tiranía - añadió un asambleísta.
Intentó explicar que la gente tenía una forma muy distinta de hacer oír su voz y que los barones y señores que deseaban seguir vivos la escuchaban con atención. El asambleísta cambió de idea; eso no era tiranía, sino anarquía. Y el profesor seguía insistiendo acerca de cómo se llevaban a cabo los servicios sociales.
- Si se refiere usted a escuelas y hospitales y a la limpieza de la ciudad la gente la hace por sí misma. El gobierno, si quiere pensar en nuestra desilusión de esa manera, procura que nadie dispare contra los ciudadanos que se dedican a su labor cívica.
- Eso no es lo que el profesor Pullwell quería decir, Lucas. Se refiere a las pensiones y jubilación - aclaró el príncipe Bentrik -. Como eso quizás Parmakan está alborotando.
Había oído hablar de ello en el viaje desde Audhumla. Cada persona en Marduk se retiraría con una pensión adecuada después de treinta años de servicios regulares o a la edad de sesenta. Cuando quise saber de dónde saldría el dinero, se le dijo que habría un impuesto sobre las ventas y que las pensiones deberían gastarse a los treinta días, lo que estimularía a los negocios y este incremento proporcionaría dinero de impuestos suficientes como para pagar las pensiones.
- Conocemos un chiste sobre tres gilgamesherianos náufragos en un planeta deshabitado – dijo -. Quince anos después, al rescatarlos - los tres son inmensamente ricos, por haber estado vendiéndose mutuamente los sombreros. Así creo que funcionará la cosa.
Una de las damas trabajadoras sociales soltó una risita; luego protestó, no había derecho a lanzar chistes difamatorios sobre grupos raciales. Uno de los profesores carraspeó; no había paralelo en absoluto, el Plan Pensional Rotativo Auto Suficiente era perfectamente factible. Con sorpresa, Trask recordó que era profesor de economía.
Alvyn Karffard no iría a necesitar veinte naves para apoderarse de Marduk. Sólo infiltrarse con un centenar de hombres de confianza y al cabo de un año lo poseerían todo.
Entonces todos empezaron a hablar de Zasper Makann, sin embargo. Algunos pensaban que tenía buenas ideas, pero que perjudicaba a su propia causa mediante el extremismo. Uno de los nobles más ricos dijo que era un reproche para la clase gobernante; era culpa suya que gente como Makann pudiese adquirir seguidores. Un viejo caballero afirmó que quizás los gilgamesherianos fueran los culpables, en Sí mismos, por crear animosidad hacia ellos. Inmediatamente fue hecho callar por los demás y verbalmente reducido a pedazos.
Trask no juzgó adecuado citar ante esta gente la actitud del buen Mikhyl. Aceptó sobre sí mismo la responsabilidad al decir:
- Por lo que he oído de él, creo que es la amenaza más grave a la sociedad civilizada de Marduk.
No le llamaron loco puesto que después de todo era un invitado, pero tampoco le preguntaron que quería decir. Meramente le respondieron que Makann era un loco con unos seguidores fácilmente contentarles y sin escrúpulos, y simplemente había que esperar a las elecciones para ver lo que ocurriría.
- Me inclino a estar de acuerdo con el príncipe Trask - dijo muy serio Bentrik -. Y me temo que los resultados de las elecciones sean una sorpresa para nosotros, no para Makann.
No había hablado de aquella manera en el navío. Quizás desde su vuelta había estado mirando a su alrededor y pensando un poco. Hasta podía haber hablado también con el buen Mikhyl. Había una pantalla en la habitación. La señaló con la cabeza.
- Está hablando en una reunión del Partido por el Bienestar del Pueblo en Drepplin ahora – dijo -. ¿Puedo conectar, para demostrarles lo que quiero decir?
Cuando el Príncipe de la Corona asintió, se acercó a la pantalla y manipuló el selector.
Un rostro apareció. Los rasgos no eran los de Andray Dunnan... la boca era más ancha, los pómulos más amplios, la barbilla más redonda. Pero sus ojos sí eran los de Dunnan, los que Trask había visto en la terraza de Karvall House. Ojos de loco. Su voz desde lo alto gritaba:
- ¡ Nuestro bien amado soberano está prisionero ! Se encuentra rodeado de traidores! Los ministerios están llenos de ellos! ¡ Todos son traidores! Los sanguinarios reaccionarios del falsamente llamado Partido Lealista de la Corona! ¡ La codiciosa conspiración de los banqueros interestelares! ¡ Los sucios gilgamesherianos! ¡ Todos se han cualidado en esta conspiración antisagrada! ¡ Y ahora ese vikingo espacial, ese monstruo de manos ensangrentadas de los Mundos de la Espada...!
Hagan callar a ese tipo tan horrible - gritó alguien, en competencia con el grito hipnótico del locutor.
Lo malo era que no podían. Era fácil apagar la pantalla, pero Zasper Makann seguiría gritando y millones por todo el planeta le escucharían. Bentrik manipuló el selector. La voz balbuceó brevemente y luego vino un eco del altavoz, pero esta vez el captador se encontraba a varios metros por encima de un gran parque abierto. Estaba atiborrado de público, en su mayoría con ropas de granjero, que en Gram no se habrían autorizado para salir del trabajo, pero aquí también se veían bloques de hombre en algo parecido a un uniforme militar, cada uno con una porra pequeña de cabeza voluminosa. A través del parque, a lo lejos, la cabeza y hombros de Zasper Makann asomaban a treinta metros de altura en una enorme pantalla. Cuando se detuvo para respirar, en cada ocasión, se alzaba un grito, empezando por los bloques de hombres uniformados:
-¡Makann! ¡Makann! ¡Makann el jefe! ¡Makann al Poder!
-¿Le permiten incluso poner un ejercicio particular? - preguntó al Príncipe de la Corona.
- Oh, esos estúpidos bufones con sus uniformes de comedia musical - el Príncipe de la Corona se encogió de hombros -. No están armados.
- Visiblemente no – admitió -. Aún no.
- No sé de dónde conseguirán las armas.
-No, alteza - dijo el príncipe Bentrik-. Ni yo tampoco. Eso es lo que me preocupa
IV
Tuvo éxito, a la mañana siguiente, en convencer a todos de que deseaba estar a solas durante un rato y estaba sentado en solitario en un jardín, contemplando los arco iris en la bruma de una gran cascada a la otra parte del valle.
A Elaine le hubiese gustado aquello, pero ahora ya no estaba con él.
Entonces se dio cuenta de que alguien le hablaba, era una voz pequeña, cantarina.
Se volvió y vio a una nenita con pantalones cortos y una blusa sin mangas, teniendo entre los brazos a un rubio cachorrillo de pelo largo, con grandes orejas y ojos suplicantes.
- Hola, a los dos - dijo.
El cachorrillo se retorció y trató de lamer la cara de la niña.
- No, Mopsy. Que vamos a hablar con este caballero - dijo ella -. ¿Eres real y verdaderamente el vikingo espacial?
- Real y verdaderamente. ¿Y quiénes sois vosotros dos?
- Yo soy Myrna. Y éste es Mopsy.
- Hola, Myrna. Hola, Mopsy.
Al oír su nombre, el perrito volvió a agitarse y cayó de los brazos de la criatura; después de una breve duda, saltó al regazo de Trask lamiéndole la cara. Mientras acariciaba al perro, la chica se acercó y se sentó en el banco a su lado.
- Le gustas a Mopsy - dijo ella. Al cabo de un momento, añadió -: A mí también,
- Y tú a mí me gustas - dijo Trask -. ¿ Querrías ser mi novia? Ya sabes, todo vikingo espacial tiene que tener una novia en cada planeta. ¿Te gustaría ser mi novia en Marduk?
Myrna pensó en eso con atención.
- Me gustaría, pero no puedo. Mira, algún día voy a ser reina.
-¿Eh?
- Sí. El abuelo es rey ahora y cuando acaba de ser rey, papá será el rey y luego cuando acabe de ser rey, como yo no puedo ser rey porque soy niña, tendré que ser reina. Y no puedo ser la novia de nadie porque voy a tener que casarme con alguien a quien no conozco y por razones de estado - pensó un momento más y bajó la voz -. Te diré un secreto. Ahora soy una reina.
-¿De veras?
Ella asintió.
- Nos somos reina, por nuestro propio derecho, de nuestro Dormitorio Real, de nuestra Sala de Juegos Real y de nuestro Baño Real. Y Mopsy es nuestro fiel súbdito
-¿Gobierna Su Majestad absolutamente esos dominios?
- No - dijo ella con disgusto -. Siempre debemos deferencia a nuestros ministros reales, como el abuelo tiene que hacer. Eso significa, que yo he de hacer lo que me digan. Están ahí lady Valerie, y Margot, y la dama Ennice, y sir Thomas. Pero el abuelo dice que son buenos ministros y prudentes. ¿Eres de veras príncipe? Yo no sabía que los vikingos espaciales fuesen príncipes.
- Bueno, mi rey así lo afirma. Y gobierno en mi planeta; te diré un secreto: no tengo que hacer lo que me diga nadie.
- ¡ Vaya! ¿Eres un tirano? Te veo terriblemente grande y fuerte. Apuesto a que habrás matado a centenares de enemigos crueles y perversos.
- A millares, majestad.
Deseó que eso no fuese literalmente cierto; no sabía cuántos de ellos tuvieron niñitas como Myrna y perritos como Mopsy. Descubrió que estaba apretando a ambos con fuerza. La chica le decía:
- Pero a ti te sabe mal eso. ¡ Las criaturas del infierno deberían ser telépatas!
- Un vikingo espacial que también es príncipe tiene que hacer muchas cosas que no desea.
- Lo sé. Igual le pasa a una reina. Espero que el abuelo y papá no acaben de ser reyes hasta dentro de muchos años - miró por encima del hombro -. ¡ Oh! Supongo que tendré que hacer alguna otra cosa más que no quiero. Me imagino que serán lecciones.
Siguió la mirada de sus ojitos. La niña contemplaba llegar a la muchacha que fue su compañera de cena y que ahora vestía un amplio sombrero y un conjunto vaporoso que parecía fundirse con la coloreada niebla de las aguas. Había otra mujer, con el atuendo de una sirviente superior, que la acompañaba.
-¿Lady Valerie y quién más? - preguntó.
- Margot. Es mi nodriza. Terriblemente rígida, pero buena.
- Príncipe Trask, ¿ su alteza ha estado molestándole? - preguntó lady Valerie.
- Oh, al contrario - se levantó, aún teniendo en las manos al gracioso perrito -. Pero ustedes deberían decir... Su majestad. Me he informado que es soberana de tres principales dominios. Y de un adorable súbdito - devolvió el súbdito a la soberana.
- No debió decir al príncipe Trask eso - la regañó lady Valerie -. Cuando Su Majestad está fuera de sus dominios, Su Majestad debe conservar el incógnito. Ahora, Su Majestad debe ir con el Ministro del Dormitorio; el Ministro de Educación espera audiencia.
- Me imagino que aritmética. Bueno, adiós príncipe Trask. Espero poder volverle a ver. Dile adiós, Mopsy.
Se fue con su nodriza, el perrito mirando por encima del hombro.
- Vine aquí a disfrutar a solas del jardín – dijo -, y ahora descubro que prefiero más la compañía. Si sus deberes ministeriales no se lo impiden, ¿podría quedarse conmigo?
- Con mucho gusto, príncipe Trask. Su Majestad estará ocupada con serios asuntos de estado. Raía cuadrada. ¿Conoce usted las grutas? Están por aquí abajo.
* * *
Aquella tarde uno de los caballeros ayudantes le alcanzó; el barón Cragdale se mostraría agradecido si el príncipe Trask encontrara tiempo para hablar con él en privado. Antes de que hubiesen charlado más de unos pocos minutos, sin embargo, el barón Cragdale bruscamente se convirtió en el Príncipe Real Edvard.
- Príncipe Trask, el almirante Shefter me dice que usted y él han tenido una discusión informal acerca de cooperación contra ese enemigo mutuo nuestro, Dunnan. Eso es estupendo; tiene mi aprobación y la del príncipe Vandarvant, el primer ministro, y, podría añadir, que la del buen Mikhyl. Creo que debería irse más allá, sin embargo. Un tratado formal entre Tanith y Marduk sería ventajoso para ambos.
- Estoy inclinado a pensar así, príncipe Edvard. ¿Pero no está usted proponiéndome matrimonio o cualquier clase de alianza? Hace sólo cincuenta horas desde que el Némesis se puso en órbita aquí.
- Bueno, conocemos un poco acerca suyo y de su planeta desde antes. Hay aquí una gran colonia gilgamesheriana. En Tanith tiene usted unos pocos, ¿ver dad? Bueno, cualquier cosa que un gilgamesheriano sabe, todos lo descubren y los nuestros cooperan con el Servicio Naval de Inteligencia.
Por eso sería ese el motivo de que Andray Dunnan no tuviese tratos con los gilgamesherianos.
También explicaba el porqué Zaspar Makann provocaba a la gente señalando la conspiración interestelar de Gilgamesh.
- Veo donde un acuerdo así sería ventajoso mutuamente. Estoy del todo en su favor. Cooperación contra Dunnan, claro, y recíprocos derechos comerciales en los planetas de la órbita de cada uno y comercio directo entre Marduk y Tanith, y Beowulf y Amaterasu entrarían también. ¿Tiene que aprobarlo esto también el primer ministro y el rey?
El buen Mikhyl es partidario; hay una diferencia entre él y el rey, como usted habrá advertido. El rey no puede estar en favor de nada hasta que la Asamblea o la Cancillería exprese su opinión. El príncipe Vandarvant lo favorece personalmente; como primer ministro, se reserva la opinión. Necesitaremos la ayuda y el apoyo del Partido Lealista de la Corona antes de que pueda tornar una posición inequívoca.
- Bueno, barón Cragdale; Hablando como el barón Trask de Traskon, supongamos que preparamos un tosco bosquejo de lo que este tratado podría ser y luego consultamos, extraoficialmente, con unas cuantas personas de su confianza y vemos que se puede hacer presentándolo a las adecuadas autoridades del gobierno...
Aquella noche el primer ministro llegó a Cragdale, de incógnito y acompañado por varios jefes del Partido Lealista de la Corona. En principio, todos eran partidarios de un tratado con Tanith. Políticamente, tenían dudas. No antes de la elección; sería un asunto demasiado contraversial. «Contraversial». Según parecía, era el nombre más sucio que podía darse a algo en Marduk Les privaría del voto laboral; pensaban que el aumento de las importaciones amenazaría con el desempleo en las industrias mardukianas.
Algunas de las compañías comerciales interestelares deseaban tener una oportunidad en los planetas de Tanith; otras tendrían rencor a los navíos de Tanith por haber invadido su territorio.
Y el partido de Zaspar Makann ya estaba lanzando algunas protestas sobre el hecho de que el Némesis estuviese siendo reparado por la Marina Real.
Y un par de asambleístas que se inclinaban hacia Makann habían introducido una resolución pidiendo el Consejo de Guerra para el príncipe Bentrik y una investigación acerca de la lealtad del almirante Shefter.
Y alguien más, probablemente un esbirro de Makann, gritaba que Bentrik había vendido Victrix a los vikingos espaciales y que las películas de la batalla de Audhumla eran falsas, fotografiadas en miniatura en la Base Lunar de la Marina.
El almirante Shefter, cuando Trask voló para verle al día siguiente, se mostraba desdeñoso con respecto a eso último.
- Ignore toda esa cosa sanguinaria; siempre pasa algo por el estilo antes d~ cada elección general. En este planeta, siempre se le pueden dar patadas a los gilgamesherianos y a las fuerzas armadas con impunidad, ni ellos pueden votar ni tampoco defenderse. Todo el asunto quedará olvidado al día siguiente de las elecciones. Siempre sucede.
- Eso sí Makann no gana - dijo Trask.
- No hay cuestión acerca de quién gane las elecciones. No pueden seguir adelante sin la Marina y lo saben muy bien.
Trask quiso saber si Inteligencia había conseguido algo.
- No con respecto a cómo Dunnan descubrió que el Victrix había recibido órdenes de ir a Audhumla - dijo Shefter-. No habían ningún secreto; por lo menos mil personas, desde mí mismo hasta el limpiabotas, podían haberlo conocido tan pronto como fue grabada la orden. Tendremos que empezar a atornillar algunas cerraduras en nuestro alrededor.
»En cuanto a la lista de navíos que usted me dio, si. Uno de ellos toca este planeta regularmente; vino precisamente ayer por la mañana. Se llama el Honest Horras.
- Bueno, gran Satán, ¿no han hecho ustedes nada?
- No sé si hay algo que podamos hacer. Oh, investigamos, pero... Mire. Este navío apareció por primera vez aquí hace cuatro años, mandado por una especie de neobárbaro, no un gilgamesheriano, llamado Horris Sasstroff. El pretendía venir de Skathi; los nativos allí tienes unos cuantos navíos. Los vikingos espaciales tuvieron una base en Skathi hace un centenar y pico de años. Naturalmente, el navío no tenía documentos. Cambalachee entre neobárbaros, podían pasar años antes de que se posara en un planeta en donde alguna vez hubiesen oído hablar de papeles de navío y documentos.
»La nave parecía estar en mala forma, probablemente abandonada en Skathi como chatarra durante un siglo y remendada por los locales. Estuvo un par de veces aquí, según los registros del comercio naval, y la segunda vez también estaba en malas condiciones para ser expulsada y Sasstroff no pudo pagar su reconstrucción, así que fue embargada y subastada. Algunas de esas pequeñas compañías comerciales la compró y la remendó un poquito; fueron a la bancarrota hace poco más de un año y la nave resultó adquirida por otra compañía pequeña, Startraders, Ltd, y la han estado utilizando como navío de cabotaje a Gimli. Parecen formar un grupo legítimo, pero investigamos profundamente. Investigamos también a Sasstroff, pero no hemos podido encontrarle.
- Si enviasen a un navío a Gimli, podrían descubrir si alguien allí sabe algo acerca de esa nave. Pueden descubrir incluso que no ha hecho esa ruta en absoluto.
- Podemos hacerlo - asintió Shefter -. Lo averiguaremos.
* * *
Todos en Cragdale sabían del proyectado tratado con Tanith por la mañana después de la primera conversación de Trask con el príncipe Edvard. La reina del Real Dormitorio, de la Sala de Juegos Real y del Baño Real insistía en que sus dominios deberían también firmar un tratado con Tanith.
Comenzaba a parecer a Trask que no habría mas tratado que firmar en Marduk que el de la nieta del rey e incluso aún tenía sus dudas.
-¿Cree usted que sería prudente? - preguntó a lady Valerie Alvarath. La reina de los tres cuartos y del único súbdito de cuatro patas ya había decretado que lady Valerie fuese la novia del príncipe vikingo espacial en el planeta de Marduk -. Si se obtiene, esos lunáticos del Partido del Bienestar del Pueblo se apoderarán de ello y lo retorcerán para proporcionar pruebas de alguna clase de complot siniestro.
- Oh, creo que Su Majestad podría firmar un tratado con el príncipe Trask - decidió ella como primer ministro de Su Majestad -. Pero tendría que mantenerse en el mayor secreto.
* * *
A los pocos días, todos en Marduk sabían que se estaba discutiendo un tratado con Tanith. Si no lo sabían, la culpa no era del partido de Zaspar Makann, que parecía tener bajo su mando a un numero desconcertantemente grande de estaciones televisoras y una las atiborraba con historias horrorosas de ferocidades de los vikingos espaciales y denuncias de traidores cuyos nombre tenían buen cuidado de no dar, rodeando al rey y al Príncipe de la Corona que estaban a punto de entregar Marduk a la rapiña y a la inmiscuidad.
La filtración, evidentemente, no venía de Cragdale, porque generalmente se creía que Trask seguía en el palacio real de Malverton.
Por lo menos ahí era donde los macanistas efectuaban manifestaciones en contra suya.
Vio por la pantalla una de tales demostraciones; el micrófono, eventualmente, estaba en una de las terrazas del palacio, quedando por encima de los amplios parques que le rodeaban.
Los jardines estaban atestados de gente, oprimiendo al débil cordón de policía.
El frente de la turba parecía un tablero de ajedrez... un bloque de paisanos en sus trajes normales, luego un bloque de los curiosos uniformes casi afeminados de Zaspar Makann, de los Vigilantes del Pueblo, de Zaspar Makan. Luego ropas otra vez ordinarias y más Vigilantes del Pueblo. Por encima de las cabezas de la gente, a intervalos flotaban pequeños elevadores contragravedad en los que los amplificadores y altavoces vociferaban
¡VIKINGO ESPACIAL, VETE A CASA! ¡VIKINGO ESPACIAL, VETE A CASA!
La policía estaba inmóvil, en posición de descanso; la turba se acerco más. Cuando estuvieron a cincuenta metros, los bloques de Vigilantes del Pueblo se adelantaron corriendo. Luego se extendieron hasta formar una línea de seis hombres de profundidad a través de todo el frente; otros bloques, desde la parte trasera, impulsaron a los manifestantes vulgares a un lado y ocuparon su lugar. Sintiendo más odio por ellos cada segundo, Trask gruñó su aprobación por tan inteligente y disciplinada maniobra. ¿Cuánto tiempo, se preguntó, habían estado ensayando esa clase de táctica? Sin detenerse, continuaron su avance sobre la policía, que ahora estaba en posición de firmes.
-¡VIKINGO ESPACIAL, VETE A CASA! ¡VIKINGO ESPACIAL, VETE A CASA!
- ¡ Fuego! - se oyó gritar a sí mismo ¡ No les dejéis que se acerquen más; disparad ahora!
No tenían nada con que hacer fuego; sólo porras, armas no mejores que las fustas de los Vigilantes del Pueblo. Simplemente desaparecieron, tras un breve intercambio de golpes y las tormentosas tropas de Makann continuaron su avance.
Y eso fue todo. Las puertas del palacio estaban cerradas; la multitud, tras la vanguardia de Vigilantes del Pueblo de Makann llegó hasta ellas y se detuvo. Los altavoces siguieron bramando, reiterando su petición.
- Esos policías fueron asesinados - dijo -. Fueron asesinados por el hombre que los ordenó salir sin armas.
- Debe ser el conde Naydnar, Ministro de Seguridad - dijo alguien, como si tratase de reprenderle.
- Entonces es al que deben ustedes ahorcar.
-¿Y usted qué hubiese hecho? - preguntó en tono de desafío el Príncipe de la Corona Edvard.
- Colocar cincuenta carros de combate. Trazar una línea y abrir fuego de ametralladoras en cuanto la multitud la cruzara y seguir disparando hasta que los supervivientes dieran media vuelta y huyesen. Luego mandaría más coches y mataría a quien llevase el uniforme de Vigilantes del Pueblo, por toda la ciudad. Al cabo de cuarenta y ocho horas, ya no habría partido del Bienestar del Pueblo ni tampoco ningún Zaspar Makann.
El rostro del Príncipe de la Corona se puso rígido.
- Quizás sea así como hacen las cosas en los Mundos de la Espada, príncipe Trask. Pero no es el estilo que tenemos en Marduk. Nuestro gobierno no se propone ser culpable de derramamiento de sangre entre la gente de su pueblo.
Tenía en la punta de la lengua la respuesta de que si no lo hacían, el pueblo acabaría derramando la sangre de los gobernantes. En su lugar, dijo con suavidad:
- Lo siento, príncipe Edvard. Tenían ustedes una maravillosa civilización aquí, en Marduk. Casi lo poseían todo. Pero ya es demasiado tarde. Han bajado las puertas, han caído las puertas, los bárbaros entraron.

V
La turbulencia de colores se convirtió en el gris del hiperespacio; quinientas horas hasta Tanith. Guatt Kirbey estaba asegurando su panel de mandos, feliz por volver con su música. Y Vann Larch regresaría a sus pinceles y pinturas, y Alvyn Karffard al trabajo del modelo de lo que había estado haciendo y que dejó sin terminar cuando el Némesis había salido al final del salto de Audhumla.
Trask fue al catálogo de la biblioteca de la nave y oprimió la partida llamada Historia, Antigua Tierra. Habían abundantes libros ~ gracias a Otto Harkaman. Luego marcó Hitler, Adolfo. Harkaman tenía razón; cualquier cosa podía suceder en una sociedad humana que tuviese antecedentes con otras cosas ocurridas, de una forma u otra, de una manera parecida y en algún tiempo. Hitler podría ayudarle a comprender a Zaspar Makann.
Para cuando la nave salió, con el sol amarillo de Tanith en medio de ~ pantalla, sabía ya muchas cosas acerca de Hitler, ocasionalmente referido como Schickegruber, y comprendía, con pena, como se apagaban en Marduk las luces de la civilización.
Además del Lamía, despojado de sus Dillinghams y atestado con cargamento pesado e instrumentos de detección, el Space.Scourge y el Queen Flavia estaban fuera del planeta de vigilancia. Había también media docena de otros navíos en órbita por encima de la atmósfera; uno de Gilgamesh, otro de los cargueros de la línea Gram-Marduk, un par de libres vikingos espaciales y una nave nueva y poco familiar. Cuando preguntó a la base lunar quién era, se le dijo que se trataba del Sun-Goddess, Amaterasu. Esa era, por casi un año, la mejor noticia que había esperado de ellos. Otto Harkaman había salido del Corísande, atacando, comerciando y visitando los planetas comerciales.
Encontró a su primo, Nikkolay Trask, en Rivington; cuando le preguntó por Traskon, Nikkolay maldijo.
- No sé nada de Traskon; no tengo nada que ver con Traskon ya. Traskon es ahora propiedad personal de nuestra bien amada, muy bien amada... reina Evita. Los Trask ya no poseen en Gram suficiente tierra ahora como para instalar un cementerio familiar. ¿Ves lo que hiciste? - añadió con amargura.
- No necesito que me lo recuerdes, Nikkolay. Si me hubiese quedado en Gram, habría ayudado a Angus a subir al trono y al final todo hubiese resultado lo mismo.
- Pudo ser muy distinto - afirmó Nikkolay -. Podrías llevar tus navíos a Gram e instalarte en el trono.
- No; nunca volveré a Gram. Ahora Tanith es mi planeta. Pero renunciaré a medianza con Angus. Puedo comerciar en Morglay, o Joyeuse, o Flamberge, con la misma facilidad.
- No tendrás que hacerlo; puedes comerciar con Newhaven y Biglersport. El conde Lionel y el duque Jons desafían ambos a Angus; se han negado a proporcionarle hombres, han expulsado a los recaudadores de impuestos, a es decir, a aquellos a los que no han ahorcado, y están construyendo navíos propios. Angus también construye naves. Yo no sé si va a utilizarlos en luchar contra Biglersport y Newhaven, o en atacarte a ti, pero habrá una guerra antes de que transcurra un año.
El Goodhope y el Speedtvell, descubrió, habían vuelto a Gram. Estaban mandados por hombres que gozaban del favor recientemente en la corte del rey Angus. El Black Star y el Queen Flavia, cuyo capitán desdeñosamente ignoró la orden de Gram de rebautizar su navío con el nombre de Queen Evita, se habían quedado. Eran navíos suyos, no del rey Angus. El capitán del mercante de Wardshaven, ahora en órbita, rehusó llevar la carga a Newhaven; había sido fletado por el rey Angus y no tomaría órdenes de nadie más.
- Está bien - le dijo Trask -. Este es el último viaje aquí. Vuelva a traer esa nave bajo flete de Angus de Wardshaven y dispararemos contra usted.
Luego desempolvó la regadía que había utilizado en su última audiencia audiovisual con Angus. Al principio, había decidido proclamarse rey de Tanith. Lord Valpry, barón Rathmore y su primo le aconsejaron que no lo hiciese.
- Limítate a llamarte príncipe de Tanith - dijo Valpry -. El título no hará ninguna diferencia a tu autoridad aquí y si pretendes el trono de Gram, nadie podrá decir que eres un rey extranjero tratando de anexionarse el planeta.
El no tenía intención de hacer nada por el estilo, pero Valpry hablaba en serio. Se encogió de hombros. El título no significaba nada.
Así que se sentó en su trono, como príncipe soberano de Tanith y renunció a su alianza con Angus, duque de Wardshaven, autonominado rey de Gram. Enviaron esta renuncia en el carguero vacío. Otra copia fue dirigida al conde Newhaven, junto con un cargamento en el Sun-Goddess, el primer navío no vikingo espacial que entró en Gram desde la Antigua Federación.
* * *
Setecientas cincuenta horas después del regreso del Némesis el Corisande salió de su último microsalto e inmediatamente Harkaman comenzó a tener noticias de la batalla de Audhumla y de la destrucción del Yo-Yo y del Enterprise. Al principio, simplemente informó de un viaje de ataque triunfal, del que traía rico botín. Singularmente un botín variado, según se observaba, cuando comenzó a detallarlo.
- Oh, sí – replico -. Botín de segunda mano. Ataqué Dagon.
Dagon era un planeta base de los vikingos espaciales, ocupado por un tipo llamado Fedrir Barragon. Cierto número de navíos operaban desde allí, incluyendo a un par, al mando de los hijos mestizos de Barragon.
- Los navíos de Barragon estaban atacando uno de nuestros planetas - dijo Harkaman -. Gaupat. Saquearon un par de ciudades, destruyeron otra. mataron a muchos nativos. Me entere por el capitán Ravallo. del Black Star, en Tudra acababa de llegar de Ganpat. Beowulf no quedaba demasiado apartado del camino, así que entramo, allí y descubrimos al Grendeisbane preparado para salir al espacio - el Grendeisbane era el segundo de los navíos de Beowulf, hermano del Viking's Gift así que se nos unió y los tres nos plantamos en Dagon ~ volamos a uno de los barcos de Barragon y dejamos averiado a otro y luego saqueamos su base. Había allí una colonia gilgameslieriana. a la que no molestamos. Ellos extenderán la noticia de lo que hicimos, y del porque.
- Eso dará que pensar al príncipe Viktor de Xochitl - dijo Trask -. ¿Donde están los otros navíos ahora?
- El Grendeisbone volvió a Beowulf; se detendrá en Amaterasu para hacer un poco de comercio por el camino. El B1ack Star fue a Xochitl. Sólo una visita amistosa, para saludar en tu nombre al príncipe Viktor. Ravallo tiene muchas películas audiovisuales tomadas durante la operación Dagón. Luego irá a Jagannath, para visitar a Nikky Gratham.
* * *
Harkaman aprobó su actitud y acciones con referencia al rey Angus.
- No necesitamos hacer negocio en absoluto con los Mundos de la Espada. Tenemos nuestras propias industrias, podemos producir lo que necesitamos y podemos comerciar con Beowulf y Amaterasu y con Xochitl y Jagannath y Hoth, si llegamos a alguna especie de acuerdo con ellos; todo el mundo admitirá el dejar tranquilos a los planetas comerciales de los demás. Es muy malo que no hayas podido llegar a ningún acuerdo con Marduk - Harkaman lo lamentó durante unos cuantos segundos y luego se encogió de hombros -. Nuestros nietos, si los hay, probablemente atacarán a Marduk.
-¿Crees que ocurrirá así?
-¿Y tú no? Estabas allí; viste lo que pasaba. Los bárbaros se levantan; tienen un jefe y se están uniendo. Cada sociedad descansa sobre una base bárbara. La gente no comprende la civilización y que no le gustaría comprenderla si llegase a hacerlo. Los insatisfechos. La gente que nada crea y que no aprecia lo que los demás han creado para ellos y que cree que la civilización es algo que simplemente existe y que todos necesitan únicamente disfrutar de lo que pueden comprender... lujos, alto nivel de vida y trabajo fácil por alta remuneración. ¿Responsabilidades? Uf! ¿Para qué tienen un gobierno?
Trask asintió.
- Y ahora, los insatisfechos creen que son los más acerca del coche que la gente que lo diseño, así que van a apoderarse de los mandos. Zaspar Makann dice que pueden y es el jefe - se sirvió una bebida de la botella que había sido saqueada en Pushan; aquél era un planeta en donde la república fue derrocada para convertirla en dictadura durante siglos atrás y de dictadura planetaria se fusionó en una docena de dictadores regionales y ahora habían vuelto a la vida campestre y al nivel industrial artesano -. No lo comprendo. Sin embargo. Leí acerca de Hitler, de vuelta a casa. No me sorprendería si Zaspar Makann hubiese estado leyendo también la vida de Hitler. Utiliza las triquiñuelas de Hitler. Pero Hitler llegó al poder en un país que había sido empobrecido por la derrota militar. Marduk desde hace casi dos generaciones no ha luchado ninguna guerra y aún esa fue una farsa.
- No fue la guerra lo que colocó en el poder a Hitler. Fue el hecho de que la clase gobernante de su nación, la gente que mantenía la sede en marcha, estaba desacreditada. Las masas, los bárbaros caseros, no tenían a nadie, que aceptase sus responsabilidades. Lo que poseen en Marduk es una clase gobernante que se ha desacreditado a sí misma. Una clase de gobernante que se avergüenza de sus prodigios y se escabulle en sus deberes. Una clase de gobernante que ha comenzado a creer que las masas son sólo tan buenas de por sí, cosa que manifiestamente ésta es equívoca. Y una clase gobernante que no utilizará la fuerza para mantener su postura. Y tienen una democracia y permiten que los enemigos de la democracia se cobijen detrás de salvavidas democráticos.
- No tenemos ninguna de esta democracia en los Mundos de la Espada, y esa es la palabra adecuada – dijo -. Y nuestras clases gobernantes no están avergonzadas de su poder y nuestro pueblo no es de insatisfechos y mientras consiga ser tratado decentemente no tratará de precipitar las cosas. Y no creo que lo hagan también.
La guerra dinástica a Morglay de hacía un par de siglos aún chisporroteaba y humeaba. La guerra oaskarsiana-elmersiana, en Durendal, en la que Flamberge y ahora Joyeuse se habían entrometido. Y la destrucción de Gram, acercándose rápida al punto crítico. Harkaman asintió.
- ¿Sabes por qué? Nuestros gobernantes son los bárbaros entre nosotros. Ese no es ninguno de ellos... Napolyon de Flamberge, Rodolf de Eskalibur, o Angus de casi la mitad de ....... que se dedica a la civilización o a nada fuera de sí mismo y esa es la señal del barbarismo.
-¿A quién te dedicas tú, Otto?
-A ti. Tú eres mi jefe. Esa es otra señal de barbarismo.
Antes de que hubiese abandonado Marduk, el almirante Shefter mandó un navío a Gimli para investigar acerca del Honest Florris; unos pocos hombres y una chalupa se quedaron para establecer contacto con cualquier navío de Tanith. Mandó a Boake Valkanhayn en el Space.Scourge.
El. Rlue Comet de Lionel de Newhaven entró desde Gram con una carga de mercancía general. Su capitán quería material fisionable y gadolinio; el conde Lionel construía más navíos. Corría el rumor de que Omfray de Glaspyth pretendía al trono de Gram, basándose en los derechos de la hermana de su bisabuela, que se casó con el bisabuelo del duque Angus. Era una pretensión completamente trivial e irrelevante, para la historia de que se vería apoyado por hombres y navíos proporcionados por el rey Konrad de Haulteclere, pesaba en la balanza.
Inmediatamente, el barón Rathinore, lord Valpry, Lothar Ffayle y las otras gentes de Gram comenzaron a aclamar que tenían que volver con mía flota y apoderarse del trono para el propio Trask. Harkaman, Vaikauhayn, Karffard y los otros vikingos espaciales eran igualmente dementes en esta idea. - Harkaman había perdido al otro Corisande en Duredal y se acordaba y los demás deseaban poder participar en las peleas de los Mundos de la Espada y había una agitación renovada de que debiera empezar a llamarse rey de Tanith.
Se negó a hacer cualquiera de las dos cosas, lo que dejó insatisfechos a ambas partes. Y así los partisanos políticos habían llegado finalmente a Tanith. Quizás fuese otra piedra sillar del progreso.
Y allí estaba el tratado de Khepera, entre el estado principesco de Tanith, la Comunidad de Beowulf y la Liga Planetaria de Amsterdam.
Los kheperianos accedían a permitir bases en su planeta, a proporcionar trabajadores y a enviar estudiantes a las universidades de todos los tres planetas.
Tanith, Beowulf y Amaterasu se obligaban a sí mismos a unirse en defensa de Khepera, al libre comercio entre sí y a rendir asistencia armada de uno a otro.
Esa era la verdadera piedra sillar del progreso y no había posibilidad de discusión en contra.
* * *
El Spaee.Scourge regresó de Gimli y Valkanhayu informó que nadie en el planeta había visto u oído hablar jamás del Honest Horris. Habían encontrado allí a una chalupa de un navío de la Marina Mardukiana, tripulado enteramente por oficiales, algunos del Servicio de Inteligencia de la Marina. Según ellos, la investigación era efectiva desde aquel navío había llegado en un punto muerto. Los aparentes propietarios comerciales pretendían, y tenían documentos para demostrarlo, que lo habían alquilado a un comerciante particular y hoy pretendía, y tenía documentos para demostrarlo, que era ciudadano de la República Planetaria de Aton y en cuanto comenzaron a interrogarle, fue rescatado por el embajador atoniano, que presentó una vehemente protesta al Ministerio del Exterior Mardukiano. Inmediatamente, el partido del Bienestar del Pueblo se puso en marcha tras el incidente y catalogó a la investigación como una persecución ilegal contra el poder nacional y amistoso de una potencia amiga a instigación de las gentes corrompidas de la Conspiración interestelar gilgamesheriana.
- Y eso es - terminó Valkanhayn -. Parece que van a celebrar elecciones y que tienen miedo de indisponerse con nadie que pueda votar. Así que la Marina tuvo que abandonar la investigación. Todos en Marduk están asustados de este Makann. ¿Crees que pueda haber algún lazo entre él y Dunnan?
- La idea se me ocurrió. ¿Han habido más ataques en los planetas comerciales de Marduk desde la batalla de Audhumla?
- Un par. El Bolide estuvo en Audhumla hace temporada. Habían allí un par de navíos mardukianos y estaban arreglando al Victrix para que pudiese pelear. Entre todos expulsaron al Bolide.
Un estudio del tiempo entre la destrucción del Enterprise y el Yo-Yo y la aparición del Bolide podía darles un radio limitado en torno a Audhumla. Lo hizo; setecientos años luz, lo que también incluía a Tanith.
Así que envió a Harkaman en el Corisande y a Ravallo en el Black Star para visitar los planetas con los que comerciaba Marduk, buscando naves de Dunnan e intercambiando información y ayuda con la Real Marina Mardukiana. Casi enseguida, lo lamentó; el siguiente gilgamesheriano que entró en órbita en Tanith trajo la historia de que el príncipe Viktor reunía una flota en Xochitl. Envió avisos a Amaterasu, Beowulf y Khepera.
Un navío entró desde Bigglersport, un carguero fuertemente armado. Se había producido una lucha esporádica en una docena de sitios de Gram, ahora... resistencia a los esfuerzos por parte del rey Angus de cobrar tributos y ataques de personas no identificadas en haciendas confiscadas por el soberano a los considerados como traidores y entregadas a Garvan Spasso, que ahora había sido ascendido de barón ~ conde. Y Rovard Graulfis había muerto; envenenado, según decía todo el mundo, bien por Spasso, o por la reina Evita, o por ambos. Incluso con la amenaza desde Xohitl, algunos de los antiguos nobles de Wardshaven comenzaban a hablar de enviar navíos a Gram.
Menos de un millar de horas después de haberse marchado, Ravallo volvió en el Black Star.
- Fui a Gimli y no estuve allí cincuenta horas antes de que entrase un navío de la Marina Mardukiana. Se alegraron de verme; me ahorraron enviar una chalupa a Tanith. Tenían noticias para usted y un par de pasajeros.
¿Pasajeros?
- Sí. Ya verá quiénes son cuando bajen. Y no deje que nadie que lleve patillas y uniforme los vea - dijo Ravallo -. Lo que cualquiera de esa gente sepa circulará antes de mucho por todo lugar.
* * *
Los habitantes eran Lucile, princesa Bentrik, y su hijo, el joven conde Ravary. Cenaron con Trask; sólo el capitán Ravallo estaba también presente.
- Yo no quería dejar a mi esposo y no quise venir aquí a imponer mi presencia y la de Steven a usted, príncipe Trask - comenzó ella -, pero insistió. Pasamos todo el viaje hasta Gimli ocultos en los cuartos del capitán; sólo unos pocos oficiales sabían que estábamos a bordo.
- Makan ganó las elecciones, ¿verdad? Preguntó -. ¿Y el príncipe Bentrik no quiere arriesgarle a usted y a Steven a que sean utilizados como rehenes?
- Eso es contestó ella -. En realidad no ganó' las elecciones, pero como si lo hubiese hecho. Nadie tiene mayoría de asientos en la Cámara de Representantes pero ha formado un gabinete de coalición con varios partidos fraccionados y me avergüenza decir que con un cierto números de Lealistas de la Corona... una multitud de deslealistas, les llamaría... que ahora votan con él. Han acuñado alguna ridícula frase sobre «onda del futuro», que nadie sabe lo que significa.
- Si no les puedes vencer, únete a ellos - dijo Trask.
- Si no les puedes vencer, lámeles las botas - aclaró el conde de Ravary.
- Mi hijo está un poco amargado - dijo la princesa Bentrik -. Debo también admitir que poseo un deje de amargura también.
- Bueno, esos en los Representantes - dijo Trask-. ¿Qué hay acerca del resto del gobierno?
- Con el partido dividido y el apoyo deslealista han conseguido la mayoría de asientos en los Delegados. La mayor parte, un mes atrás, les habría sido indignamente denegada, por tener relación con Makann, pero ciento y pico de ciento veinte en total son sus partidarios. Makann, claro, es canciller.
-¿ Y es quien primer ministro? - preguntó él -. ¿Andray Dunnan?
Ella le miró algo turbada durante un instante para luego decir:
- Oh, no. El primer ministro es el Príncipe de la Corona Edvard. No; el barón Cragdale. Eso no es ningún título real, así que por alguna especie de ficción no puedo pretender comprender que no es primer ministro como miembro de la familia real.
- Si tú no puedes... - comenzó el muchacho.
- ¡Steven! Te prohibo que digas algo... acerca del barón Cragdale. Cree, muy sinceramente, que las elecciones fueron expresión de la voluntad del pueblo y que su deber es inclinarse ante tal voluntad.
Desde que Otto Harkaman estuviese allí. Probablemente podría nombrar, sin detenerse para tomar aliento a un centenar de grandes naciones que se derrumbaron hasta convertirse en cenizas porque sus gobernantes creían que deberían inclinarse en lugar de gobernar y no pudieron decidirse al derramamiento de sangre de su pueblo. Edvard hubiese sido un hombre admirable y estupendo como barón de una pequeña comarca. Donde estaba, constituía un desastre,
Preguntó silos Vigilantes del Pueblo habían sacado sus armas de debajo de la cama y empezado a llevarlas en público.
- Oh, sí. Usted tenía del todo razón; Estaban armados, siempre. No sólo armas pequeñas; vehículos de combate y artillería pesada. En cuanto el nuevo gobierno se formó, se les dio un estatuto formando parte de las Fuerzas Armadas Planetarias. Se ha hecho cargo de cada estación de policía del planeta.
-¿Y el rey?
- Oh, sigue la corriente, se encoge de hombros y dice: «Yo simplemente reino aquí». ¿Qué otra cosa puede hacer? Nosotros hemos estado rechinando los dientes y añadiendo nuestro poder en defensa del trono durante estos tres últimos siglos, para ahora...
-¿Qué hace el príncipe Bentrik y por qué cree que había allí peligro de que ustedes dos fuesen utilizados como rehenes?
- Va a pelear - contestó ella -. No me pregunte cómo ni con qué. Quizás en una guerrilla de las montañas, no lo sé. Pero aun cuando ellos le venzan no se unirá a sus filas. Yo quería estar a su lado y ayudarle; él me dijo que le ayudaría mejor colocándome junto con Steven en donde él no pudiera estar preocupado por nuestra parte.
- Yo quería quedarme - afirmó el muchacho -. Pude haber luchado con él. Pero me dijo que debía cuidarme de mama. Y si él moría, que yo sobreviviese para poder vengarle.
- Hablas como un nativo de los Mundos de la Espada; ya te dije eso anteriormente - dudó, luego se volvió otra vez hacia la princesa Bentrik -. ¿Cómo se encuentra la princesita Myrna? - preguntó y luego, tratando de mostrarse indiferente, añadió -: ¿Y lady Valerie?
Ella le parecía claramente real y presente, ojos azules y pelo negro como el espacio, más verdadera que Elaine le había sido durante los últimos anos.
Están en Cragdale; espero que se encuentren a salvo
VI
Intentar ocultar la presencia en Tanith de la esposa del príncipe Bentrik y de ni hijo era empujar la precaución mas allá de lo necesario. Admitido que las noticias se filtrarían hasta Marduk y a Gilgamesh. quedaba a setecientos años luz este último y de allí a casi un millar de años luz el primero. Mejor sería que la princesa Lucile disfrutase de la sociedad de Rivington, tal y como era, y escapase. de momento por ahora. de la ansiedad acerca de su esposo. A los diez años, no. casi doce; puesto que transcurrió año y medio desde que Trask dejó Marduk, el joven conde de Ravarv se divertía con mas facilidad. Por fin se encontraba ante verdaderos vikingos espaciales, en un planeta de ellos y trataba de estar en todas partes y de verlo todo a la vez.
Sin duda que se imaginaria a si mismo vikingo espacial, regresando a Marduk con una vasta armada para rescatar a ni padre y al rey de las garras de Zaspar Makann.
Trask se mostraba satisfecho con eso; como anfitrión dejó mucho que desear.
También tenía sus preocupaciones y todas ellas portaban el mismo nombre: príncipe Viktor de Xochitl.
Repasó todo lo que Manfred Ravallo, capitán del Black Star pudo decirle.
Había hablado una vez con Viktor; el señor de Xochitl se había mostrado finamente educado e indiferente. Sus subordinados en cambio fueron francamente hostiles.
Habían habido cinco naves en órbita o aterrizadas en el espaciopuerto de Viktor junto a los ordinarios comerciantes gilgamesherianos, dos naves del propio Viktor y un gran carguero armado que entró de Haultecle mientras el Black Star zarpaba.
Había considerable actividad en los astilleros y en torno al espaciopuerto, como si se preparase algo en gran escala.
Xochitl estaba a un millar de años luz de Tanith. Rechazó inmediatamente la idea de lanzar un ataque preventivo; sus navíos podían encontrar Xochitl para encontrarlo indefenso y luego regresar a Tanith para hallarlo devastado.
Cosas así habían ocurrido en las guerras espaciales.
Lo único que se podía hacer era defender Tanith cuando Viktor atacase y luego contraatacar si le quedaban navíos para aquel tiempo.
Probablemente el príncipe Viktor razonaba de la misma manera.
No tuvo tiempo de pensar en Andray Dunnan, excepto de vez en cuando, para desear que Otto Harkamann trajese a casa al Corisande.
Necesitaba en Tanith este navío y el valor y la presencia de ánimo de su comandante.
Más noticias, procedentes de Gilgamesh, vinieron de Xochitl.
Allí habían sólo dos naves, ambas mercantes armados, posadas en el planeta.
El príncipe Viktor había salido al espacio con el resto en lo que se calculaba unas dos mil horas antes de que la historia le llegase.
Eso era el doble de tiempo de lo que costaría a la armada de Xochitl el llegar a Tanith.
No había ido a Beowulf; eso quedaba a sesenta y cinco horas de Tanith y ya se hubieran enterado hacia tiempo. Ni Amaterasu, ni a Khepera.
Cuántos navíos tenía era una buena pregunta; no menos de cinco y posiblemente más. Podría haberse deslizado dentro del sistema de Tanith y escondido sus naves en uno de los planetas exteriores inhabitables.
Envió a Valkanhayn y Ravallo microsaltando sus navíos de uno a otro para inspeccionar. Regresaron con el informe negativo.
Por lo menos Viktor de Xocliitl no estaba acampado dentro de su propio sistema, esperando a que él zarpase de Tanith para atacar.
Pero se encontraba en alguna parte y eso no significaba nada bueno y no había posibilidad de deducir cuándo sus naves emergerían sobre Tanith.
Lo único que podía hacerse era esperarle.
Cuando lo hizo, Trask confiaba en que saliese del hiperespacio Y se metiese en un grave lío.
Poseía el Némesis, el Space-Scourge, el Black Star y el Queen Flavia, el fuertemente reconstruido Lamia y varios navíos vikingos independientes, entre ellos el Damnthing de su amigo Roger.Fan.Morvill Esthersan, que voluntariamente había accedido a quedarse y ayudar en la defensa.
Esto, claro, no era un acto puro de altruismo. Si Viktor atacaba y su flota volaba hasta el Em.SeeSquare, Xocliitl quedaría abierto y sin protección v allí había bastante botín para atestar cada navío. Cada navío que quedase, claro, al término de la batalla de Tanith.
Se excusó ante la princesa Bentrik:
- Siento muchísimo que usted haya saltado de la sartén de Zaspar Makann al fuego del príncipe Viktor -comentó.
Ella soltó una carcajada.
- Correré el riesgo con el fuego. Me parece que tengo alrededor una buena cantidad de excelentes bomberos. Si hay combate procurará usted que Steven esté en lugar seguro, ¿verdad?
- En un ataque espacial, no hay lugares seguros. Lo mantendré conmigo.
El joven conde de Ravary quería saber en qué navío serviría cuando se produjera el ataque.
- Bueno, no estarás en ninguna nave, conde. Pertenecerás a mi estado mayor.
Dos días más tarde, el Corisande salió del hiperespacio. Harkaman se mostró deliberadamente indiferente por la pantalla. Trask tomó una nave de aterrizaje Y fue al encuentro del navío.
- No somos gratos ya a Marduk - le dijo Harkaman -. Tienen naves en todos sus planetas comerciales con orden de disparar contra cualquiera, repito, cualquier vikingo espacial, incluyendo los navíos del autollamado príncipe de Tanith.. Obtuve esto del capitán Garravay del Vindex. Después de que acabamos de hablar, fingimos una hermosa pelea de nave a nave para que pudiese tomar películas. Creo que nadie podrá ver nada equívoco en ella.
- ¿Esa orden vino de Makann?
- Del almirante comandante. Ya no es tu amigo Shefter. Shefter se retiró bajo pretexto de mala salud. Ahora está en un hospital desconocido.
-¿Dónde se encuentra el príncipe Bentrik?
- Nadie lo sabe. Se lían presentado contra él cargos de alta traición y ha desaparecido. Se ha ocultado, o lo lían arrestado secretamente y ejecutado; elige lo que quieras.
Se preguntó qué diría a la princesa Lucile y al conde Steven.
- Tienen naves en todos los, planetas con quienes comercian. Catorce. Esto no es capturar a Dunnan. Esto es dispersar la marina de Marduk. No se fíen de la Marina. ¿Sigue siendo primer ministro el príncipe Edvard?
- Sí, según la última información de Garravay. Parece que Makann se está comportando de mía manera escrupulosamente legal, fuera de hacer de su grupo vigilantes del pueblo parte de las fuerzas armadas. Protesta de su devoción al rey cada vez que abre la boca.
-¿Yo me pregunto cuándo empezará el fuego?
-¿Eh? Oh, sí, leíste acerca de Hitler. Eso lío lo sé. Probablemente ahora ya habrá sucedido.
Se limitó a decirle a la princesa Lucile que su marido se había ocultado; no pudo estar seguro de si se mostró aliviada o más preocupada. Pero eso sí, el muchacho creyó que su padre estaba haciendo algo romántico y heroico.
Algunos de los voluntarios cansados de esperar, después de otras mil horas, salieron al espacio. El Víking's Gift de Beowulf entró con cargamento y se colocó en órbita después de descargarlo para unirse a la vigilancia. Un gilgamesheriano vino desde Amaterasu e informó que allí todo estaba tranquilo; tan pronto como su capitán envió la carga, con un mínimo de regateo, salió de nuevo al espacio. Su comportamiento convenció a cada cual de que el ataque sería sólo cuestión de horas.
No fue así.
VII
Tres mil horas habían pasado desde que el primer aviso llegó a Tanith, lo que hacían un total de cinco mil desde que los navíos de Viktor se suponía que abandonaron Xochitl. Allí estaban éstos, Boake Valkanhayn entre ellos, formando un grupo que dudaba ahora de si en realidad lo había hecho así.
- Todo el asunto es una gran mentira gilgamesheriana – declaraba -. Alguien... Nikky Gratham, o los Everrards, o quizás el propio Viktor... les pagaron para que nos dijesen eso, dejando así clavados a nuestros navíos aquí abajo. O lo prepararon por sí mismos, para poder atacar con facilidad a nuestros planetas comerciales.
- Vayamos hasta el Ghetto y limpiemos la zona de toda esa pandilla - propuso alguien -. Todos esos tipos son igualmente de inmorales.
- Nada de eso; salgamos para Xochitl - propuso Manfred de Ravallo -. Tenemos bastantes naves para darles una paliza en Tanith, por tanto igual podemos dársela en su propio planeta.
Logró convencerles de que ninguno de los dos planes de acción resultaba apropiado... que él era, de todas maneras, príncipe soberano de Tanith, y no el rey constitucional de Marduk, ni tan sólo el capitán de una tribu indisciplinada de bárbaros. Disgustado uno de los independientes salió al espacio. Al día siguiente, otros dos entraron, cargados de botín de un ataque a Braggi y decidieron quedarse durante una temporada y ver lo que pasaba.
Y cuatro días después, un yate de ciento sesenta metros, llevando las insignias de Bigglersport, salió del hiperespacio. En cuanto terminó con el último microsalto, empezó a llamar por pantalla.
Trask no conocía al hombre cuya imagen vio, pero Hugh Rathmore sí; el secretario de confianza del duque Jons.
- Príncipe Trask; debo hablar con usted lo antes posible - comenzó casi balbuceando. Cualquiera que fuese la urgencia de su misión, uno habría pensado que un viaje de tres mil horas debió calmarle en parte -. Es de la máxima importancia.
- Me está hablando. Esta pantalla resulta razonablemente segura. Y si es de máxima importancia, cuanto antes me lo diga...
- Príncipe Trask, tiene que venir a Gram, con todos los hombres y navíos que pueda reunir. Satán solo sabe lo que está ocurriendo allí ahora, pero hace tres mil horas, cuando el duque me envió, Omfray de Glaspyth aterrizaba en Wardshaven. Lleva una flota de ocho naves, que le ha proporcionado el pariente de su esposa, rey de Hauteclere. Las manda el vikingo espacial primo del rey Konrad, príncipe de Xochitl.
Entonces una expresión de conmocionada sorpresa apareció en el rostro del hombre de la pantalla y Trask se preguntó por qué, hasta que se dio cuenta de que él mismo se había arrellanado en su silla y estaba carcajeándose. Antes de poder presentar sus excusas, el hombre de la pantalla había vuelto a recuperar su voz.
- Sé muy bien, príncipe Trask, que usted no tiene motivos para pensar del rey Angus... el antiguo rey Angus, o quizás el último o finado rey Angus cosa que supongo será ahora... sino como a un asesino sanguinario igual que Omfray de Glaspyth...
Costó algún tiempo explicar al secretario de confianza del duque de Bigglersport la gracia de la situación.
Habían otros en Rivington a quien ello no fue evidente de inmediato. Los vikingos espaciales provisionales, como Valkanhayn v Ravallo y Alvyn Karffard, se mostraron disgustados. Habían estado sentados, alertas para el combate, todos esos meses y, lo único que podían saber es que se pudo haber ido a Xochil y dejarlo limpio bastante tiempo atrás. La expedición a Gram era ultrajante. En especial para los que lo consideraban con frialdad. Angus de Wardshaven había sido bastante malo, can el atavismo hereditario del barón loco de Blakly y con la reina Evita y su familia rapaz, pero incluso esto era preferible a un villano asesino... algunos le llamaban una fiera de forma humana... como Omfray de Glaspytli.
Ambas partes, claro, se mostraban positivas en indicar cuál era su deber como príncipe. Los primeros insistían en que todo en Tanith debía lanzarse al hiperespacio y marchar de inmediato a Xochitl, para despojarlo de todo excepto de lo absurdamente inmovible como son los rasgos peculiares del planeta.
Los últimos clamaban, de igual manera fuerte y apasionada, que cada cual en Tanith que pudiese apretar un gatillo debería embarcar de inmediato en una cruzada por la liberación de Gram.
- Tú no quieres hacer ninguna de las dos cosas, ¿verdad? - le preguntó Harkaman, cuando estuvieron a solas después del segundo día de discusiones.
- ¡ No! Esos que quieren atacar a Xochitl no se imaginan lo que tú y yo sabemos, ¿qué ocurriría si lo hiciésemos? - Harkaman guardó silencio, esperando que prosiguiera -. Dentro de un año, cuatro o cinco de estos pequeños propietarios de planetas como los Gratham y Everrards se combinarían en contra nuestra y harían de Tanith un montón de escombros.
Harkaman asintió.
Puesto que le avisamos la primera vez, Viktor ha mantenido sus naves lejos de nuestros planetas. Si ahora atacásemos Xochitl, sin provocación, nadie sabría lo que esperar de nosotros. Las gentes como Nikky Gratham y Tobbin de Nergal y los Everrards de Hoth se pondrían nerviosos ante peligros imprescindibles y cuando ellos se ponen nerviosos son rápidos en dispararse - fumó despacio de su pipa y luego añadió -: Entonces volverás a Gram.
- No hay que sacar esa consecuencia; sólo porque Valkanhayn y Ravallo y todo ese grupo se equivoquen no quiere decir que Valpry y Rathmore y Ffayle tengan razón. Ya oíste lo que dije a esa mismísima gente en Karvall Honse, el día que te conocí. Ya has visto lo que ha pasado en Gram desde que salimos de allí. Otto, los Mundos de la Espada están acabados; ahora están a medio descivilizar. La civilización vive y crece aquí en Tanith. Yo quiero quedarme y ayudar a su crecimiento.
- Mira, Lucas - contestó Harkaman -. Eres príncipe de Tanith y yo sólo el almirante. Pero te digo, tendrán que hacer algo, o todo este escenario tuyo se desmoronará. Tal y como están las cosas, puedes atacar Xochitl y el grupo de partidarios de la vuelta a Gram te seguirán la corriente, o puedes decidirte por esta cruzada contra Omfray de Glaspyth y los partidarios de atacar a Xochitl ahora se conformarán también. Pero si dejas que esto pase sin decisión mucho más tiempo, perderás toda influencia sobre cada uno de los bandos.
- Y entonces estaré acabado yo. Y al cabo de pocos años Tanith estará acabado - se levantó y paseó por la habitación -. Bueno, no quiero atacar a Xochitl; te dije por qué y tú asentiste. Y no quiero enviar a los hombres, naves y riqueza de Tanith en una escaramuza dinástica de los Mundos de la Espada. Gran Satán, Otto; estuviste en la guerra de Durendal. Esto es lo mismo y seguirá así durante otro medio siglo.
-¿Entonces qué harás?
- Vine en busca de Andray Dunnan, ¿no? - pregunto.
- Me temo que Ravallo y Valpry, e incluso Valkahayn y Morland, no estén interesados en Dunnan como tú lo estás.
- Entonces les interesaré. Recuerda, leí acerca de Hitler viniendo de Marduk. Les contaré una gran mentira. Tan gran mentira que nadie se atreverá a no creerla.

VIII
-¿Creéis que yo tengo miedo a Viktor de Xochitl? – preguntó -. Media docena de navíos; podríamos formar un nuevo cinturón de Van Alíen alrededor de Tanith con ellos, con lo que tenemos aquí. Nuestro verdadero enemigo está en Marduk, no en Xochití; se llama Zaspar Makann. Zaspar Makann y Andray Dunnan, el hombre al que vine buscando desde Gram; forman una alianza y creo que Dunnan se encuentra ahora mismo y en persona en Marduk.
La delegación que había venido de Gram en el yate del duque de Bigglerport no se mostró impresionada. Marduk era sólo mi nombre para ellos, uno de los planetas civilizados de la Antigua Federación que ningún miembro de los Mundos de la Espada había visto. Zaspar Makann ni siquiera eso. Puesto que tantas cosas habían sucedido en Gram desde la muerte de Elaine Karvall y el robo del Enterprise que ellos se habían olvidado por completo de Andray Dunnan. Eso les colocaba en desventaja.
Toda la gente a quien trataban de convencer, los cincuenta miembros de la nueva nobleza de Tanith, hablaba un lenguaje que no entendían. Ni siquiera entendían la proposición y no podían discutir en su contra.
Paytrik Morlaud, que había nacido en Gram y había hablado de regreso durante las discusiones para luchar en plenas fuerzas contra Omhfay de Glaspyth y sus partidarios, les abandonó de inmediato.
Había estado en Marduk y sabía quién era Makann; se había hecho amigos entre los oficiales de la Marina Real y se impresionó al enterarse de que ahora eran sus enemigos.
Mánfred Ravallo y Boake Valkanhayn, entre los más activos del grupo del ataque ahora a Xochitl, se aferraron a la idea y parecieron convencidos de que se les había ocurrido a ellos todo el tiempo.
Valkanhyn, no estuvo en Gimli y habló con oficiales navales mardukianos; Ravallo trajo a Tanith a la princesa Bentrik y oyó durante el viaje sus relatos.
Comenzaron a elaborar argumentos en defensa de la tesis de Trask. Claro, Dunnan y Makánn estaban aliados. ¿ Quién informó a Dunnan de que el Victrix iría a Audhumla? Makann; sus espías en la Marina le avisaron. ¿Y qué había del Honets Horris? ¿No bloqueaba Makann cualquier investigación acerca de esa nave? ¿Por qué fue retirado el almirante Shefter en cuanto Makann llegó al poder?
- Bueno, no sabemos nada acerca de este Zaspar Makann - comenzó el secretario confidencial y portavoz del duque de Biggiersport.
- No, no lo saben - le contestó Otto Harkaman-. Sugiero que guarden silencio y escuchen, hasta que averigüen un poco acerca de ese tipo.
- Oh, no me sorprendería si Dunnan estuviese en Marduk durante todo el tiempo que le hemos estado persiguiendo - dijo Valkanhayn.
Trask comenzó a preguntarse: ¿Qué hubiese hecho Hitler si hubiera contado una de sus grandes mentiras y luego encontrase que se convertía en verdad? Quizás Makann había estado en Marduk... no; no podía haber escondido media docena de navíos en un planeta civilizado. Ni siquiera en el fondo de un océano.
- No me sorprendería - gritaba Alvyn Karffard -, que Andray Dunnan fuese Zaspar Makann. Sé que no se parece a Dunnan, todos le vimos en las pantallas, pero hay algo que se llama cirugía plástica.
Eso estaba desmesurando un poco a la gran mentira. Zaspar Makann era unos quince centímetros más bajito que Dunnan; hay algunas cosas que la cirugía estética no puede hacer. Paytrik Morlaud, que había conocido a Dunnan y había visto a Makann en la pantalla, debiera haberlo sabido también, pero o no pensó en el detalle o no quiso debilitar un caso que había aceptado por completo.
- Mientras yo pude descubrir, nadie oyó hablar de Makann hasta hace unos cinco años. Ese tiempo es el aproximado al que habría llevado Dunnan a Marduk - dijo.
Para este tiempo, la gran sala en donde se reunían se había convertido en una babel de voces, todos tratando de convencer a los demás de que se había sospechado la cosa desde el primer instante. Luego el grupo partidario del regreso a Gram recibió su coup.de.grace; Lothar Ffayle, a quien habían buscado los emisarios del duque Jons para conseguir su más fuerte apoyo, se doblegó.
- Ustedes desean que abandonemos un planeta que sacamos de la nada todo el tiempo y dinero que hemos invertido en él, para volver a Gram y sacarles las castañas del fuego, ¿no? Al diablo con ustedes!. Nos quedaremos aquí y defenderemos nuestro propio planeta. Si ustedes son listos, se quedarán con nosotros.
IX
La delegación de Bigglersport seguía en Tanith, tratando de reclutar mercenarios del rey de Tradetown y de conseguir que los gilgamesherianos los transportasen a Gram, cuando la gran mentira se convirtió en algo parecido a la verdad.
El puesto de observación de la luna de Tanith captó una emergencia a veinte minutos de luz al norte del planeta. Media hora más tarde, se produjo otra a cinco minutos luz, pequeñita, y luego una tercera a dos segundos y ésta fue detectable por radar y microrayos como la chalupa de una nave. Se preguntó si algo había sucedido en Amaterasu o Beowulf; alguien como los Gratham o los Everrards podía haber decidido aprovecharse de la movilización defensiva en Tanith. Entonces todos conectaron con una llamada de la chalupa en su pantalla y el príncipe Simón Bentrik apareció en ella.
-¡Me alegro de verle! Su esposa y su hijo están aquí, preocupados por usted, pero sanos y salvos --se volvió para gritar a alguien que buscase al joven conde de Ravary y le dijese que avisase a su madre -. ¿Cómo se encuentra?
- Tenía una pierna rota cuando abandoné la base lunar, pero curé por el camino - contestó Bentrik -. Me acompaña la pequeña princesa Myrna. Por lo que sé, ahora es reina de Marduk - tragó saliva evidentemente -. Príncipe Trask, venimos como mendigos. Suplicamos ayuda para nuestro planeta.
- Vienen ustedes como invitados de honor y conseguirán toda la ayuda que nosotros podamos propórcionarles - bendijo el susto de la invasión de Xocbitl y la gran mentira que rápidamente cesaba de ser mentira; Tanith tenía las naves y los hombres y la voluntad de actuar -. ¿Qué pasó? ¿Makann destituyó al rey y ocupó su puesto?
Poco más o menos, dijo Bentrik. Comenzó incluso antes de las elecciones. Los Vigilantes del Pueblo poseían armas que habían sido fabricadas abierta y legalmente en Marduk para el comercio con los planetas neobárbaros y luego clandestinamente ocultadas en los arsenales secretos del partido del Bienestar del Pueblo. Parte de la policía se había ido con Makann; el resto quedó inactivo y aterrorizado.
Se produjeron tumultos fomentados por los distritos trabajadores de todas las ciudades con pretexto de aumento de salarios pero con un fin de causar mayor terrorismo. Las elecciones fueron una farsa de soborno e intimidación.
Incluso así, el partido de Makann no logró una mayoría completa en la Cámara de Representantes v se había visto obligado a formar una débil coalición con el fin de elegir una favorable Cámara de Delegados.
- Y, claro, eligieron canciller a Makann; eso lo hizo - dijo Bentrik -. Todos los jefes de la oposición en la Cámara de Representantes lían sido arrestados, bajo toda clase de cargos ridículos... crímenes sexuales, aceptar soborno, estar en la nómina de potencias extranjeras, nada parecía demasiado absurdo. Luego votaron una ley dando poder al canciller para llenar vacantes por nombramiento propio en la Cámara de Representantes.
-¿Por qué el Príncipe de la Corona se prestó a una cosa así?
- El confiaba en poder ejercer algún control. La familia real es casi un símbolo sagrado para la gente. Incluso Markann se vio obligado a fingirse leal al rey y al Príncipe de la Corona...
- No resultó; hizo el juego de Makann. ¿Y qué pasó?
El Príncipe de la Corona había sido asesinado. El asesino, un hombre desconocido que se creía gilgamesheriano, fue muerto por la guardia de Vigilantes del Pueblo del príncipe Edvard en el acto. Inmediatamente Makann se apoderó del palacio real para proteger al rey y también inmediatamente hubieron matanzas en todas partes causadas por los Vigilantes del Pueblo.
El Ejército Planetario Mardukiano había dejado de existir; la historia de Makann era que se había producido allí un complot militar contra el rey y el gobierno.
Desparramado por todo el planeta en pequeñas guarniciones, el ejército fue barrido en dos noches y un día.
Ahora Makann lo estaba reclutando de nuevo, exclusivamente a base de los miembros del partido del Bienestar del Pueblo.
- Usted no estaría mientras cruzado de brazos, ¿verdad?
- Oh, no – replicó Bentrik -. Estaba haciendo algo de lo que no me hubiese creído nunca capaz, hace unos cuantos años. Organicé una conspiración en la Real Marina Mardukiana. Después de que el almirante Shefter fue retirado a la fuerza y encerrado en un manicomio, desaparecí y me convertí en un paisano trabajando en un ascensor de contragravedad en el astillero de la marina de Malverton. Finalmente, cuando sospecharon de mi, uno de los oficiales... que por cierto fue arrastrado y torturado hasta morir más tarde... logró sacarme en un carguero hasta la base lunar. Allí estuve en un hospital. El día en que asesinaron al Príncipe de la Corona creamos un motín, propio. Matamos a todos cuantos eran sospechosos de ser makanistas. La base lunar ha estado sufriendo ataques del planeta desde entonces.
Hubo una agitación tras él, vio cómo la princesita Bentrik y el muchacho entraron en el cuarto. Se levantó.
Ya hablaremos de eso más tarde. Hay aquí unas personas...
Hizo un gesto para que avanzasen y se dio la vuelta, despidiendo a todo el mundo de la habitación.
La noticia recorrió Rivington y luego Tanith, mientras la princesa aún estaba bajando. Había una multitud en el espaciopuerto, mirando cómo la navecilla, con su blasón del dragón planetario, se posaba en sus patas de aterrizaje y periodistas del Servicio de Noticias de Tanith estaban allá con sus pantallas captoras. Se encontró con el príncipe Bentrik, un poco antes que los demás, y logró susurrarle al oído apresuradamente:
- Mientras hable con cualquiera de aquí, recuerde que Andray Dunnan está trabajando con Zaspar Makann y en cuanto Makann consolide su posición enviará una expedición contra Tanith.
-¿Y cómo diablos lo descubrió usted eso, desde aquí? -. Preguntó Bentrik -. ¿Gracias a los gilgamesherianos -
Luego Harkaman, Rathmore, Valkanhayn, Lothar Ffayle y los demás se agruparon tras ellos, más gente empezó a salir de la chalupa y el príncipe Bentrik trató de abrazar al mismo tiempo a su esposa y a su hijo.
- Príncipe Trask.
Se quedó sobresaltado ante la voz y al darse media vuelta se encontró mirando a unos profundos ojos azul oscuro enmarcados por un pelo negro como el carbón. El corazón le dio un vuelco y dijo:
- Valerie... - y luego-: Lady Alvarath; soy muy feliz al verla - luego advirtió quién había junto a ella y se agachó para ponerse a su nivel -. Y princesa Myrna. Bienvenida a Tanith, alteza!
La niña le rodeó el cuello con los brazos.
- Oh, príncipe Lucas! Estoy muy contenta de verle! ¡ Han ocurrido cosas terribles!
- Aquí nada terrible te sucederá, princesa Myrna. Estás entre amigos; amigos con quienes tienes un tratado. ¿Recuerdas?
La criatura comenzó a llorar amargamente.
- Eso fue cuando yo era simplemente una reina de juguete. Ahora ya sé lo que querían decir cuando hablaban de que el abuelo y papá dejasen de ser reyes. ¡ Papá ni siquiera llegó a serlo!
Algo grande, cálido v suave trataba de interponerse entre ellos; un perro, con largo pelo rubio y orejas colgantes. En año y medio, los cachorros pueden crecer de manera sorprendente. Mopsy trataba de lamerle la cara. Cogió al perro por el collar y se incorporó.
- Lady Valerie, ¿quiere usted venir con nosotros? – preguntó -. Voy a buscar alojamiento para la princesa Myrna.

X
-¿Es princesa Myrna, o reina Myrna? - preguntó.
El príncipe Bentrik sacudió la cabeza.
- No lo sabemos. El rey vivía cuando salimos de la base lunar, pero fue hace quinientas horas. No sé nada de su madre, tampoco. Estaba en palacio cuando el príncipe Edvard fue asesinado; no tuvimos la menor noticia de ella. El rey hizo unas cuantas apariciones por pantalla, repitiendo como un loro cosas que Makann quería que dijese. Bajo hipnosis. Eso fue probablemente lo último que le exigieron que hiciese. Le han convertido en un zombi.
- Bueno, ¿cómo logró Myrna llegar a la base lunar?
- Eso fue obra de lady Valerie, más que de nadie. Ella y sir Thomas Kobbly y el capitán Reiner lo hicieron todo. Armaron a los criados de Cragdale con rifles de caza y con cuanto pudieron recoger, se apoderaron del yate espacial del príncipe Edvard y despegaron en él. Recibieron un par de impactos de las baterías terrestres al escapar y de los navíos que rodeaban la base lunar al intentar entrar. Naves de la Real Marina Mardukiana! -añadió furioso.
La chalupa en la que hicieron el viaje hasta Tanith también había recibido unos cuantos impactos, al atravesar el bloqueo. No muchos; el capitán la metió en el hiperespacio casi de inmediato.
- Van a enviar el yate a Gimli - dijo Bentrik -. Desde allí, tratarán de reunir cuantas unidades de la Marina Real no hayan ido todavía a caer en poder de Makann. Se reunirán en Gimli y esperarán mi regreso. Si no vuelvo en mil quinientas lloras a partir desde que deje la base lunar, seguirán su propio criterio. Espero que avancen sobre Marduk y ataquen.
- Eso son sesenta días y pico - dijo Otto Harkaman -. Es un tiempo demasiado largo para esperar que aguante la base lunar luchando contra todo un planeta.
- Es una base fuerte. Fue construida hace quinientos años, cuando Marduk luchaba contra una coalición de otros seis planetas. Resistió continuo ataque una vez, durante casi un ario. Desde entonces constantemente ha sido fortificada.
-¿Y qué tienen para atacar? - insistió Harkaman.
- Cuando me fui, seis naves de la antigua Real Marina, que se habían pasado a Makann. Cuatro barcos de ciento sesenta metros de la misma clase que el Victrix y otros de ochenta metros. Luego5 estaban las cuatro naves de Andray Dunnan...
-¿Quiere decir que realmente se encuentra en Marduk?
- Creí que lo sabía y me estaba preguntando cómo se enteró. Sí; el Fortuna, el Bolide, y dos mercantes armados, una nave construida en Baldur llamada el Reliable y su amigo el Honest Horris.
- ¿Realmente no sabias o creías que Dunnan estuviese en Marduk? - preguntó Boake Valkanhayn.
- En la actualidad, no. Tuve que preparar alguna especie de historia para convencer a esa gente de que desistiesen de su cruzada contra Omfray de Glaspyth - no menciono a Valkanhayn su propia insistencia en preparar una expedición contra Xochitl-. Ahora que resulta ser cierto, no me sorprende. Decidimos, hace tiempo, que Dunnan planeaba atacar Marduk. Parece que le subestimamos. Quizás también leyó la vida de Hitler. No planeaba ningún ataque; planeaba conquistar., del único modo en que puede ser conquistada una gran civilización... mediante la subversión.
-Sí - intervino Harkaman-. Hace cinco años, cuando Dunnan empezó ese programa, ¿quién era el tal Makann?
-Nadie -contestó Bentrik-. Un loco agitador en Drepplin; tenía un séquito de lunáticos, que se reunían en la trastienda de una taberna y tenían su despacho en una tabaquería. Al año siguiente, poseía un conjunto de oficinas y adquiría tiempo de emisión en un par de estaciones de televisión. Al otro año, poseía tres emisoras propias y celebraba reuniones y marchas de miles de personas. Etc., pero siempre hacia arriba.
-Sí. Dunnan le financiaba y se movía a sus espaldas, del mismo modo en que Makann se movía tras el rey. Y Dunnan le hubiera matado de igual manera en que tuvo que matar al príncipe Edvard y utilizar el asesinato con un pretexto para liquidar a sus seguidores personales.
-Entonces poseería Marduk. Y tendríamos a la flota mardukiana viniendo por el hiperespacio contra Tanith -añadió Valkanhayn -. Así que tenemos que ir a Marduk y destrozarle ahora, mientras es lo bastante pequeño aún para ser destrozado.
Hubieron unos cuantos que quisieron hacer eso con respecto a Hitler y muchos más, después, que lamentaron no haberlo hecho.
- El Némesis, el Corisande y el Space-Scourge irán, ¿verdad? – Preguntó.
- Harkaman y Valkanhayn asintieron.
Valkanhayn creyó que el Viking's Gift, de Beowulf, les acompañaría y Harkaman estaba casi seguro de que lo harían también el Black Star y el Queen Flavia. Se volvió a Bentrik.
- Mande a Gimli de inmediato la chalupa; dentro de una hora, si es posible. No sabemos cuántos navíos se reunirán allí, pero no quiero que se desperdicien en ataques aislados y de detalle. Diga a quien esté al mando que las naves de Tanith están en camino y que las esperen.
Mil quinientas horas, menos de quinientas Bentrik estaba en el espacio partiendo de Marduk. No tuvo tiempo de calcular el viaje a Gimli desde los otros planetas comerciales mardukianos y nadie podía estimar cuántas naves habrían respondido.
- Puede que nos cueste algo de tiempo conseguir una flota efectiva y tenerla reunida - dijo Bentrik -. Incluso después de discutir las cosas. La discusión no es un rasgo exclusivo de las democracias.
Actualmente hubo muy poca discusión y la mayor parte de ella entre los mardukianos, el Príncipe de Bentrik insistió en que la princesa de la corona Myrna fuese llevada consigo; el rey Mikhyl o bien estaría muerto o incapacitado por los tratamientos que le habrían hecho prácticamente un imbécil y tendrían que tener a alguien que ocupase el trono. Lady Valerie Alvarath, sir Thomas Kobely, el preceptor, y la nodriza Margot se negaron a separarse de ella. El príncipe Bentrik se mostró igualmente firme, con menos éxito, en dejar a su esposa e hijo en Tanith. Al fin, se accedió a que todo el grupo mardukiano saliese al espacio en el Némesis.
El jefe de la navegación de Bigglersport ensayó una parrafada desapasionada sobre ayudar a los extranjeros mientras su propio planeta estaba siendo esclavizado.
Todo el mundo lo hizo callar e informó que Tanith estaba siendo defendido en dónde debería defenderse, e~ la hacienda de alguien muy allegado.
Cuando los de Bigglersport salieron de la reunión, encontraron que su propio yate espacial había sido requisado y enviado a Amaterasu y a Boewulf en busca de ayuda, que el regimiento de infantería local que habían alistado procedente del rey de Tradetown había sido ocupado por las autoridades de Rivington y que el carguero del Gilgamesh que tenían contratado para transportarles a Gram, haría ahora el transporte hasta Marduk.
El problema se rompió en dos mitades; la acción puramente naval que lucharía para aliviar la presión en la luna de Marduk, si aún seguía resistiendo, y para destruir a las naves de Dunnan v Makann, y el problema de la lucha en el suelo para barrer a los partidarios de Makann y restaurar la monarquía mardukiana.
Muchísima gente en Marduk se alegraría de una posibilidad de volverse contra Makann una vez tuvieran armas y fueran adecuadamente apoyados.
Las armas de combate eran casi desconocidas entre la gente, sin embargo e incluso las deportivas resultaban extrañas. Todas las armas pequeñas y artillería ligera, y cañones autoportantes asequibles fueron reunidos.
El Grendeisbane entró desde Beowulf y el SunGodess de Amaterasu. Aún había en órbita en torno a Tanith tres navíos independientes de los vikingos espaciales; se unieron a la expedición.
Habría jaleo con ellos en Marduk; pretendían el pillaje. Que los mardukianos se preocuparan de resolverlo. Podían cargar lo como parte del precio pagado por dejar en primer lugar que Zaspar Makann llegase al poder.
Habían doce espacionaves en línea al exterior de la luna de Tanith, contando los tres independientes y al transporte gilgamesheriano de tropas obligado a asistir; era la mayor flota de los vikingos espaciales que jamás se reunió en su historia. Alvyn Karffard así lo afirmó mientras comprobaban por las pantallas la información recibida.
- No es una flota vikinga - opinó de modo distinto el príncipe Bentrik . Hay sólo en ella tres vikingos espaciales. El resto son naves de tres planetas civilizados, Tanith. Beowulf y Amaterasu.
Karffard se mostró sorprendido.
- ¿Quiere decir que somos planetas civilizados? ¿Como Marduk, Baldur, 0dm o...?
- Bueno, ¿no es verdad?
Trask sonrío.
Hacía un par de años que había comenzado a sospecharse algo así. Hasta ahora no había estado realmente seguro. El oficial más joven de su estado mayor, conde Steven de Ravary, no pareció apreciar el cumplido.
-¡Somos vikingos espaciales! – insistió -. Y vamos a luchar contra los neobárbaros de Zaspar Makann.
- Bueno, no discutiré la última mitad de eso, Steven - le dilo su padre.
-¿Van ustedes a estar discutiendo sobre lo que es civilizado y lo que no lo es? - preguntó Guatt Kirbey -. Entonces den la señal. Todos los navíos están preparados para el salto.
Trask oprimió el botón del tablero que tenía delante. Una luz se encendió en el panel de control de Kirbey, como sucedería en cada uno de los otros navíos.
- Salten - dijo con la pipa en la boca y giró el mando rojo empujándolo hasta el punto indicado.
XI
Cuatrocientas cincuenta horas, en el universo privado que era el Némesis; fuera, no existía nada más y dentro no había nada que hacer excepto esperar, a cada hora viajando a trillones de kilómetros más cerca de Gimli.
Al principio, el implacable y terrible vikingo espacial, Steven, conde de Ravary, estaba frenéticamente excitado, pero antes de mucho descubrió que no había nada excitante que sucediese: era sólo una espacionave y él había estado va antes en tales navíos.
Su alteza, la Princesa de la Corona, o quizás Su Majestad la Reina de Marduk, dejó al mismo tiempo de mostrarse excitada y ella y Steven y Mopsy jugaron juntos.
Claro, Myrna era sólo una niña v dos años más joven que Steve, pero era, o podía serlo quizás, su soberana y además, había participado en una acción espacial, si así puede llamarse lo que yace entre un planeta y su satélite y también se acepta el recibir disparos siendo incapaces de devolverlos en compensación, mientras que el inquieto Ravary, el Terror Interestelar no había sufrido tal experiencia.
Eso último sirvió para compensar los dos años de diferencia en edad.
Por una cosa más, no había elecciones. Sir Thomas Kcbbly se reveló como pintor de paisajes y pasó la mayor parte de su tiempo discutiendo de técnica pictórica con Van Larch, el preceptor de Steven, capitán Rainer, era un astrogador de espacio normal y descubrió parentesco espiritual con Sharll Renner. Esto dejó en un callejón sin salida a lady Valerie Alvarath.
Hubieron voluntarios en abundancia para ayudarla a pasar el tiempo, pero el rango tiene sus privilegios; Trask se preocupó de que ella no sufriese excesivamente del tedio de a bordo.
Sharll Renner y el capitán Rainer se le acercaron, durante la hora del aperitivo antes de la cena, a un centenar de horas de la emergencia.
- Creemos haber calculado dónde se encuentra la base de Dunnan - dijo Renner.
- Oh, estupendo! - todo el inundo lo había hecho, en un planeta diferente -. ¿Dónde creéis?
- Abaddon - dijo el tutor del conde de Ravarv. Cuando se dio cuenta de cine el nombre no significaba nada para Trask, añadió -: El noveno planeta del sistema mardukiano, exterior - dijo sin poder disimular su disgusto.
- Sí recuerde como mandó a Boake y a Manfred con sus navíos revisando los planetas exteriores para ver si el príncipe Viktor podía ocultarse en uno de ellos. Bueno, ¿Qué hay del elemento tiempo y del modo en que el Honest Horris iba y volvía de Marduk a algún lugar que no era Gimli , de la manera en que Dunann fue capaz de traer sus navíos dentro en cuanto comenzó el tiroteo en Marduk?. Pensamos que debe estar en algún planeta no habitado exterior del sistema de Marduk.
- Yo no se por qué nunca se no ocurrió eso - intervino Rainer -. Supongo que por que nadie piensa jamas en Abaddon. Es Sólo un planeta pequeño, de unos Seis mil kilómetros de diámetro y lejísimos del primario, aunque, como es natural no tanto de Marduk. Es de hielo sólido. Se tardaría un año para llegar hasta allí con un motor Abbot y si su nave tenía motores Dillignain, ¿por qué no emplear un poco más e ir a un buen planeta? Así que nadie se preocupó de Abaddon.
Pero para el propósito de Dunnan, sería perfecto. Llamó al príncipe Bentrik y Alvyn Karffard, entre todos encontraron la idea convincente al instante. Hablaron de eso durante la cena y después sostuvieron una discusión general.
Incluso Guatt Kirbey, el más pesimista de la nave, no pudo encontrar objeción.
Trask y Bentrik comenzaron a la vez a elaborar planes de batalla.
Karffard se preguntó si no habían hecho mejor en esperar hasta llegar a Gimli y discutirlo con los demás.
- No - le contestó Trask -. Este es el navío insignia; aquí es donde se decide la estrategia.
- Bueno, ¿qué hay de la Marina Mardukiana? - preguntó el capitán Rainer -. Creo que el almirante de la flota Bargham se está armando en Gimli.
El príncipe Simón Bentrik guardó silencio durante un momento, mientras realizaba, de mala gana, que la gran decisión va no era eludible por más tiempo.
- Quizás lo esté, de momento, pero cuando lleguemos mandaré yo.
- Pero... alteza, es el almirante de la flota; usted es simplemente un comodoro.
- Ya no soy comodoro. El rey está prisionero y por cuanto sabemos quizás ha muerto. La Princesa Real está muerta. La princesa Myrna es una niña. Yo asumo el puesto de Regente y Príncipe Protector del Reino.
XII
Hubo algo de dificultad en Gimli con el almirante de la flota Bargham. Los comodoros no dan órdenes a los almirantes. Bueno, quizás los regentes sí, ¿pero quién dio autoridad al príncipe Bentrik para llamarse a si mismo regente? Los regentes se elegían por la Cámara de Delegados, a propuesta del Canciller.
Se refiere usted a Zaspar Makann y a sus esbirros - bromeó Bentrik.
- Bueno, la Constitución ... - lo pensó mejor y cortó la frase antes de que alguien le preguntase qué Constitución -. Bueno, un regente tiene que ser elegido por votación. Incluso los miembros de la familia real no pueden simplemente nombrarse regentes diciéndolo así.
- Yo puedo. Acabo de hacerlo. Y no pienso que vayan a haber muchas elecciones, por lo menos de momento. No hasta que estemos seguros de que el pueblo de Marduk merece que se le confíe el control del gobierno.
- Bien, la chalupa desde la base lunar informó que habían allí seis navíos de combate reales y otras cuatro naves atacándoles objetó Bargham -. Aquí sólo tengo cuatro navíos. Envié a por los que están en los demás planetas comerciales, pero no tengo noticias de ninguno de ellos. No podemos ir allá con solo cuatro naves.
- Dieciséis - corrigió Bentrik -. No, quince y un gilgamesheriano que utilizamos para el transporte de tropas. Creo que basta. Usted se quedará aquí en Gimli, de todas maneras, almirante; en cuanto los otros navíos vengan, usted seguirá hasta Marduk con ellos. Ahora voy a celebrar una reunión a bordo de la nave insignia de Tanith Némesis. Quiero que suban a bordo inmediatamente sus cuatro comandantes de nave. No le incluyo a usted porque debe quedarse aquí para recoger a los retrasados y salir al espacio en cuanto lo haga, cosa que nosotros haremos también inmediatamente.
En realidad, partieron antes; la reunión duró todas las trescientas cincuenta horas hasta Abaddon. El capitán del navío, si tiene un buen ejecutivo, como todos ellos tenían, sólo necesita sentarse ante su puesto de mando y parecer importante mientras la nave entra y sale de un largo salto; el resto del tiempo puede dedicarlo a estudiar historia antigua o a cualquier otra afición que tenga. Más que perder trescientas cincuenta horas de precioso tiempo, cada capitán entregó su nave a su ejecutivo y permaneció a bordo del Némesis; incluso así la espaciosa sala de oficiales al norte de la sala de máquinas estaba atestada como un hotel turista en plena temporada. Uno de los cuatro mardukianos era el capitán Garravay, que había sacado de contrabando a la esposa de Bentrik y a su hijo Marduk y los otros tres eran igualmente pro Bentrik, pro Tanith y anti Makann. En términos generales, también eran anti Bargham. Debía haber algo equívoco con el almirante de la flota mientras permanecía en el mando después de que Zaspar Makann usurpase al poder.
Así, tan pronto corno se extendieron, se celebró una fiesta. Tras ella se instalaron para planear la batalla de Abaddon.
No hubo batalla de Abaddon.
Era una planeta muerto un lado en plena noche v el otro en el lóbrego crepúsculo producido por la diminuta manchita de sol quedaba lejísimos, rajadas montañas alzándose de entre la nieve que le cubría de polo a polo.
La nieve de las cumbres sería CO2 congelado; según los termoscopios, la superficie tendría una temperatura de menos cien grados centígrados.
No había ningún navío en órbita circulan dolo: sí una débil radiación, que podría haber sido producida por minerales naturalmente radioactivos: tampoco se detectó la menor descarga eléctrica.
En la sala de mandos del Némesis hubo una considerable deducción de malos modales.
Los capitanes de las otras naves estaban en las pantallas, deseando saber que hacer.
Entremos, - le dijo Trask -. Englobaremos el planeta v bajaremos hasta un kilómetro si es necesario. Podrían estar escondidos en alguna parte.
- Bueno. Seguro que no están escondidos en el fondo de ningún océano - dijo alguien.
Era una de esas débiles gracias ante las que todo el mundo sonríe por que no hay ninguna otra cosa más risible en la situación.
Finalmente lo encontraron, en el polo norte, que no era mas frío que cualquier otra parte del planeta.
La primera filtración radiactiva. La clase que escaparía de una planta de energía nuclear hermética.
Luego un módulo de descarga eléctrica.
Finalmente las pantallas telescópicas captaron el espaciopuerto. Un enorme anfiteatro ovalado excavado en un valle entre dos cordilleras de irregulares montañas.
El lenguaje en la sala de mandos fue igualmente malo, pero el tono había cambiado.
Era sorprendente el amplio rango de emociones que se podía expresar por unas cuantas sencillas blasfemias y obscenidades.
Todos los que habían estado renegando de Sharh Renner le aclamaban ahora.
Pero aquello estaba sin vida.
Los navíos entraron en grupo; las naves de aterrizaje herméticas llenas de luchadores de tierra con armadura espacial, bajaron.
Las pantallas de la sala de mandos se encendieron mientras transmitían sus vistas.
Depresiones en la nieve de bióxido de carburo mostraban donde las patas de aterrizaje de treinta metros de los navíos se habían posado.
Filas de elevadores de carga que habían subido y bajado de un navío a otro en órbita, aparecían ordenadas.
Y, todo alrededor del perímetro amurallado del acantilado, puertas con exclusiones de aire conducían a cavernas y túneles.
Muchísimos hombres, con una gran cantidad de equipo, habían estado trabajando allí en los calculados cinco o seis años desde que Andray Dunnan, o alguien, construyó aquella base.
Andray Dunnan.
Encontraron su emblema en las cosas; el creciente, azul sobre negro.
Encontraron un equipo que Harkaman reconoció como parte de la carga original robada con el Enterprise.
Incluso hallaron, en las habitaciones, una borrosa fotografía de Nevil Ormm, vestido de negro.
Pero lo que no encontraron fue ni un sólo vehículo lo bastante pequeño para ser llevado a bordo de una nave, o una sola partícula de equipo de combate, ni siquiera una pistola o una granada de mano.
Dunnan se había ido, pero sabía en dónde y cuándo encontrarle.
La conquista de Marduk había entrado en su fase final.
XIII
Marduk estaba a la otra parte del sol con respecto a Abaddon, pero eso no era inconveniente, según pensó Trask.
Guatt Kirbey y el astrogador mardukiano que le ayudaba cubrieron la distancia hasta entrar en el plazo de un minuto luz.
El pensamiento mardukano fue estupendo, el de Kirbey no.
El último microsalto fue apuntado a la luna de Marduk, que era plenamente visible, en la pantalla telescópica.
Salieron a un segundo y medio de luz, que Kirbev admitió era razonablemente cerca.
En cuanto las pantallas se aclararon, vieron que no llegaban demasiado tarde.
La luna de Marduk soportaba fuego y lo devolvía.
Tuvieron detección y supo qué es lo que estaban detectando... un macizo de dieciséis distorsiones del tejido espaciotiempo, mientras dieciséis navíos cobraban rápidamente existencia en el continuo normal.
Junto a él, Bentrik tenía puesta una pantalla; estaba todavía blanca lechosa y él hablaba por el micrófono de mano.
- Simón Bentrik, príncipe protector de Marduk, llamando a la base limar - luego, lentamente, repitió su combinación de pantalla dos veces-. Entren, base lunar; aquí Simón Bentrik, príncipe protector, que les habla.
Aguardó diez segundos y estaba a punto de comenzar de nuevo, cuando la pantalla chisporroteó.
El que apareció en ella llevaba la insignia de un oficial de marina mardukiano.
Necesitaba afeitarse, pero sonreía feliz.
Bentrik les saludó por su nombre.
- Hola, Simón; me alegro de verle. Me refiero, a su alteza; ¿qué quiere decir eso de príncipe protector?
- Alguien tenía que hacerlo. ¿Sigue viviendo el rey?
La sonrisa desapareció del rostro del comodoro, empezando por sus ojos.
- No lo sabemos. Al principio, Makann le hizo hablar por la pantalla... ya sabe usted cómo era... apremiando a todos a obedecer y cooperar con nues1ro bien amado Canciller. Makann siempre aparecía a su lado.
Bentrik asintió.
- Recuerdo.
- Antes de que usted se fuese, Makann guardó silencio y dejó que el rey hiciese su discurso. Al cabo de un rato, el rey no fue capaz de hablar de manera coherente; balbuceaba y repetía. Y así luego Makann siguió hablando siempre; no podía ni siquiera fiarse de él para que repitiera 10 que le decían con un sistema de auriculares. Luego dejó de aparecer por entero. Supongo que habían síntomas físicos que no permitían que se le viera - Bentrik estaba maldiciendo terriblemente en voz alta; el oficial de la base lunar asintió -. Por su bien espero que haya muerto.
Pobre buen Mikhyl.
Bentrik decía:
- Y yo - el comodoro de la base lunar seguía hablando.
- Conseguimos dos naves más renegadas de la RMM, a unas cien horas después de su partida - las nombró -. Y tenemos a uno de los navíos de Dunnan, el Fortuna. Volamos el astillero naval de Malverton. Ellos siguen utilizando la base naval antártica, pero hemos destrozado buena parte de ella. Nos cargamos al Honest Horris. Ellos efectuaron dos intentos de alunizar sobre nosotros y perdieron un par de naves. Hace ochocientas horas se les unió el resto de la flota de Dunnan, cinco naves. Tomaron tierra en Malverton mientras que daba la otra parte de nosotros. Makann anunció que eran unidades de la RMM procedentes de los planetas comerciales las que acababan de unírsele. Supongo que parte del público planetario se lo tragó. También anunció que su comandante, el almirante Dunnan, estaba al mando de las Fuerzas Armadas del Pueblo.
Los combatientes terrestres de Dunnan controlarían Malverton.
Por ahora, las posibilidades eran de que Makann fuese tan prisionero como Mikhyl VIII lo fue antes.
- Así que Dunnan ha conquistado Marduk. Todo lo que tiene que hacer ahora, es resistir – dijo -. Veo cuatro navíos fuera de la base lunar; ¿cuántos más tienen?
- Son el Bolide y el Eclipse, naves de Dunnan, y las antiguas naves de la Real Marina Mardukiana Champion y Guardián. Hay cinco en órbita en torno al planeta: el ex RMM Paladín y las naves de Dunnan Starhopper, Banshee, Reliab Le y Exporter. Estas últimas dos catalogadas como mercantes, pero están realizando una batalla normal.
Las cuatro que habían estado circulando la base lunar rompieron órbita y se dirigieron hacia la flota de alivio; una recibió un impacto de un proyectil de la base, lo que la hizo tambalearse pero sin daño evidente.
Dos navíos que habían estado orbitando también en el planeta cambiaron de curso y comenzaron a salir.
La sala de mandos estaba en silencio excepto una apagada risita producida por el funcionamiento de un calculador que estimaba las intenciones del enemigo por los datos observados y por la Teoría de los Juegos.
Tres más salieron apresuradamente del planeta y las dos de la cabeza disminuyeron la marcha para permitir que las alcanzaran.
Quería ser capaz de arrancar a las cuatro del satélite antes de que las cinco del planeta se las unieran, pero los computadores de Karffard dijeron que eso no podía realizarse.
- Está bien, tendremos que meter en un cesto todos nuestros cuatro huevos malos – dijo -. Tratar de alcanzarles con impactos en cuanto se hayan unido, lo más posible.
Los computadores comenzaron otra vez a producir aquel extraño sonido parecido a una risa.
Los robots de servicio trabajaban enormemente sirviendo café caliente.
El hijo del príncipe Bentrik, sentado junto a su padre, había dejado de ser el Implacable Ravary, el Demonio del Espacio y era un jovencísimo oficial que iba a entrar en su primera batalla espacial, más asustado y al mismo tiempo más feliz de lo que fuera en 511 corta vida.
El capitán Garravay, del Vindcx, estaba señalando a los otros navíos de Gimli.
«Marina Real; destrocen primero a los traidores».
Podía comprender y simpatizar, incluso aunque no aprobase el colocar lo personal delante de las consideraciones taúdicas y emitió un rápido rayo secreto de llamada a Harkaman para que se preparase para obturar cualquier agujero que dejase en la formación si la rompían alejándose en busca de venganza.
Ordenó también al Black 5tur y al Sun-Goddess que condujesen a la tropa ligeramente armada del carguero gilgamesheriano sacándola fuera de peligro.
Las dos masas de los navíos de Dunnan-Makann ahora convergían rápidamente y Alvyn Karffard gritaba en un micrófono a alguien que alcanzase mayor velocidad.
A unos mil seiscientos kilómetros los proyectiles comenzaron a brotar y los dos grupos de naves, cuatro y cinco, estaban equidistantes uno de otro y también de la flota aliada, formando las puntas de un triángulo cada vez, a cada segundo se hacía más pequeño.
Los primeros globos de fuego de los proyectiles interceptados se extendieron desde sus semillas de breve luz blanca.
Una luz roja destelló en el tablero de averías.
Una nave enemiga recibió un impacto.
El capitán del Queen Flavia estaba en la pantalla, diciendo que su nave había recibido serios daños.
Tres naves llevando el dragón y planeta mardukiano circulaban locas una en torno de otra en lo que parecía, por la pantalla, casi a tiro de pistola, dos disparando contra la tercera, que respondía desesperadamente.
Esta tercera estalló y alguien gritó por un altavoz de pantalla:
- ¡ Mueran los traidores!
Otra nave voló en alguna parte y luego otra mas.
Oyó que alguien decía:
- Esa fue una de las nuestras - y se preguntó cuál sería.
No el Corisande, según esperaba; no, no lo era, podía ver al navío lanzado tras otras dos naves que eran, a su turno, las que alcanzaban velocidad derechas hacia el Black Star, el Sun-Goddess y el carguero de Gilgamesh.
Luego el Némesis y el Starhopper estuvieron a distancia de tiro, batiéndose con furia uno a otro.
La batalla se había ligado en sí misma dentro de una pelota de naves girando y escupiendo fuego que marchaban en dirección al planeta, cuya superficie surgía y desaparecía en la pantalla principal y se hacía cada vez mayor.
Para cuando estuvieron dentro del borde interno de la exosfera, la pelota había empezado a desligarse, nave tras nave saliendo de ella y entrando en órbita, algunas muy averiadas y otras yendo al ataque de enemigos dañados.
Unas pocas habían rodeado por completo el planeta, escondiéndose tras él.
Vio a tres naves que se acercaban... el Corisande, el Sun-Goddess y el Gilgamesheriano.
Hizo que Harkaman se pusiese en la pantalla.
-¿Dónde está el Black Star? preguntó.
- Se fue al Em.See-Square - respondió Harkakaman -. Milkan. Al Bolíde y al Reliable.
El joven Steven de Ravary, que había estado al acecho en una de las pantallas internavales, recibió
· una llamada del capitán del Grendeisbane y al mismo tiempo alguien que gritaba:
- ¡ Aquí viene de nuevo el Stahopper!
- Dígale que aguarde un momento; tenemos dificultades - dijo.
El Némesis y el Starhopper siguieron martilleándose lateralmente uno a otro y apaleándose con contra proyectiles y luego, del todo inesperadamente, el Starhopper voló al Em-See.Square.
Hoy había mucha cantidad de em que se convertía en i fuera de Marduk.
Incluyendo a Manfred Ravallo; lo que le apenó. Manfred era un buen hombre y un buen amigo. Tenía novia en Rivington. - cielos, habían ochocientos estupendos tipos a bordo del Black Star y la mayoría con chicas que les esperarían en vano en Tanith.
Bueno, ¿qué es lo que había dicho Otto Harkaman, hacía tanto tiempo, en Gram?
Algo acerca de que la ancianidad no era una causa normal de muerte entre los vikingos espaciales, ¿ verdad?
Luego recordó que Gompertz del Grendelsbane estaba tratando de comunicarse con él.
Dijo al joven conde Steven que le pusiese por pantalla.
- Hemos perdido uno de nuestros mardukianos - le dijo Compertz con su acento peculiar de Beowulf-. Creo que era el Challencer. El navío que se lo cargó se parecía al Banshee; voy a por él, de camino; dando la vuelta al planeta por el oeste? Estaré en seguida con usted, capitán.
Era como terminar un crucigrama.
Uno se sienta mirándolo como buscando más espacios abiertos en donde colocar las letras y de pronto se da cuenta de que no quedan, de que el pasatiempo está hecho.
Así fue como terminó la batalla espacial de Marduk, la batalla fuera de Marduk.
De pronto ya no hubieron más globos de colores abriéndose y desvaneciéndose, no más proyectiles viniendo, no más navíos enemigos a quienes disparar.
Ahora había llegado el momento de contar las propias naves y luego empezar a pensar en la batalla sobre Marduk.
El Black Star se había desintegrado Lo mismo el RMM Chalaneare y el RMM Conquistador. El Pace Sconrge estaba muy averiado; peor que después del ataque a Beowulf. Dijo Boake Valkanhayn.
También el Viking's Gift tenía averías gravísimas, lo mismo que el Corisande y así estaba el Némesis, según las informaciones del tablero de control de avenas.
Y tres naves faltaban. Los tres vikingos espaciales independientes, Harh y, Curse Of Cagn y el Damnthing de Roger.Fan.Morvill Esthersan.
El príncipe Bentrik frunció el ceño ante eso.
- No puedo creer que esos tres navíos hayan sido destruidos, sin que nadie lo viera.
- Ni yo tampoco. Pero sí pienso que esas naves salieron de la batalla juntas y entraron hacia el planeta. No vinieron aquí para ayudar a liberar Marduk, vinieron para llenar sus bodegas de carga. Yo sólo espero que a las gentes que roben hayan votado todas por Makann en las últimas elecciones - un poco de consuelo se le ocurrió y así lo comunicó - la única gente que esta armada para resistirles serán las tormentosas tropas de ataque de Makann y los piratas de Dunnan, por tanto los únicos que mueran serán ellos.
- Ya no queremos más muertes que... - el príncipe Simón se interrumpió de pronto -~ Ya empiezo hablar como el finado Príncipe de la Corona Edvard - aclaró -. Tampoco quería que se derramase sangre Y mire cuánta ha tenido que vertirse. Si ellos hacen lo que usted cree que están haciendo, me temo que también tendremos que matar unos cuantos de sus vikingos espaciales.
- No son mis vikingos espaciales - se mostró algo sorprendido al descubrir eso, después de casi ocho anos de llevar el mismo el nombre, ahora lo utilizaba para etiquetar a otras personas. Bueno, ¿por qué no? Era gobernante del planeta civilizado de Tanith, ¿no? -. Pero no comencemos a luchar contra ellos hasta que la guerra principal haya pasado. Esas tres cargas de las naves no son peores que un resfriado; Makann y Dunnan son una epidemia.
Aún costaría cuatro horas bajar, en una espiral de deceleración.
Comenzaron a poner las tele-emisoras que habían sido filmadas y grabadas en el viaje desde Gimli.
El príncipe protector Simón Bentrik habló:
«El gobierno ilegal del traidor Makann ha terminado. Sus ilusos seguidores fueron advertidos de que volvieran a prestar sumisión a la Corona. Los Vigilantes del Pueblo también han recibido órdenes de rendir sus armas y dispersarse; en las localidades en que se negaron, el pueblo leal fue convocado para cooperar con las fuerzas armadas legítimas de la Corona en la tarea de exterminarles y se les proporcionaran armas en cuanto sea posible».
La princesita Myrna habló:
«Si mi abuelo sigue vivo, es vuestro rey; si no yo soy vuestra reina y hasta que sea lo bastante mayor para gobernar según mi criterio, acepto al príncipe Simón como Regente y Protector del Reino y os pido a todos que lo obedezcáis como yo haré».
- No dijeron nada sobre el gobierno representativo, o democracia, o la constitución - mencionó Trask -. Y advertí que utilizaba usted la palabra gobierno, en lugar de reino.
- Es verdad - confesó el autor llamado príncipe protector -. Hay algo equívoco con la democracia. Si no lo hubiese, no podría ser derrocada por gentes como Makann, atacándola desde dentro mediante procedimientos democráticos. No creo que sea fundamentalmente inoperante . Me parece que tiene unos pocos de 10 que los ingenieros llaman defectos. No es seguro manejar una máquina defectuosa hasta que sean averiguados los defectos y remediados si es posible.
- Bueno, espero que no piense usted que nuestro feudalismo de los Mundos de la Espada carece de defectos - dio unos cuantos ejemplos y luego citó a Otto Harkaman acerca del barbarismo extendiéndose hacia abajo desde la cumbre en vez de subir desde el fondo.
- Puede ser - añadió -, que haya algo fundamentalmente inoperante en el propio gobierno. En Cuanto el Horno Sapiens Terra sea un animal salvaje, lo que siempre ha sido y siempre será hasta que evolucione en algo diferente dentro de un millón de años, quizás nos sea posible elaborar un sistema de gobierno como ciencia política, al igual que la transmutación de elementos era una ciencia física imposible mientras lo intentaron mediante medios químicos.
- Entonces tendremos que hacerlo funcionar lo mejor que podamos y cuando se derribe, esperar que el próximo intento funcione algo mejor, por un poco más de tiempo dijo Bentrik.
Malverton creció en las pantallas telescópicas mientras bajaban.
El espaciopuerto de la marina, donde Trask aterrizó casi dos años antes, estaba en ruinas, salpicado de navíos averiados que habían estallado en el suelo y luego recibieron impactos termo nucleares.
Había pelea en el aire por encima de la propia ciudad, en las terrazas de los edificios, en el suelo y volando.
Eso serían los vikingos espaciales Damnthing, Harpy y Curse Ol Cagn.
El palacio real era el centro de media docena de torbellinos de batalla que se habían condensado saliendo de la escaramuza general.
Todavía no había sido tomado.
Paytrik Morland se dirigió hacia él con la primera oleada de luchadores terrestres del Némesis.
El carguero de Gilgamesh, como la mayoría de bu de su clase, tenía enormes puertas de carga a todo su alrededor; estas comenzaron a abrirse y a dar rienda suelta a una avalancha de todas clases desde naves de aterrizaje y botes aéreos de treinta metros hasta monturas individuales de caballería aérea.
Los altos rellanos de aterrizaje y las terrazas del palacio estaban casi oscurecidos por los destellos de bombas de cañón y el humo y polvo de los proyectiles.
Luego tomaron tierra los primeros vehículos, el fuego más grave cesó y los hombres salieron en abanico mientras sus oponentes, disparaban ocasionalmente con pequeñas armas.
Trask y Bentrik llevaban pleno equipo de combate y se instalaban en una de las chalupas blindada, cuando el joven de doce años conde Ravary, se les y comenzó a preparar sus armas y un casco.
Tú no irás - le dijo su padre -. Ya tengo bastante preocupación con cuidar de mi mismo,..
Esa era la forma de abordar las cosas equivocada.
Trask le interrumpió:
- Te quedarás a bordo, conde - dijo -. En cuanto las cosas se estabilicen, la princesa Myrna tendrá que descender. Tú has de ser su escolta personal. Y no pienses que se te deja al margen. Ella es Princesa Real y si no es reina ahora, lo será dentro de pocos años. Escoltaría en estos momentos será el fundamento de tu carrera militar. No hay ningún joven oficial en la Marina Real que no se cambiara de sitio gustoso contigo.
- Esa fue la manera adecuada de convencerlo, Lucas - aprobó Bentrik, después de que el muchacho se hubiese ido, orgulloso de su oportunidad y de su responsabilidad.
- Será tal y como yo le dije - se detuvo durante un momento, para jugar con la idea que acababa de asaltarle-. Ya sabe, la niña será reina dentro de pocos años, si no lo es ahora. La reina necesita un príncipe consorte. Su hijo es un buen chico; me gustó desde el primer momento en que le vi y de aquella fecha hasta ahora me ha gustado más. Será un hombre para ocupar el trono junto a la reina Myrna.
- Oh, eso queda fuera de toda cuestión. No por causa de consanguinidad, puesto que son primos en sexto grado. Pero la gente diría que yo abusaba del Protectorado para casar a mi hijo y alzarlo al trono.
Simón, hablando de príncipe soberano a otro, usted tiene mucho que aprender. Ha aprendido una lección importante, ya que un gobernante debe estar dispuesto a utilizar la fuerza y a derramar sangre para sostener su gobierno. Tienes que aprender, también, que un gobernante no puede permitirse el lujo de verse guiado por sus temores de lo que la gente diga de su persona. Ni siquiera de lo que dirá la historia de él. El único juez del gobernante es él mismo.
Bentrik subió y bajó experimentalmente el visor trasparente del casco, revisó las cámaras de su pistola y carabina.
- Todo lo que me importa es que la paz y el bienestar de Marduk se reanuden. Tendré que hablar con... mi único juez. Bueno, vamos.
Las altas terrazas estaban aseguradas cuando aterrizó su coche.
Más vehículos bajaban y descargaban hombres; una oleada de naves de desembarco se hundía más allá del edificio hacia seiscientos metros más abajo.
Armas automóviles y pequeñas, junto con cañones ligeros se alineaban y detonaban y las bombas y los rifles disparadores de granadas funcionaban a toda velocidad en las terrazas inferiores.
Colocaron el coche en uno de los ascensores y bajaron hasta penetrar en una zona de pesado fuego inferior, en el límite del avance para luego girar por un amplio pasillo, flotando lo bastante altos como para no rozar las cabezas de los hombres a pie.
Parecía como la parte de palacio en donde él se alojó cuando fue huésped allí, pero probablemente no lo era.
Llegaron hasta unas barricadas apresuradamente construidas con muebles, estatuas y demás útiles, detrás de las cuales los Vigilantes del Pueblo de Makann y los vikingos espaciales de Andray Dunnan mantenían la última resistencia.
Entraron en habitaciones sucias del polvo producido por el enyesado y los plásticos al desintegrarse, cubiertas de cadáveres.
Pasaron junto a ascensores deslizantes cargador ahora de heridos que eran evacuados de las zonas de combate.
Cruzaron habitaciones atestadas por sus propios hombres...
- ¡ No metáis la zarpa en las cosas; esta no es una expedición de saqueo ! ¡ Tú, cretino estúpido! ¿Como sabías que no había un hombre escondido detrás de ti?
En una enorme sala, de baile o de conciertos ~ algo por el estilo, se acumulaban los prisioneros y los hombres del Némesis preparaban una serie de aparatos catalogadores poliencefalográficos, recias sillas con cables y cascos ajustables y globos traslúcidos sobre ellas.
Un par de hombres de Morland estaban obligando a un vigilante del pueblo a que se sentase en una de tales sillas.
- Sabe usted lo que es esto, ¿verdad? - decía uno de ellos – Se llama veredicator. Ese globo lucirá azul; en el momento que usted trate de mentirnos, se volverá rojo. Y en cuanto se vuelva rojo, le arrancare los dientes a culatazos de mi pistola.
-¿ Todavía no han encontrado nada acerca del rey. - le pregunto Bentrik.
Se volvió.
- No. A nadie de los que hemos interrogado hasta ahora se ha podido sacar información más allá de un mes atrás. El rey según parece, simplemente desapareció - iba a decir algo mas, vio el rostro de Bentrik y cambió de idea.
- Esta muerto dijo Bentrik - con voz ronca -. Le torturaron, le lavaron el cerebro y le utilizaron como muñeco ventrílocuo en la pantalla mientras les fue posible; cuando no pudieron dejar que la gente viese mas, lo meterían en un convertidor.
Hallaron a Zaspar Makann, horas más tarde.
Quizás pudo haberles dicho algo, si hubiese estado vivo, pero él y unos cuantos de sus fanáticos seguidores se habían parapetado en la sala del trono y murieron defendiéndola.
Encontraron a Makann en el trono, la tapa de los sesos volada, una pistola aterrada en la mano y la Gran Corona yaciendo en el suelo, el terciopelo interior atravesado por la bala y salpicado con sangre y tejido cerebral.
El príncipe Bentrik la tomó y la miró con disgusto.
- Tendremos que hacer algo acerca de esto - dijo -. En realidad no creí que muriese de esta manera. Pensé que deseaba abolir el trono, no sentarse en él.
Excepto un candelabro destrozado y varios cadáveres que tuvieron que ser apartados a un lado, la sala de consejos ministeriales estaba intacta.
Allí instalaron el cuartel general.
Boake Valkanhayn y varios otros capitanes de navíos se les unieron.
Se luchaba en varias partes dentro del palacio y la ciudad seguía siendo un torbellino.
Alguien logró ponerse en contacto con los capitanes del Damnthing, el Harpy y Curse Of Cagn, haciéndoles venir a palacio.
Trask inútilmente trató de razonar con ellos.
- Príncipe Trask, eres mi amigo y siempre obraste conmigo con limpieza - dijo Roger-Fan-Morvill Esthersan -. Pero ya sabes hasta qué punto puede un capitán vikingo espacial controlar a su tripulación. Esos hombres no vienen aquí para corregir los errores políticos de Marduk. Vinieron por lo que pudiesen conseguir. Me matarían si tratase de detenerlos ahora.
- Yo ni siquiera lo probaría - intervino el capitán del Curse Of Cagn -. Vine por lo que pudiera sacar de este planeta.
- Trate usted de detenerlos - afirmó el capitán del Harpy -. Lo encontrará más difícil que remediar el daño que están haciendo ahora.
Trask cogió unos cuantos informes que habían llegado de todas partes del planeta.
Harkaman había aterrizado en una de las grandes ciudades del este y la gente se había alzado contra los jefes locales de Makann y ayudaban a barrer a los Vigilantes del Pueblo con armas que se les habían suministrado.
El ejecutivo de Valkanhayn había aterrizado en un gran campo de concentración en donde cerca de un millar de enemigos políticos de Makann habían sido recluidos; distribuyó todas las armas disponibles y pedía más.
Gompertz, del Grendelbane estaba en Drepplin; informaba precisamente 10 contrario.
La gente se alzó en defensa del régimen de Makann y deseaba autorización para utilizar contra ellos armas nucleares.
-¿Pueden ustedes convencer a su gente de que vayan a otra ciudad? - preguntó Trask -. Tenemos una urbe estupenda para ustedes; un gran centro industrial. Habrá un estupendo botín. Drepplin.
- Esas gentes son también súbditos mardukianos - empezó Bentrik. Luego se encogió de hombro.-.
No es lo que me gustaría hacer, es lo que debemos hacer. Por todos los medios, caballeros. Lleven a sus hombres a Drepplin y nadie se opondrá a cualquier cosa que hagan.
- Y cuando lo saqueen absolutamente, prueben Abaddon. Usted aterrizó allí, capitán Estersan. Ya sabe cuánto dejó Duunan.
Un par de vikingos espaciales, no, de hombres de la Marina Real de Tanith, entraron en una anciana, sucia, harapienta, casi exhausta.
- Quiere hablar con el príncipe Bentrik; no deseo hacerlo con nadie más. Dice que sabe donde se encuentra el rey.
Bentrik se levantó deprisa, la proporcionó una silla y la sirvió un vaso de vino.
- Sigue vivo, alteza. La Princesa de la Corona Melani y yo... lo siento, alteza; la Princesa Viuda de la Corona, y yo nos hemos cuidado de él, de la mejor manera que pudimos. Si pudieran venir rápidamente.
Mikhyl VIII, rey planetario de Marduk, yacía en un jergón sucio en el suelo de una estrecha habitación más allá del convertidor de masa en energía que disponía de las basuras y desperdicios y generaba energía para unos cuantos de los equipos fijos utilizados en los pisos medios de la zona este del palacio.
Tenía un cubo de agua y sobre un tosco banco yacía un puño sucio en el que se amontonaba escasa comida.
Una mujer, sucia y despeinada, llevando un traje manchado de grasa y ninguna otra cosa más, estaba agazapada a su lado.
La Princesa de la Corona Melani a quien Trask recordaba como una encantadora y graciosa anfitriona en Cragdale, trató de levantarse y se tambaleó.
- Príncipe Bentrik! ¡ Y también príncipe Trask de Tanith! - exclamó -. Dénse prisa; sáquenle de aquí a donde se le pueda cuidar. Por favor... luego volvió a sentarse en el suelo y se desplomó al poco inconsciente.
219
XIV
No pudieron obtener la historia.
La princesa Melani se había derrumbado por completo.
Su compañera, otra mujer noble de la corte, sólo podía murmurar frases inconexas.
Y el rey bañado y alimentado, yacía meramente en una cama limpia y les miraba maravillado, como si nada de lo que viese u oyese tuviese significado para él.
Los doctores nada podían hacer.
- No tiene cerebro, no más cerebro que un niño recién nacido. Podemos mantenerle vivo, aunque no sé cuánto tiempo. Ese es nuestro deber profesional. Pero no es nada piadoso para su Majestad.
* * *
Las pequeñas bolsas de resistencia en palacio fueron barridas, a través de la mañana y tarde siguiente.
Todas excepto una, bien subterránea, por debajo de la principal planta de energía.
Robaron gas narcótico; los defensores tenían ventiladores y lo devolvieron con facilidad.
Intentaron la voladura; había un límite a la resistencia del armazón del edilicio.
Y nadie sabía cuánto tiempo costaría hacerles perecer por hambre.
Al tercer día, un hombre se arrastró fuera, llevando una camisa blanca atada al cañón de una carabina en son de tregua.
¿Está aquí el príncipe Lucas Trask de Tanith? - preguntó -. No hablaré con nadie más. Trajeron rápidamente a Trask.
Todo lo que era visible del otro hombre era el cañón de la carabina y la camisa blanca.
Cuando Trask le llamó, alzó la cabeza por encima de los cascotes tras los que se ocultaba.
- Príncipe Trask, tenemos aquí a Andray Dunnan; él era el jefe, pero ahora lo desarmamos y lo retenemos prisionero. Si se lo entregamos, ¿nos dejará libres?
- Si salís todos sin armas y traéis con vosotros a Dunnan, os lo prometo. El resto vuestro será permitido que salga del edificio y se marche sin sufrir el menor daño.
-Está bien. Saldremos dentro de un momento - el hombre alzó la voz -. ¡ Está acordado! - llamó -- Sacadle.
Eran muy pocos.
Algunos llevaban uniformes de altos oficiales de los Vigilantes del Pueblo o de funcionarios del chaquetas bordadas y cortas de oficiales vikingos espaciales.
Entre ellos arrastraban a un hombre de rostro delgado con barba puntiaguda y Trask tuvo que mirarle dos veces antes de reconocer el rostro de Andray Dunnan.
Dunnan le miró con un desdén exento de curiosidad.
- Vuestro bastardo rey no podría gobernar sin Zaspar Makann y Makann no podría gobernar sin mí ni tampoco puedes tú - dijo -. Mata a esta pandilla de gira casacas y te gobernaré Marduk - volvió a mirar a Trask -. ¿Quién eres? - preguntó -- No te conozco.
Trask sacó la pistola de la funda, quitando con el pulgar el seguro.
- Soy Lucas Trask. Ya oíste antes ese nombre - dijo -. Vosotros, apartaos de detrás.
-Oh, si; El pobre estúpido que pensó que iba a casarse con Elaine Karvall. Bueno, no lo harás, lord Trask de Traskon. Ella me ama a mí, no a ti. Me está esperando ahora, en Gram.
Trask le atravesó la cabeza de un disparo.
Los ojos de Andray Dunnan se desorbitaron en momentánea incredulidad; luego se le doblaron las rodillas y cayó de bruces
Trask puso el seguro y enfundó la pistola, luego miró el cuerpo que estaba en el cemento ante su persona.
No había hecho la menor diferencia.
Fue como disparar contra una liebre, o alguno de los furiosos escorpiones que infectaban los viejos edificios de Rivington.
Ya no había más Andray Dunnan.
- Meted esta carroña en un convertidor de masa en energía - dijo -. Y no quiero que nadie me vuelva a mencionar el nombre de Andray Dunnan.
No miró cómo arrastraban el cuerpo de Dunnan y lo colocaban en una camilla; vio a los cincuenta y pico jefes del derrotado gobierno tiránico de Marduk marchar hacia la libertad, vigilados por los fusileros de Paytrik Morland.
Había allí algo por lo que reprocharse a sí mismo; había cometido un crimen distinto y separado contra Marduk dejando vivos a cada uno de esos.
A menos que friesen reconocidos y asesinados por alguien del exterior, cada uno de los que salían ahora cometería posiblemente una villanía antes de que amaneciese.
Bueno, que el rey Simón apechugara con aquello. Se sobresaltó al darse cuenta de cómo había pensado en su amigo.
Bueno, ¿por qué no? La mente de Mikhyl estaba muerta; su cuerpo no sobreviviría más de un ano.
Luego una reina niña y una larga regencia y las regencias largas eran peligrosas.
Era mejor un rey fuerte, tanto en nombre como en poder.
Y la sucesión podría salvaguardarse casando a Steven y Myrna.
Myrna había aceptado, a los ocho años, que algún día tendría que casarse por razones de estado; ¿por qué no con su compañero de juegos Steven?
Y Simón Bentrik sabría ver la necesidad.
No era ni un estúpido ni un cobarde moral; sólo necesitaba tener algún tiempo y ajustar sus ideas.
El huracán que azotó sus vidas había desaparecido con el que lo provocara ahora.
Lentamente les siguió, pensando.
No había que insistir demasiado duro con la idea sobre Simón; sólo exponérsela y dejar que la adoptara.
Y habría el tratado... Tanith, Marduk, Beowull, Amaterasu; eventualmente, tratados con los otros planetas civilizados.
De manera nebulosa la idea de una Liga de los Mundos Civilizados comenzó a tomar forma en su cerebro.
Sería buena idea si adoptase el título de rey de Tanith para sí.
Y rompiese separándose de los Mundos de la Espada, especialmente de Gram.
Que Viktor de Xochilt lo poseyera.
O que Garvan Spasso.
Viktor no sería el último vikingo espacial que tomase sus navíos y los dirigiese contra los Mundos de la Espada.
Tarde o temprano, la civilización en la Antigua 'Federación les impulsaría a todos a devolver a la fuerza el pillaje y el botín de los planetas que antaño saquearon.
Bueno, si iba a ser rey, ¿no tendría que tener una reina?
Los reyes solían tenerla.
Subió al vehículo de transporte interior y embocó por un ancho pozo de ascensión.
Estaba allí Valerie Alvarath.
Se habían acostumbrado a la compañía mutua en 4 Némesis.
Se preguntó si ella querría hacer esa asociación permanente, incluso sobre un trono...
Elaine ~e acompañaba.
La notaba a su lado, casi tangible.
Su voz le estaba susurrando:
Ella te ama, Lucas. Te dirá que sí. Sé bueno con ella y te hará feliz.
Luego se fue y supo que jamás volvería. Adiós, Elaine.
FIN

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